LA MUERTE DE UNA ESTRELLA (Parte 4 y final)

Publicado: 6 agosto, 2011 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

El comedor social para indigentes del barrio de Sawmill Street se encontraba completamente abarrotado. El frío de la noche había atraído a todos los vagabundos y transeúntes de la zona, y a algún que otro individuo que se había colado por ahí para poder cenar gratis. Desde que el Padre García había inaugurado el comedor días atrás, aquella noche sin duda alguna demostraba que la información había corrido como la pólvora entre la sociedad indigente, demostrando la necesidad de aquella obra social.

Tanto el Padre García como sus voluntarios iban locos cocinando, sirviendo, limpiando y organizando a los indigentes para que no se peleasen por los platos de comida. Aunque en el comedor no se servían bebidas alcohólicas, muchos de aquellos vagabundos o bien ya venían bebidos o bien escondían bebidas bajo sus raídas vestimentas. Y eso hacía que fuesen propensos a discusiones y peleas, cosa que el Padre García y sus voluntarios intentaban evitar a toda costa.

Uno de aquellos voluntarios era un joven de unos 17 años, de cabello castaño y con un pequeño pendiente plateado en la oreja derecha, con un tatuaje en su brazo derecho que indicaba que había pertenecido a una de las múltiples bandas callejeras de Hollow City. El joven ex pandillero había tenido un encuentro con lo sobrenatural en un oscuro callejón meses atrás, y desde entonces había dejado aquella mala vida de bandas y delincuencia juvenil. Ahora ayudaba a su madre en todo lo que podía, nunca faltaba a sus clases del instituto e incluso había hecho nuevos amigos, aunque eso sí, un poco friquis. Además, había conocido al Padre García en una charla en el instituto, y había visitado la Iglesia de Saint Patrick en Sawmill Street. Le había gustado mucho aquel ambiente tranquilo y religioso, y desde entonces dedicaba parte de su tiempo libre a ayudar al Padre García. Cuando el sacerdote le dijo que iba a abrir un comedor social para los marginados del barrio, gracias a una gran donación recibida de un misterioso donante anónimo, el joven había decidido ofrecerse como voluntario. Y allí estaba en aquella noche, pensando en lo que dirían de él sus antiguos amigos pandilleros si lo viesen rodeado de aquellos mendigos repartiendo comida.

El chico, obedeciendo las instrucciones del Padre García, se fue a limpiar un sucio rincón del amplio salón, observando con extrañeza que en una mesa sólo había un único comensal. El indigente era bajo y regordete, de rostro amplio cubierto de una barba raída de cabellos canosos. Su expresión era de un gran pesar, y no paraba de remover la sopa sin probar bocado, como si estuviese sumido profundamente en graves pensamientos.

–        ¿Qué pasa, amigo, no le gusta la comida? –dijo el joven voluntario.

–        ¿Qué? ¡Ah, no!, todo está bien, gracias –contestó el mendigo.

–        ¿Seguro? Parece preocupado –insistió el chico.

–        Es que he perdido recientemente a un amigo, era casi como un hermano para mí. Y ahora ya no está –al mendigo se le pusieron los ojos llorosos al recordar a su amigo.

–        Tranquilo, hombre, ahora está entre amigos, coma algo y descanse. Desde luego aquí estará mucho mejor que afuera.

–        No lo sabes tú bien, chico –contestó el mendigo.

Acto seguido el mendigo cogió con gran fuerza el brazo del chico, arrastrándolo hacia sí tan cerca que el joven podía oler su pútrido aliento, además de observar de cerca una placa de identificación militar que el mendigo llevaba en su cuello. “Jeremies Kelly, Sargento, 13-02-1980”. El joven, sobresaltado, ni siquiera opuso resistencia, y el mendigo le habló con tono irritado.

–        Nadie tiene ni idea de lo que hay afuera, chico. La noche está llena de peligros, los demonios campan a sus anchas libremente y nadie les puede parar.

–        ¿Demonios? –dijo el chico, y su mente empezó a rememorar aquella noche en la que una misteriosa mujer se transformó ante él en un horrible ser demoniaco, que le hubiese chupado toda su sangre de no ser por la aparición de un misterioso salvador armado con una potente escopeta recortada.

–        Sí, los demonios existen. Estaban en la guerra, y están aquí también. Uno de ellos mató a mi amigo Peter con solo mirarlo. ¡Mierda, acabarán con todos nosotros si no hacemos algo! ¿Tú me crees, verdad muchacho? –dijo casi implorante Jeremies, que pasaba de la ira a la tristeza en poco tiempo, indicando que no se encontraba en plenas facultades mentales.

–        Claro que sí, amigo. ¿Qué pasó con su amigo Peter?

–        Estábamos en el puerto, descansando, cuando aquel demonio surgió de la oscuridad y se acercó a Peter. Entonces puso cara de pánico, y comenzó a tener convulsiones. En la guerra había visto cosas parecidas, causadas por las drogas o por las armas químicas. Pero nunca como aquello. En pocos segundos Peter estaba en el suelo, muerto, con una expresión de terror en su rostro que nunca podré olvidar. Yo pude huir de aquello corriendo a toda prisa, ya no podía hacer nada por él.

–        ¿Y que pasó con el demonio? –pregunto el joven.

–        Ni idea. Pero algo que si sé es que debe estar oculto en algún sitio. Y el mejor sitio para esconderse son las alcantarillas. Créeme muchacho, lo sé por experiencia.

–        Muy bien, amigo. Ahora descanse y reponga fuerzas. Voy a continuar con lo mío.

El joven dejó a Jeremies y se fue a buscar al Padre García, diciéndole que iba a tomarse un descanso de 10 minutos. Luego cogió su chaqueta y salió del comedor a la fría y oscura noche. Cuando se marchaba vio que un coche con la insignia de TecnoCorp paraba justo enfrente del comedor, pero no le dio importancia. El chico sabía lo que tenía que hacer. Si había un demonio suelto en Hollow City, debía contactar con aquel hombre que una vez le salvó. Alguien que se dedicaba a cazar y eliminar monstruos malignos, alguien que comprendía mejor aquella clase de asuntos que la policía o el FBI o TecnoCorp. Y para contactar con aquel hombre, que mejor que acudir a sus nuevos amigos, los friquis cazadores de misterios de La Guarida. El joven Billy Jones tembló ligeramente, y no solo de frío, al caminar por las solitarias calles de Hollow City pensando en que quizás hubiese sido mejor no haber cambiado de vida.

 ***

El monstruo que una vez había sido Bubba Hots caminaba entre las sombras de la Cloaca, el barrio negro marginal de Hollow City. Sólo y herido, el monstruo necesitaba un lugar donde refugiarse, por lo que decidió entrar en el sistema de alcantarillado de Hollow City. Allí, entre ratas y suciedad, inmerso en una oscuridad absoluta y maloliente, el monstruo podría descansar en paz y recuperarse de sus heridas. Todo el mundo le había traicionado, su familia, su compañero de equipo, todos. Y su amigo Ray King había muerto por su culpa. Su última esperanza, la vieja hechicera Mamá Nazinga, también había resultado un fracaso. Debía asumirlo de una vez, Bubba Hots, la estrella de los Hollow Riders, había muerto. Ahora sólo quedaba…eso, la cosa horrible, el demonio oscuro. El monstruo.

El monstruo se detuvo sobre una tapa de alcantarilla, y con su enorme fuerza la arrancó del suelo con facilidad. Luego se quedó mirando el oscuro boquete, pues entrar allí era darle la espalda al mundo conocido y adentrarse para siempre en las sombras. Tras un momento de duda, el monstruo decidió marchar hacia delante, a las profundidades de las alcantarillas, siendo engullido por la madre oscuridad que le acogía como su nuevo hijo.

 ***

 En la sala de comunicaciones de la torre de TecnoCorp reinaba una actividad frenética, casi caótica. Técnicos de comunicación, operadores de datos, expertos analistas y agentes de operaciones especiales coordinaban toda la información disponible en un intento de localizar de una vez por todas a Bubba Hots, o mejor dicho, al “monstruo”, como susurraban por lo bajo. Toda la operación era supervisada por el director, Jason Strong, que gracias a su influencia había podido obtener imágenes por satélite del objetivo. Precisamente, en el centro de la sala, en la gran mesa que conformaba la estación de mando, se encontraba Strong observando las imágenes de Bubba Hots caminando herido por los suburbios de la Cloaca. La información que habían obtenido los agentes de TecnoCorp de un mendigo había sido de gran ayuda para la operación. Y lo primero que le vino a la mente fue el pensamiento de que aquello ya no se parecía en nada al capitán del equipo de fútbol americano. La transformación provocada por el experimento del doctor Wan le había alterado su cuerpo, asemejándose más a un demonio sacado del universo de Dante.

–        ¡Señor, lo tenemos! –dijo uno de los jóvenes analistas de TecnoCorp-. El satélite ha localizado al objetivo en una calle de la Cloaca, apenas hace unos minutos. Tenemos las coordenadas de su posición.

–        Muy bien, chicos. Contactad con el equipo Delta de Evelyn Chang y dadle las coordenadas. Tienen luz verde para todo. Y cuando digo para todo, quiero decir que cacen de una vez a ese hijoputa, que usen todo el equipo militar que necesiten y no reparen en nada, ni siquiera en posibles daños colaterales. Lo prefiero muerto a que ande por ahí sin control. ¿Entendido?

–        ¡Sí, señor Strong! –contestó el joven agente, y enseguida fue a toda prisa a cumplir las órdenes del director.

Strong volvió a contemplar las imágenes del monstruo. Todo se había ido al garete, pero aún podía salvarse la situación. La única duda que le asaltaba era si aquella criatura sobrenatural sería capaz de resistir a sus hombres, ahora mejor preparados que antes y en guardia. En los terrenos de juego Bubba Hots había resultado imbatible, ahora Strong esperaba que en situación de combate resultase diferente. No quería ni imaginar en las posibles consecuencias del fracaso de toda aquella operación, tanto para TecnoCorp como para él.

 ***

 En las cercanías de una vieja cancha pública de baloncesto un joven vestido con un mono gris se bajaba de una vieja furgoneta. El joven, moreno y con el pelo casi rapado, observó el lugar. Normalmente, en aquellas horas de la madrugada, la vieja cancha era un lugar de reunión para camellos, prostitutas y delincuentes de la Cloaca, pero ahora no había nadie allí. Reinaba un silencio sepulcral en la solitaria zona, y además podía olerse en el ambiente algo raro…el olor a miedo y muerte. El joven examinó concienzudamente el lugar, hasta que halló unas gotas de un líquido negruzco en la base de una farola. Un poco más allá encontró otro rastro, unas marcas en la pared de un callejón hechas por algo afilado…como una garra. Luego un pequeño trozo de tela húmeda, justo antes de una tapa de alcantarilla rota. Allí acababa el rastro, como siempre, en la oscuridad. El joven volvió a su furgoneta, cogió unas cuantas cosas de su vieja bolsa de deportes y se preparó para adentrarse tras su objetivo. El chaval que había acudido a la Guarida, Billy Jones, no se había equivocado. Había un monstruo suelto en la zona, y Marianne enseguida había contactado con él. Era cierto que aquellos chicos estaban un poco “tarados”, pero la verdad es que su canal de información y comunicación era excelente. Y allí estaba él ahora, dispuesto a cazar a un nuevo ser sobrenatural, preparado para otro duelo contra el mal oscuro que acechaba en Hollow City. El joven sacó una jeringuilla y un frasco con un líquido de color azulado que contenía “el Suero”, un complejo coctel de compuestos químicos que expandían sus capacidades físicas y mejoraban sus sentidos. Tras inyectarse la sustancia, el joven supo que estaba totalmente preparado para la cacería. Antes de internarse en las alcantarillas echó un último vistazo a su furgoneta. En uno de sus laterales podía leerse “Nick Rose, exterminador de plagas”.

 ***

 –        ¡Equipo Delta, adelante! –dijo Evelyn Chang a través de su intercomunicador al resto de agentes de su equipo-. Ya sabéis lo que tenéis que hacer, si veis al objetivo disparad a matar.

El resto de agentes de TecnoCorp contestaron afirmativamente, mientras el equipo se adentraba en la red de túneles del subsuelo de la Cloaca. Todos los agentes vestían el moderno uniforme TC-1000, que constaba de visor infrarrojo, microcomputadora, sistema de comunicación, kevlar protector altamente resistente y otros componentes modernos. Habían sustituido los largos y pesados fusiles de asalto por los subfusiles P-100, más pequeños y manejables, cargados con munición especial perforante. Además, el equipo contaba con el innovador sistema de guía MPS, elaborado por TecnoCorp y aún en fase experimental, que consistía en una representación virtual del entorno alrededor del sujeto basada en los datos que recogía una microcámara. Los datos eran analizados en la microcomputadora del agente y el resultado era una imagen 3D en una pequeña pantalla situada en su brazo izquierdo. El MPS resultaba muy útil en lugares poco conocidos y con grandes posibilidades de desorientación, como en aquellas oscuras alcantarillas.

Tras varios minutos recorriendo aquel oscuro lugar, Evelyn Chang y sus hombres llegaron al final de un túnel ciego, que terminaba en una pared que según el mapa no debería hallarse ahí. Al examinar la pared, Chang descubrió que su antigüedad era inferior al resto del sistema de alcantarillado: una pared reciente, aunque imposible saber cuánto.

–        ¿Volvemos, jefa? –inquirió uno de los agentes.

–        Ni lo sueñes. Colocad un explosivo y derribad ese pequeño muro.

El agente colocó una pequeña cantidad de C-4, y a continuación lo hizo detonar. El muro se hizo pedazos con un sonoro estruendo, y tras apartar los escombros el equipo se encontró con un túnel que bajaba hacia las profundidades. El aire parecía más pestilente aún que antes, y el ambiente era más frío y oscuro. Pero era la única forma de seguir adelante, así que Evelyn Chang ordenó que siguieran avanzando. Debían llevar a cabo su misión hasta el final, y tras la decepción sufrida en casa de Bubba Hots, Chang no iba a fracasar una segunda vez. Ahora cazaría a aquel horrible ser, costase lo que costase.

 ***

 El monstruo caminaba a través de los túneles mientras las ratas se apartaban a su paso. No sabía cuanto tiempo llevaba allí, pero su instinto le aconsejaba continuar pues cuanto más avanzase más seguro estaría. Ya no se encontraba tan cansado como antes, y tras alimentarse de un buen puñado de asquerosas ratas de alcantarilla había recuperado sus fuerzas. Además, la herida de su hombro ya casi estaba totalmente sanada, evidenciando la gran capacidad regenerativa de su nueva estructura genética. El monstruo actuaba ahora guiado más por su instinto que por su inteligencia, como un animal, y los recuerdos de su vida pasada, su familia y sus amigos poco a poco iban desapareciendo de su mente, como hojas secas llevadas por un viento otoñal.

De repente, el monstruo se detuvo. Sus sentidos desarrollados percibieron algo en el ambiente. Usando su visión nocturna, el monstruo observó que algo había cambiado en la estructura de los túneles, pero no sabía muy bien el que. Los cambios en su cuerpo y en su mente ya no le permitían saber que no se encontraba en la red ordinaria de alcantarillas de la ciudad. Ahora se encontraba en un nivel inferior del subsuelo de Hollow City, donde nadie había pasado por allí desde hacía siglos. Pero el instinto del monstruo si le alertó sobre algo. No había ratas. De hecho, no había ningún ruido, sólo silencio. Y entonces el monstruo supo que allí, en la oscuridad más absoluta, donde ni hombres ni animales se atrevían a entrar, no estaba solo. Alguien más estaba allí cerca, oculto, y no era humano.

 ***

 Los miembros del equipo Delta de TecnoCorp no podían creer lo que veían. Ante ellos se hallaba una enorme caverna, húmeda y oscura, repleta de cavidades que podían ser una red de túneles naturales. Por las paredes de roca caliza se filtraba parte del agua del río Hutton, formándose pequeños arroyos en varios rincones de la cueva. Aquello era un tesoro para los espeólogos y científicos, pues seguramente era territorio inexplorado.

Evelyn Chang dio órdenes a su equipo para que comenzaran a descender por la roca, pues era el único camino a seguir. A pesar de no ir equipados apropiadamente para la situación, pues aquel hallazgo había sido totalmente inesperado, el equipo Delta comenzó a trepar con cuidado de no resbalar por la húmeda roca.

–        Sin novedad, todo bien –dijo el primer agente que llegó al suelo rocoso.

Sin embargo, súbitamente algo apareció en la pantalla de su MPS. Algo rápido y veloz. Entonces se oyó un grito de dolor proveniente del agente, y cuando sus compañeros llegaron abajo y enfocaron sus linternas solo hallaron su arma y un gran charco de sangre. Los agentes llamaron a gritos a su compañero, pero no obtuvieron respuesta alguna.

–        ¡Desplegaos, encontrad a Smithy! –ordenó Evelyn Chang.

De repente una sombra surgió de la oscuridad, acompañada de un extraño murmullo, avanzando hacia uno de los agentes. Éste no se lo pensó dos veces y abrió fuego con su P-100, hasta vaciar el cargador.

–        Williams, deja de disparar –dijo Chang, y luego ordenó al resto que iluminasen la zona con sus linternas.

Entonces todos vieron el cuerpo acribillado de Smithy, que sangraba por innumerables orificios. El agente muerto también presentaba una desagradable herida en el cuello, como si unas garras afiladas le hubiesen intentado decapitar. Evelyn Chang sabía que el objetivo de su búsqueda estaba allí, y debía evitar que el pánico se extendiese entre sus hombres, pero no pudo llegar a dar ninguna orden. Una extraña fuerza surgida de la oscuridad le golpeó con violencia en el pecho, lanzándola hacia atrás contra la pared de roca. Mientras Chang se sumía en la inconsciencia, aún pudo ver como sus hombres comenzaban a disparar en todas direcciones, aterrados ante un enemigo del cual desconocían todo su potencial.

 ***

 El cazador de monstruos Nick Rose se detuvo un instante, agudizando el oído. Parecía que los túneles le traían un sonido…como disparos. Si, al volverlo a escuchar otra vez ya no tuvo la menor duda, eran disparos. Rose comenzó a correr lo más rápidamente posible, guiándose en la oscuridad con su linterna, aplastando las sucias ratas bajo el peso de sus botas. Entonces Rose oyó un chapoteo en el agua, delante de él. No se trataba de ninguna rata, era alguien que también corría delante suyo, no muy lejos. Pero lo que llamó la atención de Rose fue que el desconocido había activado su sentido especial, su “don” de percibir lo sobrenatural. Su presa estaba allí, cerca, y no escaparía de él. Rose apretó el paso, consciente de que cada segundo apremiaba, dando las gracias por haberse inyectado el Suero que le permitiría perseguir a su objetivo. Luego pensó contra que clase de monstruo iba a enfrentarse, aunque daba igual, pues según lo que decía su antiguo mentor John Reeves, “al final toda criatura sobrenatural es como cualquier otro ser, si existe significa que también puede morir”.

 ***

 Evelyn Chang abrió los ojos, completamente dolorida a causa del ataque. Todo a su alrededor resplandecía con una suave luz de color azulada, que provenía de una serie de pequeños tubos esparcidos por el suelo de la caverna. Sus hombres habían tenido el temple suficiente para arrojar los tubos que formaban parte de su equipo, para intentar visualizar mejor al objetivo. Sin embargo, a juzgar por lo que Evelyn estaba contemplando, no había servido para nada. Los cuerpos de todo el equipo Delta de TecnoCorp yacían sin vida, destrozados y bañados en sangre, como si fuesen corderos en un matadero. Y su asesino estaba allí, de pie, contemplando con satisfacción la matanza, y luego se giró mara mirar directamente a la subdirectora de TecnoCorp. Y entonces Evelyn Chang supo que se había equivocado.

La figura oscura, alta y delgada, de piel blanquecina y ojos rojos demoníacos, no era desde luego el Bubba Hots transformado que perseguía. Aquel era otro ser infernal, uno al que ya se había enfrentado anteriormente. Era la criatura a la que muchos llamaban…el Fantasma. Y éste la había reconocido.

Chang recordó en aquel instante su anterior duelo, cuando el Fantasma había atentado contra TecnoCorp en un intento de acabar con Jason Strong y el Alcalde Mallory. Sólo la intervención del ex policía Paul O’Sullivan la había salvado de una muerte segura. Aunque el Fantasma parecía que había muerto, su cuerpo había desaparecido misteriosamente del depósito. Luego los trabajadores del servicio de limpieza municipal, los viajeros del metro y hasta los repelentes vagabundos de Hollow City habían asegurado que un ser fantasmal vagaba por los subterráneos de la ciudad. La última noticia sobre el Fantasma había sido su combate contra el justiciero Espectro en el Museo de Arte de Hollow City, donde una misteriosa explosión había arrasado la zona. Pero una vez más parecía que aquel ser oscuro se negaba a morir.

Mientras el Fantasma avanzaba hacia Chang, la mujer apeló a toda su fuerza de voluntad, invocando su poderosa energía Chi para ignorar el dolor y ponerse en pie.

–        ¿A qué esperas, monstruo? –dijo Chang, dispuesta para el combate aunque sabía que no tenía opciones.

–        Esta vez nadie te ayudará, zorra –contestó el Fantasma, con su característica voz cavernosa.

El Fantasma perdió unos segundos enseñando sus garras afiladas, cubiertas con la sangre fresca de los agentes de TecnoCorp, en un intento de atemorizar a la mujer. Y acto seguido atacó. Chang rodó por el suelo cavernoso, esquivando el ataque y poniéndose en pie con gran agilidad, revolviéndose contra el fantasma con una mawashi geri (patada con giro), alcanzándolo en todo el rostro. El Fantasma retrocedió con el impacto, y Chang notó que no parecía tan poderoso como en su último encuentro. De echo, parecía más pálido y delgado, y tal vez el combate contra el equipo Delta lo había debilitado. Si así era, entonces Chang tenía alguna esperanza de vencer.

El Fantasma se abalanzó contra la mujer, pero Chang lo volvió a esquivar, aunque esta vez sus garras afiladas rozaron su cuello, realizándole un ligero corte sangrante en su cuello. Chang usó una serie de golpes rápidos de Dakentai Jutsu, movimientos especiales de Ninjitsu destinados a dañar a un enemigo cercano sin posibilidad de esquivar los golpes. El Fantasma fue retrocediendo ante aquella lluvia de golpes precisos, que no lo dejaban actuar, hasta que su cuerpo chocó contra la superficie rocosa de la cueva.

–        ¡Muere, monstruo! –gritó la mujer ninja, dispuesta a realizar un golpe final de ninjitsu, canalizando su chi en su puño.

Sin embargo, el Fantasma actuó con rapidez, atrapando con ambos brazos la muñeca derecha de Chang, bloqueando el golpe. Luego arrojó a la mujer lejos, hacia un conjunto de puntiagudas estalactitas de la caverna, con la intención de dejar a su enemiga ensartada en sus puntas. Pero su contrincante era una ninja experta, y balanceando su cuerpo evitó la mayoría de las piedras afiladas, aunque una de ellas consiguió herirla en la pierna. A pesar de ello, Chang quedó en pie, y mirando furiosamente hacia su enemigo lanzó una serie de shurikens de punta afilada que llevaba escondidos en su cinturón. Pero ninguno alcanzó su objetivo, ya que el Fantasma usó el poder de la poca energía oscura que le quedaba para volverse inmaterial, por lo que los proyectiles le atravesaron y se incrustaron en la roca.

–        Mujer, eres buena, pero no tanto como yo –dijo el Fantasma-. Tú solo eres una miserable humana, mientras que yo soy una criatura del Otro Lado. Tú has sido adiestrada para luchar, pero yo he nacido para matar. Tu Chi no es rival para el Poder Oscuro que corre por mis venas.

Al decir esto, los ojos del Fantasma se volvieron negros como la noche, y de ellos surgió un poderoso haz de Energía Oscura. Chang intentó evitar el impacto, pero parte de la energía la hirió en el costado derecho, dejándola sin aliento y gravemente herida. Ahora ni su energía Chi podía salvarla, estaba acabada. El Fantasma caminó lentamente hasta ella, dispuesto a terminar con un combate que ya había durado demasiado. Pero entonces algo alertó su sentido, una presencia…sobrenatural. El Fantasma se volvió y miró hacia arriba, hacia una de las entradas a los túneles superiores de la cueva. Allí podía contemplar una figura tan horrible como él, aunque más grande y fuerte. Podía percibir que aquel ser estaba conectado a la Energía Oscura de alguna manera, como él mismo.

–        ¿Quién eres? –preguntó el Fantasma a aquel desconocido.

El monstruo, cubierto de una repulsiva piel escamosa, no contestó, observando al Fantasma y a la mujer tendida en el suelo, rodeados por los cadáveres de los agentes de TecnoCorp. Luego dio un potente salto, aterrizando de pie en el suelo de la cueva sin sufrir daño alguno por la caída. Ahora se encontraba a escasos metros del Fantasma, intentando adivinar si aquel demonio era amigo o enemigo.

 ***

 Nick Rose apagó la linterna y avanzó por el estrecho túnel, por el que se veía al fondo una débil luz azulada. Cuando llegó al final, vio que terminaba en una enorme cueva, donde dos terribles figuras demoniacas permanecían en pie, como dos animales a punto de saltar uno contra el otro. Lo que le faltaba, esperaba cazar a un solo ser sobrenatural y resultaba que había dos. Sería más difícil de lo esperado. Solo la mera visión de aquellos seres disparaba el sentido de lo sobrenatural del cazador de monstruos, y tuvo que refrenarse para no disparar sobre ellos en aquel mismo instante. Rose no quería sucumbir a la ira, no cometería los mismos errores que su maestro John Reeves. Primero examinaría la zona y esperaría su oportunidad, para después acabar con aquellos monstruos. Rose examinó su arma, comprobando que estaba cargada con la munición especial que utilizaba contra los seres sobrenaturales, y luego se santiguó.

Desde el borde del túnel, que se encontraba en la parte superior de la caverna, Rose observó que el suelo de la cueva se hallaba cubierto de agentes con el uniforme de TecnoCorp, y ninguno de ellos parecía con vida. Pero entonces un gemido atrajo tanto su atención como la de los monstruos, pues uno de los agentes aún no estaba muerto. Cual fue su sorpresa cuando la luz de uno de aquellos tubos azules iluminó el rostro del agente, revelando que se trataba de Evelyn Chang, la mano derecha de Jason Strong. Rose recordó que ya la había tratado anteriormente, en el caso del Ojo de los Dioses Valaki, y el resultado había sido que tanto él como sus compañeros habían terminado con la sensación de que aquella mujer se la había jugado. Rose, Espectro y Jack Stone habían encontrado a los desaparecidos profesor Graves, John Reeves y Vic Page, pero el Ojo de los Dioses permanecía en poder de TecnoCorp, y esos tipos no eran de fiar. Pero a pesar de todo Chang no era su enemiga (o por lo menos no lo era de momento), y se encontraba en una situación desagradable.

–        ¿Qué te pasa, no me entiendes, criatura? –dijo el Fantasma al otro monstruo.

–        Mujerrr, malaaa –dijo ferozmente el monstruo, mientras miraba a Evelyn Chang.

Aunque el monstruo era más animal que persona, aún retenía parte de los recuerdos de Bubba Hots, y su mente aún rememoraba que aquella mujer era su enemiga.

–        ¡Ja, ja! –rio el Fantasma-. Chica, parece que no eres muy popular por aquí. Creo que dejaré que este ser acabe contigo en lugar de ensuciarme yo las manos.

Chang no respondió, herida y aturdida en el suelo, incapaz de hacer otra cosa que gemir de dolor y balbucear incoherencias. El monstruo escamoso se acercó a ella, la cogió por el cuello con su brazo izquierdo levantándola con facilidad, y con su garra derecha le hizo un corte profundo en el vientre, manchando su uniforme de sangre.

A Rose se le hizo un nudo en la garganta, pues sabía que debía de hacer algo ya, no había tiempo para planes. Desenfundando su escopeta recortada y pegando su espalda contra la pared resbaladiza de la cueva, se deslizó hacia abajo rápidamente, amortiguando la caída rodando por el suelo en el momento del impacto. Tanto el Fantasma como el monstruo advirtieron al instante la presencia del cazador.

–        Encárgate de la mujer, yo mataré a este intruso –dijo el Fantasma al monstruo.

El Fantasma se dirigió hacia Rose, pero enseguida se dio cuenta de su error, pues cuando el cazador había terminado de rodar por el suelo había quedado hincado de rodillas…con su arma apuntando justo adelante. Rose apretó el gatillo, y un potente estruendo resonó en la caverna. El Fantasma no pudo evitar el ataque, y el impacto le alcanzó en el centro del pecho, abriéndole un gran agujero sanguinolento. Su cuerpo cayó sobre uno de los pequeños arroyos de agua que había en la cueva, tintando el agua con su negra sangre.

El monstruo de las escamas dejó en el suelo a Evelyn Chang, concentrando toda su atención en Nick Rose. Agarró con sus poderosos brazos una pesada roca y la lanzó con todas sus fuerzas contra el joven cazador, con la esperanza de aplastarlo. Pero Rose poseía unos reflejos potenciados gracias al Suero, y rodando por el suelo esquivó por los pelos la enorme piedra. Luego disparó desde el suelo contra su adversario, pero el monstruo ya se había abalanzado contra él y le sujetó el brazo, por lo que el arma desvió el disparo sin alcanzar a su objetivo. Ambos contendientes rodaron por el suelo, enfrentando la fuerza del Suero de uno contra el vigor de la mutación del otro. Durante el forcejeo Rose perdió el arma, por lo que aún se resistió con más fuerza. Al final el monstruo apresó a Rose, sujetando su cuello para asfixiarlo. Rose comenzó a enrojecer por la falta de oxígeno, intentando liberarse de la presa inútilmente. El monstruo lo tenía bien cogido y era imposible escapar, había perdido.

Pero entonces, cuando Rose comenzaba a perder la consciencia por la asfixia, advirtió algo en el hombro del monstruo. Era una pequeña herida, como un leve corte, pero que aún no había cicatrizado del todo. Y entonces recordó las palabras de John Reeves, el hombre que le había enseñado todo: a luchar, a sobrevivir, a no rendirse. “Si un monstruo sangra, puede ser herido. Si puede ser herido, puede morir. Y si puede morir, para eso estamos nosotros, para mandarle de vuelta al puto infierno de una patada al culo”. Entonces Rose estiró su brazo derecho, cogiendo con gran esfuerzo su cuchillo de acero bañado en plata, y lo clavó con toda la fuerza que pudo en la herida del monstruo.

El rugido de dolor que emitió la criatura fue ensordecedor, escuchándose por toda la caverna y transmitiéndose mucho más allá por todos los túneles. Rose aprovechó la situación para al fin poder liberarse de la presa de su enemigo, jadeando mientras intentaba recuperar el aliento. El monstruo se arrancó del hombro el cuchillo de plata, arrojándolo lejos, y luego miró a Rose con sus ojos encendidos de pura furia demoniaca. Entonces Rose sintió como un dolor golpeaba su pecho, y cayó al suelo de rodillas. El monstruo usaba su ataque de miedo contra él, provocándole una especie de infarto cardiaco. Mientras el monstruo se quedaba allí de pie, mirando fijamente a Rose, éste comenzó a convulsionarse, notando como su corazón le enviaba olas de dolor que recogía su cerebro. Pero entonces Rose comenzó a utilizar la técnica oriental del kokyu, caracterizada por limpiar el espíritu de las tensiones y emociones perjudiciales mediante la respiración. Era una técnica secreta de limpieza espiritual que aprendían los cazadores de monstruos para eliminar el miedo antes de combatir contra determinados seres demoníacos que podían volver loco a cualquier hombre que contemplase su rostro.

El monstruo quedó sorprendido al ver que Rose se ponía en pie, inmune a su ataque, gracias a la técnica que le había enseñado Reeves hacía años. En ese momento, antes de que el monstruo pudiese reaccionar, Rose sacó de su bolsillo un objeto que previamente había traído de su bolsa de armas. Era una especie de piña metálica, de color oscuro, un objeto obtenido en su lucha contra los seres oscuros. Rose lanzó el siniestro objeto a los pies del monstruo, y luego se lanzó al suelo detrás de una serie de grandes estalagmitas para protegerse.

–        ¿Uhhhh? –dijo el monstruo, observando con extrañeza el objeto.

Entonces la piña metálica se abrió, soltando una lluvia de pequeños y mortíferos dardos fabricados de darkanium, el metal de los soldados oscuros contra los que Rose y sus compañeros habían luchado. La letal lluvia cubrió un ángulo de 360 grados, impactando en todas direcciones. Cuando Rose asomó la cabeza tras su cobertura de piedra, vio que el monstruo yacía inerte en el suelo, su piel escamosa agujereada por más de una docena de aquellos dardos fatales.

El cazador de monstruos fue a buscar su cuchillo y su recortada, y tras recargar la escopeta se encaró contra el monstruo, apuntando su arma a la cabeza. Entonces algo le detuvo, una especie de tatuaje que asomaba en su antebrazo, apenas visible pues se confundía con la oscura piel escamosa. Rose encendió su linterna y observó los símbolos, asombrado. Una estrella, las letras HR, y el número 7. Era imposible, pero no había confusión alguna. Rose lo había visto por la televisión, enseñado con orgullo por un hombre que había conseguido la gloria hacía poco.

–        Si, es él –dijo Evelyn Chang a su espalda, inmóvil pero consciente.

–        No puede ser, no me lo creo –dijo Rose-. ¿Este monstruo horrible es Bubba Hots? ¡Por eso lo perseguíais, queríais lavar vuestros trapos sucios! Vosotros sois los que lo habéis hecho así, ¿verdad?

–        Si, y ahora tu nos has hecho un favor, limpiando la mierda –dijo despectivamente Chang al cazador.

–        Debería dejarte aquí con estos dos monstruos, tu y tu jefe no sois mejores que ellos.

–        Vamos, dispárale de una vez y vayámonos de aquí –apremió Chang a Rose.

Rose volvió a apuntar al monstruo, pero tras dudar unos segundos decidió enfundar su arma. Aquel ser no era una criatura sobrenatural venida del inframundo, solo era un ser humano como él mismo, un hombre transformado horriblemente a causa de la maldad de otros hombres. Su maestro John Reeves no dudaría en disparar a aquel ser, independientemente de su origen. Pero él no era John Reeves, sino Nick Rose. Sin embargo, a pesar de sus escrúpulos, sabía que debía hacer algo. Entonces Rose se fijó en los cadáveres de los agentes de TecnoCorp, y comenzó a registrarlos. Al encontrar lo que buscaba se sintió satisfecho; eran las cargas de explosivo plástico que llevaban. Aunque Rose no era militar, ya antes había tenido que manejar explosivos, puesto que eran muy útiles para preparar trampas contra los seres de las tinieblas. Tras colocarlos por toda la cueva en determinadas localizaciones estratégicas, Rose se dirigió hacia donde estaba Evelyn Chang.

–        Vamos, bruja, te llevaré a la superficie –dijo Rose, y levantando a la mujer herida comenzó a trepar hacia uno de los túneles que salían de la cueva.

Cuando el cazador y la ninja llegaron a la entrada del túnel, un extraño ruido les alertó. Ambos pudieron contemplar como bajo ellos el Fantasma se había puesto en pie, con el agujero en su pecho cerrándose gracias a sus últimas reservas de Energía Oscura.

–        Cuando estés en el infierno, dale recuerdos a todos los que envié antes que a ti –dijo Rose, y acto seguido disparó con su escopeta hacia una de las cargas explosivas.

Mientras Rose y Chang escapaban por el túnel, fueron acompañados por el sonido de las detonaciones de las cargas explosivas, que causaron el derrumbe de la cueva. Lo último que vio el Fantasma fue como un gran peñasco de roca caliza se desplomaba del techo sobre él, mientras una lluvia de fuego y piedra caía a su alrededor por todas partes. Avanzando hacia la salida, Nick Rose pensó que aquel había sido un triste final para una leyenda del deporte como Bubba Hots, transformado en un ser bestial para acabar enterrado en una tumba de escombros en las profundidades de Hollow City. Sólo esperaba no terminar sus días como él, o como cualquiera de los monstruos a los que había abatido, sólo y repudiado por todos. Sólo el destino lo sabía.

 

 

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