Archivos de la categoría ‘Historias’

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Ya se termina el 2016, y que mejor forma de celebrar las fiestas navideñas que con un nuevo relato de las aventuras de los policías más torpes del mundo, el inspector Gascón y su fiel ayudante Chinchón, los cuales ya protagonizaron sus primeras andanzas en el relato “El Misterio de la Calabaza Parlante“. En esta ocasión serán destinados a investigar la extraña desaparición de los juguetes de navidad relacionados con la presencia de un terrible monstruo. ¿Podrán resolver este misterio esta pareja de policías incompetentes? Para descubrirlo pinchas en el enlace de abajo y os podréis descargar el relato en pdf.

Próximamente vendrá el 2017 con más relatos y más artículos, así que os deseo a todos los seguidores de Hollow City que paséis una Feliz Navidad y próspero año nuevo cargadito de regalos. Nos vemos pronto!!

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El Estandarte

Publicado: 1 noviembre, 2016 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

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Hola amigos, para celebrar este Halloween 2016 que mejor que leer un pequeño relato de misterio ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Un pelotón de soldados sale a patrullar una supuesta zona libre de peligro, pero al final se encontrará con una terrible pesadilla de tinte sobrenatural. Si queréis saber más, podéis leer el relato online en nuestra web amiga Relatos Pulp.

Y si lo deseáis, también podéis descargar el relato en el-estandarte.

¡Que paséis un feliz Halloween!

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Hola amigos, aquí os dejo un nuevo relato que aunque se aleja de la trama de los números regulares de Hollow City, también transcurre en esta ciudad. En esta ocasión Billy Jones y los Buscadores de la Verdad se enfrentarán a la terrible amenaza de… ¡los Pulpandantes! Acción, aventura, seres con cabeza de pulpo y mucho más en un relato pulp que espero que os guste.

Os dejo a continuación el enlace cortesía de la prestigiosa web Relatos Pulp para que podáis leerlo online en su página.

http://www.relatospulp.com/relatos/usuarios/491-la-invasion-de-los-pulpadantes-por-eihir.html

Para aquellos que prefiráis leer el relato en vuestros dispositivos digitales, aquí tenéis el enlace al pdf.

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Saludos y hasta el próximo relato!!

Castillo Maldito

(Relato corto escrito originalmente para el Nº1 de la revista Fantastique)

Un ambiente lóbrego reinaba bajo las antorchas de la Posada del Oso Rojo, el lugar más frecuentado cuando la noche extendía su oscuro manto sobre la pequeña ciudad de Borán. Antaño un lugar ruidoso centro de toda clase de diversiones nocturnas, la taberna presentaba un aspecto triste y silencioso, más propio de un solemne funeral que de un antro de ocio. No se escuchaban las risas de las mujeres ávidas de monedas, ni los cánticos de los sudorosos borrachos cuando sus mentes se embotaban de vino y cerveza, ni el golpeteo de manos firmes sobre las mesas de madera de los jugadores de dados. El silencio mortal que envolvía el salón era tal que un oyente que agudizara sus sentidos podía percibir no solo el crujir de los leños en la chimenea, o el crepitar de las llamas de las antorchas, sino también el ruido acompasado de la respiración de los pocos clientes que apenas llenaban un tercio del espacio del Oso Rojo.

Las puertas de la posada se abrieron de par en par dejando entrar un torrente de frío invernal acompañado de unos pocos copos de nieve blanca. Los parroquianos se limitaron a volver la cabeza con ligera curiosidad para ver quien había interrumpido sus pensamientos, encontrándose con las bellas facciones femeninas de una hermosa elfa. Sus ojos color esmeralda resaltaban sobre un fino y juvenil rostro, del que despuntaban un par de orejas pequeñas y alargadas que rozaban los suaves rizos dorados que se escapaban por una capucha de cuero.

La elfa se acercó al calor del fuego de la posada con ademán firme y se desprendió del abrigo de piel animal cubierto de nieve, revelando tanto su melena hermosa y resplandeciente como las dos espadas cortas que pendían de un cinto de cuero. Tras indicar que se ocuparan de su caballo (llamado Nieve a causa de su blanco pelaje), pidió comida y vino a una de las doncellas de la taberna. Observando la inquietud que se reflejaba en los hoscos rostros de los parroquianos, preguntó la causa a la sirvienta cuando ésta le trajo la comida.

–Es a causa del castillo del Conde Valdrin, el señor que gobierna estas tierras. Todos aseguran que el edificio está maldito, y por su culpa un gran mal aflige al noble conde. Hay rumores de ruidos extraños que perturban la noche, y de criaturas de pesadilla que viven en los más oscuros rincones de la fortaleza esperando ser liberadas. ¡Oh, mi señora, no se os ocurra ir allí nunca, pues nadie que haya puesto los pies en su interior ha sido visto nunca más, ya fuese con vida…o muerto!

La sirvienta no dijo nada más, pero su relato dio que pensar a la elfa que ya no pudo terminar su comida en paz. Imágenes de monstruos atroces custodiando grandes tesoros abarrotaron su mente, enardeciendo su espíritu aventurero. No en vano era conocida entre su pueblo como Arlanha la de las Dos Espadas, mercenaria y aventurera cuyas armas siempre estaban a disposición de cualquiera con el suficiente dinero para alquilarlas.

La bella elfa no se lo pensó dos veces y, tras descansar toda la noche soñando con batallas victoriosas y fabulosos tesoros, partió al amanecer cabalgando su blanco corcel hacia el supuesto castillo maldito en busca de fama y fortuna. La ruta era fácil de seguir, pues tan solo tenía que marchar hacia la imponente figura del castillo cuya sombra se extendía amenazante sobre la ciudad de Borán y sus alrededores. Además un extraño humo negro, imposible de perder de vista, se extendía desde las chimeneas de las torres de la fortaleza, provocando la imaginación de Arlanha sobre escenas de horribles sacrificios llevados a cabo sobre altares manchados con la sangre de doncellas ofrendadas a terribles demonios.

El primer obstáculo con el que tuvo que enfrentarse la aventurera fue el del tupido bosque que rodeaba a modo de infranqueable protección todo el castillo. Una irreal inquietud flotaba sobre el verde mar de árboles, de cuyas brillantes hojas resbalaban a modo de lágrimas los restos de la nieve derretida por el sol matinal. No se oía ninguno de los cantos que los pájaros prodigaban al amanecer, pues los sentidos agudos de la elfa tan solo captaban el susurro de las ramas agitadas por la brisa. La barrera natural impedía el paso a caballo, por lo que decidió dejar a Nieve y atravesar la vegetación a pie.

Al poco de internarse en la espesura notó que ésta se tornaba más densa aún, pues hasta su cuerpo ágil y menudo tuvo problemas para esquivar la estrecha red que formaban  las grandes ramas de los árboles. Sus pisadas fueron apagadas por una cortina de hierba esmeralda que crecía de forma salvaje y que retrasaba su marcha al enredarse con sus botas. Era un paisaje tan sobrenatural y fantástico como inquietante y desolador.

De repente algo se movió de forma rápida hacia su cabeza, intentando golpearla. Arlanha esquivó el ataque gracias a sus dotes de percepción y a su agilidad sobrehumana, propias de su condición élfica. Desenfundó sus espadas cortas y se encaró hacia la amenaza, sorprendiéndose al ver que allí no había ningún enemigo. Sin embargo una vez más volvió a ser atacada por detrás, esta vez con éxito, y la mujer cayó de bruces sobre la hierba. Intentó levantarse pero algo rodeó sus brazos y piernas, inmovilizándola. Y entonces la bella elfa tuvo conciencia de qué era lo que en realidad estaba pasando. ¡La naturaleza la estaba atacando!

Desde la espesura que la envolvía completamente se arrastraban como serpientes largas y secas ramas cuyas afiladas puntas se dirigían con horror hacia sus ojos. Del suelo brotaron húmedas briznas de hierbas que rápidamente crecieron enroscándose alrededor de sus tobillos y muñecas, con la malsana intención de sujetarla. Incluso las flores del siniestro jardín abrieron sus blancos y enormes pétalos para arrojar una lluvia de polen amarillento que golpeó sus ojos y penetró por su boca y nariz, cegándola y asfixiándola.

Pero Arlanha no era una simple doncella en apuros, como muchas de sus congéneres. No necesitaba de ningún galante caballero que viniera a rescatarla, pues ella misma era una guerrera. A pesar del dolor y de la adversidad que aquel bosque de horrores ejercía sobre ella, la elfa encontró el coraje necesario para levantarse y continuar luchando.

La guerrera elfa consiguió zafarse con habilidad de una de las plantas, logrando empuñar una de sus espadas cortas con la que cercenó sin piedad los tallos y raíces que la atacaban. Luego liberó el resto de sus miembros con lo que pudo ponerse en pie una vez más, con las dos espadas desenfundadas y prestas para el siguiente asalto. Con un grito salvaje agitó sus brazos con una furia destructora inigualable, segando la vegetación a su alrededor como una jardinera enloquecida. Cuando terminó solo se escuchaba el sonido jadeante de su respiración, si bien el esfuerzo que la había dejado exhausta no había sido ejercido en vano. Plantas arrancadas, ramas cercenadas de sus troncos, flores separadas de sus tallos y hierba pisoteada era el resultado de su ataque, además de un líquido verde y maloliente que manchaba tanto sus ropas como los temibles aceros que sujetaban sus manos. Era la sangre del bosque maldito, ahora mortalmente herido y cuyo grito agonizante acompañó al rugir del viento helado.

Ante la victoriosa elfa se abrió de forma misteriosa un pasaje entre la vegetación, consiguiendo atravesar el bosque y llegando ante las puertas del castillo. La oscura mole se erigía inexpugnable ante ella, desafiándola a desvelar los oscuros secretos que encerraba en su interior. Arlanha evitó la entrada principal y se dirigió hacia una de las fachadas laterales, donde su vista de halcón divisó una ventana entreabierta en lo alto del castillo. Instantes después, tras haber escalado la pared no sin grandes dificultades, deslizó su ágil cuerpo por la ventana. ¡Al fin estaba en el castillo!

La elfa se dedicó a recorrer los solitarios pasillos y a registrar las polvorientas habitaciones, sin encontrar rastro alguno ni de personas ni de tesoros. Parte de la estructura se había derrumbado, por lo que más de una vez tuvo que sortear montones de escombros que se acumulaban en multitud de rincones. No tardó en encontrar una escalera de piedra negra, larga y estrecha, que conducía hacia el sótano del castillo. Su instinto de ladrona le dijo a la elfa que si había un gran tesoro sería allí donde lo encontraría.

Arlanha encendió una antorcha y comenzó a bajar los resbaladizos peldaños de la sinuosa escalera, dispuesta a enfrentarse a cualquier peligro que pudiese surgir de las sombras inquietantes en las que se adentraba. Pronto llegó ante una descomunal puerta en cuya superficie proliferaban una serie de extraños grabados, símbolos inquietantes que reflejaban una especie de historia de horror y muerte sobre los antiguos propietarios del castillo. Extrañamente no había ninguna cerradura en la puerta, pero aun así no pudo abrirla. El ansia de riquezas pudo más que cualquier otra preocupación, y la mujer no pudo evitar echar una mirada a través del agujero que había en el lugar donde debía haber estado la cerradura. Ahogó una exclamación de asombro al ver lo que contenía la sala del tesoro, pues el oro y las joyas se amontonaban resplandecientes por todos los rincones, formando montañas inabarcables de riquezas que dañaban la vista. El mayor de todos los tesoros estaba a su alcance, allí al otro lado de la puerta, y pronto sería suyo.

Entonces sus sentidos le indicaron que no estaba sola. Al volverse se encontró con una figura alta y enlutada, que poco a poco salió de las sombras para acercarse a ella. Vestía una cota de mallas negra, una gran capa roja y un casco que le cubría toda la cabeza, y entre sus dos manos sujetaba una gran espada de reluciente metal.

–Soy el guardián del castillo. Si quieres que la puerta de la sala del tesoro se abra, tendrás que acabar conmigo –dijo la poderosa voz bajo el yelmo.

–Entonces, que así sea –respondió Arlanha, desenfundando sus dos espadas.

Los aceros de ambos contendientes entrechocaron haciendo saltar chispas, iniciándose un terrible duelo. Por un lado el poderoso guardián, con su gran fuerza y su terrible mandoble, protegido por una férrea armadura. Por el otro lado la valiente elfa, ágil y veloz manejando sus espadas, moviéndose sin cesar para esquivar los golpes de su adversario. Bajo la débil luz de las antorchas los aceros de los dos guerreros brillaban siniestramente, ávidos de la sangre del contrario, como terribles demonios vivientes que anhelaban reclamar el alma del derrotado. Aunque la pelea estaba equilibrada al principio, la elfa no tardó mucho en darse cuenta de que su oponente no se cansaba, justo al contrario que ella. Debía de hacer algo antes de que la fatiga menguase sus reflejos y la llevaran a cometer algún error fatal.

Arlanha esperó a que el guardián cometiese un error para aprovechar algún punto débil, hasta que al fin encontró su oportunidad. Simulando que resbalaba se quedó inmóvil y medio agazapada, y cuando su rival levantó sus brazos presto a descargar su ataque final sobre ella, la elfa saltó hacia adelante rápida como una cobra hundiendo una de sus espadas bajo la axila del guerrero. El acero atravesó con facilidad el único lugar que la cota de mallas no protegía, y la sangre manó a borbotones de la herida.

Cuando el guardián cayó al suelo con estrépito, Arlanha se acercó a él y le arrebató el yelmo, dejando a la vista un rostro espantoso y demoníaco que le provocó arcadas. El guardián era un monstruo horrendo y repugnante, y no se arrepintió de haberlo herido mortalmente. Sin embargo, cuando empuñó sus armas para propiciarle el golpe final que terminaría con la vida de aquel inmundo ser, una fuerza mística se lo impidió.

–¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué no puedo matarte?

–Es a causa de la maldición. ¿No ves el símbolo de mi blasón? Yo soy el Conde Valdrin. La gente siempre ha creído que yo estaba maldito, pero eso no es así. La maldición es para aquella mujer que me derrotara en un duelo justo, pues si bien es cierto que será la dueña del castillo y de su tesoro, también lo será de mi corazón. Y puesto que eres una elfa, nuestra dicha juntos será duradera. Muy duradera.

Y tras estas palabras resonó el grito espeluznante y angustioso de Arlanha, la guerrera elfa de las dos espadas, a la que ya nunca más se la volvió a ver. Pues dice la leyenda que algunos elfos pueden vivir cientos e incluso miles de años…

FIN

 

 

 

 

 

HC_16

Una vez más os traigo otro relato de Hollow City, no con la asiduidad que yo querría pero al menos aún continúo en la brecha. En esta ocasión la historia reúne al Doctor Misterio, John Reeves y Nick Rose, los cuales deberán enfrentarse al Nigromante y a los Cazadores de Legados. Brujería, acción y horror se mezclan en esta nueva y trepidante aventura. Si no queréis perdérosla, pinchad en el enlace de descarga a continuación. ¡Que lo disfrutéis!

Hollow City 16 – Poder Inmortal