LA GUERRA SECRETA (7ª PARTE)

Publicado: 9 junio, 2012 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

Los párpados de Paul O’Sullivan se abrieron a la consciencia, permitiéndole sentir un profundo dolor en casi todas las partes de su maltrecho cuerpo. El agente de TecnoCorp apreció una profunda sequedad en su boca y garganta, acompañada de un regusto amargo causado por la sangre que manaba a hilillos de las heridas de su rostro ensangrentado. Tras pasar unos momentos, O’Sullivan se dio cuenta de que estaba encadenado a una pared húmeda mediante unas gruesas cadenas hechas de un metal extraño y brillante, el darkanium de los Oscuros. A pesar del dolor que le causaba realizar cualquier mínimo esfuerzo, el ex policía movió la cabeza a su izquierda, pudiendo percibir que no se encontraba solo en aquella especie de celda lúgubre y escasamente iluminada. Junto a él estaba Jason Strong, igualmente encadenado y en el mismo estado de magullamiento, el cual le dedicó una sonrisa a pesar de tener el labio partido e hinchado.

–        O’Sullivan, me alegro de que haya despertado –dijo el director de TecnoCorp-. Empezaba a pensar que se iba a quedar dormido ahí, sin participar de la fiesta.

–        ¿Está loco, Strong, o es que le han drogado con algo? ¿Cómo puede estar de broma en un momento así? Nos encontramos heridos, atados, desarmados y derrotados. ¡Abra los ojos de una puñetera vez, Strong! Nos han vencido, hemos perdido.

–        Tranquilo, amigo –contestó Strong-. No desespere, mientras hay vida hay esperanza. Seguro que salimos de esta, ya lo verá.

O’Sullivan no dijo nada, dando por perdida la discusión. Sus pensamientos fueron enseguida a los últimos sucesos que recordaba. Cuando estaban en los túneles, se encontraron con una patrulla de vigilancia de los Oscuros, la cual no debería estar allí, según las indicaciones del Fantasma. Al tratar de esquivarla, alguien del grupo hizo un ruido que llamó su atención y tuvieron que sacar las armas. Mientras el Fantasma, que seguro había sido el que había alertado a la patrulla, no hacía nada, Vladimir sacó una de sus granadas y voló gran parte de la sección del túnel. La última vez que se vio al ruso fue tras una espesa cortina de piedra y polvo, mientras blasfemaba en su lengua natal. Luego Strong y él mismo tuvieron que rendirse a los Oscuros, los cuales les llevaron hasta la celda y les sometieron a una soberana paliza. Del otro equipo, ni rastro, seguro que también habían caído en otra trampa ideada por el Fantasma. ¡Todo había sido culpa de Strong, por confiar en aquel maldito monstruo!

Un ruido que provenía de enfrente de O’Sullivan le incitó a mirar allí. En algún lugar entre aquella penumbra había alguien más, que al parecer también estaba encadenado. Haciendo un esfuerzo, mientras sus ojos se adecuaban a la oscuridad reinante en la celda, el agente observó la figura de un hombre, que al parecer estaba despertando. Pronto se oyeron sus quejidos de dolor y angustia, acompañados por los tintineos metálicos de las cadenas al tratar inútilmente de librarse de ellas.

–        ¿Quién es usted? –inquirió O’Sullivan al desconocido.

–        Me llamo Wax Face, y soy el mayor genio criminal que el mundo haya conocido, como pronto descubrirán estos imbéciles que me han encadenado aquí como a un indefenso animal –dijo con gran pomposidad el hombre.

–        ¿Cara de Cera, aquí? –dijo Strong, sorprendido-. Pensaba que te habían eliminado en China.

–        ¿Y se puede saber quien es este tipo? Yo no lo conozco de nada, y eso que fui policía durante muchos años –dijo O’Sullivan.

–        Idiota, eso es porque en mis trabajos nunca dejo pistas que los inútiles sabuesos de la pasma puedan utilizar –contestó despectivamente Wax face-. Mierda de ciudad, nunca tenía que haber venido a Hollow City, aquí están todos completamente locos.

Entonces los tres personajes pudieron escuchar el crujir del metal al abrirse la puerta de la celda, y una luz centelleante iluminó el interior. O’Sullivan y Strong se sorprendieron al ver el rostro de Wax Face, una faz amarillenta y pálida que parecía reflejar una similitud sorprendente con los rasgos del Comisario Howard. A continuación entraron varios soldados con el negro uniforme de los Oscuros, los cuales les apuntaron con sus armas mientras otros cambiaban las gruesas cadenas por unos sólidos grilletes. Ninguno de los prisioneros hizo ademán alguno de rebelarse, dado que hacerlo hubiese sido un auténtico suicidio. Los soldados les condujeron a través de varios pasadizos hasta llegar ante una gran puerta metálica adornada con extraños símbolos. La puerta se abrió con un sonoro estrépito, y aquello que estaba al otro lado quedó al descubierto, dejando con la boca abierta a los prisioneros.

Ante ellos se mostraba un espacio enorme, excavado en aquellos subsuelos a base de mucho esfuerzo y paciencia, acumulados durante todos los años que los Oscuros llevaban ocultándose en Hollow City. Enormes y horripilantes máquinas de aspecto futurístico emitían densas nubes de vapor de aquí para allá, a la vez que sus esfuerzos provocaban una confusión de sonidos de toda clase que nada bueno auguraban. Alrededor de toda aquella sala desfilaban columnas enteras de soldados Oscuros, mezclados con los científicos deformes que manejaban las humeantes máquinas. Parecían una colmena de hormigas obreras en plena faena, solo que aquellos seres no eran insectos, eran los Oscuros, y habían muchos de ellos. Muchos más de lo que Strong y los demás habían pensado.

De entre toda aquella maquinaria exótica destacaba un objeto no solo por su tamaño gigantesco, sino también por su forma semejante a un corazón humano con tubos metálicos que sobresalían de él a modo de arterias conectadas al conjunto de piezas y artefactos que poblaban la inmensa cámara. Aquel objeto era el generador que servía para dotar de energía el Laberinto, el corazón de toda aquella estructura oculta varios metros bajo la zona de Bussler Green.

Strong, O’Sullivan y Wax Face fueron llevados a empujones hasta un lugar donde se hallaban otras figuras rodeadas de más soldados. Eran Chang, Espectro, Rose y Stone, los cuales aún se hallaban cubiertos de los restos de las bestias infernales a las que se habían enfrentado horas antes. Excepto Wax Face, el resto se saludó con miradas de alivio, pues todos habían temido lo peor para los demás, y sin embargo allí estaban, vivos aunque heridos y extenuados. Una mirada de Rose hacia Strong inquería sobre el paradero de Vladimir, y el director de TecnoCorp le contestó con un movimiento de cabeza negativo. El ruso había sido la primera baja en el alocado plan de Strong, y ahora seguramente le seguirían los demás.

Entonces los soldados que rodeaban a los siete prisioneros se separaron un poco, abriendo paso a una pequeña comitiva formada por ocho figuras vestidas con largos abrigos negros, con los rostros pálidos y demacrados. Eran  lo que quedaba del Consejo de los Doce. Jack Stone hizo un gran esfuerzo para contenerse y no saltar hacia el que llevaba una especie de ojo de cristal en su lado izquierdo, aquel que había causado la muerte de su amiga Alice Graves. Y tras ellos, dos figuras más, una de ellas vestida con el uniforme de los Oscuros y con una espantosa máscara demoniaca cubriéndole el rostro, la otra envuelta en una túnica negra con capucha y apoyándose en un bastón de darkanium cubierto de inscripciones rúnicas. Eran el Fantasma y el todopoderoso Señor de los Oscuros, el cruel y despiadado Amo. Todo el Consejo bajó la cabeza y miró al suelo cuando el Amo y su guardaespaldas de confianza atravesaron sus filas y se acercaron hacia los prisioneros, el primero dejando que su aura corrupta de poder y maldad les impregnara para atemorizarles. Todos sintieron un profundo estremecimiento que recorrió el interior de sus seres, a excepción de Nick Rose y Espectro, el primero por estar aún bajo los efectos del Suero y el segundo por llevar incrustado un fragmento de Energía Oscura en su cuerpo. El Fantasma sacó un objeto de entre sus ropajes y lo mostró pretenciosamente a Strong. Era el dispositivo que accionaba el Módulo de Destrucción Remota implantado por TecnoCorp, el cual le había sido arrebatado a su director al haber sido hecho prisionero. Ante sus narices, el Fantasma lo estrujó con su poderosa fuerza, reduciendo el detonador a un mísero amasijo de metal y circuitos aplastados. A continuación dio un paso atrás, para dejar hablar al Amo.

–        Así que vosotros sois los locos que habéis intentado atacarnos como si fuésemos un simple poblado de granjeros desarmados. ¿De verdad creíais que ibais a tener la más mínima posibilidad de tener éxito? ¿Acaso vuestro estúpido sentido de superioridad os había dejado tan ciegos como para no ver que el Fantasma no osaría jamás traicionarme? ¡Pobres ilusos! Vuestra temeridad al desafiarme solo podrá tener una consecuencia: seréis castigados con la muerte –las palabras del Amo fueron dichas con una voz cargada de odio y maldad que no dejaba lugar a dudas sobre la veracidad de la última parte.

–        ¡Espera! –dijo Strong-. Dinos antes quienes sois, y que hacéis aquí, ocultos bajo la ciudad de Hollow City. Necesito saberlo.

–        ¡Ja! Tu patético intento de ganar tiempo solo conseguirá retrasar lo inevitable. Pero para que vuestra muerte aún os resulte más horrible, os diré lo que queréis oír.

“Hace mucho tiempo, más de cinco mil años en términos humanos, hubo una vez un hombre tocado por un poder superior, un alma iluminada que consiguió desentrañar los misterios del poder y de la magia. Aquel hombre se llamaba Kuzul, y era el poderoso shamán y líder espiritual del pueblo Valaki, situado a los pies del gran monte Kara’l. Kuzul había pasado toda su vida estudiando conocimientos oscuros y ancestrales, sacrificando su cuerpo y su alma para tratar de alcanzar los grandes secretos que encerraba el mundo oculto. Sin embargo, cuando al fin logró hacerse con el poder absoluto, se encontró con la limitación que impone todo cuerpo mortal: el envejecimiento. Sabiendo que su existencia había llegado al límite, el gran shamán Valaki empleó sus conocimientos de magia negra para abrir un portal hacia el mundo de los espíritus, para que éstos le concedieran la tan ansiada inmortalidad a cambio de sacrificar a parte de su propio pueblo.

Pero algo salió mal, y Kuzul fue absorbido por el portal como castigo de los dioses malignos a los que había osado molestar, junto a varios de los que lo habían ayudado. El shamán fue a parar a una dimensión desconocida, el Otro Lado, un lugar donde no hay sol ni estrellas, solo oscuridad y dolor. Un sitio poblado por extrañas criaturas que se arrastran en las tinieblas mientras aúllan lastimeramente en busca de presas a las que devorar. Sí, el Otro Lado era una dimensión capaz de volver loco a cualquiera, si es que lograba sobrevivir en un terreno tan peligroso e inhóspito donde las leyes de la naturaleza que lo regían no eran nada similares a las del mundo humano. Y para colmo, como si de una broma cruel elaborada por los espíritus diabólicos se tratase, Kuzul había tenido éxito y se había vuelto inmortal, conservando una longevidad que le haría vivir eternamente en aquella dimensión de pesadilla.

Pero Kuzul era más que un hombre, y donde cualquier otro hubiese sucumbido, él sobrevivió y perseveró, sabiendo adaptarse a las circunstancias que se le habían presentado. Gracias a su poder mágico, a su sabiduría y a sus dotes de líder, unió bajo su mando a los hombres desterrados junto a él y a las criaturas propias del Otro Lado, creando un nuevo pueblo. Descubrió que existía un metal duro y brillante, al que llamó darkanium, y una fuerza energética que estaba presente en la mayoría de las cosas vivas de aquella dimensión, la Energía Oscura, que podía ser extraída y manipulada para servir a sus propósitos. También descubrió con el paso del tiempo que de vez en cuando se abrían agujeros en el Otro Lado, permitiendo el paso de objetos y personas que casi siempre estaban relacionados con experimentos mágicos fallidos, como había sido el suyo propio. Pasaron los años primero, y los siglos después, y para asegurar su reinado sobre el resto de su comunidad, Kuzul estableció una religión autoritaria llamada el Conocimiento Oscuro. Renunció a su nombre de origen y pasó a ser el jefe de la comunidad, su líder espiritual,…su Amo. Y a su pueblo le puso el nombre de los Oscuros.

Y así, en un lugar de triste desolación donde lo único que existía eran los demonios infernales que lo poblaban y la fría oscuridad que reinaba en aquel abismo insondable, yo creé un imperio, una civilización basada en el Conocimiento Oscuro. Y cuando estuvimos preparados, tras largos siglos de espera, al fin pudimos abrir un pasaje desde el Otro Lado hasta aquí, esta corrupta e inmunda ciudad a la que llamáis Hollow City. Desde sus inicios hemos permanecido aquí, ocultos en el subsuelo, construyendo poco a poco las instalaciones del Laberinto en el más estricto secreto. Y todo aquel que descubre nuestra existencia es considerado una amenaza, por lo cual debe ser…eliminado.”

El Amo lanzó una carcajada sonora y brutal, que hizo sentir escalofríos a los prisioneros allí presentes, los cuales habían permanecido absortos en la historia de los Oscuros sin pronunciar palabra. Sabían que no había escapatoria posible, pero aun así algunos todavía sentían cierta curiosidad por algunas dudas que aquel relato siniestro de horror planteaba.

–        Es por eso que matasteis al profesor Edmund Graves y luego también a su hija, ¿no es así? –preguntó con cierta ira Jack Stone.

–        Así es –confirmó el Amo-. El profesor fue el que más se acercó a la verdad de todos aquellos que nos han investigado, y por si acaso también había que silenciar a su hija.

–        Y los retrasos en la construcción del aeropuerto no eran cosa del Alcalde Mallory, sino de vosotros, al igual que ese rollo de la cuarentena en Bussler Green. Todo ha sido para que no se descubriese vuestro tinglado –intervino O’Sullivan.

–        Cierto, la verdad es que el gran error fue confiar en que el Consejo de los Doce sabría manejar las cosas, pero últimamente todo ha ido de mal en peor, por culpa de unos entrometidos como vosotros. Pero creo que ya va siendo hora de subsanar dicho error –dijo el Amo con tono de sorna.

–        ¿Pero entonces, que es lo que queréis, invadirnos? –dijo Espectro-. Necesitarías un ejército muy numeroso para ello.

–        ¿Invadiros? –preguntó con sorpresa el Amo, y entonces se echó a reír, una risa desagradable que permaneció como un áspero e interminable eco en los oídos de los prisioneros-. ¿A vosotros, a esta patética ciudad, a este mundo en decadencia que ya nada tiene que ofrecernos? ¡No me hagáis reír! No necesito nada de los humanos ni de su mundo, excepto una cosa…

–        Las criaturas –dijo en voz baja Nick Rose-. Necesitáis las criaturas sobrenaturales que habitan nuestro mundo, por eso las capturáis en esas enormes cápsulas metálicas.

–        ¡Increíble! Así que ya sabíais esa parte. Pero lo que no sabéis es el motivo. Nuestro mundo, el Otro Lado, está sucumbiendo por falta de Energía Oscura, la fuente de existencia de nuestra comunidad. Si no hacíamos algo pronto, íbamos a perecer. Y descubrimos que aquí, junto a los humanos, conviven en secreto multitud de seres sobrenaturales que poseen en su interior una esencia vital mágica y poderosa, la Energía Oscura. La mayoría de vosotros no conocen su presencia, o creen que son monstruos que habitan solo el mundo de los cuentos infantiles y las leyendas, pero existen de verdad. Son los monstruos. Los conocéis como vampiros, fantasmas, licántropos, muertos vivientes, etc… Vosotros los repudiáis, los perseguís y los cazáis hasta la extenuación, mientras que nosotros les podemos dar una utilidad, alargar nuestra propia existencia a cambio de consumir la energía de sus cuerpos y almas. Poseemos decenas de dichas criaturas encerradas en cápsulas, que pronto serán llevadas al Otro Lado para servir al Conocimiento Oscuro. Y tal vez, cuando nuestra existencia quede salvaguardada, puede que entonces miremos más allá en vuestro mundo. Quizá tengáis algo que ofrecernos a pesar de todo…

El Amo lanzó una risotada cargada de ironía y vileza, dejando entrever cuales serían sus intenciones futuras. Luego se volvió hacia uno de los científicos jorobados y le ordenó que se prepararan para activar el Velo al Otro Lado. En algún lugar de la vasta cámara en la que se hallaban se abrió una enorme compuerta, y todos pudieron contemplar como a través de una plataforma móvil y alargada iban apareciendo multitud de cápsulas metálicas. Una tras otra, en infinita procesión, desfilaban las jaulas especiales que contenían las criaturas sobrenaturales, directamente hacia la enorme máquina que en unos instantes abriría el portal hacia la dimensión de los Oscuros. A continuación, el señor de los Oscuros se marchó acompañado del Fantasma y del hombre del ojo de cristal, no sin antes mandar al resto de consejeros que ejecutaran a los prisioneros.

Los siete individuos que una vez formaron parte del Consejo de los Doce se marcharon junto a los prisioneros, escoltados por varios soldados Oscuros armados. Ninguno de los cautivos hizo intento alguno de resistirse, pues todos estaban esperando a que Strong hiciese alguna señal para pasar a la acción, aunque dicha consigna no se produjo. Los siete fueron conducidos por los corredores en penumbra del Laberinto hasta llegar al interior de una oscura y vacía cámara, donde un palco superior construido para albergar a doce personas reinaba en lo alto. Era la Sala de las Ánimas, donde antiguamente los Consejeros habían celebrado sus reuniones. Y ahora aquel lugar iba a convertirse en un patio de ejecuciones. Los soldados Oscuros, a instancias de los Consejeros, desenfundaron sus bio-armas y apuntaron con ellas a los prisioneros, preparándose para eliminarlos de una vez por todas.

Pero una atronadora explosión resonó en toda la sala, como si el fin del mundo se hubiese desencadenado allí mismo, y gran parte del techo y de las paredes se derrumbaron, sembrando el caos entre los Oscuros. Nubes de polvo fluyeron de entre los escombros, y los gritos de sorpresa se mezclaron con los de dolor. Wax Face desapareció enterrado bajo una lluvia de cascotes, sin poder hacer nada para evitarlo, y su amarillento rostro de cera se desvaneció en la oscuridad junto a la mayoría de los Oscuros. Los prisioneros no dejaron escapar aquella oportunidad, y entraron en acción. Strong usó su brazo mecánico para liberarse de los grilletes, a la vez que se abalanzaba contra uno de los soldados. Al mismo tiempo, con la compenetración que solo se puede obtener por haber compartido innumerables y cruentas  batallas, Evelyn Chang se deshizo de las argollas de darkanium utilizando sus movimientos de nawanukejutsu (técnicas para liberarse de ataduras). La ninja no tuvo piedad de los Oscuros a pesar de que aún estaban conmocionados por la explosión, y se aprovechó de su ventaja. Por su parte, Espectro utilizó su poder de desmaterialización y las ligaduras metálicas simplemente se deslizaron al suelo provocando un ligero tintineo. Luego el justiciero demostró sus aptitudes en el combate cuerpo a cuerpo, tumbando a varios enemigos con una lección de golpes maestros de artes marciales.

Sin embargo, los Oscuros aún no habían sido derrotados del todo, y uno de los Consejeros, que había salido ileso de los efectos de la denotación, extendió la palma de su mano derecha hacia Jack Stone, a la vez que sus ojos ardían con un fulgor intenso. Justo cuando una llama crepitante aparecía alrededor de su mano, el Consejero sonrió diabólicamente y lanzó un rayo ígneo creado por el poder maligno de su interior. Pero los reflejos potenciados de Nick Rose le permitieron anticiparse y empujar con su cuerpo al detective, derribándolo al suelo y evitando que fuese calcinado por la llamarada infernal.

–        ¡Necios, eso solo retrasará lo inevitable! –dijo el Oscuro, preparándose para lanzar otra mortífera descarga de fuego.

Pero O’Sullivan, que había aprovechado para ponerse a espaldas del ser maligno, se abalanzó sobre él cogiéndolo por sorpresa, mientras utilizaba sus grilletes a modo de artefacto estrangulador. El Oscuro intentó zafarse de aquella maniobra debatiéndose con toda su furia, pero el ruido de unos disparos retumbó en la sala, y acto seguido su cuerpo quedó inmóvil con su cabeza agujereada.

Los demás héroes también había acabado con sus oponentes, y así todos pudieron por fin fijar sus ojos en la figura renqueante y cubierta de sangre y polvo que había atravesado el enorme agujero en la pared, y que además era el autor de los disparos. Por imposible que pareciese, era él, vivo y coleando. Vladimir Petrovic.

–        ¿Qué os pasa, nenazas, es que creíais que la había palmado? El hijo menor de la señora Petrovic es un hueso muy duro de roer.

–        Vladimir, no sabe lo mucho que me alegro de verle –dijo Strong-. Y además, creo que viene con algo para nosotros.

Vladimir sonrió y lanzó hacia los demás un saco medio abierto, donde estaban todas las armas de sus compañeros, incluida la katana de Espectro y la recortada de Nick Rose. Mientras cada uno cogía sus objetos preciados, el ruso explicó que tras la emboscada sufrida en los túneles quedó herido, pero consiguió deslizarse por uno de los conductos auxiliares hasta la zona de las celdas. Allí había dejado inconsciente a algún que otro guardia y había recuperado las armas. Luego había permanecido oculto decidiendo que hacer hasta que vio por las rendijas del conducto de ventilación como traían a los prisioneros hasta la Sala de las Animas, momento en el que había entrado en acción.

–        De acuerdo, todo esto está muy bien, pero recordemos que ellos son muchos y nosotros muy pocos –dijo O’Sullivan-. No quiero ser agorero, pero hemos de irnos ya de aquí o nos convertiremos en alimento para las ratas.

–        Amigos, lo han hecho bien, pero aún podemos terminar con todo esto. Solo hemos de acercarnos al generador y destruirlo –dijo Strong-. Sé que es muy arriesgado, pero no podemos permitir que se salgan con la suya.

–        ¡Pero Jason, es que te has vuelto loco! –exclamó indignada Chang-. ¿No ves que no tenemos posibilidad de ganar?

–        Tal vez tengas razón, querida, o tal vez no. Pero tengo un plan que puede funcionar, aunque para ello os necesitaré a todos –Strong abrió su boca con una sonrisa enigmática. Como siempre, el director de TecnoCorp tenía un as en la manga, una carta oculta que había llegado el momento de jugar, apostándolo todo en una última jugada contra el destino.

(CONTINUARÁ…)

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