LA GUERRA SECRETA (Parte 8)

Publicado: 24 junio, 2012 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

–        Creo que es por aquí –dijo Vladimir, mientras conducía a los demás por los oscuros pasillos-. ¿Veis a esos jorobados con batas blancas que entran y salen por aquella puerta? Debe ser allí donde guardan las cápsulas.

–        Muy bien –señaló Strong-. Chang, Espectro, adelántense y reduzcan a los guardias para que el resto podamos entrar.

Obedeciendo las órdenes del director de TecnoCorp, el justiciero y Evelyn Chang se deslizaron sigilosamente desde la esquina del pasillo hasta donde se encontraban dos soldados Oscuros custodiando una puerta. Los guardias no fueron ningún problema para las habilidades del enmascarado y la ninja, y en unos segundos cayeron al suelo inconscientes sin hacer ningún ruido. El resto se acercaron deprisa, y todos atravesaron la puerta entreabierta para adentrarse en la sala conocida como el Laboratorio.

Los héroes se encontraron con una enorme estancia repleta de camillas y extrañas máquinas, entre las que correteaban unos atareados enanos de rostro deforme, los científicos jorobados que ponían en práctica los horribles experimentos de los Oscuros. Al fondo de la sala se amontonaban decenas de cápsulas metálicas de alrededor de dos metros de altura, los artefactos que aprisionaban en su interior las criaturas sobrenaturales que habían sido capturadas. Las cápsulas estaban siendo enviadas a través de una plataforma deslizante que ocupaba un largo conducto, y su destino era la gran cámara donde minutos antes habían conocido al Amo. Además de los científicos, unos pocos soldados Oscuros supervisaban el envío de cápsulas, y los héroes no pudieron evitar ser vistos por ellos.

–        ¡Cuidado! –advirtió Nick Rose, mientras se cubría detrás de una pequeña estantería repleta de un extraño instrumental médico, a la vez que disparaba su potente escopeta recortada. El cazador de monstruos advirtió que su percepción y sus reflejos volvían a su estado normal, puesto que los efectos del Suero habían remitido.

–        ¡Mierda de monstruos, tomad plomo ruso del bueno! –exclamó Vladimir, disparando sus dos pistolas GSh-18 de 9 mm con culatas adornadas en marfil.

–        ¡Joder, os vais a enterar, cabrones! –gritó furiosamente O’Sullivan al ver como uno de los disparos de los soldados abría un enorme agujero en la pared apenas a un par de centímetros de su cara. El agente respondió dándole al gatillo a su vieja Beretta 92, enviando una mortal lluvia de disparos a los guardias.

Pronto se sumaron al concierto de fuegos artificiales la poderosa Mainhead de Jack Stone y el subfusil P-100 de Jason Strong, mientras que Espectro y Chang emplearon unos cuantos de sus shurikens mientras se movían rápidamente para evitar los disparos. Tras unos momentos de intenso combate, al final los guardias cayeron abatidos con sus cabezas agujereadas por una mezcla de orificios de bala y estrellas puntiagudas. Los científicos deformes, asustados y temblorosos, se dejaron encañonar sin causar problemas por Strong y los demás.

–        ¿Alguno de vosotros entiende lo que digo? ¿Habláis nuestro idioma? –preguntó Strong a los científicos, los cuales se miraban entre ellos como si no entendiesen nada.

–        Dejadme a mí –dijo Vladimir, y acto seguido separó de un tirón a uno de los hombrecillos del resto, y a continuación lo hizo arrodillarse mientras le colocaba en la sien el cañón de una de sus armas con culata de marfil.

–        ¿Pero no ves que no saben hablar nuestro idioma? –dijo Chang al ruso-. Estamos perdiendo el tiempo, y tenemos muy poco. En unos minutos tendremos encima a más de estos soldados Oscuros, y esta vez no querrán capturarnos, sino eliminarnos para siempre.

–        ¿Así que no sabéis nuestro idioma, eh? Muy bien, a ver si comprendéis esto, engendros del infierno –Vladimir comenzó a apretar el gatillo muy lentamente, poniendo cara de loco mientras miraba al hombrecillo deforme.

–        ¡De acuerdo, está bien! –dijo el científico arrodillado con voz asustada, dejando estupefactos a los demás-. Os diré lo que queráis, pero quitadme de encima a este loco.

Mientras Vladimir lanzaba una sonrisa triunfante, Chang cogió por el cuello al jorobado y comenzó a interrogarle. Tras averiguar como funcionaba la plataforma y las cápsulas, entre todos cargaron unas cuantas de aquellas envolturas contenedoras que estaban vacías y las colocaron sobre la plataforma. A continuación Strong, Espectro y Vladimir entraron cada uno en una de ellas, asegurándose que podrían abrirlas desde dentro cuando llegasen a la sala del generador.

–        Rápido, daos prisa, se acerca alguien –apremió O’Sullivan, que estaba de guardia en la puerta de entrada al laboratorio.

–        Vamos, pon en marcha esto –señaló Chang al científico, el cual accionó una palanca y las cápsulas comenzaron a avanzar hasta que desaparecieron por el canal.

–        Muy bien, ahora Rose, Stone y O’Sullivan, venid aquí y entrad en estas cápsulas que quedan, mientras yo…

Pero Chang no pudo acabar la frase, pues otro de los científicos mutilados por el Conocimiento Oscuro le lanzó un pequeño frasco, el cual le alcanzó en el hombro izquierdo rompiéndose en varios fragmentos. Una nube de gas de color violeta flotó en el aire, envolviendo a Chang, la cual comenzó a toser convulsivamente. Rose y Stone se acercaron para ayudar a Chang, pero los enanos de bata blanca se envalentonaron con la acción de su compañero y contratacaron. Unos se lanzaron a coger las herramientas y utensilios más cercanos, mientras que otros recurrieron a lanzar pequeños frascos que llevaban escondidos encima, los cuales eran portadores de mortíferas sustancias.

Entonces fue cuando uno de los científicos señaló un panel de control situado en una pared lejana, y dijo algo en su extraño idioma. La orden debía ser muy importante, pues los jorobados se apresuraron a escabullirse entre las hileras de estantes y maquinarias para tratar de alcanzar dicho panel. Un disparo de la recortada de Rose se encargó de dejar fuera de combate al primero que intentó alcanzar los controles, mientras la Mainhead de Stone hizo lo propio con el segundo y el tercero. Sin embargo, el siguiente que lo intentó si consiguió llegar hasta el panel, comenzando a manipular una serie de botones y palancas mientras los pocos jorobados que aun continuaban con vida lo cubrían con sus cuerpos. Rose y Stone, tras recargar sus armas, se acercaron sin miedo a los jorobados puesto que habían terminado su arsenal de frascos y ya no poseían ningún arma que tuvieran que temer. Unos pocos disparos más y todos los científicos cayeron abatidos, aunque el último murió con una fea sonrisa de satisfacción en su horrible rostro, pues había conseguido su objetivo. El premio que obtuvo por ello fue su cabeza hecha añicos por un disparo de Rose, a la vez que su corazón reventaba en el interior de su cuerpo deforme por el impacto del arma de Stone.

Acto seguido oyeron un crepitar de energía que iba atravesando los tubos que conectaban las cápsulas que aún estaban en la sala, a la vez que una enorme compuerta cerraba de golpe la plataforma y el conducto por el que se deslizaban las cápsulas contenedoras. Los héroes comprendieron al instante con horror que no podrían acompañar a Strong, Espectro y Vladimir en aquel alocado plan. Se habían quedado solos. O quizá no tan solos, pues con gran desazón en sus corazones observaron que una a una, todas las cápsulas se estaban abriendo con un sonido tenso y chirriante. Las criaturas sobrenaturales cautivas en su interior estaban a punto de salir, y no debían de estar muy contentas.

–        Mierda, lo que faltaba –dijo O’Sullivan, mientras recargaba su Beretta 92 al lado de Chang, que ya estaba casi recuperada de los efectos del gas.

Y por si esto fuese poco, una pequeña explosión en la zona de la entrada hizo saltar en pedazos la puerta de acceso al laboratorio. Tras el humo y las llamas, hizo su aparición un escuadrón de soldados Oscuros. Y quien los comandaba no era otro que el último de los Consejeros Oscuros con vida, el misterioso hombre del ojo de cristal.

 *****

En la enorme Sala del Generador, el gigantesco corazón negro bombeaba la energía oscura a plena potencia para mantener activada la maquinaria que abría el Velo al Otro Lado. La puerta dimensional había sido abierta una vez más, y los Oscuros se afanaban en trasladar las cápsulas que provenían del Laboratorio hacia aquel trozo de oscuridad flotante que conducía a su hogar. En aquellos momentos, como muchas otras veces en el pasado, un misterioso apagón se había producido en la ciudad de Hollow City, dejándola inmersa en la oscuridad una vez más. Eran los efectos secundarios de abrir el portal.

El Amo sonrió bajo su capucha, todo iba a salir bien. Cargaría con todas las cápsulas, volvería al Otro Lado y salvaría a su mundo con la Energía Oscura de aquellas criaturas. Un nuevo triunfo que le afianzaría por encima de los demás como su indiscutible Señor victorioso, lo que haría perder confianza a sus enemigos en la sombra. Pues el Amo tenía claro que, como en cualquier otro Imperio, en su pueblo él también tenía enemigos, sedientos de avaricia que soñaban con hacerse con el poder. Pero solo él poseía el control supremo del Conocimiento Oscuro, solo él era el elegido, el que había sido bendecido por los dioses oscuros siglos atrás. Solo él era el Amo, y eso era algo que nada ni nadie podría cambiar.

–        Mi señor –dijo a su lado la voz cavernosa del Fantasma-. Los humanos han escapado, pero el antiguo Consejero Número Dos ha ido tras ellos, están en el Laboratorio.

–        Perfecto, seguro que los atrapará. Solo son un pequeño grupo de despojos humanos, no son ninguna preocupación. Todo marcha según el plan, pronto estaremos otra vez en el Otro Lado y podremos salvar nuestro mundo. Por cierto, una vez que estemos allí los científicos podrán quitarte ese molesto artefacto que te implantaron en TecnoCorp, espero que esté contento –el Amo se volvió hacia el Fantasma y posó su rugosa mano derecha, de dedos largos y delgados que la hacían parecer la mano de un esqueleto, sobre su hombro derecho.

–        Gracias, mi señor –dijo humildemente el Fantasma, agradecido por volver a contar con la confianza del Amo Oscuro.

El Amo palmoteó al Fantasma como si fuese un perro dócil y él su benevolente dueño, y volvió a sumirse en sus delirios de poder y grandeza, contemplando el desfile de cápsulas contenedoras que circulaban hasta el Velo. Entonces se dio cuenta de que pasaba algo, pues la plataforma deslizante se había detenido, y con ello el fluir de la hilera de receptáculos. Al instante algunos de los científicos jorobados se acercaron para ver que pasaba, encontrándose con la sorpresa de que las últimas tres cápsulas se abrieron por sí solas. Como un torrente de furia desencadenada, Espectro, Strong y Vladimir saltaron desde el interior de las jaulas y entraron en acción. Sin poder recuperarse de la sorpresa, los jorobados que se encontraban más cerca de la plataforma fueron masacrados por un aluvión de disparos procedentes del subfusil de Strong y de las pistolas de Vladimir, que agujerearon sus desfigurados cuerpos hasta convertirlos en masas sanguinolentas. Por su parte, Espectro lanzó varios de sus shurikens contra las desprotegidas criaturas de batas blancas, demostrando que en sus manos hábiles las estrellas metálicas se convertían en armas tan mortíferas como las balas de sus compañeros.

Desde el estrado superior donde se encontraba, el Amo sonrió divertido. Así que aquellos humanos aún se resistían a asumir su derrota, pues muy bien, si querían jugar él les complacería encantado. Con un simple gesto de su mano, el Amo ordenó al Fantasma que acabase con aquellos entrometidos, y la abominación asintió con la cabeza como un perro fiel. A continuación, el Fantasma dio un salto impresionante hacia abajo, aterrizando de pie sin ningún esfuerzo. A pesar de que la mayoría de los soldados Oscuros habían sido enviados a buscar a los humanos por todo el Laberinto, algunos de ellos continuaban en la cámara para salvaguardar tanto el Velo como el Generador. Así, el Fantasma ordenó a los soldados que atacasen sin tregua a los humanos, dando inicio a un combate brutal y sangriento, una lucha a muerte sin miramientos entre ambos bandos.

 *****

En la cámara del Laboratorio, el ruido de los disparos resonaba como si la tercera guerra mundial hubiese estallado allí mismo. Mientras O’Sullivan y Stone hacían la réplica a los soldados Oscuros, aguantando como podían las andanadas que recibían de aquellos, Chang y Rose se preparaban para encararse con las primeras criaturas que salían de las cápsulas. Tras abrirse las compuertas de las jaulas, una nube de vapor cubría la fuga de oscuras siluetas que se arrastraban débilmente, intentando discernir el lugar donde se encontraban. Chang contemplaba estupefacta la legión de monstruos que poco a poco emergía de su encierro, pues aunque alguna vez se había enfrentando a seres inhumanos, nunca hasta ahora había tenido la oportunidad de ver tantos tipos de monstruos distintos. Rose, en cambio, era un cazador de monstruos experimentado, y ya se las había visto con muchas versiones de aquellos seres, y al resto los conocía de las historias y libros que le había proporcionado en el pasado el anticuario John Reeves. Hombres delgados y pálidos, con ojos rojos y dientes puntiagudos, caminaban al lado de cuerpos pétreos adornados con amplias alas y garras en lugar de manos. Una criatura baja y rechoncha, con cabeza de pez y piel recubierta de escamas, agonizaba en el suelo al respirar oxígeno en lugar de agua, mientras le pasaba por encima un pequeño duendecillo de tez verdosa que llevaba un pequeño y extraño sombrero puntiagudo. Una mujer de extraordinaria belleza, cuya melena espesa y rizada le caía sobre los hombros cubriendo gran parte de su espalda desnuda, fue empujada al suelo por una enorme bestia peluda que más se parecía a un neandertal que a un hombre. La mujer, presa de la ira, puso los ojos en blanco y abrió la boca en un grito agudo y mortal, lanzando un rayo de energía sónica que lanzó al ser simiesco de cabeza contra la pared.

Chang, contemplando aquella locura, iba a lanzar una estocada de su ninjato a la criatura más cercana cuando Rose la detuvo, indicándole que esperara.

–        Aún no –le dijo el joven cazador-. Solo conseguiríamos atraer su atención, y son demasiados. Hemos de buscar una salida de este infierno.

Entonces el caos se desató. La horda de monstruos comenzó a luchar entre ellos, y algunos se lanzaron hacia la salida, donde estaban los soldados Oscuros. Los primeros seres sobrenaturales que intentaron salir cayeron acribillados por los proyectiles de darkanium, pero la segunda carga tuvo más éxito, pues se pudo abrir un hueco en aquella turba de soldados. Una figura alta y musculosa, con un solo ojo amarillento en su frente, había arrancado de cuajo un brazo a uno de sus captores, usándolo a modo de cachiporra para abrirse camino hacia la salida. Pero al llegar hasta el umbral del Laboratorio, se encontró con el hombre del ojo de cristal, que le cerró el paso con una tétrica sonrisa. Desde su posición, disparando y recargando, Jack Stone vio como el cíclope aullaba con furia salvaje mientras enarbolaba con ambas manos su arma improvisada, intentando atacar al tuerto. Pero el Consejero Oscuro permaneció inmóvil, limitándose a contemplar a la criatura con su ojo inerte y grisáceo. El globo ocular brilló un instante, su color pasó del gris al negro mientras parecía temblar ligeramente en el interior de su cuenca. El cíclope cayó al suelo de rodillas, soltando el brazo mutilado mientras se llevaba las manos a la cabeza en señal de dolor. Sus gritos de sufrimiento cesaron abruptamente cuando uno de los soldados colocó su arma demoníaca en su sien derecha, apretando el gatillo y volándole la cabeza en sangrientos pedazos.

Stone, al cual le hervía la sangre al contemplar al ser que había matado a su amiga Alice Graves, avanzó rápidamente hacia el tuerto mientras disparaba una y otra vez sin pausa su Mainhead. Tal era la potencia de fuego de aquella arma fabricada por TecnoCorp que tanto soldados Oscuros como bestias infernales quedaron fuera del paso del detective, sus cuerpos dañados irreversiblemente por aquella magnífica pistola.

–        Ahora me las pagaras todas juntas, asqueroso ser del inframundo –dijo Stone, mientras apuntaba directamente al rostro del Consejero Número Dos.

Pero el tuerto enfocó sobre Stone su ojo diabólico, activando el Poder Oscuro que yacía en su interior, un poder que todos los Consejeros poseían, cada uno de ellos en una forma diferente. Y la facultad de aquel globo ocular infernal era la capacidad de hacer ver al oponente la verdad oculta en su interior, la negrura de su propio corazón, la revelación de la oscuridad de su alma. Las visiones que Stone experimentó en un instante le hicieron tambalearse, mientras bajaba los brazos y comenzaba a gritar con desesperación. Mientras el tuerto se acercaba al detective, la mente de éste se abría a la luz de la comprensión, una iluminación que arrojaba imágenes torturadoras sobre la verdadera naturaleza de su existencia, etérea y banal. Stone no era nada, ni cuerpo ni mente ni espíritu, ni siquiera una mota de polvo dentro del universo infinito. Era el vacío absoluto, un cero, la nada.

Stone se arrastró por el suelo, su mente manipulada vilmente como el juguete roto de un niño, mientras el Consejero reía diabólicamente al saberse ganador de la contienda. Mientras un soldado Oscuro se acercaba por detrás para rematarle, el detective tocó sin querer una bota del tuerto, y al instante se activó su poder de Postcognición. Como un soplo de aire fresco que barriese de golpe una cortina de papel, las visiones causadas por el ojo de cristal maligno fueron remplazadas por un torrente de imágenes varias donde el protagonista era el tuerto. Toda aquel puzle de instantáneas poseía un denominador común, la crueldad que emanaba de todas y cada una de las acciones que había realizado en su larga vida aquel ser inmundo. Y como colofón a aquella horrible película biográfica, la escena final era el rostro de Alice Graves al ser envuelta en el globo tentacular explosivo que causó su muerte. Stone gritó de rabia, y sacudiéndose de encima todas las imágenes en un golpe de voluntad, actuó evidenciando sus grandes reflejos. Justo cuando el soldado accionaba el gatillo de su pistola, el detective impulsó su brazo derecho hacia arriba, alterando la dirección del disparo en el último segundo. El cuerpo del hombre tuerto fue lanzado varios metros hacia atrás por la inercia del potente disparo, el cual había abierto un boquete donde antes había estado su negro corazón, transformándolo en una oquedad oscura y sangrante. Con el rostro desencajado por el dolor y la sorpresa, el tuerto realizó un último suspiro a la vez que su ojo bueno quedaba mirando al vacío, tan muerto como su compañero de cristal. El Consejero Número Dos había dejado de existir. El Profesor Graves y su hija Alice habían sido por fin vengados.

–        ¡Que has hecho, desgraciado! –dijo el soldado autor del disparo mortal-. Esta vez no fallaré.

Entonces Stone vio como el soldado iba a dispararle, y cerró los ojos. Sonó un estampido, y cuando el detective volvió a mirar se encontró con los sesos desparramados de su enemigo. A pocos metros de ambos, la humeante Beretta 92 de Paul O’Sullivan se erigía firmemente empuñada por el agente, demostrando que un arma podía ser salvadora además de ejecutora.

–        Vámonos de aquí, amigo –dijo el agente, ayudando a Stone a ponerse en pie.

Mientras tanto, Rose y Chang permanecían espalda contra espalda, limitándose a defenderse de los monstruos que les atacaban directamente. El cazador de monstruos sonrió al pensar que su viejo maestro disfrutaría de haber estado allí, en aquella sala repleta de criaturas sobrenaturales contra las que luchar. La batalla entre los monstruos había dado paso a una alianza en pos de la supervivencia, por lo que ahora la mayoría se arrojaban sin contemplación sobre los soldados Oscuros en un esfuerzo conjunto. Fue entonces cuando Rose se fijó en uno de los seres, un hombre de ojos negros de pelo rapado que llevaba un gran tatuaje sobre su torso desnudo y musculoso. Sus manos convertidas en garras destripaban con saña brutal a todo soldado que se le ponía por delante, despedazando sus cuerpos en una frenética orgía de sangre y violencia. Era su hermano, Kevin Rose, transformado en el demonio Black Devil.

–        ¡Kevin! –gritó Nick-. Soy yo, hermano, espera.

Nick Rose se separó de Evelyn Chang, y se abrió paso entre aquella locura repleta de monstruos rugientes, gritos de dolor y cuerpos sangrantes, utilizando tanto su escopeta recortada como sus ágiles reflejos. Mientras Chang utilizaba su ninjato para defenderse de un ser con cabeza de serpiente que intentaba hincarle sus colmillos venenosos, lo último que vio fue al cazador de monstruos desaparecer en el caos reinante. Luego tuvo que concentrarse en el combate para intentar sobrevivir en aquel ambiente dantesco.

 *****

Algo ha salido mal”, pensó Jason Strong mientras disparaba su subfusil P-100 hacia uno de los muchos soldados que intentaban rodearle. Se había dado cuenta nada más salir de la cápsula, pues la distancia que les separaba a él, Espectro y Vladimir del generador era muy superior a la esperada. Además, el resto del grupo no estaba, y la plataforma que transportaba las cápsulas contenedoras desde el laboratorio permanecía inmóvil, desconectada. Se las tendrían que apañar ellos tres solos contra todos.

Vladimir se hallaba agazapado detrás de un poste de energía, una estructura cilíndrica que servía para transformar parte de la energía del generador en luz y calor. El poste era lo suficientemente grande como para servirle de cobertura, y desde allí disparaba con sus pistolas gemelas a los soldados más cercanos. Desde su posición, el ruso podía observar que los soldados estaban ganando terreno, eran demasiados para solo tres personas. Además, Vladimir contempló como el Fantasma se acercaba a Espectro, el cual ahora mismo acababa de deshacerse de tres oponentes a base de golpes magistrales de su katana. Y Strong también se hallaba rodeado por más Oscuros, que le dificultaban el paso hacia el generador. Para que el plan del director de TecnoCorp funcionase, Strong debía llegar sano y salvo hasta aquel enorme corazón artificial, y si todo seguía como hasta ahora no lo iba a conseguir.

Vladimir decidió que no había opción, así que guardó una de sus pistolas y sacó una de sus granadas, tirando de la anilla con su boca mientras mantenía su pulgar derecho sobre el percutor. Luego se dirigió corriendo todo lo deprisa que pudo hasta los soldados que custodiaban el generador y que impedían el avance de Strong, gritando a pleno pulmón. Mientras los disparos estallaban a su alrededor como una lluvia de fuegos artificiales, el ruso corrió y corrió, blasfemando en su idioma todos los insultos posibles, como si se tratase de algún tipo de plegaria protectora. Hasta que al final fue alcanzado por uno de aquellos disparos potenciados por la Energía Oscura de los malignos tatuajes, que le reventó su brazo izquierdo. Sin embargo Vladimir no cayó, sino que consiguió avanzar un poco más, hasta que otro disparo le arrancó de cuajo parte del costado derecho. Entonces el ruso se dejó caer de rodillas, mientras los Oscuros se acercaban un poco a la vez que le mantenían encañonado.

–        Humano, estás loco –dijo uno de los soldados-. ¿Acaso creías que una simple granada podrá acabar con todos nosotros a esta distancia sin que te acribillásemos antes? Dais lástima.

Vladimir, como única respuesta, se abrió la chaqueta, dejando atónito al soldado que había hablado. El ruso llevaba encima una ristra de explosivos de máxima potencia, suficiente como para arrasar todo aquel lugar. Antes de que nadie pudiese hacer nada, Vladimir sonrió, gritó el nombre de su hermano muerto Iván, y vengó la muerte de los hermanos Petrovic soltando el percutor de su granada con el último hálito de vida que le quedaba. La detonación que siguió a continuación fue espectacular, un estallido de luz y calor que se extendió rápidamente por toda la cámara, barriendo todo lo que había a su paso. Espectro se salvó agachándose y cubriéndose con su capa ignífuga, mientras que Strong se lanzó cuerpo a tierra salvaguardándose detrás de una de las ruidosas máquinas de la sala. Los soldados oscuros no tuvieron tanta suerte, y los que no sucumbieron por la explosión permanecieron inconscientes o heridos. Ni siquiera el poder mágico de los símbolos Valaki tatuados en su piel había evitado la destrucción provocada por la deflagración. Y ahora, gracias al sacrificio de Vladimir, el paso hacia el generador quedaba libre.

Mientras Strong intentaba recuperarse del aturdimiento causado por la explosión, Espectro se levantó y se dirigió hacia él para ayudarle. Pero en ese preciso instante algo le detuvo. Un movimiento, una sombra, una figura ondulante que avanzaba entre el humo y las llamas. Una silueta de ojos rojos cuyas negras ropas estaban medio destruidas por el fuego y la detonación, desvelando sus múltiples heridas por las que manaba una abundante sangre negruzca. Una vez más, el Fantasma se había salvado, y dirigía miradas llenas de rabia hacia Strong y Espectro.

–        Voy a acabar con vosotros de una vez por todas, miserables –susurró el Fantasma, con sus ojos destilando pura maldad vengativa mientras extendía sus poderosas garras.

Espectro miró a Strong, que aún estaba intentando levantarse. Tenía que conseguirle más tiempo, no había otra forma. El justiciero empuñó su katana de acero y se preparó para enfrentarse contra la abominación. Esta vez no ocurriría lo mismo que en su último encuentro, cuando se enfrentaron meses atrás en el Museo de Arte de Hollow City. Ahora, de aquel duelo solo uno saldría con vida. Por fin había llegado la hora de ver quien de los dos contrincantes era el más fuerte, el cruel Fantasma o el vengador Espectro.

 *****

En la sala del Laboratorio también se notó la explosión originada en la cámara del generador, que hizo vibrar toda la estancia en una ola de energía física. Las maquinas de los científicos se rompieron en pedazos, mezclándose con el contenido de los armarios y estanterías que caían desparramados al suelo. Las paredes y el techo se llenaron de grietas, y los cuerpos de los soldados Oscuros se fusionaron en un abrazo indeseado con los horribles cuerpos de los monstruos sobrenaturales. Fue entonces cuando Paul O’Sullivan, que sujetaba al detective Jack Stone, observó como una enorme compuerta metálica se abrió en una pared del fondo del laboratorio, y por ella salió despedida una nube de ceniza. Según lo que les había dicho el Fantasma, debía tratarse del Crematorio, el lugar donde los científicos deformes depositaban los desechos de sus crueles experimentos. Allí debía existir un conducto de respiración que diese a la salida de aquel infierno.

–        Chang, allí –dijo el agente, señalándole a la mujer la posible salida.

Chang asintió, y acto seguido se deshizo del hombre-serpiente que estaba intentando morderla con un tajo brutal de su espada que seccionó limpiamente la yugular de la criatura. Luego se reunió con O’Sullivan y Stone, en la entrada del crematorio, tras derribar con el ninjato a unos cuantos monstruos más.

–        ¿Dónde está Rose? –preguntó Stone.

–        No lo sé, creo que reconoció a alguien entre las criaturas, pero ha desaparecido. No podemos esperarle, tenemos que irnos ya de aquí.

Mientras tanto, Nick Rose había trepado hasta una pasarela superior que se alzaba unos pocos metros sobre el suelo del laboratorio, llegando hasta donde se encontraba su hermano, que transformado en Black Devil no paraba de despedazar y mutilar a todo ser que se ponía al alcance de sus letales garras.

–        Kevin, para. Ven conmigo, podemos ayudarte.

–      Déjame en paz, Nicky, lárgate de aquí con tus amigos mientras puedas. Yo me voy a vengar de aquellos que me capturaron, no dejaré a nadie con vida.

–        ¿Y luego que harás, seguir matando? Debes luchar contra las voces, tú puedes, eres más fuerte que ellas.

–        ¡Cállate! –respondió enfurecido Black Devil, derribando de un zarpazo a su hermano, cuyo traje comenzó a teñirse de rojo oscuro en el costado derecho a causa del ataque.

Black Devil se lanzó sobre Nick para atacarle con toda su furia, pero se paró en seco al ver el cañón de la recortada en su cara.

–        No me obligues a hacerlo, Kevin. Madre no me lo perdonaría. ¿No te acuerdas de lo que solía decirnos? Tú y yo debíamos cuidarnos el uno al otro, ser fuertes y luchar juntos para sobrevivir al mundo. ¿Por qué diablos tuviste que irte, Kevin? ¿Por qué nos abandonaste?

–        Porque no quería que las voces se apoderaran también de vosotros. No quería que tú también sufrieras. Nick, yo… ¡Nick, cuidado!

Black Devil se dio cuenta de que varios monstruos habían trepado por la pasarela, e intentaban saltar sobre Nick por hallarle un objetivo más fácil. Pero las voces que habitaban en el interior de la torturada alma de Kevin le hicieron reaccionar a tiempo, adelantándose al ataque de las criaturas y empujando a su hermano por encima de la barandilla de la pasarela. “Adiós, hermano. Cuida bien de nuestra madre”, pensó Kevin antes de que su cuerpo quedase enterrado bajo media docenas de seres tan sobrenaturales como él mismo.

–        ¡No, Kevin! –gritó Nick, al ver desaparecer a su hermano. Su desesperación era tan grande que no se había dado cuenta de que se había fracturado una tibia en la caída, el dolor físico quedaba mitigado por el sufrimiento de ver el sacrificio de Kevin.

Entonces el cazador de monstruos sintió unas manos que tiraban de él, y se volvió furibundo encañonando a su oponente.

–        Tranquilo, Rose, soy yo –dijo O’Sullivan-. No puedes hacer nada por él, haz que su sacrificio sea útil. Vámonos de aquí, hemos encontrado una salida por allí.

Cojeando y apoyándose en O’Sullivan, Nick Rose se encaminó hacia la puerta del crematorio, no sin antes dirigir una última mirada hacia el lugar donde había visto por última vez a Kevin. Pero en medio de aquel caos era casi imposible vislumbrar nada, así que todos entraron en el crematorio y cerraron la puerta metálica, atrancándola con un trozo de viga que había caído del techo. Fuera de la sala, al otro lado, aún podía oírse el fragor del combate entre los Oscuros y los seres sobrenaturales, pero todos sabían que al final los monstruos ganarían, por ser más numerosos y más poderosos. Ahora todo lo que podían hacer era huir.

–        Mirad, aquí parece haber una salida –dijo Chang, que había iluminado el crematorio con un tubo de luz.

–        Pues vayámonos de una vez de este asqueroso lugar, huele a diablos aquí dentro –dijo O’Sullivan, iluminando con una linterna una oquedad circular con una reja metálica.

–        ¡Uf, esto es demasiado sólido, no creo que podamos mover esta reja! –se quejó Chang tras intentar inútilmente separar los barrotes.

Entonces se encendieron unas pequeñas luces en toda la estancia, y unos movimientos en las paredes indicaron que algo se estaba poniendo en funcionamiento. Unos pequeños tubos, que hasta entonces habían quedado sepultados bajo la gruesa capa de ceniza que cubría todo el crematorio, emergieron como dedos acusadores que los señalaban como sus próximas víctimas. Stone no necesitó de sus poderes para saber la amarga verdad, el crematorio se había activado y dentro de un momento la esencia de sus cuerpos quedaría convertida en más polvo que se acumularía a las cenizas existentes. Literalmente, habían salido de la sartén para caer en el fuego abrasador.

–        Genial, ¿alguna idea, amigos? –dijo O’Sullivan, alicaído.

–        Creo que sí –contestó Nick Rose, extrayendo una jeringuilla y un frasco con una dosis del Suero.

Rose observó el líquido azulado, sabía que era demasiado pronto aún para inyectárselo de nuevo, pero no había otra alternativa. Obviando los preámbulos, el cazador de monstruos se administró la dosis de la sustancia especial, ante la sorpresa del resto de los presentes.

–        ¿Qué es eso que te has metido? –inquirió con curiosidad Evelyn Chang.

–        Nada que a ti te importe –contestó Rose, guardándose el frasco y la jeringa, mientras esperaba que los efectos del Suero hicieran su aparición.

–        Chicos, sea lo que sea que tengáis en mente hacedlo ya. Esto se está poniendo al rojo vivo, y no lo digo con ironía –advirtió Stone con gran preocupación, al darse cuenta de que la temperatura de la sala estaba ascendiendo peligrosamente.

Rose se levantó, sintiendo un fuerte mareo que le provocaba un gran dolor de cabeza. Aguantando las nauseas, se acercó a la reja, y comenzó a tirar. Entonces O’Sullivan se acercó para ayudarle, y puesto que había espacio suficiente ambos coordinaron esfuerzos en aquella titánica hazaña. Y al final, tras un esfuerzo sobrehumano, la rejilla cedió y saltó de su lugar con un ruido metálico que les sonó a gloria a todos los presentes.

–        Deprisa, moved el culo –dijo Chang.

De uno en uno, los cuatro abandonaron el crematorio, desplazándose por un largo y estrecho túnel ascendente que los conducía a la tan esperada salvación, dándose cuenta de que a sus espaldas un chorro de aire caliente les advertía de que si hubiesen tardado unos segundos más hubiesen terminado tan achicharrados como un pavo en la cena de Navidad. Al final de la ascensión les esperaba un cielo estrellado, iluminado con la luz de una brillante luna, silencioso testigo de los cuatro cuerpos que quedaron tendidos y exhaustos en el suelo de Bussler Green. Todos suspiraron de alivio, al fin se hallaban a salvo, después de tantos peligros.

*****

El Amo no podía creer lo que sus inmortales ojos estaban contemplando. Aquellos patéticos seres habían arrasado la sala del generador, eliminando a los soldados y estropeando la maquinaria que mantenía abierto el Velo al Otro Lado. El portal a la oscura dimensión se había cerrado antes de que pudieran enviarse la mayoría de las cápsulas. Y encima, el Fantasma parecía no ser capaz de derrotar a aquel tipo disfrazado que esgrimía una katana. ¿Es que tenía que hacerlo él todo? Entonces sus ojos se posaron en la figura de Jason Strong, el cual estaba recargando su arma y se dirigía hacia el generador. Eran tan insistentes como los insectos, los apartabas a manotazos y un instante después los tenías encima otra vez. La única forma de librarse de los insectos era aplastarlos, exterminarlos para que no volviesen a molestar.

El Amo extendió su bastón de darkanium repleto de runas, una versión moderna del báculo encantado tallado en madera que utilizaba eras atrás. En aquella época, cuando todavía utilizaba el nombre de Kuzul, el shamán del pueblo Valaki fue derrotado por el valeroso corazón del jefe Gornak. Pero en esta ocasión no iba a suceder lo mismo, no repetiría el error de confiar hasta última instancia en los demás. Lo haría él mismo. Invocando la Energía Oscura a través de las runas de su bastón encantado, el Amo se rodeó de una masa informe similar a una nube tentacular hecha de sombras, la cual lo elevó desde la plataforma donde se encontraba y lo transportó por encima del humo y las llamas. La nube de oscuridad le permitió aterrizar suavemente en el suelo a pocos metros de Jason Strong, interponiéndose en su camino hacia el generador.

–        Es la hora de tu final, humano. Por fin conocerás el poder que encierra el Conocimiento Oscuro –dijo el Amo señalando a Strong con su bastón metálico.

Del báculo mágico surgió un haz de oscuridad sólida, que golpeó de lleno a Strong en su pecho. La fuerza del impacto hizo rodar al director de TecnoCorp por el suelo, hasta que su cuerpo chocó contra una de las máquinas auxiliares del generador. De la cabeza de Strong comenzó a emerger un fino hilillo de sangre, señal de que el ataque del Amo le había conseguido dañar a pesar de sus defensas cibernéticas. El Amo abrió los ojos con sorpresa, pues sabía que su ataque era demasiado poderoso como para sobrevivir a él, a no ser que su objetivo no fuese humano.

–        Vaya, así que vas a resultar un mosquito aún más molesto de lo que pensaba. No importa, puede que aguantes más de lo normal, pero al final caerás bajo mi poder.

El Amo lanzó nuevamente un rayo de Energía Oscura a través del cetro, pero esta vez Strong interpuso su brazo derecho protegiéndose de la descarga. Tras el impacto, pudo verse como la manga de su uniforme TC-1000 había quedado completamente desgarrada, al igual que la piel sintética que recubría su brazo.

–        Fascinante, veo que habéis hecho grandes progresos –dijo el Amo al ver el brillante metal del miembro robótico de Strong.

–        Aún no has visto lo mejor, monstruo.

Acto seguido, Strong extendió la palma de su brazo biónico hacia el Señor de los Oscuros, activando el lanzallamas oculto en él. El fuego brotó en un torrente infernal que envolvió en su ígneo abrazo al Amo, hasta que éste desapareció convertido en una bola incandescente. Strong sonrió, y avanzó un poco más hacia el generador, mientras a su espalda continuaba la lucha a muerte entre Espectro y el Fantasma.

El fantasma esquivaba una y otra vez los envites de la afilada hoja de acero de Espectro, intentando buscar un punto débil en su guardia que le permitiese acercarse lo suficiente para emplear sus garras. Sin embargo el justiciero de Hollow City actuaba con gran habilidad, y tras cada ataque realizaba un movimiento con su cuerpo para mantener la distancia con su oponente. La criatura infernal echaba de menos no poder utilizar su poder de desmaterialización para evitar los ataques, ya que en caso de utilizar dicha facultad se activaría el dispositivo de destrucción que el Doctor Wan le había implantado en TecnoCorp. Sin embargo, aún poseía otros recursos, y decidió utilizarlos. Abrió su boca y emitió un rayo de Energía Oscura, que golpeó a Espectro en un brazo, ocasionando que su katana cayera al suelo unos metros más allá. Con un rugido propio de una bestia, el Fantasma se abalanzó sobre su desarmado contrincante, y comenzó a herirle con sus afiladas garras. Sus armas naturales rasgaron la protección del traje de Espectro, el cual apenas podía detenerse del feroz ataque del monstruo. Así continuaron un buen rato, abominación contra justiciero, pareja de baile en una mortal coreografía donde uno solo saldría victorioso. Los ataques del Fantasma dieron sus frutos cuando Espectro quedó acorralado contra una de las máquinas, sin espacio suficiente para maniobrar. Con aire triunfante, la criatura sobrenatural se dispuso a descargar su poderoso golpe final contra Espectro, pero el justiciero activó el poder encerrado en el fragmento de energía oscura solidificada en su pecho, volviéndose intangible al mismo tiempo que retrocedía. Las garras del Fantasma solo alcanzaron el aire, y la silueta etérea de su objetivo desapareció a medida que atravesaba la máquina que se encontraba a su espalda.

El Fantasma estaba furioso, ¿acaso aquel humano disfrazado que poseía su mismo poder osaba desafiarle? No toleraría más afrentas de aquellos seres lamentables, le demostraría que nadie se burlaba del Fantasma. El monstruo rodeó la máquina lo más deprisa que pudo, y al llegar al otro extremo vio la figura de su enemigo que estaba de espaldas a él, apoyado en una pared. Sin darle tiempo a que pensase en otra táctica, el Fantasma saltó en el aire para caer desde arriba con toda su fuerza sobre Espectro…solo para encontrarse con que su imagen desaparecía, haciéndole perder momentáneamente el equilibrio. Y fue entonces cuando el auténtico Espectro, que había estado escondido mientras usaba sus escasas reservas de Poder Oscuro para crear la Imagen de Sombra, surgió para realizar la poderosa técnica de Taijutsu conocida como Kangen Suyho.  Dicho movimiento, aprendido de su maestro Koshiro Katshume y que muy pocas personas sabían utilizar, consistía en propinar una rapidísima patada en la barbilla del oponente desde el suelo, para proyectarlo hacia arriba y hacerlo volar por los aires, pudiendo a continuación atacarle por debajo. Era un ataque diseñado para confundir al enemigo además de dañarlo físicamente, a lo cual se unía que la posición estratégica del usuario debajo del rival le hacía difícil de ser atacado por su oponente. El Fantasma no fue una excepción, y al ser pillado por sorpresa no pudo esquivar el tremendo golpe del justiciero, el cual le fracturó la mandíbula con un doloroso crujido. Al caer pesadamente al suelo desde el aire, el monstruo lanzó un rugido de dolor al sentir como algo se rompía en su espalda, aunque no tuvo mucho tiempo para quejarse ni reaccionar porque Espectro se abalanzó sobre él. Con la rapidez del relámpago, el justiciero terminó de dejar inconsciente al Fantasma con un poderoso golpe de koppo jutsu que le rompió varios huesos de la cara, arrancándole su máscara y dejando al descubierto su horrible y desfigurado rostro, ahora cubierto de sangre.

Jadeante, el justiciero arrastró el cuerpo del Fantasma por toda la cámara, hasta llegar junto a Strong. Éste había estado ocupado disparando con todo lo que tenía al colosal generador, pero el artefacto estaba diseñado para resistir tanto las balas como el fuego. Iban a necesitar algo más, pero en eso consistía el as que tenía en la manga Strong desde el principio. Entre ambos colocaron el cuerpo del Fantasma sobre la base del gigantesco generador.

–        ¿No hay otra forma? –dijo Espectro, mirando a Strong fijamente.

–        Me temo que no, amigo –contestó el director de TecnoCorp, extendiéndole su mano en forma de saludo-. Señor Kraine, ha sido un placer combatir a su lado, ha pesar de nuestros desencuentros del pasado.

Espectro sonrió bajo su máscara al oír la mención de su verdadero nombre, y aceptó la mano que le tendía Strong, estrechándola en un saludo de despedida. Luego se separaron, mientras Strong colocaba su mano cibernética sobre el pecho del Fantasma. Una luz roja se encendió en el brazo mecánico, a la vez que un suave pitido electrónico comenzó a resonar proveniente de algún lugar en el interior del cuerpo del Fantasma. Pues lo que acababa de hacer Strong era activar el Módulo de Destrucción Remota de forma manual, con lo que en pocos segundos estallaría la bomba implantada en el interior del ser sobrenatural.

–        Bien, señor Kraine, será mejor que se vuelva inmaterial y salga de aquí antes de que todo esto…

Pero Strong no pudo seguir hablando, pues de su pecho salió la punta de un sinuoso tentáculo, atravesándolo como si fuese una sólida estaca. El tentáculo se retiró, haciendo que Strong cayese hacia delante, sangrando tanto por la herida como por la boca. Detrás de ellos, la figura imponente del Amo apoyado en su báculo, sin ninguna marca de haber sido dañado por el fuego.

–        Insensatos, pretendíais terminar conmigo así, con un simple fuego. ¡Cuando aprenderéis que yo soy el amo y señor del Conocimiento Oscuro, el poder supremo!

El Amo creó varios tentáculos más que surgieron de su báculo rúnico, atrapando a Espectro e inmovilizándolo. Uno de los tentáculos comenzó a estrujarle el cuello, provocando la falta de oxígeno en sus pulmones, mientras que el resto le constreñían por todas partes como si estuviese sufriendo los ataques de una gigantesca serpiente constrictora. Espectro se hallaba en una situación delicada, pues sabía que sólo le quedaba la suficiente energía como para poder desmaterializarse una sola vez. Si lo hacía ahora, se liberaría de los tentáculos pero sucumbiría a la terrible explosión que iba a desencadenarse de un momento a otro. Si no lo hacía, moriría ahora mismo bajo el poder del Amo. ¿Qué podía hacer?

Entonces, por el rabillo del ojo, el justiciero observó que Strong aún vivía. Se había arrastrado hasta quedar con su brazo mecánico extendido hacia algún punto de la sala, como si estuviese apuntando hacia algo. Luego escuchó un zumbido que provenía de su brazo, y supo al instante que Strong había activado nuevamente alguno de sus dispositivos ocultos. Fuese lo que fuese que estaba intentando hacer, o lo hacía ahora o no habría tiempo, pues el justiciero tenía la vista empañada y el rostro enrojecido a causa del estrangulamiento. A punto de morir, Espectro distinguió a pesar de la risa diabólica del Amo un tintineo metálico, como si un objeto estuviese acercándose rápidamente hacia donde estaba Strong. Y como por arte de magia, arrastrándose a toda velocidad por el suelo, apareció la espada de acero del justiciero, que fue derecha a la mano cibernética de Strong. El director de TecnoCorp, que había utilizado el rayo magnético de su brazo para atraer la katana hacia él, utilizó las últimas fuerzas que le quedaban y alzó la espada hacia arriba en un movimiento cortante, cercenando el brazo del Amo que sujetaba el báculo mágico. Al instante los tentáculos que atenazaban a Espectro desaparecieron, mientras el Amo lanzaba gritos de dolor y se sujetaba su muñón sangrante con la mano buena.

El justiciero se agachó junto a Strong, pero ya nada podía hacer por él, pues el director de TecnoCorp había encontrado el destino que deseaba todo guerrero, la muerte en combate. Recogiendo su katana, Espectro se acercó al Amo con los ojos encendidos por la venganza, dispuesto a aplicarle el castigo que merecía por sus crímenes.

–        No, por favor –suplicó el Amo-. Te daré lo que quieras, te nombraré como nuevo general de mi ejército. Acércame el bastón y podremos escapar juntos antes de que…

El aire vibró con un ligero zumbido, el acero centelleó por un breve instante, la sangre derramada se reflejó por un segundo en la hoja metálica. Algo salió volando por los aires, aterrizando en el suelo con un chasquido, rebotando dos o tres veces hasta permanecer finalmente inmóvil del todo. Un cuerpo decapitado cayó al suelo de lado, la sangre manando a borbotones de la herida mortal. A varios metros, la cabeza cercenada del Amo revelaba un rostro putrefacto con unos ojos ambarinos que poco a poco se apagaron. El Amo, el inmortal shamán Kuzul, por fin había encontrado su merecido final.

El fantasma abrió los ojos, despertando de su inconsciencia. Le dolía todo el cuerpo por la brutal paliza recibida de Espectro. Lo primero que vio fue la cabeza del Amo, al lado de la suya propia, colocada allí como una broma macabra. Y lo segundo que observó fue la etérea forma de Espectro, que tras apuntarle con su dedo índice desaparecía atravesando una de las paredes. ¿Qué estaba pasando, que significaba todo aquello? Entonces el Fantasma bajó la vista hasta su pecho, donde le había señalado Espectro. Notó una gran vibración en su interior, algo que se movía dentro de él. Con desesperación, el Fantasma se abrió sus ropas dejando entrever una palpitante luz azulada que emergía hacia fuera, a la vez que un bulto impulsaba ligeramente su piel, causándole un dolor insoportable.

–        ¡No! –gritó el Fantasma-. ¡Nooooo!

Pero ya nadie podía escuchar los gritos del Fantasma, pues quedaron ahogados primero por una pequeña explosión, y luego por otra detonación aún más grande que la anterior. El Fantasma estalló en pedazos, y lo mismo hizo un segundo después el enorme corazón artificial al que los Oscuros llamaban Generador. La colosal explosión arrasó todas las instalaciones del Laberinto, provocando un calor tan grande y liberando tal cantidad de Energía Oscura que todo lo que allí había fue devastado y convertido en cenizas al instante. Los efectos de la destrucción fueron tan grandes que incluso llegaron hasta el exterior, afectando toda la zona de Bussler Green hasta convertirla en un auténtico pozo infernal de llamas oscuras.

Al parecer, el Alcalde Mallory no podría construir el aeropuerto de Hollow City en aquel lugar, al menos durante los próximos años.

 *****

El Comisario Howard se bajó del coche y anduvo hasta el cordón policial que bordeaba Bussler Green. Aquello era el caos puro. Bussler Green ya no existía, ahora en su lugar solo había un agujero humeante. La explosión se había llevado por delante todas las instalaciones del Centro de Control de Plagas, además de los agentes del F.B.I. encargados de custodiar la zona. ¿Qué era lo que había pasado allí? Un atentado terrorista, seguro. O tal vez en lugar de un virus lo que habían estado encubriendo en aquella zona era algún tipo de experimento nuclear. Mierda, ahora más que nunca si podía decirse que Hollow City era un puto agujero. O un queso gruyere, si contaba la explosión que arrasó el año pasado el Museo de Arte de la ciudad. Demasiadas cosas raras estaban pasando aquí, tal vez tendría que ir pensando en adelantar la jubilación.

En ese momento sonó su teléfono móvil, era el Alcalde Mallory. Como no tenía ganas de hablar con él, lo puso en silencio. Cuando tuviese algo más de información ya le contaría algún cuento para apaciguar su habitual ira. Ahora había que organizar la contención del fuego, la búsqueda de posibles supervivientes y la recuperación de cadáveres. Aunque a juzgar por el panorama, no iba a poderse recuperar gran cosa, aparte de restos chamuscados y montones de ceniza. Sorteando los coches patrulla y las ambulancias, Howard llegó hasta donde estaban los oficiales de más alto rango de la policía y comenzó a ladrar las órdenes acostumbradas.

–        ¡Socorro, ayuda! –gritó alguien, en medio de aquel desorden.

Howard y varios policías más se acercaron corriendo hacia donde habían varios coches patrulla estacionados, justo en el momento en que uno de ellos se marchaba a toda velocidad, acelerando hasta perderse de vista. En el suelo se encontraba arrodillado el agente Mike Sutton, conocido como Mike “el Arrugas”, que se masajeaba la nuca como si hubiese recibido algún golpe doloroso.

–        Mike, ¿que coño ha pasado? –preguntó el Comisario Howard.

–        Comisario, había conseguido detener a un tipo muy raro que salía arrastrándose del lugar. Parecía herido, y su cara era muy extraña, de color amarillo y sin rasgos. Le puse las esposas, pero cuando le di la espalda un momento, el tío se las había quitado como un puto mago de feria. Joder, créame Comisario, ni el propio Houdini hubiera conseguido quitárselas tan rápido. Me pilló por sorpresa y…

–        Mike, cierra el pico y no digas más gilipolleces –el Comisario acercó su rostro al de Mike el Arrugas para examinarle más de cerca-. Dime la verdad, ¿te has metido algo, eh? Y por eso estás alucinando.

–        Que no, Comisario, estoy limpio, de veras –mintió Mike-. Ese no era un tío corriente, estoy seguro.

–        Ya, ya. Anda, Mike, lárgate de aquí y vete a comisaría. Y que te miren el golpe del cuello en la enfermería. Y no quiero verte hasta el lunes.

Mientras Mike el Arrugas se marchaba, humillado por haber perdido a su prisionero que además le había robado el coche, el Comisario Howard suspiró. Sospechaba quien había sido la persona con la que se había topado el agente Sutton. Wax Face, el hombre de las mil caras. Un temible villano escurridizo como el viento, listo y cruel, al que nunca había conseguido echarle el guante. El Comisario se agachó y recogió las esposas que se encontraban tiradas en el suelo. Pocos sabían que además de tener el rostro de cera, Wax Face también tenía las manos de aquella misma sustancia, fruto del accidente químico que le otorgó aquellas extrañas facultades.

Ahora había suelto en Hollow City un nuevo villano.

 EPILOGO

En el Cementerio Municipal de Hollow City, el detective Jack Stone atravesó las interminables hileras de piedra que señalaban las almas de los difuntos hasta encontrar las que buscaba. Stone se detuvo delante de dos tumbas recientes, que compartían apellidos, y depositó un gran ramo de flores en el espacio vacío entre ellas. No se le daba muy bien rezar, pero al menos musitó unas palabras en honor de los fallecidos. Tras unos minutos en respetuoso silencio, abandonó el cementerio por donde había venido. Luego comprobó la hora, pues dentro de un momento tenía que coger el tren que le llevaría a Capital City, y de allí partiría en avión hacia algún lugar apartado. Necesitaba encontrar un sitio donde estar solo, pensar, meditar, y de paso entrenar sus habilidades psíquicas de postcognición. No dejaba de pensar en que de haber tenido un mayor control de sus poderes podría haber salvado a su amiga. Aquel pensamiento le aplastaba su alma como una pesada losa, sería algo que le acompañaría para siempre en su tortuoso camino, algo con lo que tendría que aprender a vivir.

“Descanse en paz, Profesor Graves. Descansa en paz, querida Alice. Algún día volveremos a vernos. Ahora el único consuelo que me queda es que por fin estáis vengados”.

 *****

Nick Rose ayudó a entrar a su madre en la casa familiar, a la que regresaba otra vez ahora que no había peligro. Los Oscuros habían sido derrotados, el Amo y el Fantasma habían perecido en la explosión, junto con la mayoría de los monstruos que habían escapado de las cápsulas contenedoras. Rose había tenido que contarle a su madre, inventándose una historia, que Kevin había muerto. Desde entonces ella había permanecido en un hermético silencio, por lo que Rose pensó que tal vez al regresar al hogar se sentiría mejor. Cogiéndola suavemente de un brazo, depositó a su madre en su vieja mecedora, mientras una a una iba abriendo las ventanas. Fuera, en la calle, habían niños jugando con una pelota, almas inocentes que reían felizmente ajenas al peligro. Porque el peligro aún existía en Hollow City. Nick Rose sabía que varios de los monstruos habían escapado a la explosión, y con la mayoría de los cazadores fuera de juego le tocaba a él ser el protector de la ciudad. Rose suspiró, comenzaba a sentir sobre sus jóvenes hombros el peso de la responsabilidad, más ahora que se encontraba solo.

–        Tranquilo, Nick, no te preocupes –dijo su madre, meciéndose suavemente-. No estás solo. Aún tienes a tu hermano Kevin, él te ayudará.

–        Madre, ya te he dicho que Kevin ha muerto. Sé que es duro reconocerlo, pero tienes que aceptarlo –dijo Rose, volviéndose hacia su madre.

Entonces Nick se fijó en la extraña mirada en los ojos de su madre, que parecían mirar a un espacio infinito que se abriese ante ella. A rose casi le dio un vuelco en el corazón cuando, con una sonrisa enigmática en su cansado rostro, la mujer pronunció en tono misterioso las siguientes palabras:

–        Kevin está vivo, Nick. Lo sé. No sé como, pero siento que es verdad. Al fin y al cabo, una madre siempre sabe si su hijo está vivo, ¿no? Pronto estará aquí en casa, con nosotros, y volveremos a estar todos juntos como una familia…

 *****

Sangre. Necesitaba sangre pronto o de lo contrario perecería. No era adicción, se trataba de una simple necesidad de nutrirse del líquido vital. La insuficiencia alimentaria le provocaba debilidad, lo que le restaba posibilidades de encontrar víctimas con la que saciar su voraz apetito. Todo su cuerpo le gritaba una sola palabra: sangre. ¡SANGRE!

El hombre moreno de tez lívida recorrió las lúgubre calles de Sawmill Street, hasta que encontró lo que necesitaba. Una mujer joven, rubia, de lindos ojos azules, que acababa de salir de la última misa del Padre García, en la iglesia de Saint Patrick. La mera visión del templo sagrado casi hizo vomitar al individuo, que tuvo que retroceder por la esquina de un callejón para evitar su visión dañina. Luego, escondido entre las sombras, esperó a que pasara por delante suyo aquella inocente muchacha.

No era culpa suya, ¿o tal vez si? Daba igual, ya nada importaba cuando el ansia se hacía terriblemente insoportable, casi dolorosa. Habían pasado dos días desde que había escapado de su encierro tras haber sido capturado por aquellos extraños seres, junto al resto de criaturas sobrenaturales. Y todavía no había podido saciar su hambre. No podía dejar escapar aquella oportunidad.

El individuo salió de su escondite y comenzó a seguir a la joven por la calle en penumbras, tan silenciosamente como un gato. Dejó que hubiese algo de distancia entre ellos, pues pronto la chica llegaría hasta un pequeño solar vallado donde sería más fácil poseerla para alimentarse de ella. Los pensamientos del hombre se llenaron de imágenes sangrientas donde hincaba sus afilados colmillos en la suave piel de la chica, mientras su joven corazón dejaba de latir poco a poco, y el preciado fluido carmesí pasaba de circular de su cuerpo voluptuoso al suyo propio.

De repente, el hombre percibió un movimiento cercano, y su instinto le dijo que alguien más estaba allí. Se puso en guardia, y sus ojos rojizos escrutaron en la oscuridad del callejón en busca de quien le estaba siguiendo. Pero allí no parecía haber nadie. Miró a izquierda y derecha, pero nada. Agudizó su oído hipersensible, y entonces captó el sonido de algo que venía hacia él desde arriba. A pesar de sus reflejos, al mirar hacia lo alto perdió un tiempo precioso para esquivar el ataque. Un cuerpo cayó junto a él, alguien que había estado siguiéndole desde las azoteas de los edificios y que en el último momento había saltado al suelo. Y lo había hecho agitando a la vez una espada de acero, una hoja que cortó a la vez el aire y su cabeza de arriba abajo. Un golpe limpio, un ataque maestro, una técnica exquisita.

Lo último que vio el individuo pálido antes de fundirse en las llamas que salían del interior de su cuerpo, fue la figura de un hombre vestido de negro, enmascarado, que portaba una gran capa oscura que se mecía suavemente ante las ráfagas del viento fresco de la noche. El hombre envainó su espada en la funda, mientras miraba como el ser sobrenatural se convertía rápidamente en un montón de cenizas humeantes. Porque si bien Hollow City era un lugar donde lo sobrenatural acechaba en cada esquina, también es cierto que la ciudad contaba con sus protectores. Los soldados que cada noche defienden a los inocentes habitantes de los peligros que les acechan. Los guerreros que castigan a los criminales que se creen impunes al cometer sus delitos. Los guardianes encargados de luchar contra el mal, ya sea en forma de criminales mafiosos o monstruos sobrenaturales.

Y uno de ellos era el justiciero conocido como Espectro, el Guardián de Hollow City.

 *****

En el que había sido hasta ahora el despacho de Jason Strong, en lo alto de la Torre de TecnoCorp, se encontraba la solitaria figura de Evelyn Chang. Guerrera, ninja, mujer, pero sobretodo amante, el dolor de la pérdida de Strong atenazaba su corazón. Chang contempló el retrato del director de TecnoCorp, una foto que mostraba a un Strong sonriente, decidido, capaz de enfrentarse al mundo él solo. Y lo había hecho, pues había sido Jason Strong quien los había salvado a todos.

Un pitido electrónico despertó a Chang de su ensimismamiento, alertándola de que alguien quería hablar con ella a través de la gran pantalla de videoconferencia. Chang activó el dispositivo y enseguida se encontró mirando el rostro del máximo accionista de TecnoCorp. El hombre del traje blanco la miró inexpresivamente, y Chang no supo si la iba a regañar o felicitar.

–        Lamento la pérdida del señor Strong, se lo mucho que significaba para la corporación…y para usted –añadió, dando a entender que sabía de la relación sentimental entre ambos.

–        Gracias, señor.

–        Aunque al consejo de administración no le ha gustado que Strong ocultase información, y además hiciese las cosas a su manera, ha leído su informe, señorita Chang. Y debo decir que es impresionante.

–        Mire, señor, les he entregado el informe porque debía hacerlo, en honor a Strong. Pero he de decirle que mi lealtad se debía más a él por salvarme la vida hace años, así que he tomado la decisión de marcharme de TecnoCorp. Presento al consejo mi dimisión irrevocable.

El hombre miró con el ceño fruncido a Chang, y acto seguido comenzó a reír, para sorpresa de la mujer.

–        ¿Dimisión? Entiendo que quiere tomar esa decisión bajo el peso de la pérdida y el dolor. Pero usted es una mujer luchadora, con un gran espíritu de superación. Desde que entró en TecnoCorp ha sido fiel a la empresa, ha sangrado por ella, ha realizado con éxito misiones donde cualquier otro hubiese fracasado. Señorita Chang, es usted uno de nuestros mejores recursos. Y por ello la queremos como nuestra nueva directora.

Chang abrió los ojos desorbitadamente. Desde luego, aquello no se lo esperaba.

–        No se lo que decir, señor.

–        Tómese su tiempo, señorita Chang, y piense nuestra oferta con calma. Le ofrecemos todo un reto, y sabemos que es usted una mujer a la que le encanta los desafíos. Además, es algo que Strong querría, y le haría sentir orgulloso. Estaremos en contacto.

Evelyn Chang quedó pensativa. ¿Ser la nueva directora de TecnoCorp? No sabía si podría con ello. Tendría que pensar en todo lo que conllevaba tomar aquella decisión, pero sería más tarde. Ahora tenía que ocuparse de otro asunto, una promesa que había hecho Strong.

–        Dígale a O’Sullivan que pase –dijo Chang a su secretaria, accionando el intercomunicador.

La puerta del despacho se abrió, dejando entrar a Paul O’Sullivan, vestido con una vieja gabardina gris. O’Sullivan se sentó en una silla frente a Chang, que se había sentado en el sillón tras la gran mesa del director. Ambos se miraron un instante, sin decir nada, hasta que Chang rompió el incómodo silencio.

–        Reconozco que lo ha hecho mejor de lo que esperaba, señor O’Sullivan. Parece que no todo en usted está perdido.

–        Supongo que es lo más parecido a un “gracias” que se puede esperar de usted, señorita Chang –contestó con una sonrisa cínica el agente.

–        No se pase de la raya, O’Sullivan. Es usted un engreído, no sigue las normas, cuestiona la autoridad de sus superiores… Aunque no lo ha hecho mal del todo, los dos sabemos que no se le da muy bien jugar en equipo. Creo que su tiempo con nosotros ha terminado. O’Sullivan, deme sus credenciales de TecnoCorp.

El agente miró a la oriental con rabia, pero no dijo nada. Le arrojó encima de la mesa sus credenciales y se levantó de la silla con un movimiento brusco, dispuesto a abandonar la sala.

–        Espere, O’Sullivan, creo que se le olvida algo –al decir esto, Chang extrajo algo de un cajón de la mesa y se lo lanzó por el aire a O’Sullivan.

O’Sullivan atrapó el objeto en el aire y se quedó mirándolo. Sobre la palma de su mano tenía una pequeña cartera de piel. Adivinando lo que era, lentamente la abrió de par en par, con la mano temblándole ligeramente de emoción. Era su insignia de policía, aunque ligeramente cambiada. Le habían ascendido al rango de detective de nivel tres.

–        Strong iba a ascenderle a sargento, pero creyó que a usted no le gustaría el papeleo que conlleva el puesto. Felicidades, el Comisario Howard ya está informado. Respecto al Alcalde Mallory, no se preocupe, no habrá problemas. Ahora tiene mejores cosas que hacer que preocuparse por usted. Y ahora márchese de una vez, creo que en alguna parte tiene una mujer y una hija que le estarán esperando.

O’Sullivan sintió un escozor en los ojos. Intentó darle las gracias a Chang, pero las palabras no le salieron por culpa de la intensa emoción que le embargaba. Con un gesto de asentimiento, se marchó.

Mientras tomaba un taxi hasta el número 13 de Balmer Street, donde vivía en el apartamento arrendado a la inefable señora Polly, O’Sullivan no dejó de mirar ni un solo instante su nueva placa de detective. Sabía que ahora no iba a ser lo mismo, pues era consciente de muchas cosas de las cuales antes desconocía. Pero desde luego no iba a desperdiciar aquella oportunidad. No, ahora podría estar más cerca de Hellen y Edith, y podría cuidar de ellas, darles una vida mejor. Lo primero que haría al llegar a casa, además de pagarle a la señora Polly el alquiler, sería llamar a su mujer y su hija.

Mientras contemplaba las luces de la ciudad a través de la ventanilla del taxi, O’Sullivan se dijo que ahora también podría proteger mejor la ciudad. Proteger y servir, las palabras inscritas en su insignia. También había otras personas que no eran policías y cumplían las mismas funciones, como Espectro, Jack Stone o Nick Rose. Todos luchaban para proteger Hollow City del peligro, ahora lo sabía. Y también sabía otra cosa. Que todos juntos formaban un buen equipo.

FIN

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