LA GUERRA SECRETA (2ª PARTE)

Publicado: 24 marzo, 2012 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

En su despacho del Ayuntamiento, sentado en su sillón acolchado y hecho a medida, se encontraba el Alcalde de Hollow City, James Mallory, el cual ojeaba las portadas de varios periódicos, entre ellos el American Chronicles. Por la expresión de bulldog enrabietado que se dibujaba en su rostro, lo que leía no era para nada de su agrado.

–        ¡Elliot, mira esto! –rugió con su atronadora voz el Alcalde, dirigiéndose hacia su asesor, el siempre paciente Elliot Grant –No dicen más que mentiras. ¡Los voy a demandar a todos!

–        Cálmese, señor Mallory –Grant le sirvió un vaso de whyski escocés, de la marca Mushwille, regalo de un senador que debía varios favores al Alcalde –No debe hacer demasiado caso de lo que digan los medios, al final todo pasará. Sólo toca aguantar el temporal.

–        No se, no se. Según lo que dice ese inútil del Comisario Howard, el FBI está investigando el asunto de Bussler Green. ¡Que el diablo se lleve al bastardo de Powell! Al parecer el muy idiota dejó pruebas que podrían implicarme en el acuerdo que teníamos. Yo le daba a OmniBrick el contrato para construir el aeropuerto y a cambio me llevaba algo de calderilla, nada importante, y poder colocar en el proyecto a algunos amigos a los que les debo un favor y a sus familiares. ¡Joder, si todo el mundo hace lo mismo y no pasa nada!

–        Tranquilo, Alcalde, todo son rumores y cotilleos, ya verá como no podrán probar nada. Además, todo apunta a que el señor Powell se suicidó, lo que de cara al gran público solo hace suponer una cosa: era culpable –Grant sonrió triunfalmente, apaciguando el ánimo de Mallory.

–        Sí, Elliot, tal vez tengas razón. Powell ya se llevó lo que se merecía, el tío encima jugaba a dos bandas porque alguien le pagó para retrasar mi aeropuerto. El problema es que el apestoso de Flint Harryson va detrás de mi culo desde hace tiempo, y la prensa dice que está preparando algo junto al Fiscal. Debemos averiguar si saben algo o no. Tal vez debamos contratar de nuevo a nuestro amigo, el que se ocupó de Powell, ese del nombre raro. ¿Cómo era, Max Fate…? –Mallory se echó otro trago de whisky al gaznate, intentando recordar el nombre.

–        WaxFace –dijo Grant -¿Pero está seguro? Ya sabe lo caro que es.

–        Elliot, muchacho. ¿Sabes lo que diría el viejo cabrón de mi padre si no estuviese criando malvas? Diría algo así como “la necesidad fija el precio de las cosas”. Y estarás de acuerdo en que esto es absolutamente necesario.

En ese momento irrumpió en el despacho el bello cuerpo de Samantha Abbot, la rubia secretaria de Mallory, con el rostro sudoroso y la respiración agitada. El Alcalde suspiró de enfado, pues Samantha nunca llamaba a la puerta antes de entrar, lo que exasperaba a Mallory a más no poder. Pero al ver el suave balanceo de los pechos de la mujer, que se movían al compás de su respiración, al orondo alcalde pronto se le pasó el enfado.

–        A ver, Sam, que pasa ahora. ¿Ha habido otro de esos misteriosos apagones generales? –dijo Mallory, refiriéndose a los cortes de luz que a veces se producían en toda Hollow City, y que últimamente eran más frecuentes.

–        Señor Mallory, acaba de llamar el señor Strong. Algo ha ocurrido en el solar de Bussler Green.

–        ¿Y que es, si puede saberse? –Mallory empezaba a darse cuenta de que no iban a ser buenas noticias.

–        Pues verá…esto… -la dulce secretaria vaciló un poco antes de continuar –Al parecer el Centro de Control de Plagas ha puesto en cuarentena todo Bussler Green. Dicen que hay grandes posibilidades de que haya un virus.

Mientras por la boca de Mallory surgían las peores maldiciones que uno podía escuchar, blasfemias que avergonzarían incluso al mismísimo Papa de Roma, Elliot Grant salió discretamente de la habitación. Conociendo al Alcalde, ni un desfile de Misses en ropa interior podrían calmarle el ánimo, era mejor desaparecer de escena un rato. Buscaría una línea segura para llamar al hombre necesario para desempeñar el trabajo de espiar a Harryson y al Fiscal. El misterioso hombre de las mil caras, WaxFace, al que también llamaban…Cara de Cera.

 *****

 El día amaneció soleado y casi sin nubes, un hermoso cielo que anunciaba la llegada de la tan ansiada primavera. Como le hubiese gustado al amable historiador Edmund Graves, el protagonista de aquella reunión de personas en el cementerio general de Hollow City. La ceremonia del sepelio, orquestada por el Padre García, había sido sencilla pero digna, un funeral solemne y que hacía honra a la memoria del desdichado antropólogo. El prestigioso profesor Graves había sido encontrado muerto en el interior de su tienda, mientras acampaba al pie de una montaña de una remota zona de Sudamérica. Según la versión oficial, unos bandidos habían asaltado al profesor en busca de objetos de valor, matándolo en el enfrentamiento. Ahora, la comunidad de científicos, los mismos que en el pasado le tacharan de loco y viejo decrépito, habían acudido a expresar sus condolencias a la familia. También se hallaban algunas personalidades de la ciudad, como el Comisario Howard, directivos de la Universidad de Hollow City e incluso miembros de la prensa.

Una vez finalizaron las palabras del Padre García, la muchedumbre se dispersó de vuelta a su vida cotidiana. Poco a poco fueron dejando sola a la hija del difunto, la hermosa joven Alice Graves, que aún no podía creer que su padre la hubiese abandonado. La joven comenzó a llorar, primero mediante un llanto contenido y más tarde a lágrima tendida, triste y abatida. Fue entonces cuando alguien a su espalda se le acercó y le ofreció un pañuelo.

–        Gracias, señor Stone –dijo Alice, recogiendo el pañuelo que le tendía el investigador privado.

Jack Stone, el detective de Long Street especializado en asuntos relacionados con el ocultismo y lo paranormal, intentó consolar a la hija del profesor. Mientras permanecía de pie, a su lado, Stone recordó cuando el año pasado Alice contrató sus servicios para encontrar a su padre, que había desaparecido en Hollow City sin dejar rastro. El caso del Ojo de los Dioses, un asunto misterioso que aún seguía teniendo en vilo al detective. En aquella ocasión, Stone tuvo que aunar esfuerzos con su amigo Nick Rose, un cazador de criaturas malignas, y con el justiciero de Hollow City denominado Espectro. Entre los tres descubrieron el paradero del profesor Graves, del anticuario y mentor de Rose, John Reeves, y del periodista del American Chronicles, Vic Page. Los tres habían sido capturados por un grupo desconocido denominado Los Oscuros, dotados de una increíble tecnología, que según el profesor Graves descendía de una extinta y remota cultura que existió unos cinco mil años atrás, el pueblo de los Valaki.

–        ¿Por qué no me hizo caso? –lloriqueó Alice -¿Por qué no lo dejó pasar? Después de lo del secuestro, aún tuvo que irse a un lugar perdido para encontrar más información sobre los Valaki.

–        Ya sabe como era su padre, señorita Graves. Inteligente, brillante, aventurero,…y muy terco. Al publicar su libro donde aparecían los Valaki, atrajo sobre sí la atención de gente indeseable, y por ello lo secuestraron. Sin embargo, aunque cualquiera en su situación hubiese preferido alejarse de todo aquel asunto, su espíritu inquieto y su insaciable sed de conocimientos le llevó a Sudamérica. Murió como vivió, dejando como legado no solo su obra, sino una gran lección: seguir con los ideales de cada uno, dejando atrás el miedo, intentar llegar siempre hasta el final.

Alice dejó de llorar, fascinada por las palabras de Stone, y le abrazó. La verdad es que casi le veía más como un amigo que no como un investigador privado. Cuando Alice le había telefoneado para avisarle del fallecimiento de su padre, Jack Stone había acudido ofreciéndole todo su apoyo, ayudándola tanto en las cuestiones del repatriamiento del cuerpo como en lo referente al funeral y al testamento. Alice también había advertido, a pesar del dolor, la forma en que Stone comenzaba a mirarla. Y a ella le había gustado dicha forma.

–        Gracias por todo, Jack –susurró débilmente al oído de éste. Era la primera vez que lo llamaba por su nombre de pila.

Stone iba a contestar, cuando advirtió que no estaban solos. Había alguien más aparte de la pareja, una mujer vestida de negro, pelo corto y oscuro, de ojos rasgados y dotada de una belleza fría como la del mármol. La mujer oriental se acercó a ellos, sonriendo maliciosamente mientras se divertía por romper el momento íntimo del abrazo.

–        Señor Stone, cuanto tiempo –dijo la mujer, como si fuesen grandes amigos, lo cual era falso completamente –Me alegro de verle.

–        Señorita Graves, le presento a la Subdirectora de TecnoCorp, Evelyn Chang –Stone casi escupió las palabras, pues ya sabía que TecnoCorp estaba detrás de varios asuntos turbios, como el caso Bubba Hots.

–        El señor Strong no ha podido venir, pero quiere expresarle sus más sinceras condolencias por el fallecimiento de su padre, señorita Graves. Era un gran investigador, y el mundo le va a echar de menos.

–        Gracias, señorita Chang. No sabía que TecnoCorp conocía el trabajo de mi padre –comentó extrañada Alice.

–        Oh, verá, es que nosotros abarcamos un gran abanico de campos de conocimientos. Aunque destacamos en los avances de tecnología y seguridad, también estamos interesados en ciencias como la historia y la antropología. “Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro” –citó la mujer oriental.

–        Confucio –contestó acertadamente Stone.

–        ¡Vaya, veo que sabe hacer más cosas que disparar a los malhechores! –Chang guiñó un ojo con picardía.

–        Vaya al grano, señorita Chang, y diga de una vez que es lo que quiere –dijo Stone con tono cansado.

–        De acuerdo, seré franca con ustedes. Señorita Graves, creo que su padre encontró cierta información valiosa en su viaje a Sudamérica, y por eso lo mataron –soltó Chang, sin moderación alguna.

–        Pero, ¿qué clase de información? –preguntó Alice.

–        No lo sé, pero fuese lo que fuese seguro que tendría que ver con la cultura Valaki. Mientras su padre estuvo fuera, de viaje, ¿no le mencionó nada al respecto? –la subdirectora de TecnoCorp lanzó una mirada indagadora sobre Alice.

–        No, nada, antes de partir discutimos porque no quería que se fuese a vivir más aventuras, le dije que era demasiado mayor y que tenía que sentar la cabeza. Luego intentó ponerse en contacto conmigo, pero no quise devolverle las llamadas. Y mire lo que ha pasado… -Alice comenzó a llorar otra vez, lo que enfureció a Stone.

–        ¡Déjelo ya, Chang! ¿No ve que acaba de enterrar a su padre? Ya le ha dicho que no sabe nada.

El detective cogió suavemente del brazo a Alice y tiró de ella para llevársela hacia su coche, con la intención de alejarla de allí. Pero al maniobrar rápidamente, su brazo rozó sin querer el cuerpo de Evelyn Chang, y al instante su mente sufrió un colapso de imágenes vertiginosas, una sucesión rápida de instantáneas sin sentido que lo aturdieron, haciéndole tambalearse. Chang enarbolando una espada oriental, Jason Strong medio desnudo a su lado, Chang de nuevo pero completamente furiosa por algo, y muchas otras visiones más.

–        ¿Jack, estás bien? –dijo preocupada Alice.

–        Señor Stone, creo que ha bebido más de la cuenta –dijo sarcásticamente Chang, sin dar muestras de que a ella le hubiera pasado algo similar a la experiencia de Stone –Señorita Graves, tenga cuidado con la compañía que elige. Encantada de conocerla, estaremos en contacto.

Mientras Chang se alejaba hacia una limusina con la insignia plateada de TecnoCorp, Stone se recuperaba del mareo causado por el torbellino mental de las imágenes. No era la primera vez que le sucedía. Desde que tiempo atrás había combatido contra el monstruo mutante que fue Bubba Hots, en la siniestra casa de Mamá Nazinga, la reina Vudú de la Cloaca, Stone no había sido el mismo. De forma repentina e involuntaria, y completamente al azar, cuando tocaba a un objeto o persona sufría esa extraña invasión de imágenes en su cabeza. Solo duraba un par de segundos, y aunque la experiencia lo agotaba y confundía, no era dolorosa más allá de una simple punzada en la sien. Por lo que había podido averiguar, las imágenes siempre eran fragmentos de la historia pasada del objeto/persona tocado, aunque costaba mucho desentrañar alguna información útil de dichas escenas. Respecto a la causa de su “poder”, no había una explicación lógica, solo la suposición de que había sido afectado por la combinación de varios factores paranormales: el medallón mágico de Mamá Nazinga, el ambiente esotérico cargado de energía psíquica residual, y las heridas sufridas a causa del ataque del mutante. Sin embargo, aunque era consciente de su nuevo don, no tenia ni idea de cómo usarlo ni de cómo controlarlo, así que por el momento lo mantenía en secreto. Ni siquiera Alice lo sabía, y de momento era mejor así. Stone se preguntó que pasaría si TecnoCorp se enterase de que un detective psíquico andaba suelto por ahí, tal vez quisieran tenerlo en nómina. O tal vez quisieran meterlo en una celda de cristal, metiéndole agujas por todo el cuerpo en una tortura agónica sin fin, mientras sus científicos tomaban nota de los resultados.

Mientras conducía su coche para llevar a Alice a su casa, Jack Stone no paró de mirar ni un momento el espejo retrovisor. Sólo por si acaso.

 *****

 Mientras fumaba un cigarrillo, Flint Harryson contempló a través de la ventana del despacho del fiscal como la noche se abatía de forma imparable sobre Lenox Place, la inmensa plaza rodeada de edificios de vanguardia donde se encontraban ubicados los Juzgados de Hollow City. A su espalda se encontraba el fiscal Lionel Chandler, que sostenía un vaso de plástico con café solo que su asistente le acababa de traer.

–        Y bien, Chandler, ¿que pasa con lo de OmniBrick y Mallory? –preguntó el líder de la oposición al barbudo fiscal -¿Otra vez se va a salvar el Alcalde, como siempre hace?

–        No me gusta como suena eso, Flint –contestó Chandler, encargado de la fiscalía de Hollow City desde hacía cinco años –Nos conocemos desde hace mucho tiempo, y deberías saber que a mi solo me importan las pruebas, sin tener en cuenta si el implicado es el conserje del edificio o el propio Alcalde. Me da igual, si las pruebas apuntan a que hay caso, sigo la pista hasta el final. Pero aún falta que mis chicos averigüen si existe prevaricación en la adjudicación del contrato a Powell por parte de Omnibrick. Por si te sirve de algo, también se está investigando las cuentas de Mallory para ver si se llevó una parte de las comisiones en el trato.

–        Perdona, Lionel, pero es que me pongo nervioso al pensar en que este alcalde corrupto que tiene Hollow City se va a salir con la suya –Harryson se sentó en un sillón cercano, mirando de frente al fiscal –Tiene de su parte a la mayoría de los medios de comunicación, a la policía y a TecnoCorp, pocos son los que le hacen frente.

–        Mira, Flint, si Mallory es culpable, al final caerá, como todos. Solo es cuestión de paciencia, hay que esperar a que cometa un fallo y entonces –aquí Chandler chasqueó los dedos –se acabó. La Justicia siempre gana, no lo olvides.

–        ¿Y que pasa ahora en Bussler Green, es cierto que hay un virus?

–        Al menos eso es lo que dicen desde Control de Plagas y el FBI, han precintado toda la zona, así que de momento Hollow City se queda sin aeropuerto.

–        Pues me alegro, espero que el Alcalde tenga pesadillas por ello –dijo Harryson, el cual llevaba pregonando todas las fechorías de Mallory desde hacía mucho tiempo, pero sin ningún resultado positivo hasta el momento.

En ese momento entró el asistente del fiscal, un joven rubio y de tez sonrosada que respondía al nombre de Teddy. Con una amplia sonrisa en su cara, el joven Teddy saludó a ambos, y se acercó a la mesa de Chandler para recoger los vasos de café y los restos de la tarta de manzana que habían servido para alimentar al fiscal.

–        ¿Necesita algo más, señor Chandler? –preguntó amablemente Teddy.

–        No, gracias muchacho, puedes irte ya a casa. Ya me encargo yo de todo –contestó el fiscal.

Teddy se marchó del despacho, internándose en los largos pasillos que unían las diferentes dependencias de jueces, abogados y demás personal del Departamento de Justicia de Hollow City. Como ya era tarde, la mayoría del personal ya se había marchado a sus hogares, quedando solo los pocos que hacían horas extra. Cuando llegó a la altura de la primera mesa vacía que encontró, Teddy depositó sobre ella la basura que había recogido, sin demostrar remordimiento alguno. Luego utilizó el ascensor para bajar hasta el sótano del edificio, mientras se palpaba el interior del bolsillo de sus pantalones para comprobar que el micrófono estaba allí. Había sido pan comido, entrar y salir. Poner un micrófono escondido en la mesa de Chandler, escuchar la conversación entre el fiscal y el líder de la oposición, recoger el micrófono y escapar de allí, y todo sin violencia. Era un genio, el mejor de todos los criminales.

Tras saludar a los guardias de seguridad que custodiaban el acceso al parking, Teddy cogió su coche y se marchó, silbando una canción de los Red Demons. Condujo despacio y tranquilo, hasta un almacén abandonado cerca del rio Hutton. Se bajó del coche y abrió el maletero, sacando de su interior el cuerpo de un joven que estaba atado y amordazado, además de encontrarse en ropa interior. Cuando los efectos del cloroformo se le pasaran, el joven asistente del fiscal no sabría nada de nada. Riéndose de su astucia, el hombre que se había hecho pasar por Teddy miró su reflejo en uno de los espejos retrovisores del coche, mientras se enjuagaba la cara con la ayuda de un botellín de agua que había sacado de la guantera. Llevó sus manos hasta su rostro, y comenzó a aplicar una serie de suaves presiones, como si fuese un escultor de arcilla, moldeando y deformando la piel y la carne. Tras unos minutos modelando su faz, el hombre se volvió a contemplar en el espejo, sonriendo satisfecho por el cambio. Ya no era el rostro de Teddy quien le devolvía la mirada, sino su auténtica cara de tez brillante y amarillenta…la del genio del crimen llamado WaxFace, Cara de Cera.

 *****

 Sobre el tejado de uno de los edificios cercanos a Bussler Green, una oscura silueta contemplaba vigilante la actividad del lugar. A pesar de las altas horas de la noche, los agentes del C.C.P. (Centro de Control de Plagas) continuaban trabajando, a juzgar por los hombres vestidos con trajes aislantes de color blanco que entraban y salían por la zona precintada. De vez en cuando algún vehículo entraba y salía de Bussler Green, pero siempre ante la atenta mirada de los agentes del FBI que custodiaban el lugar. Parecía casi imposible poder entrar en la zona sin ser descubierto, aunque el vigilante oculto sonrió: nada era imposible para Espectro.

El justiciero enmascarado saltó de lo alto del edificio, planeando con su capa hasta llegar al suelo, equilibrando su cuerpo para un aterrizaje perfecto. Amparado en la oscuridad, Espectro aprovechó la llegada de uno de los vehículos del C.C.P. para acercarse hasta el borde de uno de los muros de plástico blanco que habían levantado para proteger el lugar de las miradas de los curiosos. Mientras los vigilantes del recinto estaban ocupados comprobando el vehículo, el justiciero se concentró para invocar la Energía Oscura latente en el fragmento Valaki incrustado en el interior de su pecho. Canalizando el poder sobre todo su cuerpo, Espectro se volvió intangible, atravesando el muro para adentrarse en Bussler Green.

Una vez al otro lado, Espectro volvió a recuperar su forma corpórea, puesto que cada vez que hacía uso de su poder su cuerpo se agotaba rápidamente, minando sus reservas de energía. Oculto entre las sombras, el justiciero observó como el terreno donde debía construirse el famoso aeropuerto de Hollow City estaba invadido por numerosos habitáculos prefabricados, muchos de ellos conectados entre así mediante grandes tubos de color blanco, lo que le confería el aspecto de un gran laberinto. Por el interior de los tubos podía vislumbrarse unas sombras difusas, producto de la circulación frenética de personas que discurría en su interior.

Sorteando con agilidad los tubos de plástico y los habitáculos, Espectro se encaminó sigilosamente hacia un gran edificio prefabricado de construcción modular, pintado de blanco con las siglas del C.C.P. en lo alto de la entrada principal. Una vez estuvo cerca, vio que estaba fuertemente vigilado, por lo que tuvo que permanecer escondido observando como una puerta metálica se abría para dejar pasar al vehículo en su interior. Justo cuando la puerta volvía a cerrarse, Espectro aún tuvo de tiempo de contemplar como un grupo de personas sin ningún tipo de traje protector estaba esperando para dar la bienvenida al vehículo, junto a una pequeña carretilla de carga. Así que era verdad lo que sospechaba, allí no había ningún virus, aquello era todo un montaje para que los vehículos entraran y salieran de allí sin despertar sospechas. ¿Cuál sería su carga, que sería lo que ocultaban? Seguro que debían ser drogas o algo por el estilo…

Y entonces el justiciero vio como una figura vestida de negro estaba situada sobre uno de los habitáculos cercanos, acechando también entre las sombras al igual que él. Espectro rodeó la telaraña de tubos blancos para intentar sorprender por detrás al misterioso intruso, pero éste pareció darse cuenta de su maniobra porque de repente desapareció de la vista. Imaginando lo que iba a hacer, el vengador enmascarado se concentró nuevamente para usar la Energía Oscura, de una forma novedosa que últimamente había estado practicando.

El intruso, vestido de negro de pies a cabeza excepto la abertura en la capucha para poder usar la vista, se había quedado sorprendido al ver al justiciero. A pesar de que llevaba un nuevo traje desde la última vez que lo había visto, sabía que era él, el vigilante de las calles de Hollow City, Espectro. Desenfundando su ninjato, la espada de hoja recta que usaban los ninjas, el intruso se movió con gran destreza hasta llegar justo donde se hallaba la figura inmóvil y agazapada de Espectro, que al parecer no se había percatado de su presencia. Perfecto, ahora le sorprendería, realizaría un ataque preciso para dejarle inconsciente y le llevaría hasta su jefe, el cual quedaría muy complacido por ello. Sintiéndose muy seguro de si mismo, el intruso se acercó por detrás del justiciero sin realizar ni el más mínimo ruido, gracias a la técnica del ninjutsu conocida como Shinobi-iri (movimiento silencioso). El ninja descargó un golpe a la cabeza de Espectro destinado a dejarle fuera de combate…pero el ataque lo atravesó sin más, como si solo fuese una sombra etérea que se desvaneció instantáneamente al tomar contacto. Sorprendido y desequilibrado por no hallar el objetivo esperado, el ninja quedó con la guardia baja, lo cual fue aprovechado por el verdadero Espectro. El justiciero, que gracias a sus extraordinarias facultades había logrado crear una imagen de sí mismo hecha de oscuridad, salió de su escondite con gran rapidez y utilizó un poderoso golpe de su katana para desarmar a su oponente. El intruso, sin embargo, no se dio por vencido y quiso ofrecer resistencia, lanzándose al combate cuerpo a cuerpo a pesar de quedarse sin su arma. Lanzando una serie de golpes y patadas sobre Espectro el intruso demostró poseer un gran entrenamiento en las artes marciales, casi comparable a la habilidad que el propio justiciero poseía. Sin embargo Espectro contaba no solo con su arma, sino también con las capacidades adquiridas gracias a su difunto maestro, el gran Koshiro Katshume. Con un movimiento rápido y circular, el justiciero rodeó al ninja quedando a su espalda, a la vez que colocaba el filo de su espada junto a su cuello.

–        Eres bueno, pero yo soy mejor –dijo Espectro con su voz distorsionada por el minúsculo aparato electrónico oculto bajo su capa-. ¿Quién eres, y que estás haciendo aquí?

El ninja no contestó, intentando zafarse de la presa del justiciero, pero este lo retuvo aún con más fuerza. Al ver que no iba a colaborar, Espectro le quitó la capucha de la cabeza con un tirón, para ver su rostro. Y entonces contempló con estupor que el ninja era Evelyn Chang, la subdirectora de TecnoCorp.

–        ¿Qué diablos haces aquí? –preguntó Espectro a la mujer ninja.

–        Lo mismo que tú, según parece –contestó Chang.

–        ¿Es que todo esto no es cosa de tu jefe?

–        Idiota, si así fuese ¿crees que me pondría este traje negro para deambular por la noche, vigilando? TecnoCorp no se ha tragado ese rollo del virus, así que vine a investigar. ¿Y tú que haces aquí, no deberías estar degollando con tu espada a la baja estofa de Hollow City? ¿O es que se te han acabado ya los criminales? –ironizó la mujer.

–        Escúchame bien, víbora, el día en que tú, Strong, Mallory y el resto de corruptos de esta ciudad estéis encerrados en una prisión estatal, entonces será cuando ya no queden más criminales –el justiciero habló amenazadoramente a Chang –Estoy aquí porque habían rumores sobre disparos y altercados en esta zona. Retrasos en la construcción, manifestaciones, disparos, virus,… parece que a alguien no le interesa que se construya el aeropuerto. Y tú sabes algo, ¿verdad?

En ese momento sonaron a través de varios altavoces el claro sonido de una alarma, a la vez que se escuchaba el movimiento de gente que se dispersaba por la zona. Espectro supuso que alguna de las cámaras de seguridad del recinto les había captado, y había llegado el momento de largarse a toda prisa de allí.

–        Volveremos a vernos, señorita Chang. Dele recuerdos a su jefe.

Tras decir esto, Espectro soltó a la mujer y huyó rápidamente del lugar, fundiéndose entre las sombras de la noche. Por su parte, Evelyn Chang, al ver que se aproximaban varios hombres, recogió su capucha y su espada. Luego lanzó una pequeña bengala de magnesio que explotó en el suelo con un cegador resplandor acompañado de una densa humareda. Cuando el humo desapareció, también lo había hecho la mujer ninja, sin dejar rastro alguno de su presencia y dejando atónitos a los guardias.

(CONTINUARÁ…)

Anuncios

Los comentarios están cerrados.