LA MUERTE DE UNA ESTRELLA (Parte 1)

Publicado: 9 julio, 2011 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

El doctor Morris miraba asombrado el resultado de los últimos análisis realizados a Bubba Hots. No podía ser, era imposible. Completamente asombrado, Morris no paraba de mover la cabeza, intentando asimilar lo que su mente académica se negaba a aceptar. Bubba Hots, la estrella de los Hollow Riders, había sido alcanzado por varios disparos realizados por un lunático armado con una pistola. El resultado: costilla izquierda perforada, pulmón destrozado, vértebras dañadas, … Y aún había más. Cualquiera habría muerto ya, pero Bubba Hots se resistía de forma extraordinaria.

El doctor Morris se levantó del sillón de su despacho, situado en el último piso del Hospital General de Hollow City, y se acercó a la ventana. La abrió y se asomó abajo, contemplando la multitud que se apelotonaba en la entrada principal del hospital. Todos querían y admiraban a Bubba Hots, era el ídolo de la ciudad, una de las pocas cosas buenas que aún quedaban en Hollow City. Nadie quería que muriese, y la gente había acudido en masa al hospital para saber su estado. Ayer estaba en un estado crítico, a punto de morir, y hoy su estado era…

De repente la puerta del despacho se abrió, sin que previamente nadie hubiese llamado a la puerta, y entró en la estancia una mujer joven, morena y de cabello corto, seguida por varios hombres uniformados y armados. El doctor Morris contempló la insignia que llevaban los uniformes, y sonrió despreciativamente a la mujer.

–        Me extrañaba que no hubiesen venido antes, sois como hienas que acuden al olor de la carroña.

–        Cállese, doctor Morris –dijo la mujer, con un ligero acento oriental-. Ya sabe a qué hemos venido, así que no lo haga más difícil. Su contrato de colaboración con nosotros les obliga, ¿o acaso desea que cancelemos nuestro apoyo monetario y tecnológico al hospital?

–        No son necesarias las amenazas, señorita Chang –el doctor Morris suspiró abatido y se sentó cansadamente en su sillón-. Coja lo que ha venido a buscar y váyase de mi hospital.

La subdirectora de TecnoCorp sonrió triunfante, y después se marchó del despacho, seguida por los agentes de seguridad de la corporación que la acompañaban.

 ***

 Bubba Hots abrió los ojos, un gran esfuerzo que le causó cierto dolor. Mientras su visión se iba aclarando, notó que su cuerpo se movía. Pero se encontraba tumbado, como en una camilla. Además, notaba que sus brazos y piernas se encontraban inmovilizadas por correas, manteniéndolo sujeto. Poco a poco la mente entumecida de Hots comenzó a aclararse, tomando consciencia de donde estaba y que era lo que ocurría a su alrededor.

Hots se dio cuenta de que estaba a bordo de un helicóptero, rodeado de varios agentes con el uniforme de TecnoCorp, la corporación que desde meses atrás había aparecido en Hollow City para mejorar las cosas. A Bubba pronto le presentaron al director, un tal Jason Strong, y enseguida le había caído muy bien. Era más que otro yuppie blanco que quería sacar tajada de la ciudad, no parecía el típico millonetis que había venido a aprovecharse de Hollow City. Había venido a ayudar a la gente, y no solo a los blancos, también a los negros que vivían en La Cloaca, el barrio donde los hombres de color de Hollow City intentaban sobrevivir día a día en un ambiente de pobreza y delincuencia. Cuando Bubba Hots sufrió una grave lesión en uno de los partidos de fútbol americano, TecnoCorp se había puesto a su disposición. Aunque todos los médicos le habían dicho que no había solución, en TecnoCorp si se la dieron, y tras someterse a un tratamiento experimental el capitán de los Hollow Riders se recuperó y volvió a los terrenos de juego.

Bubba Hots intentó soltarse, pero era inútil, se encontraba fuertemente sujeto por las correas. Sus movimientos si llamaron la atención de los soldados, los cuales intentaron tranquilizarle.

–        Cálmese, señor Hots –dijo una voz de mujer, proveniente del asiento contiguo al del piloto-. Le llevamos a TecnoCorp, ya sabe que allí es donde recibirá los mejores cuidados.

–        ¿Señorita Chang? –Bubba reconoció la voz femenina de la subdirectora de TecnoCorp-. ¿Por qué estoy atado? ¿Qué es lo que ha ocurrido?

–        No se preocupe, Hots. Un perturbado le disparó cuando salía de su casa, pero pronto estará bien. Ya hemos avisado a su mujer y su hijo, y les estarán  esperando en TecnoCorp. Todo irá bien.

Hots suspiró, intentando relajarse. Entonces comenzó a recordar el momento en que salía de su casa, cuando un hombre se acercó deprisa hacia él, armado con una pistola. Hots comenzó a temblar fuertemente, recordando el sonido del disparo, sintiendo otra vez el dolor del impacto sobre su cuerpo, reviviendo el momento en que caía desplomado al suelo, gravemente herido.

–        ¡No! –gritó Hots en voz alta, convulsionándose en su camilla-. ¡Quiero salir de aquí, dejadme salir!

Los agentes de TecnoCorp observaban con asombro como Hots era presa de una especie de ataque de histeria, gritando y convulsionándose sin parar. Sus ojos se inyectaron en sangre, otorgándole la mirada de un loco, y las venas de su cuerpo comenzaron a hincharse. De su frente caían chorros de sudor, mientras el futbolista se esforzaba al máximo tensando todos los músculos de su cuerpo, intentando liberarse de sus ataduras.

–        ¿Qué hacéis ahí parados, idiotas? –la voz de Evelyn Chang sacó de su estupor a los agentes, que no se esperaban aquella reacción por parte del famoso deportista-. Inyectadle una dosis de prozadine, y asegurad las correas.

Los agentes comenzaron a actuar, y mientras uno de ellos buscaba unas correas de refuerzo otro sacaba de un maletín una inyección y un frasco. El frasco contenía un potente sedante, el prozadine, una sustancia creada en los laboratorios de TecnoCorp por el misterioso doctor Wan.

–        Vamos, que ya estamos muy cerca –dijo Chang, mientras veía a través del cristal del helicóptero como se acercaban a la gran torre de TecnoCorp. Ahora mismo estaban sobrevolando el río Hutton, a la altura del puente Brooksburg, lo que significaba que estaban a punto de llegar al helipuerto de TecnoCorp.

El agente que había preparado la inyección con el sedante se acercó con cautela a Bubba Hots, mientras el jugador continuaba debatiéndose frenéticamente. Fue entonces cuando de repente Hots arrancó de golpe la correa que sujetaba su brazo derecho, asiendo con fuerza la muñeca del agente. Se oyó un crujido de huesos rotos, y el agente cayó al suelo del helicóptero gritando de dolor, mientras soltaba la inyección de prozadine.

–        ¡Soltadme, cabrones! –dijo enfurecido Bubba, al tiempo que tres agentes más se abalanzaban sobre él.

Entonces Bubba Hots lanzó un rugido similar al de una bestia, liberando también su brazo izquierdo y lanzando hacia atrás a los agentes con fuerza sobrehumana. Luego se liberó de las ataduras que aprisionaban sus piernas, y se levantó de la camilla con agilidad felina.

–        ¡Maldición, detenedlo! –ordenó Chang, al intuir las intenciones de Bubba Hots.

Fue entonces cuando el capitán de los Hollow Riders lanzó su pesado cuerpo de futbolista hacia delante, llevándose por delante tanto a los agentes de TecnoCorp como la puerta lateral de acero del helicóptero, arrancándola de cuajo.

Evelyn Chang suspiró enfadada, intentando pensar en como iba a explicarle a Jason Strong que había perdido a Bubba Hots en el fondo del Hutton, donde su cuerpo sería pasto de los peces, ya que era casi imposible que nadie hubiese sobrevivido al impacto desde esa altura y en las condiciones en que se encontraba Hots.

 ***

 Las sombras del atardecer envolvían los estrechos callejones de la zona del puerto de Hollow City. En una de las pequeñas plazoletas que abundaban por allí se encontraban Jeremies y Peter, dos mendigos transeúntes que se dedicaban a vagar de un sitio a otro, sobreviviendo gracias a la caridad. Jeremies había sido soldado, un veterano de la guerra del Golfo, que al regresar del frente había preferido licenciarse y volver a casa. Pero en su regreso se encontró a su mujer con otro hombre, por lo que prefirió abandonarlo todo y recorrer el mundo. Peter, por su parte, había sido un joven vendedor con ganas de triunfar y comerse el mundo, pero los negocios en los que se vio envuelto fueron un fracaso, y tras perderlo todo se quedó viviendo en la calle. Ahora la vida los había unido hacía un par de años, y ambos se habían hecho compañeros de viaje, acabando en los suburbios de Hollow City.

–        Peter, ¿te queda algo de vino de esta mañana? –dijo Jeremies a su amigo mientras se sentaba en un sucio rincón de la solitaria plazoleta.

–        Espera un momento… -contestó Peter, mientras sacaba una botella y le quitaba el tapón-. Lo siento, estamos secos.

–        Da igual, esta noche haremos una fogata y dormiremos aquí. Ya estoy harto de esta asquerosa ciudad, apenas hemos sacado unos pocos dólares. Hollow City es un nido de buitres tacaños.

Peter rió ante el comentario de su compañero, mientras sacaba de su petate un raído abrigo de color gris, que un par de días antes había encontrado en un montón de basura. Le venía algo grande, estaba roto y sucio, pero para él era suficiente. Justo cuando estaba a punto de ponérselo, una figura tambaleante apareció por el fondo del callejón, alguien que se dirigía hacia donde estaban ellos.

–        Vaya, por ahí se acerca alguien, esperemos que no sea un poli que quiera echarnos. Ahora que habíamos encontrado un buen sitio para…

Jeremies no pudo acabar la frase, puesto que la figura entró en la plaza y ambos mendigos pudieron verlo más claramente. Era un hombre negro de casi dos metros de altura, musculoso, que únicamente iba vestido con una bata blanca de hospital. El desconocido estaba completamente empapado, como si acabase de salir de una piscina. Pero lo que espantó totalmente a los dos mendigos fue el rostro del hombre, pues el lado derecho estaba completamente cubierto por unos pequeños bultitos supurantes, y su oreja derecha era escamosa y puntiaguda, como la de un animal.

–        ¡Oh Dios! –balbuceó asombrado Peter, paralizado de miedo.

Jeremies comenzó a levantarse para echar a correr, gritando a su compañero que lo imitase. Pero Peter permaneció quieto, inmovilizado por el terror que le inspiraba aquella visión. La enorme figura avanzó hacia Peter con el brazo extendido, y el mendigo de repente puso los ojos en blanco, cayendo al suelo. Peter comenzó a tener fuertes convulsiones, mientras abría su boca para jadear desesperadamente. Luego abrió los ojos completamente, con el rostro desencajado, y soltó un suave suspiro. Luego su cuerpo dejó de convulsionarse.

Jeremies gritó el nombre de su compañero, pero ya no podía hacer nada por él. Corrió a toda velocidad, intentando alejarse todo lo posible de aquel lugar, y de aquel enorme desconocido.

 ***

 En el despacho privado del director de TecnoCorp se celebraba en aquellos momentos una tensa reunión. Jason Strong, Evelyn Chang y el doctor Wan discutían sobre la situación que se había producido hacía ya algunas horas. Para Strong la pérdida de Bubba Hots era inaceptable, un fracaso que no podía pasar por alto.

–        Sólo tenía que traer a TecnoCorp a Hots, y asegurarse de que en el hospital no quedaba ninguna prueba. ¿Tan difícil era, señorita Chang? –Strong y Chang nunca se tuteaban delante de nadie, a pesar de que todos en TecnoCorp sospechaban que eran amantes.

–        Lo siento, señor Strong, pero usted no estaba allí. Hots pareció demostrar una fuerza sobrenatural, se volvió loco, casi parecía que estaba poseído. No pudimos hacer nada por evitar que escapase.

–        Ya lo veo, con todo lo que invertimos en Hots, y ahora estará pudriéndose en el fondo del río. ¡Qué desastre!

Strong dio un fuerte puñetazo en su mesa, olvidando la potencia de su brazo cibernético. La mesa de caoba emitió un sonoro crujido al partirse en dos, sobresaltando incluso a Evelyn Chang. Sin embargo el doctor Wan, un hombrecillo bajito y con un fino bigote, permanecía observándolo todo con un rostro impasible.

–        No se preocupe, señor Strong. Bubba Hots está vivo –dijo con firmeza el hombrecillo.

–        ¿Vivo? ¿Es eso posible? –pregunto esperanzadoramente Strong.

–        No diga tonterías, doctor Wan –dijo Chang-, eso es imposible. Cayó a gran altura al río, y si el impacto no lo mató quedaría herido gravemente e inconsciente. No me molestaría en buscarlo.

El doctor Wan no dijo nada, simplemente sacó de su maletín un gran fajo de papeles y se los dio a Strong. El director de TecnoCorp contempló aquellos documentos, los hojeó rápidamente y luego contempló al doctor Wan.

Strong recordó cuando había reclutado a aquel hombrecillo en una cárcel de China, acusado de cometer actos terribles. El doctor Wan había sido un prestigioso investigador y científico, especializado en química y farmacología. Bajo su mando se habían realizado terribles experimentos inhumanos, y cuando sus resultados cayeron en los oídos del gobierno chino lo habían encarcelado. Le habían llamado de todo, loco, salvaje, demonio, pero lo cierto es que cuando Strong vio su trabajo sabía que era el hombre que había estado buscando. Movió todos los contactos posibles y al final logró la libertad del doctor Wan, y desde entonces había trabajado fielmente para TecnoCorp, desarrollando varios programas con gran éxito. Aunque Wan era frío e impasible, un hombre parco en palabras y que nunca se alteraba por nada, sus pequeños ojos negros tenían algo que helaba la sangre y producía escalofríos, incluso a un tipo duro como Strong. Y si algo bueno tenía el doctor Wan era su eficacia, nunca fallaba.

–        ¿Es esto lo que creo que es? –dijo Jason Strong mirando fijamente a Wan.

El doctor Wan asintió con la cabeza, sin decir nada, y luego dirigió una fría mirada a Evelyn Chang, la cual reprimió su disgusto con el hombrecillo.

–        Señorita Chang, prepare un equipo especial con prioridad uno. Quiero a la policía en esto, pero que sólo sepan lo indispensable. Y que nuestros agentes de comunicación se ocupen de la prensa, hay que tapar todo esto de momento. Si es necesario hablen con el Alcalde Mallory, con el Comisario Howard o con quien sea, pero vamos a cazar a Bubba Hots antes de que acabe el día. Y esta vez no quiero fallos –dijo Strong mirando fijamente a Evelyn Chang.

 

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