LA GUERRA SECRETA (3ª PARTE)

Publicado: 12 abril, 2012 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

En el comedor social regentado por el Padre García, muy cerca de la Iglesia de Saint Patrick en Sawmill Street, los voluntarios comenzaban los preparativos para la primera comida del día. Aún restaba una hora para que abriesen las puertas al público, una clientela conformada mayoritariamente por los transeúntes, los mendigos y los afligidos que vivían en las solitarias calles de Hollow City. Gracias al sacerdote y a sus ayudantes, un puñado de chicos y chicas de no más de dieciocho años de edad, los vagabundos de la ciudad podían disponer de un lugar donde poder realizar dos comidas diarias, además de obtener refugio y compañía. Sin embargo, con la despedida del invierno y la llegada de un clima más primaveral, últimamente los comensales habían acudido en menor número, por lo que los jóvenes voluntarios disponían de más tiempo libre. Y de eso se beneficiaba Billy Jones, quien en esos momentos empuñaba una escoba mientras se peleaba con la suciedad que cubría el suelo.

–        Pss, pss, ¡eh, chico! –dijo una voz ronca, que provenía de una cabeza barbuda que asomaba por la ventana del comedor.

–        ¡Jeremies! –exclamó el joven al reconocer al desarrapado vagabundo, uno de los asiduos al establecimiento-. ¿Qué estás haciendo aquí? Aún es pronto para abrir.

–        Lo sé, chico, lo sé. Pero el viejo Jeremies tiene algo que decirte –el hombre realizó una mirada furtiva hacia atrás, como si alguien le estuviese siguiendo.

Billy Jones sonrió, pues sabía que Jeremies siempre creía ver cosas extrañas, aunque la mayoría de las veces no eran más que el producto de mezclar medicinas con alcohol. A pesar de su aspecto desaliñado y su melena sucia, a Billy le caía bien, sobretodo cuando le contaba historias de cuando era sargento en la guerra del Golfo. Además, gracias a la información de Jeremies, que era un gran conocedor del bajo mundo de Hollow City, Billy había podido ayudar varias veces a su amigo Nick Rose, el cazador de monstruos. Cada vez que en el “Pastel” de la Guarida se colgaba una noticia del mundo paranormal aportada por Billy, el joven caía embelesado ante los piropos que le propinaba la fascinante belleza gótica de Marianne, la líder de aquel grupo de adolescentes buscadores de la verdad.

–        Mira, tío, ahora estoy ocupado, ¿vale? Como venga el Padre García y vea que todo esto aún sigue igual, me la voy a ganar –Billy no tenía ganas de escuchar otro de los interminables sermones del sacerdote.

–        Esto es importante, chico, me acabo de tropezar con un tipo que anda buscándote. Y si al viejo Jeremies no le falla el olfato, cosa que nunca ocurre, ese tío es de la pasma. Ándate con ojo, chico, no debes fiarte de nadie. Te lo dice este viejo soldado.

Billy Jones se llevó las manos a la cabeza con gesto de preocupación. ¡La pasma! Lo que faltaba, meterse otra vez en líos, con lo que poco que le gustaba a su madre. Seguro que venían por lo de Bussler Green, alguien le había delatado y venían a interrogarle. Era hora de salir de allí a toda prisa.

–        Gracias por la información, viejo.

–        De nada, chico, ya sabes para que están los amigos. Por cierto, esto… ¿no tendrías algo para el bueno de Jeremies? Es que últimamente con esto de la crisis ya nadie nos da una limosna, en esta asquerosa ciudad son todos unos tacaños.

A regañadientes, Billy le dio un billete de cinco dólares al mendigo, el cual se lo agradeció profundamente, desapareciendo a continuación para gastarse el dinero en algún tugurio del barrio. El chico se despidió de los otros voluntarios, diciendo que se encontraba indispuesto, y se marchó también del comedor social para irse a su casa. Una vez en la calle, no tardó en darse cuenta de que efectivamente había un hombre alto y vestido con un abrigo gris que se acercaba, pero no esperó hasta tenerlo lo suficientemente cerca como para verle la cara. Billy Jones comenzó a andar deprisa, intentando mezclarse entre la gente de Sawmill Street para tratar de escabullirse del supuesto policía. Al mirar atrás, vio con desazón como el desconocido se hallaba cada vez más cerca, así que esta vez comenzó a correr a toda velocidad. Atravesando las calles, rodeando las esquinas, saltando entre los obstáculos callejeros, el joven demostró unos grandes reflejos, hasta que jadeando sin aliento se detuvo un instante apenas una manzana de distancia de la puerta de su casa. Al ver con alivio que había despistado a su perseguidor, Billy Jones continuó su camino andando con normalidad, pues si su madre lo veía regresar a casa corriendo pensaría que había vuelto a las andadas.

Entonces una mano le agarró de la chaqueta por detrás, y Billy comenzó a revolverse para liberarse, gritando a voces para que lo soltaran.

–        Tranquilo, chico, soy yo –dijo una voz conocida, al tiempo que Billy notó como le soltaban –Me ha costado mucho encontrarte.

Al volverse para estar frente al hombre que hablaba, Billy Jones vio sorprendido que se trataba del tipo con el que coincidió en Bussler Green varias noches atrás, mientras vigilaba aquellos camiones y su misteriosa carga de cápsulas metálicas.

–        ¡Vaya, tío, estás vivo! –exclamó Billy –Pensaba que estarías criando malvas, después de escuchar los disparos. Así que eres poli, ¿verdad?

–        Paul O’Sullivan, agente de TecnoCorp –dijo el hombre, enseñándole sus credenciales –Veo que me hiciste caso y saliste por patas. ¿Qué recuerdas de la otra noche, chico?

–        Pues que estábamos tu y yo vigilando a aquellos tipos de los camiones, me quitaste los prismáticos y luego eché a correr, como me dijiste. Oí algo así como unos aullidos terroríficos, que seguro no procedían de unos jodidos chihuahuas, luego los disparos, y más tarde las sirenas de la pasma. Así que decidí irme a casa.

–        Hiciste bien, chico. ¿Has notado algo raro últimamente? –preguntó O’Sullivan.

–        ¿Raro? ¡Tío, espabila ya! –Billy Jones hablaba con la típica vehemencia juvenil -¡Todo es raro en Hollow City! Desapariciones, ruidos extraños, misteriosos apagones generales, apariciones siniestras…Lo último es eso del virus en Bussler Green, curiosamente después de nuestro incidente. Por eso los chicos de la Guarida estamos siempre alerta, buscamos la verdad oculta que hay en los misterios de la ciudad.

–        Mira chaval, esto es asunto serio –dijo O’Sullivan con voz grave –Ya se que es guay ir detrás de los misterios y todo eso, pero es demasiado peligroso para unos jóvenes como vosotros. Manteneos alejados de las calles, no me gustaría verte a ti o a uno de tus colegas friquis en la sección de sucesos del American Chronicles.

–        Tú también has visto cosas raras, ¿verdad? –Billy Jones sonrió –Sobretodo estando en TecnoCorp. ¿A que sí, eh?

–        Chico, solo voy a darte un consejo. No te acerques por Bussler Green, sea lo que sea lo que sucede allí, déjaselo a la poli y a TecnoCorp. Quédate con tus amigos en esa Guarida jugando a los videojuegos o fumando hierba, pero alejaos de las calles estos días, ¿entendido? –advirtió el agente de TecnoCorp.

O’Sullivan se volvió y comenzó a echar a andar, pero se detuvo al oír las palabras de Billy Jones:

–        Ni la poli ni TecnoCorp hace una mierda, los únicos que hacemos algo somos nosotros. Somos los ojos y los oídos de esta ciudad, perseguimos la verdad, buscamos y observamos. El resto no se entera de nada, o no quiere enterarse. La gente tiene miedo.

O’Sullivan miró a Billy por encima del hombro, y al ver en sus ojos una expresión de abatimiento y desesperanza, notó que en su interior crecía una extraña sensación.

–        De acuerdo, chico –dijo al fin O’Sullivan –Yo no tengo miedo de la verdad, listillo, así que estoy dispuesto a escucharte. Llévame a tu Guarida, a ver de que va en realidad tu grupito de vigilantes de platillos volantes. Pero como alguno de tus amigotes se pase de la raya, me lo llevaré a las celdas de TecnoCorp, y te puedo asegurar que son tan incómodas como las de cualquier comisaría de policía.

Billy Jones sonrió optimista, tal vez aquel tipo fuese un gran aliado para la causa, a pesar de sus modales sacados de una antigua película de detectives. Quizá hasta estaba empezando a caerle bien.

 *****

 En la Sala de las Ánimas, en el Laberinto oculto bajo el subsuelo de Hollow City, los nueve consejeros que quedaban del antiguo Consejo de los Doce se hallaban inquietos y algo asustados. Tras ver como el Amo había eliminado al Líder para hacerles una advertencia sobre el precio del fracaso, nadie se sentía seguro y a salvo de su furia destructora. Cada vez que tenían que comunicarle una noticia, temían que no fuese de su agrado y que con ello despertasen su ira. Sin embargo, de momento todo iba según los planes del Amo. Gracias a la poderosa red de contactos de los Oscuros, se había podido conseguir alejar los problemas de Bussler Green, al menos momentáneamente. Al final no podrían mantener para siempre aquella zona fuera de miradas curiosas, pero eso daba igual, pues dentro de poco ya no sería necesario todo aquel montaje.

Las puertas de la sala se abrieron, revelando la imponente figura del Señor de los Oscuros, el Amo. Ataviado con su túnica negra y con una capucha que le ocultaba el rostro, apoyado en su bastón metálico de darkanium repleto de runas esotéricas, el Amo se encaró con los Consejeros.

–        ¿Y bien, se está cumpliendo el Plan? –dijo con su voz inhumana.

–        Sí, mi señor –contestó uno de los Consejeros, a los cuales el Amo había despojado de su orden numérico, relegándolos a todos al mismo nivel, un nivel inferior al suyo propio –En Bussler Green todo marcha bien, sin alteraciones. Respecto a los apagones que se han producido por haber abierto el Velo, todo se ha achacado a fallos de suministro de la red eléctrica. El Plan sigue adelante, sin complicaciones.

–        ¿De verdad? –dijo el Amo, mirando al consejero-. ¿Y que hay del altercado en el cementerio de Weenhaven? Me dijisteis que sería fácil obtener las criaturas que faltaban, y veo que no es así. Y encima también parece que ha habido una filtración en la seguridad de Bussler Green…No creo que todo esté bajo control, como me decís.

–        Mi señor –intervino otro consejero –no debéis preocuparos. Los individuos que hasta ahora habían impedido conseguir el tan ansiado número de criaturas, necesario para llevar a buen término el Plan, pronto serán abatidos. Y en cuanto a la seguridad de Bussler Green, aún no conocemos como alguien ha podido burlarla, pero las imágenes muestran dos siluetas oscuras. Nuestros expertos no tardarán en identificar a los intrusos, y pronto sabremos a lo que atenernos. Si son una amenaza, los eliminaremos.

–        ¿Y el asunto del profesor Graves? –indicó el Amo.

–        Los hombres que mandamos al campamento en Sudamérica hicieron bien el trabajo. Aunque el profesor encontró la montaña Kara’l y las ruinas de la ciudadela Valaki, no tuvo tiempo de compartir dicha información.

–        ¿Seguro? Tal y como habéis hecho las cosas hasta ahora, no me fío de vosotros. Si el hombre descubrió algo, ¿a quien se lo diría?

–        No tenía muchos amigos, y sus compañeros de profesión no le tenían en gran estima. Pero tiene una hija que se ha instalado hace poco aquí, en Hollow City. Es la única persona con la que se relacionaba.

El Amo no tuvo que decir nada más, su silencio era más que obvio. Los consejeros salieron de la Sala de las Ánimas para continuar con el Plan del Amo, uno de ellos presto para cumplir con la última instrucción dada. Todo debía estar preparado según la voluntad del Amo, lo que conllevaba eliminar los cabos sueltos.

 *****

 En su confortable despacho situado en el piso superior de la torre de TecnoCorp, el director Jason Strong se encontraba realizando unos pequeños ajustes en su brazo biónico. Tras depositar un pequeño destornillador junto a las piezas sobrantes de la modificación, Strong flexionó su mano derecha mecánica, satisfecho con el resultado. Luego recubrió el miembro robótico con la piel sintética fabricada en los laboratorios de TecnoCorp, con lo que a simple vista era indistinguible de un brazo humano normal. Un pitido electrónico resonó en la sala, junto a una voz artificial que anunciaba la llegada de un visitante identificado: el doctor Wan.

–        Doctor, ¿cómo está nuestro paciente? –preguntó Strong al hombrecillo de gafas cuadradas.

–        Está cumpliendo las expectativas, y con creces, puesto que se ha adelantado a todas nuestras previsiones. Ya puede moverse, y dentro de muy poco logrará incluso hablar. En un par de días estará operativo al cien por cien.

–        ¡Estupendo! –exclamó alegremente Strong –Pues vayamos a verlo ahora mismo.

–        No creo que eso sea prudente, señor Strong –el doctor Wan se ajustó sus gruesas lentes sobre su pequeña nariz –Recuerde que estuvieron enfrentados en el pasado, y tal vez al contemplarle y darse cuenta de donde está sufra algún tipo de efecto emocional. Y dada su naturaleza especial, dicha emoción puede presuponerse algo…violenta.

–        Tonterías, Wan, quiero verle ahora –dijo el director de la corporación con aire autoritario.

Wan, indiferente a todo, no hizo nada más por contradecir a su jefe, limitándose a seguirle a través de una serie de pasillos iluminados, salas repletas de gente y ascensores equipados con la última tecnología. Al final llegaron ante las puertas del laboratorio secreto, donde dos guardias con el uniforme de TecnoCorp les dejaron acercarse al sistema de identificación biométrica. Tanto Strong como Wan dejaron que el sistema verificara sus huellas dactilares y sus retinas oculares, y tras pasar el trámite las puertas metálicas se abrieron con un chasquido, permitiéndoles el acceso al laboratorio.

Allí, en aquella enorme sala dividida en varios compartimentos, andaban correteando de aquí para allá varios hombres vestidos con mascarillas y batas blancas. Uno de ellos se acercó para saludarles y les acompañó hasta el cubículo estrecho y escasamente iluminado donde se hallaba el objeto de la visita, una figura oscura y deforme que yacía sobre una cama. Ya le habían retirado todos los tubos y aparatos que hasta hacía poco habían servido para mantenerle estable, y el paciente parecía dormir apaciblemente, sólo algunas cicatrices indicaban que había sido operado. En pocos días el cadáver que era se había transformado en un cuerpo sano, mostrando las asombrosas capacidades regenerativas de la Energía Oscura y del poder que encerraba el Ojo de los Dioses.

–        Vaya, que interesante –dijo Strong, acercándose hasta el paciente y examinándolo con detenimiento.

Entonces el paciente abrió los ojos, unas órbitas rojizas de pupilas oscuras, y cerró su mano derecha sobre el cuello de Strong en una presa atenazadora. El director de TecnoCorp, sorprendido, intentó zafarse de la tenaza estranguladora, mientras el doctor Wan corría en busca de ayuda. El paciente se levantó de la cama, sin soltar a Strong, y acercó su horrible rostro al de éste, sonriendo con una mueca de odio feroz. Pero Strong no perdió los nervios, y alzó la palma de su mano derecha hacia el paciente, activando un dispositivo que permitió lanzar un chorro de gas sobre la cara de su adversario, el cual retrocedió hacia atrás con un rugido de dolor mientras soltaba su presa. Viendo que aquel ser iba a tratar de escapar, Strong se anticipó arrojándose sobre él para intentar inmovilizarlo mediante sus conocimientos de combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, a pesar de contar con su instrucción militar, su fuerza aumentada y su brazo biónico, Strong se dio cuenta de que le era muy difícil mantenerle a raya. El paciente demostró tener una fuerza muy superior, y pronto comenzó a zafarse de las maniobras de Strong, mientras profería gruñidos de furia. Entonces, justo cuando iba a utilizar una de sus garras para degollar a su contrincante, el paciente quedó inmóvil de repente, exhalando un suspiro y cerrando suavemente los ojos, cayendo con todo su peso sobre Strong. Por su espalda asomaba una jeringa de grandes dimensiones con el émbolo pulsado hasta el fondo y el cilindro vacío.

–        Justo a tiempo –dijo la vocecilla del imperturbable doctor Wan, quien retiraba sin contemplaciones la jeringa del paciente.

–        Por los pelos, ¿eh? –Strong sonrió divertido, como si aquello hubiese sido un simple entrenamiento en lugar de haber estado a punto de morir-. Gracias, doctor. La verdad es que debo felicitarle, el paciente se ha recuperado completamente. Pero a partir de ahora manténgalo inmovilizado. Inicien cuanto antes la implantación del M.D.R., para garantizar que cumplirá con nuestras instrucciones.

Mientras el doctor Wan se ocupaba de cumplir con las órdenes de su jefe, Strong se volvió para salir del laboratorio, encontrándose de repente con Evelyn Chang. Su mirada ceñuda le lanzaba un claro mensaje: <<Ya te lo advertí>>.

(CONTINUARÁ…)

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