LA GUERRA SECRETA (4ª PARTE)

Publicado: 22 abril, 2012 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

Nick Rose estacionó su vieja furgoneta frente a la entrada de un oscuro callejón, y esperó unos instantes hasta estar seguro de que nadie pasaba por allí. Luego se apeó, penetrando en el callejón hasta encontrar una puerta metálica, la salida de un tugurio llamado Devil Rock. El local había sido en sus tiempos un lugar muy frecuentado por la gente en busca de diversión nocturna, hasta incluso habían tocado en sus inicios los famosos Red Demons, antes de alcanzar su gloria actual. Pero todo se fue al garete cuando un incendio arrasó el local, llevándose consigo tanto al dueño como a varios clientes. Tras años de litigios, el Devil Rock pasó a manos de un empresario desconocido el cual simplemente mantenía el local cerrado, sin haber tocado nada. Rose aún podía ver claramente manchas negruzcas sobre las paredes alrededor de la puerta, signos persistentes de las llamas que en su momento devoraron el interior del pub.

El cazador de monstruos llamó a la puerta utilizando la señal convenida para la Reunión: tres golpes fuertes pero pausados. La puerta se abrió con un chirrido, sólo lo suficiente para mostrar un rostro melenudo y barbudo, con amplios surcos en su frente y cubierto con dos grandes cejas de color gris oscuro.

–        ¿Contraseña? –espetó con voz agria aquel hombre, bajo y regordete.

–        “Cuando al Diablo oigas llegar, échate a temblar” –contestó Rose, sintiéndose un poco ridículo al recitar aquella anticuada consigna.

–        Eres Rose, ¿verdad? –dijo el hombre de las greñas, que casi parecía un neandertal –El cachorro de John Reeves.

Rose miró a aquel tipo, sin saber si la mención a su antiguo maestro había sido un cumplido o un insulto. Pero decidió ignorar el comentario, y en su lugar entró al interior del local. El hombre cerró la puerta y guió hacia el interior a Rose, llevándolo por entre vigas podridas, restos de objetos calcinados y muebles carbonizados. Al final llegaron hasta lo que un día fue la pista central de baile del local, donde se hallaba débilmente iluminado por unas poas bombillas instaladas tras el incendio. Sentados en unas sucias sillas de plástico se hallaban reunidas una veintena de personas, la mayoría hombres pero también unas pocas mujeres. Todos tenían en común una cosa, al igual que Ros eran cazadores de monstruos, gente que había decidido luchar contra los seres de pesadilla que poblaban el mundo.

–        Gracias Samuel, puedes irte. Creo que ya estamos todos –dijo un negro alto y fuerte, de unos sesenta años, con una enorme cicatriz bajo el párpado izquierdo.

Mientras el custodio se iba para encargarse de la vigilancia del lugar, Rose se sentó en una de las sillas, observando al resto de invitados de la Reunión. Aunque era la primera vez que asistía, ocupando el lugar vacío tras la marcha de Reeves a Capital City, conocía a la mayoría de los que allí estaban. Y también se dio cuenta de un detalle, había un número menor del esperado. Bajas en los Cazadores, víctimas de la lucha contra el mal en aquella guerra interminable contra la oscuridad.

–        Demos la bienvenida a Nick Rose, del barrio de Green Leaf, quien además ha convocado la Reunión de hoy –dijo el negro de la cicatriz, conocido como Obadaya.

–        Carne de merodeadores –musitó en voz baja un hombre de cara rojiza y sin afeitar, con su pelo gris engominado y vestido con un una cazadora de los Hollow Riders. Era uno de los dos hermanos Petrovic, un par de rusos chiflados conocidos sobretodo por sus ansias de masacrar a cualquier cosa considerada sobrenatural.

–        Deja hablar al chico, Vladimir –dijo Obadaya lanzando una mirada de advertencia al ruso, que se encontraba sentado al lado de su hermano Iván, un individuo alto y pálido con semblante serio. Mientras Vladimir era irascible, bocazas e impulsivo, Iván era calmado, silencioso y reflexivo. Ambos se complementaban perfectamente, formando un dúo difícil de derrotar.

–        Como sabéis –empezó Nick Rose –desde hace mucho tiempo hay dos extraños sucesos preocupantes que vienen produciéndose en Hollow City.

–        Sí, los Hollow Riders no dan ni una este año, y las encuestas dan como favorito a Harryson en lugar de a Mallory –pronunció riéndose Vladimir Petrovic. Pero a nadie más le hizo gracia su ocurrencia, y los miembros de la Reunión censuraron con la mirada al menor de los hermanos rusos.

–        Como decía –continuó Rose –hay dos hechos que no podemos negar. El primero es que hay un gran descenso en la actividad de las criaturas sobrenaturales en Hollow City, de hecho su número parece estar reduciéndose en cantidades exponenciales. Y el segundo hecho destacable es que los Oscuros han vuelto y están planeando algo siniestro en Bussler Green. Y ambos sucesos están relacionados.

–        ¡Bah! –exclamó Vladimir, incapaz de mantener la boca cerrada mucho tiempo –Si alguien nos está haciendo el trabajo de limpiar las calles de bazofia demoniaca, mucho mejor. Propongo que les demos una medalla.

–        No nos equivoquemos –contestó Rose –Yo he luchado contra los Oscuros, son gente organizada, armada y dotada de una tecnología avanzada. Y no son seres corrientes, son algo más. Creo que están capturando a las criaturas sobrenaturales utilizando una especie de cápsulas metálicas, y no debe ser por motivos benéficos.

–        ¿Y para que quieren a los mismos seres que nosotros nos dedicamos a perseguir? –intervino Obadaya.

–        No lo sé, aunque según los descubrimientos de John Reeves y del profesor Graves, los Oscuros descienden de los Valaki, una civilización antigua que se extinguió de la faz de la tierra hace más de cinco mil años.

–        ¡Tonterías! –dijo Vladimir, bebiendo un trago de vodka de una pequeña petaca que siempre llevaba en el bolsillo de su cazadora –Yo lo único que sé es que si me cruzo con uno de esos seres le daré las gracias por ayudarnos a librarnos de los merodeadores, y luego le pegaré un tiro si me pone ojos raros. ¡Proklyatye ublyudki! [“malditos bastardos”]

–        ¿Y que sugieres que hagamos, Nick? –preguntó Obadaya.

En ese instante llegó hasta la sala el ruido de gente discutiendo en voz alta, que provenía del corredor por el que minutos antes había llegado Rose. Luego se oyeron ruido de pisadas, y los miembros de la Reunión comenzaron a sentirse intranquilos. Los primeros que empuñaron las armas fueron los hermanos Petrovic, Vladimir dos pistolas GSh-18 de 9 mm con culatas adornadas en marfil, y su silencioso hermano Iván un subfusil compacto PP-2000 fabricado en negro. Sin embargo tanto Obadaya como Rose permanecieron calmados, puesto que ninguno había sentido la llamada del “don”. Quienquiera que se acercase, no era una criatura del mundo de las tinieblas.

–        Lo siento, señores, no he podido hacer nada –dijo Samuel, en tono de disculpa, al aparecer en la sala seguido de tres personas.

Quienes acompañaban al viejo guardián del local era un hombre de casi dos metros de altura, enorme y con la cabeza afeitada, una joven mulata con el pelo recogido en un pañuelo rojo con lunares blancos, y una mujer anciana con el rostro cubierto de arrugas y que portaba en su cuello un colgante de tallas de marfil con un medallón de plata. La presencia de la anciana irradiaba un aura de serenidad y armonía que hizo callar a todos, incluso hasta el inaguantable Vladimir.

–        ¡Mamá Nazinga, que sorpresa! –exclamó Obadaya, que avanzó hacia la anciana para ofrecerle una reverencia.

Mientras el resto de cazadores rumiaban acerca de los recién llegados, Rose recordó lo que tiempo atrás le había contado su amigo Jack Stone, el detective de Long Street. Aquella anciana de origen africano, Mamá Nazinga, era una hechicera dotada de extraños poderes que vivía recluida en una casa ruinosa del barrio marginal de La Cloaca. El gigantón con cara de estúpido era su criado y guardaespaldas, un tal Chuck, y la belleza morena que iba con ellos era la joven asistenta de la médium que respondía al nombre de Amanda. Nick conocía a Amanda porque años atrás había sido novia de su hermano Kevin, pero de eso ya hacía mucho tiempo, antes de que Kevin entrase en la cárcel. Por lo que sabía de Stone, la tal Mamá Nazinga estaba relacionada con los seres que habitaban en el mundo espiritual, y a pesar de su frágil aspecto tenía un gran poder mágico que muy pocos podían igualar. Lo más raro de todo es que aquella hechicera hubiera salido de su retiro en la Cloaca, pues hacía años que nadie la había visto salir de su vivienda.

Tras cruzar unas palabras amistosas con Obadaya, el cual la miraba con la devoción de un alumno hacia su maestra, Mamá Nazinga sonrió y saludó a todos los presentes, lanzando una bendición sobre los cazadores a la vez que llevaba sus envejecidos dedos hacia su medallón plateado. Todos sintieron una oleada de calor que inundaba el interior de sus cuerpos, como una energía invisible que renovase sus fuerzas y les proporcionase una sensación de paz y bienestar. Vladimir, al notar aquel efecto en su propio ser, se sintió levemente perturbado, y dejó de beber de su petaca ante la mirada de su extrañado hermano Iván. A continuación la mujer se situó frente a todos los presentes y les habló con voz grave.

–        Amigos, aunque la mayoría de vosotros nunca me habíais visto, yo si os conozco a todos, pues formáis parte de mis sueños y visiones. Sé lo qué hacéis, a qué os dedicáis, y conozco demasiado bien vuestro sacrificio por haberos consagrado a la ardua tarea de defender esta ciudad de las criaturas del mal. Y hasta ahora habéis hecho un buen trabajo. Pero desde hace algún tiempo un nuevo mal acecha Hollow City, una gran capa de oscuridad que nos envuelve a todos bajo su manto. En mis visiones aparecen seres que me atormentan, hombres demoníacos con extraños tatuajes, armados con artilugios avanzados dotados de una magia insólita y poderosa. Son los Oscuros. Y en mis visiones aparece una figura encapuchada, que debe ser su jefe, al que veneran como su Amo, un hechicero aliado con los poderes de la oscuridad. He venido hasta aquí para advertiros sobre él, y aconsejaros de que unáis fuerzas pues para enfrentaros al Amo y conseguir derrotarlo no podréis hacerlo individualmente. Los Cazadores debéis luchar todos juntos contra él y su ejército.

Mamá Nazinga se sintió cansada, y Amanda la ayudó a tomar asiento, mientras Obadaya miró a todos, sobretodo a los hermanos Petrovic.

–        Ya habéis escuchado las palabras de la venerable Mamá Nazinga. Sabemos a que nos enfrentamos, y sabemos donde están. Así pues, ¿qué va a ser? ¿Vamos cada uno por nuestro lado, lanzando un ataque suelto de vez en cuando como guerrilleros callejeros, o por el contrario olvidamos nuestras diferencias y luchamos juntos contra el enemigo?

Todos los presentes se lanzaron miradas entre ellos, algunas llenas de desconfianza, otras con envidia y unas pocas con odio. Rose sabía que en la interminable guerra contra el mal alguna vez un cazador de monstruos se topaba con otro, y habían veces en que aquellos encuentros no terminaban demasiado bien. Rose percibió que a pesar de la bendición de Mamá Nazinga, un ambiente de tensión comenzaba a llenar la sala.

–        Yo estoy de acuerdo con Obadaya, unamos nuestras fuerzas y tracemos un plan conjunto para hacer frente a los Oscuros –dijo Rose.

–        Vaya, chico, eso no es lo que haría el viejo John Reeves –dijo Vladimir –Ese cojo bastardo iría el sólo contra todos, como hace siempre.

–        Pero yo no soy él –Rose fulminó con la mirada al ruso. Luego se dirigió al resto de cazadores y preguntó: -¿Alguien más viene?

–        Con nosotros no contéis –exclamó Vladimir –Los hermanos Petrovic no necesitamos ayuda de nadie para terminar con esos Oscuros. Solo son un puñado de escoria inútil a los que hay que cargarse, como a todos.

Obadaya movió la cabeza desalentadoramente, en señal de lo inútil que era tratar con Vladimir y su hermano. Entre el hombre de la cicatriz y Rose acabaron convenciendo a la mayoría de los cazadores para que se unieran a la causa contra los Oscuros, fijando las condiciones para una nueva reunión donde acudirían todos armados y preparados. Entonces todos pudieron escuchar un grito, procedente de la anciana Mamá Nazinga, la cual se llevó las manos a la cabeza. Solo la rápida intervención de Chuck y Amanda evitaron que la hechicera africana se desplomase sobre el suelo.

–        ¿Qué es lo que ocurre? –preguntó Obadaya, acercándose a la mujer.

–        Esa vieja chiflada acaba de volverse loca del todo, seguro –exclamó Vladimir.

Entonces Rose notó un tremendo impacto interior que le sacudió completamente, una vibración pulsante que rápidamente se extinguió como las olas al chocar contra un rompiente. Era el don.

–        Demasiado tarde –advirtió Rose –Están aquí.

Lo siguiente que oyeron fueron los gritos de Samuel desde la puerta, intentando advertir a los demás. Y luego, los disparos.

 *****

 Desde el interior de un viejo Ford Mustang de color azul marino, recién sacado de la tienda de automóviles de alquiler, Paul O’Sullivan observaba con unos prismáticos los alrededores del antiguo pub llamado Devil Rock. Junto a él se hallaba el joven Billy Jones, el cual había insistido en acompañarle tras pasar la tarde en la Guarida de los Jóvenes Buscadores, como ellos mismos se autodenominaban. Aunque al principio O’Sullivan había desconfiado al ver aquella legión de jóvenes melenudos y con barba de varios días, al final había dejado a un lado sus prejuicios al ver como esos chicos se manejaban muy bien entre ordenadores. Aunque parecían un poco chiflados, con esas pintas de fumatas y siempre hablando de aliens, complots del gobierno y monstruos diversos que vivían camuflados entre la gente normal, una sola mirada al “Pastel” bastaba para percibir su red de información. Aquel inmenso tablón lleno de noticias sobre el mundo de lo oculto no había sido realizado por un par de listillos, sino por todo un ejército de observadores que se mantenían en contacto gracias a Internet y los móviles de última generación. Hasta su jefa, aquella chica linda llamada Marianne, era mucho más de lo que aparentaba, con toda aquella extravagante vestimenta gótica de color negro. Una chica dura, de la calle, pero muy lista. Sí, los Jóvenes Buscadores eran unos aliados muy útiles, habían dado con un lugar donde al parecer se reunían unos tipos raros, algunos de los cuales poseían antecedentes penales. Como esos dos rusos, los hermanos Petrovic.

–        ¿Qué me dices, tío? –exclamó Billy Jones, el cual no cesaba de parlotear, excitado -. ¿Ves como teníamos razón?

–        Si, chico, ya me lo has tirado en cara desde que entró el negro de la cicatriz en ese antro de mala muerte, que se supone estaba cerrado –O’Sullivan suspiró, le costaba darle la razón al joven a pesar de que la tenía de sobra.

–        ¿Por qué no nos acercamos más, y vemos lo que pasa allí dentro?

–        Eh, chico, que no se te suban los humos a la cabeza. Vale que me hayas traído hasta aquí, y es verdad que pasa algo raro cuando tanto capullo suelto se reúne en el interior de los restos de un tugurio calcinado. Pero lo mejor es que te vayas a casa, esto podría ser peligroso. Ya has hecho bastante, vete y prometo que mañana te lo cuento todo para que puedas fardar ante tu belleza rubita de los piercings –O’Sullivan sonrió al ver como Billy Jones enrojecía ante la mención de Marianne.

Billy iba a protestar como de costumbre cuando de pronto advirtió algo, y volvió a mirar por los prismáticos. O’Sullivan cogió los suyos i también miró en la misma dirección que el chico, observando a través de las lentes como varias figuras estaban rodeando el pequeño edificio donde se hallaban los restos del Devil Rock. El agente de TecnoCorp, apartado por Jason Strong hasta nuevo aviso por los sucesos de Bussler Green, solo necesitó un momento para darse cuenta de quienes eran aquellos tipos. Los Oscuros.

–        Chico, quiero que hagas una cosa por mi, y esta vez no me repliques, solo obedece. Llama a este número y das mi nombre y esta contraseña, y di que traigan refuerzos lo antes posible –O’Sullivan comenzó a bajar del coche, sin mirar atrás.

–        ¿Pero se puede saber que vas a hacer? –espetó Billy Jones, pero solo pudo contemplar como el agente avanzaba con sigilo hacia las sombras que proyectaban los edificios cercanos.

Al quedarse solo, Billy Jones pensó en desobedecer a O’Sullivan y seguirle para meterse de lleno en la aventura y poder ver de cerca a uno de esos Oscuros. Pero luego lo pensó mejor y decidió marcar en su iPhone Axus de 200 $ el número que le había pasado el agente.

–        Oficina de atención de la Corporación de Seguridad y Tecnología, TecnoCorp –dijo una voz femenina al otro lado de la línea -¿En que podemos ayudarle?

 *****

 Los soldados uniformados entraron por la fuerza en el interior del Devil Rock, armados con sus extrañas pistolas demoníacas unidas simbióticamente a los músculos de sus antebrazos mediante unos tentáculos sinuosos de color oscuro. Los tatuajes grabados en la superficie de la piel mediante la ciencia del Conocimiento Oscuro imbuían a los soldados de un gran poder, que podían canalizar en sus armas. Liderados por el que había sido el Consejero número Doce, el último en llegar a Hollow City, los siervos del Amo se apresuraron a terminar con la encerrona que habían llevado a cabo. Sería un golpe mortal contra sus enemigos, un ataque por sorpresa que proporcionaría la victoria final contra aquellos que se dedicaban a exterminar las presas que necesitaba el Amo.

Mientras los soldados avanzaban por el pasillo, el custodio llamado Samuel corría hacia la sala en un vano intento de advertir a los miembros de la Reunión de que habían sido invadidos. El Consejero Oscuro hizo un simple gesto con la cabeza hacia el hombre, y al instante uno de los soldados extrajo un objeto de uno de los compartimentos de su cinturón, lanzándolo con todas sus fuerzas hacia Samuel. El objeto, que tenía un aspecto similar a la cabeza de un pequeño pulpo de goma con varios apéndices, quedó pegado a la espalda del custodio. Nada más impactar en el cuerpo del hombre, el extraño artefacto extendió sus tentáculos sobre la cabeza y el torso de su víctima, mostrando una flexibilidad casi ilimitada. Samuel notó un dolor indescriptible cuando decenas de diminutos aguijones que salían de cada centímetro del artefacto se clavaron en su piel, haciéndole gritar de dolor. Sin embargo el viejo custodio dio muestras de un valor y una resistencia sin límites, y esquivando los disparos de los sorprendidos soldados consiguió llegar hasta la sala donde se hallaban reunidos los cazadores.

–        Hu…huid, son dema…siados –consiguió decir Samuel, antes de caer muerto al suelo con la mitad de su cuerpo cubierto de sangre por las heridas causadas por el objeto elástico.

–        Huid por la puerta principal –dijo Obadaya a Amanda –Los demás, preparaos.

Mientras el cazador de piel morena montaba en pocos segundos una gran ballesta de acero cuyas partes habían quedado ocultas bajo su largo abrigo, Amanda y Chuck llevaban a rastras a Mamá Nazinga, que parecía sumida en un estado de inconsciencia. Los demás cazadores de monstruos, incluidos Rose y los hermanos Petrovic, sacaron las armas y comenzaron a disparar hacia el pasillo. Los Oscuros hicieron su entrada en la sala, sólo para recibir una sarta de disparos como bienvenida. Los impactos, sin embargo, no les hicieron retroceder, y los soldados avanzaron. Sus uniformes resistentes y su constitución acrecentada por la Energía Oscura les convertían en unos enemigos temibles, y eso sin tener en cuenta su número. Los cazadores pronto comenzaron a caer bajo el mortífero ataque de las armas demoníacas, que rápidamente diezmaron a los miembros de la Reunión.

Rose se refugió junto a los hermanos Petrovic detrás de la antigua barra de bar del Devil Rock, a un lado de la pista de baile. Advirtió a Obadaya que se uniera junto a ellos, pero el veterano de la ballesta prefirió ignorarlo, disparando su arma a la cabeza de uno de los soldados. El proyectil de acero impactó de lleno en la frente de su objetivo, matándolo en el acto. A continuación otro de los Oscuros se acercó a Obadaya creyendo que estaba indefenso, pero el cazador solo tuvo que manipular un resorte para que el segundo proyectil, situado bajo la cureña del arma, se colocase en posición de tiro. Con una sonrisa triunfal, Obadaya accionó el gatillo y la ballesta fulminó al soldado, con un disparo certero que se incrustó en su ojo izquierdo.

–        ¡Marchaos, salid de aquí! –exclamó Obadaya, dirigiéndose a los demás. Un segundo después, su cuerpo era acribillado por una lluvia de proyectiles de darkanium, dejándolo convertido en un amasijo de carne y sangre irreconocible.

–        ¡Mierda! Iván, mueve el culo y larguémonos de aquí –dijo Vladimir a su hermano mayor.

Los hermanos Petrovic vaciaron sus cargadores sobre los Oscuros, a la vez que abandonaban la protección de la barra del bar y se movían con velocidad para tratar de alcanzar la salida principal. Pero dos soldados sacaron a la vez unos objetos metálicos con forma de piña, y los arrojaron cerca de los Petrovic. Rose, que sabía lo que eran aquellos artefactos, trató de advertir a los rusos, justo antes de que las piñas estallasen en decenas de agujas afiladas hechas de darkanium. La lluvia de agujas cubrió un área de unos 180 grados, atravesando todo lo que había delante, incluso el cuerpo alto y pálido de Iván, el mayor de los Petrovic, que se había sacrificado al interponer su cuerpo entre Vladimir y las agujas.

–        ¡Iván! Hermano, ¿por qué lo has hecho? –dijo Vladimir, sujetando el cuerpo ensangrentado de su hermano. Pero Iván ya no podía oírle, había muerto.

Desde su posición, Nick Rose presenció como los cazadores iban cayendo uno tras otro bajo el fuego despiadado de los Oscuros. A pesar de que también había bajas entre los soldados, era evidente que esta vez habían venido preparados. Rose se agachó detrás de la barra, y se inyectó una dosis del Suero, esta vez prescindiendo de los preámbulos. Mientras esperaba a que la sustancia surtiera efecto en su cuerpo, oyó como Vladimir gritaba algo en ruso, un grito de venganza por la muerte de Iván. Luego escuchó como un pequeño objeto metálico rebotaba en el suelo, y al instante el cuerpo del ruso saltaba por encima de la barra, chocando contra el de Rose, a la vez que gritaba una única palabra: – ¡Granata! (granada).

En ese momento una explosión barrió la sala, al estallar la granada DM-51 de Vladimir. Aunque no aniquiló a todos los Oscuros, al menos se había llevado por delante a algunos, además de proporcionar un instante de respiro que Rose y Vladimir aprovecharon para retroceder hacia la entrada principal. Una vez allí, se reunieron junto a Mamá Nazinga, Chuck y Amanda, los cuales estaban tratando de abrir la pesada persiana metálica que cubría la única salida.

–        ¿Te quedan más granadas? –preguntó Rose a Vladimir, pero éste negó con la cabeza. Estaban atrapados.

 *****

Paul O’Sullivan se acercó por el callejón que llevaba a la salida del Devil Rock, con su Beretta 92 preparada para disparar. Vio que la puerta estaba abierta, y se asomó con cuidado para vislumbrar el interior. Entonces se encontró con la mirada de un hombre vestido con uniforme de color negro, unos ojos oscuros y demoníacos que le observaron con odio feroz. El Oscuro movió su brazo rápidamente, y un agujero se abrió en la pared justo al lado de donde se encontraba la cabeza de O’Sullivan. El ex policía era conocedor de cual era el punto débil de los soldados oscuros, y disparó su arma directamente a la cabeza de su objetivo. El soldado se desplomó sin un grito, con un agujero de bala entre las cejas. Luego O’Sullivan siguió avanzando por el corredor que se extendía delante suyo, hasta que se topó con un hombre alto vestido con un largo abrigo negro. El hombre se volvió hacia él, sonriéndole despreciativamente. Era el Consejero Oscuro que lideraba el asalto, que se había quedado rezagado detrás del resto del escuadrón.

–        Te conozco, tu eres el humano que tantos problemas nos está dando. El agente O’Sullivan, ¿no es así? –inquirió el Consejero, que se parecía enormemente a aquel tipo que desintegraba el metal y que acabó muerto en los muelles del puerto de Hollow City.

–        Si sabes quien soy, sabrás también que como se te ocurra respirar te meteré una bala en tu jodida cabeza –amenazó O’Sullivan.

El Consejero número Doce no dijo nada, simplemente su boca se torció en una maligna mueca, a la vez que invocaba el Poder Oscuro para materializar un haz de energía oscura solidificada que se extendió de su propia mano derecha hacia el arma del agente, arrancándosela de un latigazo. O’Sullivan hizo ademán de volver a coger la pistola, pero el Consejero movió otra vez el látigo de energía oscura y le golpeó en el brazo, provocándole una herida. Luego arremetió varias veces contra el indefenso agente, hiriéndole varias veces mientras le insultaba y se burlaba de él, haciéndole retroceder hasta la pared. O’Sullivan, arrinconado, trató de moverse, pero aquel condenado bastardo demostraba manejar con soltura aquel tentáculo místico, y no le dejaba opción. Entonces el Oscuro enrolló el látigo de energía alrededor del cuello del agente, asfixiándole, impidiéndole respirar mientras O’Sullivan se debatía inútilmente.

Y entonces una sombra se movió en el fondo del pasillo, alguien que caminaba directo hacia ellos. O’Sullivan, casi inconsciente, no pudo verlo bien, pero parecía una especie de soldado con un casco que le cubría la cabeza y que empuñaba un fusil militar con una luz cegadora en su extremo a modo de linterna.

–        Condenado entrometido, tu también recibirás lo tuyo, seas quien seas –dijo con enfado el Oscuro.

El Consejero movió el haz de su tentáculo siniestro y liberó el cuello de O’Sullivan, a la vez que atacaba al intruso. Éste interpuso su fusil como escudo y el látigo místico partió por la mitad el arma, dejando al desconocido indefenso. Entonces el Oscuro se concentró, invocando más poder para potenciar su próximo ataque, y descargó nuevamente el látigo sobre el intruso. Pero éste, sorprendentemente, atrapó al vuelo con su mano derecha enguantada el arma de Energía Oscura, a la vez que con la mano izquierda lanzaba a su contrincante un pequeño cuchillo arrojadizo. Pero la hoja afilada pasó rozando la mejilla del Oscuro, causándole apenas un leve rasguño.

–        ¡Perro, como te atreves! –exclamó indignado el Consejero Oscuro –Te haré trizas con mi poder.

El Oscuro invocó todas sus reservas de Energía Oscura para materializar un segundo látigo sobre su mano izquierda, pero antes de poder usar su nueva arma O’Sullivan entró en acción. El agente rodó por el suelo hasta llegar a su Beretta, la cogió y disparó varias veces a su enemigo, hasta verlo caer cubierto de sangre al suelo. Al ver que los dos látigos de energía desaparecían como si nunca hubiesen existido, O’Sullivan se sintió más tranquilo y se dirigió hacia el recién llegado.

–        Gracias amigo, se puede decir que me has salvado la vida. ¿Quién eres y que haces aquí?

Entonces el intruso se acercó más a la luz, y se quitó el casco. Lo primero que vio O’Sullivan fue el emblema de TecnoCorp en el uniforme de combate del soldado, y lo segundo fue el rostro sonriente y con barba recortada de su actual jefe, el director Jason Strong.

 *****

–        ¡Venid si os atrevéis con un ruso, malditos cobardes! –gritó Vladimir, disparando sus últimas balas hacia los Oscuros que se acercaban poco a poco hacia donde estaban los únicos supervivientes de la masacre.

Mientras el ruso disparaba intentando ganar tiempo, Rose se acercó a la persiana metálica de seguridad, intentando levantarla con gran esfuerzo. Mientras los raíles chirriaban ruido estridente, Rose empleó su fuerza potenciada con el Suero haciendo un esfuerzo tan grande que todo su cuerpo comenzó a sudar.

–        Chuck, ayúdalo –dijo Amanda al gigantón.

Mientras el musculoso Chuck ayudaba a Rose a alzar la persiana, Amanda trataba de reanimar a Mamá Nazinga, que poco a poco iba volviendo en sí.

–        Rápido, se me acaban las balas y esos tipos raros vienen hacia aquí –dijo Vladimir mientras recargaba sus dos pistolas.

Entonces, con un grito de esfuerzo, Rose y Chuck alzaron la persiana, abriendo la salida que les permitiría escapar. Amanda y mamá Nazinga fueron los primeros en salir, y luego Vladimir, mientras el cazador y el gigantón sujetaban la pesada pieza de metal. Cuando Nick iba a decir a su compañero que pasara por debajo, Chuck le sonrió y sin decir nada le empujo con una de sus manazas al exterior, mientras la persiana volvía a bajarse del todo con un estruendo solemne.

–        ¡No! –gritó Amanda, al ver el sacrificio de su amigo.

Luego escucharon varios disparos del interior del local, y después silencio.

–        Sería mejor que nos fuésemos de aquí de una puñetera vez –dijo Vladimir.

Pero cuando todos se volvieron y vieron lo que había a su alrededor, se dieron cuenta de que no estaban solos. Alrededor de la calle había un despliegue de vehículos, agentes armados y personal médico. Y todos llevaban grabados la misma insignia, las letras TC dentro de un círculo plateado. El emblema de TecnoCorp.

 

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