LA MUERTE DE UNA ESTRELLA (Parte 2)

Publicado: 15 julio, 2011 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

En el número 57 de Lower Street, en pleno centro del lujoso barrio de Atherthon, por fin reinaba la calma. Desde el día de ayer no paraba de desfilar por delante de la gran mansión un río interminable de gente, atraídos por el famoso suceso que había tenido lugar a escasos metros de allí. Desde el tiroteo a Bubba Hots, el vecino más famoso del barrio, todo eran periodistas, policías y curiosos, a la espera de saber más sobre el trágico suceso. Pero una vez se supo que estaba en el hospital, la mayoría se había trasladado allí, y delante de la casa de Hots ya solo permanecía un pequeño grupo. Incluso la policía se había marchado del lugar, tras asegurarse de que la familia del capitán de los Hollow Riders estaba bien.

Sin embargo, en las inmediaciones de la casa de Hots había alguien más, una siniestra figura ataviada con un largo abrigo gris, que esperaba escondido tras unos arbustos a que se hiciese de noche. Aprovechando la oscuridad y que la gente que rondaba la gran casa estaba apostada en la parte principal, la figura avanzó rápida y sigilosamente hacia el muro de la parte posterior. Una vez allí el hombre dio un poderoso salto, salvando el infranqueable muro, aterrizando en el césped del jardín. El hombre se movió alrededor de la enorme piscina, en dirección a la puerta trasera del edificio principal, pero un leve sollozo infantil le hizo detenerse antes de terminar su recorrido.

El lamento venía de un niño pequeño, moreno tanto de piel como de cabello, que estaba sentado solo y triste en un columpio metálico. El pequeño, de unos siete años, se balanceaba lentamente al son de sus propios gemidos, con una expresión de tristeza en su rostro infantil que delataba su gran pesar. Cuando el intruso avanzó hacia él, el niño alzó la vista, y de repente abrió sus ojos marrones de par en par, incapaz de creer lo que veía.

–        ¿Papá, eres tú? –dijo el niño, sorprendido.

–        Si, Kevin, soy papá –contestó Bubba Hots, intentando mantenerse alejado de las luces que iluminaban el jardín.

–        ¡Papá, has vuelto! –gritó entusiasmado Kevin, saltando alegremente del columpio para abrazar a su padre.

–        Espera, Kevin, quédate quieto, no te acerques –indicó Hots a su hijo.

Pero el niño no le hizo caso, alegre como estaba ante la súbita aparición de su padre. Al acercarse lo suficiente, Kevin se detuvo ante lo que estaba viendo. Era su padre, sí, pero parte de su rostro, sus ojos, incluso su mano derecha… eran diferentes. La mirada de horror que dirigió el niño a su padre era algo que Bubba Hots jamás podría olvidar.

–        ¡No, no puede ser! –dijo el niño volviendo a sollozar-. ¡Tú no eres papá! Eres un monstruo.

Mientras pronunciaba esas duras palabras, Kevin retrocedió hacia la puerta, llamando a su madre a gritos. Hots intentó calmar a su hijo, diciéndole que en verdad si era su padre, que simplemente era un accidente y todo volvería a ser normal, pero incluso su propia voz le sonaba distinta, cavernosa, un sonido que daba miedo al escucharlo.

En esos momentos se abrió la puerta y apareció una mujer joven, de piel morena, atraída por los gritos de Kevin. Al ver al hombre que había en el jardín se asustó, contrayendo las bellas facciones de su hermoso rostro.

–        Tranquila Leila, soy yo, Bubba –dijo Hots a su mujer, intentando pronunciar las palabras en un tono suave, algo que le era imposible.

–        ¿Bubba? ¿De verdad eres tú? –Leila contempló atónita a aquel hombre, intentando discernir algún rasgo de su marido en él, mientras abrazaba protectoramente a su hijo.

–        Leila, Kevin, soy yo. No sé que me ha pasado, pero esta mañana me he despertado en un helicóptero, querían hacerme daño, luego he intentado venir hasta aquí pero me ha sido muy difícil –al decir esto Bubba Hots se miró la mano izquierda, convertida en algo similar a una garra peluda.

–        ¡Oh, Bubba! ¿Qué te ha pasado? Estábamos en el hospital cuando nos dijeron que te llevaban a TecnoCorp. Se suponía que estabas allí, sometido a un tratamiento especial, y que lo mejor que podíamos hacer era esperar aquí en casa.

–        ¡Mentirosos! Son todos un atajo de traidores embusteros. ¡Mira lo que me han hecho esos bastardos de TecnoCorp! –al decir esto, los ojos de Hots resplandecieron con rabia, y su rostro se afeó aún más.

Al ver a su marido con ese aspecto horrible y en actitud furiosa, Leila se asustó, y retrocedió junto al pequeño Kevin hasta la puerta.

–        Espera, Leila, tienes que ayudarme –imploró Hots a su esposa, pero era ya demasiado tarde.

–        Lo siento Bubba, yo… -Leila no pudo continuar, y estalló en lágrimas, bajando la cabeza mientras se daba la vuelta para entrar en casa.

Bubba Hots no podía creerlo, su propia familia le estaba dando la espalda. Era algo inaudito, no podía consentirlo. Temblando de furia, se dirigió hacia la puerta en pos de su mujer, pero un súbito escozor en el cuello le hizo detenerse. Al llevarse la mano al cuello notó que tenía algo adherido, y al quitárselo vio que se trataba de un pequeño dardo. Entonces la mente de Bubba Hots comenzó a nublarse, mientras el jugador de fútbol cayó de rodillas al suelo, desprovisto totalmente de fuerzas.

–        ¡Lo tenemos, es nuestro! –dijo una voz, mientras súbitamente aparecían varios hombres armados y que vestían el uniforme de TecnoCorp.

–        Lo ha hecho muy bien, señora Hots, ahora déjenos ayudar a su marido –Evelyn Chang apareció por la puerta, con una sonrisa de triunfo.

Sin saberlo Bubba Hots se había metido en la trampa, pues Evelyn Chang había supuesto con acierto que al primer lugar donde el jugador se dirigiría sería a su casa, a ver a su familia. Lo habían estado esperando allí, escondidos, hasta que uno de los francotiradores situado en el tejado le había podido disparar un dardo somnífero.

–        Inmovilizadlo y llevadlo al furgón –ordenó Chang a sus hombres.

–        ¿Qué le va a pasar a mi marido? –inquirió Leila Hots, preocupada.

–        Le llevaremos a TecnoCorp, allí le podrán curar y volverá a ser el de antes. Tranquila, seguro que se pondrá bien y muy pronto volverá con ustedes –contestó Chang.

Los esbirros de TecnoCorp colocaron a un Bubba Hots inconsciente en una camilla, y lo llevaron ante la puerta principal de la casa, donde les esperaba un furgón negro con el emblema grande y visible de la corporación. Evelyn Chang se despidió de Leila y del pequeño Kevin, y tras cerrar la puerta de casa se dirigió hacia el vehículo.

Pero entonces Bubba Hots abrió los ojos, enrojecidos por la ardiente rabia que le dominaba, y miró a su alrededor. Antes de que uno de los agentes pudiese gritar de advertencia, Hots clavó su mirada de odio sobre él. Al instante, el agente se llevó las manos al pecho, lanzando espumarajos de saliva mientras caía al suelo entre fuertes espasmos. Antes de que los demás agentes de TecnoCorp pudiesen impedirlo, Hots lanzó un bramido infernal y se liberó de las gruesas ligaduras de acero que le habían mantenido inmovilizado. Luego lanzó un golpe al agente más cercano, derribándolo al suelo con el cráneo sangrante. Mientras el resto de agentes comenzaban a desenfundar sus armas, Hots ya se abalanzaba sobre otro agente, trazando un arco con su mano derecha, convertida ahora en una afilada garra. El agente se llevó las manos a la yugular desgarrada, mientras caía al suelo ahogándose en su propia sangre.

–        ¡Disparadle! –ordenó Evelyn Chang, mientras los demás agentes apuntaban con sus armas a aquella bestia feroz.

El fragor de los disparos alteró la calma habitual de la noche, y una lluvia de proyectiles caía sobre la posición de Bubba Hots, sólo que él ya no estaba allí. Demostrando una agilidad tan inhumana como su fuerza, Hots se había movido muy rápidamente hacia el muro que rodeaba la casa. Los agentes de TecnoCorp continuaron disparando sobre él, pero con un gran salto llegó hasta la parte superior del muro.

–        ¡No escaparás esta vez! –dijo Evelyn Chang, mientras rápidamente aparecía en su mano una pequeña y puntiaguda estrella metálica. Entornando sus ojos negros y focalizando toda su atención en la distancia entre ella y Hots, lanzó el shuriken hacia el deportista.

Entonces ocurrió algo que Chang nunca había visto antes, pues a pesar de que había arrojado el arma potenciándola con su energía Chi, la estrella de acero rebotó en la piel escamosa que cubría parte del cuello de Bubba Hots, sin provocarle daño alguno. Éste dirigió una última mirada hacia la que había sido su casa, su hogar, y le pareció ver a su mujer y a su hijo asomados en una de las ventanas de la planta superior. Luego dio otro poderoso salto, internándose en la oscuridad, alejándose de su hogar y de su familia.

 ***

En la casa de Daniel Wilkins, el corredor más rápido de la liga de futbol americano, sonaba una música estruendosa a través de los enormes altavoces colocados en varios lugares de la vivienda. Por toda la manzana podían escucharse los ecos de las canciones de los Red Demons, el famoso grupo de rock de Hollow City que últimamente causaba furor entre los jóvenes. Aunque los vecinos del barrio tenían influencias y habían presentado varias denuncias ante las interminables fiestas nocturnas de Wilkins, éste siempre se las apañaba para salir airoso, y la noche siguiente la música parecía aún más alta y se prolongaba hasta el amanecer. Y esta noche no era una excepción.

La casa de Wilkins era un desastre, cada rincón de ella estaba atestado de gente que ni siquiera conocía al jugador de los Hollow Riders, y todos presentaban signos de estar borrachos o colocados, o ambas cosas a la vez.

–        Daniel, cariño, ven aquí, quiero presentarte a mis amigas –dijo Alice, una joven de acento sureño que era la última conquista amorosa del jugador.

–        Espera un poco nena, tengo que ir al baño un momento –contestó Wilkins.

El joven corredor, un mulato menudo y ágil de cabellos ondulados, subió tambaleándose a la planta de arriba, entrando en su habitación para ir directo al baño. Tardó un poco en abrir la puerta, puesto que su visión estaba borrosa a causa del alcohol que había estado tomando, y cuando al fin pudo entrar en el baño a punto estuvo de orinase encima. Cuando terminó salió otra vez a la habitación, pero esta vez se detuvo, pues había una figura de pie ante la puerta.

–        Hola, Daniel, soy yo, Bubba –dijo Bubba Hots a su compañero de equipo.

–        ¿Bubba? –dijo sorprendido Wilkins- ¿pero qué haces aquí, no estabas en el hospital?

–        Ya estoy bien, ya sabes que soy un tipo difícil de tumbar. Veo que te estás montando una fiesta de las tuyas, ¿eh?

Wilkins se quedó mirando a Hots, había algo raro en él. Su voz sonaba extraña, como cavernosa, y aquel abrigo gris que llevaba parecía raído y apestoso. Además, no podía verle bien, entre lo borracho que estaba y la poca iluminación que había en la estancia, pero algo no encajaba.

–        Daniel, necesito un favor. ¿Puedo quedarme un par de días en tu casa? Es que he discutido con Leila y he preferido irme de casa –mintió Hots.

–        Así que el gran Bubba Hots necesita la ayuda del pobre Daniel Wilkins –dijo con sarcasmo el joven jugador-. La gran estrella, el alabado capitán, el dios del fútbol, necesita algo del resto de los mortales.

–        ¿Qué te pasa, Daniel? Pareces enfadado…

–        ¡Joder, tío! ¿Quieres saber que me pasa? Pues te lo voy a decir –Wilkins comenzó a elevar el tono de voz, mostrando su enfado agudizado por el alcohol-. Pasa que te crees el mejor del equipo, quieres toda la gloria para ti. Solo oímos Bubba esto, Bubba lo otro. Pasas de nosotros, tío, de tus compañeros. Desde que sufriste la lesión y volviste has cambiado, te crees el mejor, el indestructible Bubba Hots.

–        Cálmate, Daniel, creo que has bebido demasiado –dijo Hots.

–        ¿Qué me calme? No soportas la verdad, ¿eh, Bubba?. Eres un mierda, nadie del equipo te soporta, no eres el mismo desde que te fuiste con esos blancos de TecnoCorp. Y todos sabemos que hiciste trampa, debiste tomar medicamentos que darían positivo en el control antidoping, una lesión así no se cura con aspirinas. Y si no te detectaron nada, es porque hay algo sucio. Estás acabado tío, te denunciaremos a la Federación de Deportes, verás como tu gran estrella se apaga.

Wilkins rió, burlándose de Bubba Hots, y se dirigió hacia él para escupirle en su propia cara. Pero al acercarse a su capitán vio su deformado rostro, ahora prácticamente irreconocible y monstruoso, y se quedó boquiabierto de espanto. Entonces Hots le agarró por el cuello, alzándolo fácilmente del suelo, y apretó con todas sus fuerzas, enrabietado por las despreciativas palabras que Daniel le había lanzado. Apretó sus dedos sin descanso sobre el que había considerado su amigo, y no dejó de apretar ni siquiera al oírse el crujido de huesos, nervios y tendones al quedar completamente aplastados.

 ***

 En el interior de su vieja y anticuada mansión recién adquirida, un hombre miraba las noticias de la televisión en una gran pantalla de alta definición. Cuando el presentador anunciaba las imágenes del funeral del multimillonario Eduard Kraine, el hombre no pudo evitar una ligera sonrisa. Las grandes celebridades de Hollow City habían acudido a realizar el último adiós al conocido playboy propietario de Industrias Kraine, desde el Alcalde Mallory hasta el Comisario Howard. El hombre apagó la pantalla, divertido por el recuerdo del funeral. Él mismo había acudido también, pues no había nada más gracioso que ir al entierro de uno mismo. Claro que allí sólo habían enterrado un ataúd vacío.

El que una vez fue Eduard Kraine se sirvió un vaso de whisky de malta escocés, y se acomodó en su sillón dispuesto a leer el último número del prestigioso periódico American Chronicles. Enseguida se le borró la sonrisa de la cara, pues las noticias de sucesos llenaban la portada. Bubba Hots tiroteado en estado crítico, extraños sucesos en la zona del puerto, Daniel Wilkins encontrado muerto en su casa… Típico de Hollow City. Tal vez era la hora de volver a las calles, pues desde los sucesos contra aquellos extraños hombres demoníacos no había vuelto a la acción. El hombre se levantó y se acercó a una de las ventanas, observando como la noche vencía la resistencia de los últimos rayos de luz diurna. Era la hora de la oscuridad, cuando surgían de sus guaridas las criaturas sobrenaturales. El hombre se llevó involuntariamente su mano derecha hacia el pecho, cerca del corazón, donde se hallaba incrustado un fragmento de energía oscura solidificada. Sentía una llamada que le invitaba a salir, una sensación que pugnaba en su interior por liberarse, y el hombre sabía que era esa sensación, pues le encantaba dejarse llevar por ella. Una vez más, era la hora de que Espectro recorriera otra vez las calles de Hollow City.

 ***

 En el Bar de Joe, un lugar frecuentado por los agentes de la policía de Hollow City, el ambiente era demasiado aburrido para Mike Sutton, más conocido como Mike el Arrugas por su feo rostro. Tras despedirse de sus colegas, Jack Piston y Bob “Cara de Perro”, también policías, Mike salió del local y se dirigió hacia su coche. Decidió conducir hacia el número 42 de Sawmill Street, donde tal vez estuviese “trabajando” Luna, su prostituta favorita. Mike llevaba en la guantera un poco de “nieve” recién incautada a un pobre estudiante, al cual le había asustado un poco esa mañana. Tras requisarle la droga y hacerle pagar por hacer la vista gorda, aquel chico se había largado a toda prisa. Y ahora Mike tenía todo lo necesario para acabar lo que iba a ser una noche agradable.

Al llegar a su destino, Mike aparcó su coche en un oscuro callejón, y decidió fumarse un pitillo mientras esperaba a la chica.

–        ¿Quieres fuego, Mike? –dijo una voz susurrante tras el policía.

Mike dejó caer el cigarrillo del susto, pues ni siquiera se había percatado de que había alguien sentado en la parte de atrás. Mientras se preguntaba quien podía ser, llevó su mano lentamente hacia la pistola enfundada.

–        Mejor no hagas eso, Mike, no sería bueno para tu salud –dijo la voz.

–        ¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres? –preguntó el policía, retirando la mano del arma pues desde luego no iba a hacerse el héroe.

–        Soy aquel que debe hacer vuestro trabajo, porque sólo sois un hatajo de polis corruptos e inútiles que no veis más allá de vuestras narices. Y sólo busco información acerca de lo que está pasando en las calles.

Al escuchar las palabras del desconocido, Mike supo entonces de quien debía tratarse. Era el justiciero llamado Espectro, aquel loco disfrazado que creía encontrarse por encima de la ley, y del cual existía una orden de busca y captura emitida por el propio Comisario Howard. Mike sabía que Espectro no era un tipo corriente, y comenzó a asustarse.

–        ¿Qué es lo que quieres saber? –dijo Mike con la voz ligeramente temblorosa.

–        Dime que sabes sobre Daniel Wilkins, y sobre los sucesos de la noche anterior.

–        Sólo sé que algo gordo se cuece, porque Jason Strong ha presionado al Alcalde Mallory, y éste al Comisario Howard, para que busquemos a un tipo loco que anda asustando a la gente por la noche –el policía hizo una pausa, dudando un poco, y luego continuó-. Hasta algunos decían que podías ser tú.

–        Si fuese yo ya lo hubieseis sabido –dijo en tono amenazador el justiciero-. ¿Qué más sabes?

–        Nada más –mintió Mike el Arrugas, esperando que Espectro lo dejase en paz.

El vengador enmascarado entrecerró los ojos, y concentró el Poder oscuro que residía en la piedra de su pecho hacia su dedo índice, volviéndolo inmaterial. Luego colocó la punta del dedo en el cuello del policía, volviéndolo semisólido en su interior, lo cual no fue nada agradable para Mike. El policía comenzó a chillar de dolor, mientras se debatía de un lado a otro en su asiento.

–        Vamos Mike, no me hagas perder el tiempo. Dame algo y el dolor desaparecerá –dijo Espectro.

–        ¡Basta, por favor! Solo sé que alguien dijo que un vecino de Wilkins había visto el deportivo BMW del jugador saliendo a toda prisa del garaje, y que han encontrado hace poco el automóvil en la frontera de la Cloaca. No sé nada más, lo juro.

Espectro retiró el dedo del cuello de Mike, y haciéndose intangible gracias a su poder salió del coche del policía. Su próxima parada sería el barrio negro de Hollow City, el gueto sucio y maloliente conocido como la Cloaca.

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