LA GUERRA SECRETA (5ª PARTE)

Publicado: 3 mayo, 2012 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

El detective Jack Stone caminaba entre la muchedumbre hacia la casa donde vivía Alice Graves, portando consigo un bonito ramo de rosas rojas. Stone estaba contento, pues al final se había decidido a invitar a comer a la hija del profesor Graves, y ésta había aceptado sin pensárselo. Ambos habían comenzado a sentir una conexión especial entre ellos, y era hora de aceptarlo. Stone había reservado mesa en un elegante restaurante del centro, el principio de una velada que prometía ser muy interesante.

Stone llegó hasta la vivienda, una gran casa de arquitectura moderna con grandes ventanales de cristal y un pequeño jardín lateral. Subió unas pequeñas escaleras de madera que conducían a la entrada principal y llamó al timbre. Al no contestar nadie, volvió a llamar otra vez. Nada. Volvió a llamar, esta vez dando unos golpes con la mano a la puerta, pero tampoco obtuvo respuesta. Era extraño, pues habían quedado a esa hora, aunque tal vez Alice se hubiese retrasado un poco y aún estuviese arreglándose. Mujeres, Stone aún no había conocido ninguna chica que no se hiciese esperar de vez en cuando. Sonriendo, el detective de Long Street accionó el picaporte de la entrada con la esperanza de que la puerta estuviese abierta, y al instante sintió el impacto de una oleada de imágenes que se sucedían una tras otra en el interior de su cabeza. Mientras se sujetaba a la escalerilla del porche para no caer, a Stone le dio un vuelco el corazón al darse cuenta de lo que estaba viendo. Su poder de postcognición, su facultad paranormal de percibir sucesos pasados al tocar un objeto o persona, le estaba mostrando unas visiones extrañas y desalentadoras. Un grupo de hombres uniformado que había entrado en la casa, Alice gritando mientras la ataban a una silla, un hombre vestido con un largo abrigo negro cuyo ojo izquierdo parecía de cristal…

Stone no esperó a recuperarse del todo del efecto causado por la marea de imágenes, y enseguida entró en acción. De una gran patada abrió la puerta, entrando en el interior de la casa. Lo primero que vio fue que todo estaba patas arriba, muebles derribados, cristales rotos, cajones abiertos y revueltos, hasta los cojines del sofá habían sido rasgados. Y lo siguiente que vio fue a la propia Alice, atada a una silla con una especie de largo tubo de plástico negro, que estaba conectado a un globo transparente y pulsátil que poco a poco estaba hinchándose y creciendo.

–        ¿Pero que es todo esto? –dijo Stone.

–        ¡Jack! –gritó Alice, al ver a su amigo –Vete, no puedes hacer nada. Tienes que marcharte enseguida, esto va a explotar.

–        ¿Explotar? Pero si esto no es más que un trozo de plástico.

–        Jack, hazme caso. Vinieron esos hombres extraños, buscando las cosas de mi padre. Se llevaron todo lo que quisieron, y me dejaron aquí atada a…eso –la chica señaló con la cabeza al globo, que poco a poco iba haciéndose cada vez más grande. Parecía que iba a reventar de un momento a otro –Dijeron que todo esto explotaría, y que no puede ser desactivado.

–        Tranquila, Alice, no dejaré que te pasa nada malo –dijo Stone, agachándose para comprobar el extraño mecanismo al que estaba unido la chica.

El detective examinó el tubo, largo y estrecho, que daba vueltas alrededor del cuerpo de Alice, y cuyo extremo terminaba en la base del globo, que parecía estar  hecho de una piel pergaminosa y medio transparente. Stone creyó atisbar en el interior del globo algo pequeño que se movía. Evidentemente, se trataba de un nuevo artefacto de la horrible y monstruosa tecnología de los Oscuros. Stone decidió realizar un pequeño corte superficial en una sección del tubo, pero enseguida se dio cuenta de que el globo se ensanchó aún más.

–        ¡No lo toques! –imploró Alice –Ellos dijeron que si el mecanismo se intenta romper, se autodestruiría. Jack, tienes que irte, por favor.

Mientras Alice rompía en lágrimas, Stone comenzó a sentir un nudo en el estómago. No podía hacer nada, no había tiempo. Pero no iba a marcharse y dejar morir a Alice. Entonces decidió tocar con las dos manos la superficie pulsante del globo, intentando concentrarse en su don.

–        Vamos, vamos –se repitió para sí una y otra vez, intentando relajar su mente.

Las imágenes comenzaron a fluir por su campo visual, como un caudal inagotable, provocándole un gran dolor de cabeza. Aunque las instantáneas apenas significaban nada para él, en su mente flotaba sinuosa una escena: el hombre del ojo de cristal, conectando el tubo elástico al globo mediante unos movimientos sutiles de sus dedos. Tambaleante por el dolor, Stone decidió imitar esos movimientos a la inversa, para intentar separar el globo del tubo. Tal vez así Alice aún tuviese una posibilidad. Con cuidado, colocó los dedos en la posición que creía conveniente, miró hacia Alice dedicándole una sonrisa, y a continuación realizó los movimientos. Se escuchó un chasquido, y Stone notó que el tubo se separaba del globo. Al instante el orbe dejó de hincharse, y rápidamente fue perdiendo volumen hasta quedarse en una esfera de pocos centímetros de diámetro, completamente inerte. Luego el detective solo tuvo que desenrollar el extraño tubo, y la joven quedó libre.

–        ¡Jack, lo has conseguido! –dijo Alice, echándose sobre sus brazos -. ¿Cómo lo has hecho?

–        Tranquila, cariño, ya estás a salvo. Salgamos de aquí.

–        Espera, tengo el bolso en la cocina. Lo cojo y nos vamos.

Mientras la chica salía del vestíbulo para coger sus cosas, Stone se quedó pensativo. Había algo que le turbaba, una de las imágenes que habían acudido a él al tocar el extraño artefacto. ¿Qué era? Intentó recordar la imagen perturbadora, pues algo en su interior le estaba enviando una señal de alarma. Y de repente supo por qué le inquietaba tanto recordar aquella imagen. En la fracción de un segundo, volvió a ver a cámara lenta como el hombre del ojo de cristal había colocado un artefacto similar en otro lugar de la casa: la cocina.

–        ¡Alice! –gritó Jack Stone, intentando advertir a la chica.

Pero de nada sirvió, porque el aviso llegó tarde. La siguiente imagen que vio el detective fue una inmensa bola de fuego que salió de la nada, envolviéndole en una luz cálida y brillante a la vez que el rugido de un trueno ensordecía sus oídos. Y luego su mente se sumergió bajo un manto de oscuridad infinita.

 *****

 –        Buenas noches, Comisario Howard –dijo el vigilante del Edificio Winchester, uno de los bloques de apartamentos de lujo más altos y caros de la ciudad.

El Comisario no dijo nada, contestando al vigilante con un simple gesto de sombrero, y continuó hacia delante. Una vez llegó al ascensor, pasando por varias cámaras de vigilancia, esperó a que éste bajase a la planta baja. El Comisario tuvo que apartarse para dejar salir a un grupo de cuatro hombres trajeados y con gruesas gafas de sol, que seguramente eran del F.B.I. Luego entró en la cabina, y pulsó el botón de la planta 21. Se volvió hacia la pequeña cámara que grababa el interior del ascensor, y sonrió con su rostro cansado y lleno de arrugas. Al salir del ascensor, el Comisario Howard caminó hasta llegar a la puerta que buscaba, y llamó al timbre. No obtuvo respuesta, al igual que las dos veces más que lo intentó. Esperó unos instantes, y al ver que nadie salía al pasillo se llevó las manos a los bolsillos del abrigo, de donde sacó un juego de ganzúas. Demostrando un gran manejo de dicha herramienta, el Comisario Howard solo tardó escasos segundos en abrir la cerradura, sonriendo al escuchar el característico chasquido que indicaba el éxito de la maniobra. Observó que las luces del apartamento estaban encendidas, al igual que el televisor, puesto que podía escucharse el canal de las noticias. El Comisario sacó una pistola Glock 37 y avanzó con cuidado hasta el salón. Nada, excepto un par de platos y vasos, y la gran televisión LCD encendida. Miró en la cocina, pero tampoco había nadie allí, solo restos de haber preparado recientemente una cena para dos. En el baño tampoco había señales de vida, así que continuó hacia el dormitorio principal. Y allí, en la cama, estaban tendidos los dos cadáveres, con un gran agujero de bala en la cabeza, en señal inequívoca de una ejecución. El agente de la fiscalía encargado de investigar la contabilidad de Mallory, Powell y OmniBrick, al lado de su mujer. Una linda pareja cincuentona, la cual ya no podría disfrutar nunca de la jubilación. ¿Quién los habría asesinado? El Comisario Howard pensó enseguida en los cuatro hombres trajeados que habían salido del ascensor. Debían tener algo que ver con todo esto, tal vez pertenecían a los que habían pagado a Powell para que retrasase la construcción del aeropuerto de Hollow City.

Sin perder un segundo, el Comisario se dirigió hacia el resto de habitaciones, hallando un pequeño despacho completamente puesto patas arriba. Había sido objeto de un minucioso registro, y era evidente que cualquier prueba que el agente de la fiscalía hubiese tenido en su poder ahora pertenecía a sus asesinos. Howard decidió marcharse a toda prisa del lugar, bajando por el ascensor y preguntando al vigilante a donde habían ido los hombres trajeados. Según el guardia, los agentes del F.B.I. se habían marchado hacía poco en un Buick Lacrosse de color negro. Sin decir nada acerca de los cadáveres de la planta 21, el Comisario entró rápidamente en su coche, con la esperanza de alcanzar el Buick de los agentes. Mientras avanzaba en el tráfico de la noche, el hombre se miró en el espejo retrovisor y sonrió, a la vez que se quitaba la peluca y el maquillaje. El rostro amarillento de WaxFace emergió del disfraz, aunque hasta que no modificara su cara aún conservaba la estructura facial del Comisario Howard. El criminal tendría que llamar a su jefe, el Alcalde Mallory, para explicarle que alguien se le había adelantado y se había cargado al objetivo, llevándose con él las pruebas. Pero no sería demasiado problema para el genio del crimen, sólo tenía que ser paciente y las aguas volverían a su cauce. Y por supuesto, fuesen quienes fuesen esos hombres del Buick, se las iban a pagar. Porque nadie se la jugaba a Cara de Cera y salía indemne de ello. Nadie.

 *****

 En su despacho de TecnoCorp, Jason Strong conversaba mediante videoconferencia con el máximo accionista de la megacorporación. A través de la inmensa pantalla, Strong podía ver con claridad a su interlocutor, un millonario famoso entrado en años vestido con un traje blanco carísimo. Tanto su mirada como su tono de voz no dejaban la menor duda de que estaba enfadado con Strong, aunque éste ya lo sospechaba desde hacía algún tiempo.

–        No me gusta como estás llevando las cosas, Jason. Los accionistas están preocupados, piensan que los estás defraudando, y yo pienso igual que ellos. Te dimos el control, pensando que un agente curtido en mil batallas como tú comprendería mejor lo que queremos hacer que un doctorado de Harvard con sus múltiples diplomas. Pero queremos resultados, y de momento sólo nos has dado fracasos.

–        Debéis tener paciencia, Hollow City no es una ciudad cualquiera. Es corrupta, oscura y maligna, con un Alcalde que no es tan manejable como creíamos, además de estar habitada por seres extraños –replicó Strong.

–        Ya te hemos dado todo el tiempo que necesitabas, Jason. Llevas casi dos años en Hollow City, y aunque es cierto que has progresado en unas pocas cosas, ahora el asunto se te ha ido de las manos. Te dejamos llevarte a esa mujer oriental como tu mano derecha, usamos nuestra poderosa influencia para dejar que los chinos soltasen al doctor Wan porque te empecinaste en contar con él, te dimos todo lo que nos pediste. Pero la popularidad de TecnoCorp está por los suelos, el aeropuerto no se ha construido, la gente de la ciudad aún sigue dudando sobre nosotros. Esto no es lo que esperábamos de ti.

–        Ya os lo he explicado –insistió Strong –Los Valaki, los Oscuros, el caso de Bubba Hots…todo está bajo control. Dentro de poco el problema se habrá terminado, solo necesito…

–        Lo siento mucho, Jason –interrumpió tajantemente el hombre del traje blanco –La decisión del consejo de administración está tomada, y es unánime. Quedas apartado de tu puesto a la espera de ver que hacemos contigo. De momento no hagas nada, ya mandaremos a alguien para que te sustituya.

De repente, Strong se encontró contemplando una pantalla vacía. Le habían colgado, como si no fuese nadie. Él, que había dado todo por TecnoCorp, hasta partes de su propio cuerpo, era ahora ninguneado por aquella sarta de burócratas incompetentes que no sabían nada del mundo real. Solo pensaban en las cuentas, los números, los índices de popularidad y todas aquellas chorradas. Aún no se habían dado cuenta de que estaban en guerra, pero él les abriría los ojos, haría que por fin comprendieran la gravedad del asunto. Si no podía hacer nada abiertamente, lo haría a su modo, como en la guerra.

–        Doctor Wan, ¿cómo está nuestro paciente? –dijo Strong al pulsar un botón y conectar la pantalla al laboratorio del sótano.

–        Todo listo y dispuesto, señor Strong –contestó el doctor, ajustándose sus gafas sobre la pequeña nariz.

–        Muy bien, prepárelo. Es la hora de entrar en acción. Se nos ha acabado el tiempo. Mañana por fin sabremos si todo esto ha valido la pena.

Strong terminó la conversación, apagando la pantalla. Luego se sirvió un vaso de whisky y se acecó al enorme ventanal, desde done podía contemplar una magnífica vista de Hollow City. Aquellos cerdos con traje no le iban a echar tan fácilmente de la ciudad como pensaban. Si querían resultados, él se los daría. Y muchos más de los que esperaban.

 *****

 En la habitación 320 del Hospital General de Hollow City, el doctor Morris examinaba a Jack Stone. Tras comprobar su estado, le dedicó una sonrisa al detective y trató de animarlo.

–        Deberá pasar un día más con nosotros, señor Stone, pero mañana ya podrá salir de aquí. Es usted muy afortunado, aparte de unas pocas contusiones y algunas quemaduras leves, ha salido casi indemne de la explosión. ¿Puedo preguntarle que es lo que le ocurrió?

Stone no contestó. Estaba triste, alicaído. La policía había intentado interrogarle, sin éxito, pues el detective había simulado estar en estado de shock al enterarse de que Alice había muerto al explotar su casa, la cual había quedado completamente destruida. Stone, al hallarse en el salón muy cerca de la entrada, había salido expulsado por la fuerza de la detonación a través de una de las ventanas de cristal, por lo que sólo había sufrido los efectos colaterales del daño. Pero Alice estaba muerta. Maldición, a pesar de su facultad extrasensorial, no había podido salvarla.

El doctor Morris, al ver que Stone no iba a abrir la boca, decidió marcharse, apagando todas las luces menos una y dejando solo al detective. Stone comenzó a ensimismarse en pensamientos lúgubres, sintiéndose culpable por la muerte de la joven. Había querido protegerla, alejarla del peligro, pero una vez más un alma inocente era víctima del mal oscuro que habitaba en Hollow City. Al final, la hija había tenido el mismo destino funesto que el padre: el frío y traicionero abrazo de la muerte.

Entonces, Stone fue sacado de sus elucubraciones al captar un movimiento en el fondo de la habitación, justo al lado de la ventana. Allí, de pie, se hallaba una figura vestida con una gran capa negra, con el rostro cubierto por una capucha oscura que sólo dejaba ver los ojos. Unos ojos que miraban vigilantes, una mirada fría e implacable que Stone ya había visto antes.

–        Espectro, ¿qué haces aquí? –preguntó el detective al justiciero enmascarado, al cual no había vuelto a ver desde los sucesos del caso del Ojo de los Dioses.

–        Hola, Jack. Me enteré de lo ocurrido en casa de Alice Graves y vine a ver como estabas. Perdona por mi entrada poco ortodoxa, pero entre TecnoCorp y la policía tus visitas están algo restringidas –dijo el vigilante callejero con su voz alterada electrónicamente por un dispositivo oculto en el cuello de su capa.

–        Fueron los Oscuros, Espectro. Han vuelto. Vi a Chang en el funeral del profesor Graves, trató de advertirme pero no le hice caso. Y ahora es demasiado tarde para Alice.

–        Tienes razón, ya es demasiado tarde para ella. Pero no puedes quedarte aquí lamentándote, amigo. Es hora de contratacar. Creo que se donde están esos seres de las tinieblas. Sospecho que se ocultan en Bussler Green, bajo todo ese falso tinglado que han montado el F.B.I. y el Centro de Control de Plagas. Vayamos a por ellos, vengaremos a Alice, al profesor Graves, y a todos los que han caído bajo el yugo de esos demonios.

–        ¿Y que pretendes que hagamos? –dijo desesperanzado Stone –Vamos allí tu y yo solos, armados hasta los dientes, y nos abrimos paso pegando tiros a diestro y siniestro hasta que no quede nadie en pie. Solo conseguiríamos que nos matasen, sin vengar a nadie. Menudo plan de mierda.

Espectro iba a replicar cuando de repente la puerta de la habitación se abrió. El justiciero maniobró con rapidez, lanzándose hacia un rincón oscuro y ocultándose tras las cortinas. A pesar de la escasa luz, tanto Stone como Espectro enseguida reconocieron la silueta femenina que hizo su aparición. Era Evelyn Chang, la subdirectora de TecnoCorp.

–        Hola, señor Stone –dijo la mujer-. ¿Qué tal están sus heridas?

–        Lárguese, señorita Chang. No necesita oírme decir eso de “ya se lo advertí”.

–        ¡Vaya modales, señor Stone! Siento lo de la pobre señorita Graves, se lo mucho que ustedes se llevaban bien. La verdad es que no había imaginado que irían hasta tan lejos, ya sabe, matarla. Y ahora, cualquier prueba que hubiese conseguido el profesor Graves se ha esfumado.

El detective guardó silencio. Solo quería que aquella mujer se marchara, al igual que Espectro. Quería estar solo con su dolor, ya era bastante tortura sentirse culpable que además tener que aguantar que otros se lo echasen en cara.

–        Mire, Stone, sé que no le caigo bien, pero me hago cargo de su situación. He visto a mucha gente como usted, y presiento lo que va a pasar. Primero sufrirá un gran dolor por la pérdida, luego pasará un tiempo echándose la culpa a sí mismo. Y más tarde intentará mitigar el dolor y la culpa bien emborrachándose en algún tugurio hasta reventar, o bien cogiendo una pistola y buscando venganza. Pero yo le ofrezco otra alternativa.

Stone observó la mirada de los fríos y hermosos ojos de Chang, y por alguna razón supo que estaba diciendo la verdad. Mostrándose interesado, instó a la mujer a que terminase de realizar su propuesta.

–        El señor Strong sabe donde se ocultan los Oscuros, los que han asesinado a su amiga, además de a muchos otros. Pero no puede hacer nada abiertamente, TecnoCorp oficialmente tiene las manos atadas. Pero sin embargo un pequeño grupo podría infiltrarse clandestinamente hasta lo más profundo de los túneles donde esos seres se ocultan. Contamos también con uno de ellos que forzosamente se ha pasado a nuestro bando, así que no vamos a ir a ciegas. ¿Se unirá usted también al equipo, señor Strong?

–        De acuerdo, veamos lo que quiere su jefe. Pero pongo una condición, no voy a ir solo, tengo un amigo que está también interesado en acompañarnos. Y quiero su palabra de honor de que nadie de TecnoCorp le pondrá una mano encima –dijo Stone.

–        De acuerdo, le doy mi palabra –contestó Chang.

Entonces Stone hizo un movimiento con la cabeza señalando el rincón del fondo de la habitación, y Espectro salió de su escondite, revelando su presencia a la atónita Evelyn Chang.

–        Parece que volvemos a vernos antes de lo esperado, señorita Chang –dijo burlonamente el justiciero de Hollow City.

 *****

 Aquella noche era fría, gris y sombría, grandes gotas de lluvia salpicaban las ventanas de grueso cristal blindado del último piso de la torre de TecnoCorp, el edificio más alto de Hollow City. Eran las diez de la noche, y ya hacía casi dos horas que un vendaval frío y cortante soplaba desde el oeste, aullando y silbando mientras azotaba los grandes edificios del centro de la ciudad. En la sala de juntas de la corporación no se hallaban reunidos los accionistas u hombres de negocios con los que normalmente se entrevistaba el director. Esta vez, junto a Jason Strong y Evelyn Chang, se hallaban presentes unos individuos completamente ajenos a las actividades normales de la empresa. Eran el agente Paul O’Sullivan, el cazador de monstruos Nick Rose, el ruso chiflado Vladimir Petrovic, el detective Jack Stone y el justiciero Espectro.

–        Muy bien, ya estamos todos los putos chalados de Hollow City juntitos, ¿podemos empezar ya de una puñetera vez? Me gustaría saber que coño hacemos aquí en lugar de ir a vengar a mi hermano –dijo el siempre enfadado Vladimir.

–        Tranquilícese, señor Petrovic –contestó Jason Strong en tono afable, como si estuviese dirigiéndose a un niño pequeño –le prometo que tendrá ocasión de vengarse por lo ocurrido a su hermano. De hecho, todos tendrán ocasión de vengarse y hacer justicia –al decir esto, Strong paseó la mirada por el resto de los presentes.

–        ¿Y bien, cual es el plan? –inquirió Nick Rose, que estaba más tranquilo que la noche anterior, cuando se había encontrado con el despliegue de las fuerzas de TecnoCorp. Aunque los Oscuros que habían acabado con la vida de Obadaya, Iván y el resto de Cazadores, habían conseguido huir tras matar a Chuck, al menos Amanda y Mamá Nazinga habían sobrevivido, volviendo sanas y salvas a la Cloaca. Luego se había encontrado con Strong y O’Sullivan, y el director de TecnoCorp le había emplazado a acudir junto a Vladimir a aquella extraña reunión, aceptando tras algunas reticencias iniciales.

–        Sabemos quienes son y donde están, así que el plan es bastante sencillo. Vamos, observamos y actuamos –contestó Strong.

–        ¿Qué quiere decir “actuamos”? –intervino O’Sullivan.

–        Quiere decir que ponemos unas cuantas bombas y volamos toda su maldita madriguera –precisó sonriendo Evelyn Chang.

–        ¡Ah, por fin alguien habla mi idioma! –exclamó Vladimir –Eso ya empieza a gustarme más.

–        Me tiene sin cuidado lo que a usted le guste, señor Petrovic. Le conozco, al igual que a todos. Se como son todos ustedes, de que pie cojea cada uno, y la única condición que les impongo es que deberán seguir mis órdenes al pie de la letra. Nadie deberá ir por su cuenta, intentando tomarse la justicia por su mano. Repito, nadie –Strong miró fijamente primero a Vladimir, y luego a Stone y Espectro.

–        O sea, que en realidad lo que quieres es que seamos nosotros los que te hagamos el trabajo sucio –dijo Espectro, en tono irónico –Para que luego nos des una puñalada por la espalda, como haces siempre. No creas que he olvidado que tenemos cuentas pendientes, Strong.

–        Tranquilo, amigo –intervino Jack Stone –Aquí todos queremos lo mismo, averiguar que es lo que quieren los Oscuros y su Amo y terminar con ellos para siempre. Dejemos las escaramuzas internas para cuando todo esto termine.

–        Muy bien dicho, Stone –felicitó Strong al detective –Y para que lo sepan, la señorita Chang y yo les acompañaremos en esta incursión. Además, no vamos a ir a ciegas, tenemos dos cosas que nos pueden ayudar.

–        Si que tiene que estar con el agua al cuello para ensuciarse el traje –comentó por lo bajo Espectro.

Aunque el director de TecnoCorp oyó el comentario del justiciero, hizo caso omiso y activó una enorme pantalla de video, donde todos pudieron contemplar una especie de plano con diferentes localizaciones señaladas. Strong comenzó a realizar una serie de indicaciones sobre el plano, advirtiendo cuales eran las posibles entradas a los túneles donde se ocultaban los Oscuros.

–        Un momento –interrumpió O’Sullivan -¿de dónde diablos ha sacado este mapa del subsuelo de Bussler Green?

Jason Strong desvió la mirada hacia su lugarteniente, y Chang le devolvió la mirada asintiendo. Había llegado el momento de la verdad.

–        Como he dicho antes, hay dos cosas que nos pueden ayudar en nuestra pequeña empresa. Una de ellas es este mapa. Y la otra es el individuo que nos ha ayudado a diseñarlo, alguien a quien las circunstancias le han obligado a cambiar de bando y unirse a nosotros.

Al pronunciar estas palabras, Strong llamó por el intercomunicador al doctor Wan, y al cabo de un momento la puerta de la sala de juntas se abrió para dejar paso al hombrecillo y genio de TecnoCorp. Pero no fue a él a quien el resto de los presentes observó con sorpresa, sino a la figura imponente que le seguía. De unos dos metros de altura, complexión delgada pero fuerte, vestido con un uniforme de camuflaje militar de color oscuro y hecho a medida, el individuo llevaba una capucha negra que le ocultaba su cabeza. De inmediato Nick Rose sintió que el “don” se despertaba en su interior, advirtiéndole de que aquel ser tenía algo de sobrenatural. A instancias de Strong, el ser que acompañaba al doctor Wan se quitó la capucha, activando miradas de alerta, rabia e incredulidad entre los presentes. Lo que todos estaban viendo era un rostro de extrema lividez, con la piel tan grisácea y reseca que parecía un cadáver viviente. Sus ojos rojos brillaban de forma extraña y monstruosa en el interior de dos grandes cuencas ojerosas, y de su frente inclinada levemente hacia delante surgían dos pequeñas protuberancias similares a cuernos diabólicos. Al ver como todo el mundo lo miraba, el ser comenzó a reír burlonamente, una risa cruel y cavernosa que únicamente contribuía a realzar su aura maligna. Un sonido lúgubre que Nick Rose ya había escuchado antes, meses atrás, cuando estuvo persiguiendo a Bubba Hots en las alcantarillas de la Cloaca.

–        Señores, les presento…al Fantasma.

(CONTINUARÁ…)

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