SOMBRAS EN LA OSCURIDAD (Parte 3 y última)

Publicado: 28 abril, 2011 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

El apartamento de Vic Page se encontraba en el noveno piso del edificio Wokston, un moderno bloque de viviendas nuevas.
En aquellas horas de la noche no había nadie en las cercanías, a excepción de un distraído guardia de seguridad que custodiaba la entrada del parking del edificio. En esos momentos, en el interior del sedán de Espectro se hallaban tanto éste como sus dos compañeros, Nicky Rose y Jack Stone. Después de intercambiar impresiones, los tres aventureros habían decidido acudir a ver si
en el apartamento de Page había alguna pista que les permitiese averiguar su paradero, puesto que hacía días que nadie lo había visto.

– ¿Estás seguro de que lo que te dijo el botones del hotel es cierto? –inquirió Espectro a Jack Stone.

– Sí, estaba demasiado asustado para mentir –respondió el detective-. Creo que los hombres que se llevaron al profesor Graves del Gold Imperial también se llevaron a Vic Page.

– Los chicos de La Guarida también me dijeron que Page estaba investigando a los Valaki, la conexión está clara –dijo Nicky Rose-. Tanto Page como Reeves estaban investigando lo mismo, al igual que el profesor Graves. Y por ello los tres han desaparecido.

– ¿Averiguaste algo sobre el comprador del Ojo de los Dioses? –preguntó Stone a Espectro.

– Es una mujer llamada Emily Hunt, la investigué pero no he encontrado nada. Es como si no existiese.

– Entonces habrá que hablar directamente con el director de Angelie’s, ese tal Greg Templeton –dijo Rose.

– Estoy de acuerdo, pero lo primero es lo primero. Vayamos a ver que encontramos en casa de Vic Page –dijo Stone, al tiempo que abría la puerta del coche y empezaba a salir.

El aire fresco de la noche no era tan hediondo en ese lugar como en los suburbios de Hollow City. Los tres aventureros salieron del coche y comenzaron a avanzar cautelosamente en dirección al edificio Wokston. Sin embargo, cuando apenas estaban a unos 50 metros de la entrada, Nicky Rose se detuvo. Comenzó a notar la sensación de que algo no estaba bien, una especie de señal de advertencia interna. Rose conocía lo que significaba aquel presentimiento: el Mal andaba por allí cerca, en alguna de sus muchas formas.

– ¿Qué ocurre, muchacho? –preguntó Stone a Rose, al observar que éste se había detenido.

– Creo que hay algo malo por aquí cerca –contestó el joven cazador de monstruos.

Espectro agudizó sus sentidos, potenciados desde que el trozo de roca oscura había entrado a formar parte de su ser. Oteando en la distancia, incluso en las zonas más oscuras, al final el vengador enmascarado se fijó en una furgoneta negra con todos los cristales tintados, estacionada cerca de la entrada del parking del edificio Wokston.
Tras advertir de ello a sus amigos, decidieron que Rose se adelantara para ver si su sexto sentido podía indicarle algo más.

El joven exterminador se colocó un pañuelo en la cabeza, al tiempo que se abrió varios botones de la camisa. Luego se acercó a la furgoneta, haciendo como si intentase forzar la cerradura. Fue entonces cuando la ventanilla del lado del conductor se accionó, dejando a la vista a un tipo calvo con cara de pocos amigos.

– ¿Qué haces, chico? Lárgate de aquí enseguida, o tendrás problemas –dijo el hombre calvo visiblemente enfadado.

– Vale, vale, ya me voy, tío –dijo Rose, y a continuación retrocedió por donde había venido.

Cuando llegó junto a sus amigos, Rose les contó que había visto al menos a dos hombres, que llevaban unos uniformes negros, y que su percepción de lo sobrenatural se había hecho mucho más fuerte al verlos.

– De acuerdo, tenemos que ir al apartamento de Vic Page –dijo Stone-. Yo iré por la entrada principal.

– Muy bien. Yo treparé a lo alto del edificio por la parte trasera –dijo Espectro.

– Estos tipos de la furgoneta están esperando algo. Me quedaré por aquí vigilando y os avisaré por si pasa algo. Conectemos los intercomunicadores –Rose conectó el suyo, ajustando el volumen-. Buena suerte, chicos.

Espectro y Stone se alejaron, cada uno por un lado, dejando solo a Nicky Rose. El joven exterminador comprobó que su arma estuviese cargada, porque tenía la sensación de que antes de que terminase la noche iba a tener que utilizarla.

Jack Stone sacó de su bolsillo un manojo de ganzúas con el cual forzó la cerradura de la entrada del apartamento de Vic Page. Una vez en el interior, utilizó una linterna de bolsillo que siempre llevaba consigo para iluminar con precaución el escenario. Con precaución fue recorriendo cada habitación de la casa de Page, respirando con alivio al darse cuenta de que allí no había nadie. Stone se dirigió a la habitación que parecía el despacho del escritor, donde encontró una mesa cubierta de papeles desordenados, un ordenador y varias carpetas llenas de documentos. Cuando el detective se disponía a examinar todo aquello su intuición le previno de que, extrañamente, no se encontraba sólo en el despacho. Con gran rapidez se volvió hacia atrás a la vez que desenfundaba su pistola especial, encañonando a una oscura figura que un instante antes no se hallaba allí.

– Vaya, veo que eres muy rápido, casi tanto como yo –dijo Espectro mientras contemplaba como el cañón de la pistola de Stone apuntaba directamente a su cabeza.

– Y tú eres muy sigiloso, amigo. Deberías tener más cuidado con tus jueguecitos, la próxima vez podrías llevarte una sorpresa desagradable –habló Stone a la vez que volvía a enfundar su arma.

Ambos se pusieron rápidamente a buscar cualquier pista que les diese un rastro del paradero de Page, pero tras unos minutos sólo hallaron libros y documentos que hacían referencia a la búsqueda de objetos Valaki. También hallaron recortes de prensa que anunciaban la conferencia que dio el profesor Graves en la Universidad de Hollow City, y un mapa ampliado de la zona del hotel Gold Imperial.

– ¡Ah, viejo truhan! –dijo en voz alta Espectro, mientras golpeaba con la punta de su dedo índice el mapa-. Esta vez te pillaron.

– Será mejor que nos demos prisa. Voy a desmontar el disco duro del ordenador por si contiene alguna información útil –Stone extrajo de su abrigo un pequeño estuche con varias herramientas pequeñas, entre ellas un destornillador.

Mientras Stone se disponía a manipular el ordenador de Page, Espectro escuchó ruidos por el intercomunicador. Parecía que Rose, que se había quedado abajo en la calle montando guardia, estaba intentando decirles algo. Tras realizar unos ajustes en el pequeño aparato, Espectro pudo escuchar con mayor claridad las palabras de Rose.

– ¡Chicos, daos prisa! Un coche negro acaba de llegar y está aparcando al lado de la furgoneta. Creo que esto se va a poner caliente de un momento a otro.

Oculto detrás de un coche, Nicky Rose observó cómo varios hombres salían tanto de la furgoneta como del coche que acababa de llegar. En total eran seis hombres, todos con unos extraños uniformes negros y que portaban unas extrañas armas. Todo el grupo exhalaba una aura de corrupción sobrenatural que embotaba el sexto sentido de Rose, el cual supo al instante que aquellos tipos no eran hombres corrientes. Rose preparó su escopeta recortada y decidió avanzar sigilosamente un poco más hacia la posición de aquellos hombres. Sin embargo uno de ellos se volvió de repente, como si lo hubiese presentido de alguna forma sobrenatural, y advirtió a sus compañeros. Entonces Rose observó con horror como unos delgados tentáculos sanguinolentos salían de sus brazos y se adherían a sus armas, completando una simbiosis demoniaca que ponía en marcha la potencia de aquellas bio-armas
infernales.Previendo lo que le iba a caer encima, Rose se agachó tras un automóvil, mientras aquellos hombres de negro abrían
fuego. Una lluvia de cristales rotos cayó sobre Rose, mientras las armas demoniacas vomitaban su fuego infernal sobre la zona. Rose observó con asombro como algunos de los proyectiles atravesaba limpiamente el metal del coche, y se dio cuenta de que quedarse allí escondido no iba a beneficiarle por más tiempo.
A pesar del fragor de los disparos, el joven exterminador pudo escuchar un grito de dolor cercano, y supuso que el guardia de seguridad que custodiaba la entrada del parking había sido abatido.

Rose decidió entrar en acción, abandonando su refugio y avanzando directamente hacia sus enemigos. Apretó el gatillo de su arma, la cual rugió con un potente estruendo, y uno de aquellos seres voló por los aires hacia atrás hasta chocar contra uno de los vehículos estacionados junto a la acera. Luego Rose rodó por el suelo, evitando así los proyectiles de los asaltantes, y abrió fuego de nuevo. Está vez el disparo de su arma alcanzó el brazo derecho de otro de los soldados uniformados, arrancándolo de cuajo en medio de un gran torrente de sangre oscura.

Rose corrió agachado intentando alcanzar unos contenedores de basura cercanos, mientras una lluvia de proyectiles caía sobre él. Notó un latigazo doloroso en la parte posterior del muslo izquierdo, lo que indicaba que uno de aquellos tipos extraños le había alcanzado. Una vez llegó cojeando tras la escasa protección de los contenedores, Rose observó que la herida de su pierna no era demasiado importante, y utilizó su pañuelo para taponar la hemorragia. Luego atisbó por encima de los contenedores, mientras aprovechaba para recargar su arma, viendo que los cuatro hombres uniformados que quedaban en pie se acercaban disparando. Varios agujeros comenzaron a aparecer en los contenedores, incapaces de detener la potencia de las bio-armas. Rose, herido y solo, comenzó a pensar que la única salida que le quedaba era administrarse una dosis del Suero, la sustancia especial que potenciaba sus habilidades físicas a cambio de aumentar su dependencia de ella.

De repente, una sombra fantasmal atravesó rápidamente la pared del edificio como si no existiese, moviéndose en dirección hacia uno de los seres sobrenaturales. Rose pudo percibir un ligero destello metálico y luego uno de los asaltantes chilló de dolor, mientras intentaba sujetarse las tripas sangrantes que salían de su abdomen rasgado en canal.

Uno de los soldados disparó su arma contra la sombra oscura, pero contempló con estupor como sus disparos atravesaban la siniestra silueta como si fuese humo. Espectro se rió con una profunda carcajada, y luego realizó un amplio movimiento en arco con su katana.
El soldado se llevó las manos a la yugular, en un esfuerzo inútil por salvar su miserable vida, mientras la sangre manaba profundamente de su cuello.

Rose aprovechó la ventaja que le había concedido la aparición de Espectro, y salió de detrás de su cobertura, disparando hacia otro de los soldados. El impacto le alcanzó en una pierna, derribándolo en el suelo en medio de un charco de sangre. Entonces desvió la vista a la izquierda, advirtiendo que el único soldado que quedaba en pie le estaba apuntando directamente con su arma, mirándolo con seriedad con unos extraños ojos negros demoníacos. Rose cerró los ojos, y luego escuchó un potente disparo… pero no sintió dolor alguno. Al abrirlos de nuevo, vio que el soldado estaba en el suelo, con la mitad de su cabeza destrozada. A escasos metros se encontraba Jack Stone, con su pistola aún humeante, que sonreía irónicamente al joven cazador de monstruos.

– Me debes una, chico –dijo Stone, bajando su arma.

– Gracias, tío, menos mal que llegaste a tiempo –le sonrió Rose.

– Has tardado en unirte a la fiesta, pensaba que no ibas a venir –dijo Espectro al detective.

– No todos atravesamos paredes, algunos tenemos que conformarnos con bajar en ascensor –contestó irónicamente el detective.

Mientras Rose se acercaba al guardia de seguridad para comprobar su estado, Espectro y Stone registraron rápidamente tanto la furgoneta como el coche de los soldados oscuros. Encontraron una caja de un extraño metal negro que no pesaba mucho, pero nada más que fuese de utilidad. Registraron a los hombres pero no hallaron ninguna identidad, aunque si pudieron observar como las armas demoniacas se deshacían en medio de una nube de vapor, como si un ácido hubiese entrado en reacción. La única prueba de que habían existido eran los orificios de salida de los tentáculos en los antebrazos. Subieron la manga de la camisa de uno de ellos, y los tres aventureros vieron como el brazo se hallaba cubierto de varios tatuajes similares a los utilizados por los Valaki y que habían podido contemplar en los documentos de Reeves y Page.

Entonces se pudo escuchar el sonido de las sirenas de la policía, lo que indujo a los tres compañeros a abandonar rápidamente la escena, lamentando no tener tiempo de haber interrogado a alguno de los soldados que había sobrevivido. Stone, Rose y Espectro se internaron en la oscuridad de las calles de Hollow City, meditando que harían a continuación.

***

El día siguiente amaneció con el cielo completamente cubierto, presagiando una cercana tormenta. El viento azotaba con furia la
ventana del garaje de Nicky Rose, donde ahora mismo se hallaban tanto él como Stone y Espectro.

– ¡Maldición, esto es imposible! –exclamó hastiado Rose, lanzando con rabia una herramienta grasienta al suelo.

– Vamos Nick, dijiste que podrías abrir la caja –dijo Espectro.

– Ya sé lo que dije, pero lo he intentado todo y no puedo. No se de que está hecha, pero no puedo abrirla.

– Tranquilos, ya veréis como al final se abre –dijo Stone, desenfundando su pistola dispuesto a hacer trizas la caja.

– Quieto, así no. Yo puedo intentar algo –dijo pensativo Espectro, acercándose a la caja.

El vengador enmascarado se concentró, usando el poder de la piedra Valaki de su pecho para canalizar la energía oscura que recorría su cuerpo. Luego hizo funcionar su capacidad de desmaterializar partes de su cuerpo, volviendo intangible sólo su cabeza. Con mucho cuidado se acercó lo suficiente como para que su rostro penetrase la superficie de la caja negra, contemplando lo que había en su interior.

– Amigos, dentro de la caja hay tres esferas metálicas recubiertas de una sustancia extraña y viscosa, casi escamosa. Algo me huele mal en esos objetos.

– ¿Podrías usar tu poder para sacar una de esas esferas de la caja? Así podríamos examinarla mejor –dijo Stone.

– De acuerdo, lo intentaré, aunque es peligroso. Permaneced en silencio, necesito concentrarme al máximo.

Espectro volvió a invocar su poder oscuro, esta vez proyectándolo en su mano derecha y volviéndola intangible. Colocando la mano espectral sobre una de las esferas, volvió a solidificar la extremidad, asiendo con mucha precaución el objeto. Luego volvió a desmaterializar la mano, a la vez que la esfera, extrayéndola de la caja.

– Fantástico, bien hecho –exclamó Rose.

Espectro depositó con cuidado la esfera encima de la mesa, para que sus dos amigos pudiesen verla con claridad. Luego tuvo que sentarse, exhausto por el esfuerzo y con el pecho dolorido.

Rose examinó detalladamente la esfera, recubierta casi en su totalidad por una especie de membrana viscosa de color negro. De cerca, parecía que aquella cosa estaba viva.

– Creo que es una especie de arma de alta tecnología, fijaos bien en ese diminuto bulto que tiene en un lado. Debe ser una especie de interruptor –concluyó Rose.

– ¿Y de que nos sirve eso? –espetó Espectro-. Tenemos que encontrar a Page, Reeves y Graves, y no estamos mucho más cerca que al principio. Estamos perdiendo el tiempo.

– Tal vez no –murmuró pensativo Stone. El detective ya estaba agudizando su prodigioso cerebro intentando buscar una solución-. Espectro, dijiste que el director de la sala de subastas estaría encantado de contar con cualquier objeto Valaki. Tal vez le interesaría hacer un trato.

– ¿Qué clase de trato? –inquirió extrañado Rose.

– Esta esfera a cambio de la verdadera identidad de la compradora del Ojo de los Dioses. Estoy seguro de que el nombre que te dieron, Emily Hunt, es falso. Greg Templeton está protegiendo a alguien, alguien capaz de pagar un millón de dólares por un trozo de roca. Alguien con cierto poder y que además sabe del tema de los Valaki y su conexión con lo sobrenatural.

– Pues entonces no hay nada más que decir, vayamos a ver que nos puede contar ese tal Templeton –dijo Rose, el cual empezaba a ponerse cada vez más nervioso, pues había transcurrido otro día más sin hallar a su viejo maestro Reeves.

***

Dentro de la grandiosa torre de TecnoCorp se hallaba una sección donde poca gente tenía acceso. Se trataba del laboratorio donde se realizaban los experimentos más secretos, ocultos incluso para muchos de los empleados de la corporación. En una de las salas se hallaba Jason Strong, el director de TecnoCorp, sin más compañía que su propio reflejo en una gran pantalla. Strong se había quitado de su brazo derecho la piel sintética que normalmente lo cubría, por lo que ahora quedaba al descubierto su constitución robótica. Strong contempló su extremidad cibernética, abriendo y cerrando suavemente unos dedos de acero capaces de aplastar cualquier mano humana que estrechara. Luego expuso su palma robótica sobre un escáner de seguridad, y una voz robótica le indujo a exponer también su ojo derecho, el cual también era cibernético. Tras completar el reconocimiento de seguridad, un panel de acero de la pared sur se retiró, dejando ver la entrada a una sala de seguridad donde sólo él y Eveling Chang, la subdirectora, podían entrar.

Nada más entrar en la sala las luces se activaron automáticamente, iluminando varios cilindros de un cristal especial de más de dos metros de altura, completamente alineados. Strong se acercó a uno de ellos, el cual contenía una roca de color grisáceo del tamaño de un puño, que parecía tener la tosca figura de un ojo humano. Era la piedra Valaki conocida como el “Ojo de los Dioses”. Tras admirarla a través del cristal unos instantes, Strong se acercó a otro de los tubos. Contenía el cuerpo desnudo de un hombre alto y corpulento, sumergido en un líquido vital que mantenía la temperatura corporal en un estado ideal para la supervivencia. El cuerpo del hombre se hallaba cubierto de multitud de cables y sensores, que servían para registrar cualquier cambio en su condición física. Strong admiró los tatuajes que recubrían tanto los brazos como el cuello y pecho del hombre, intentando adivinar cual era el secreto que guardaban. Aquel hombre, o mejor dicho aquel espécimen, era el único soldado que había sobrevivido al atentado que meses atrás tuvo lugar en las instalaciones de TecnoCorp. En aquella ocasión Strong, Chang y el policía O’Sullivan se habían tenido que enfrentar a varios de aquellos demonios, además de a una criatura sobrenatural llamada el Fantasma.
De todos ellos sólo aquel soldado había conseguido sobrevivir, pero de momento todos los esfuerzos de los científicos de TecnoCorp por hacerle recobrar la consciencia habían sido inútiles. Sus fascinantes secretos de momento quedaban sin serle revelados, pero eso pronto podría cambiar.

Los pensamientos de Strong fueron interrumpidos por el leve zumbido del intercomunicador instalado en la muñeca de su brazo cibernético, y al observar la pequeña pantalla vio que estaba recibiendo una llamada de Evelyn Chang.

– ¿Cómo ha ido la operación? –dijo Strong.

– Muy bien, Jason –contestó Chang-. El comisario Howard ha colaborado, aunque con reticencias, y ya tenemos en nuestro poder a todos los soldados que se encontraban en la escena del tiroteo de anoche. De los seis cuerpos sólo dos están aún con vida, muy graves pero estables.

– Excelente, esta vez tendremos más suerte. Cuando entres en la torre lleva a los supervivientes a la sala de interrogatorios, el equipo del doctor Wan estará esperándote allí.

– ¿Qué te hace pensar que aunque estén conscientes quieran hablar? –Chang no parecía compartir el optimismo de su jefe-. Estos tipos no son normales, Jason, parecen muy duros.

– Confío plenamente en las habilidades de nuestro buen doctor Wan. Es único en el arte de extraer información. Sólo será cuestión de tiempo que hablen y nos cuenten de una vez quienes son y de donde vienen, y cual es el secreto de sus poderosos tatuajes.

– Muy bien, Jason, lo que tú digas. Por cierto, el guardia de seguridad no es un problema, apenas vio nada antes de caer inconsciente, pero una de las cámaras de seguridad ha captado algo interesante. Se trata de los hombres que abatieron a los soldados oscuros.

– ¿Quiénes son, policías, mercenarios…? –inquirió Strong.

– Creo que nuestro desaparecido señor Kraine ha vuelto, y esta vez acompañado. Creo que vamos a tener que tomarnos en serio este asunto, Jason –dijo con gravedad Evelyn Chang.

– Muy bien, luego te veo en interrogatorios, Evelyn –Strong cortó la comunicación, volviendo a meditar sobre el curso de los acontecimientos.

De repente sonó el móvil que llevaba en su bolsillo, y Strong descolgó. Era de Control de Seguridad.

– Dije que no me molestaran si no era importante –dijo Strong irritado.

– Lo siento, señor Strong, pero creo que si lo es. Tenemos en línea una llamada de un tal señor Kraine, y dice que quiere hablar sólo con usted.

– ¿Kraine? –Strong abrió los ojos, sorprendido-. Pásemelo enseguida.

Tras unos segundos, Strong reconoció la voz del que había sido “huésped” hasta hacía poco de las instalaciones de TecnoCorp, el “fallecido” Eduard Kraine, más conocido como Espectro.

– Hola, Strong, ¿cómo van tus sucios experimentos? –dijo con sorna Espectro.

– Veo que aún me guardas rencor por salvarte la vida. Quizá debí dejar que te pudrieses bajo los escombros del museo.

– Sólo me salvaste porque querías conseguir la piedra que llevo adherida. Pero no te preocupes, te llamo por otro asunto. Supongo que ya sabes lo del tiroteo del edificio Wokston de la otra noche.

– Sí, lo sé –contestó Strong-. Parece que ya has hecho nuevos amigos…

– Mira, sé que tendrás en tu poder a los supervivientes, además del Ojo de los Dioses. Nuestro común amigo Greg Templeton fue muy amable al confesarme que fue tu chica quien se hizo con la piedra, bajo un nombre falso. A mi eso me da igual, pero esos tipos tienen en su poder a unos amigos míos, y los quiero con vida. Si me dices donde puedo encontrarlos, a cambio te daré un objeto de su misteriosa tecnología. ¿Qué me dices?

Strong suspiró. Deseaba capturar de nuevo a Espectro, pero también ansiaba poseer cualquier dispositivo tecnológico de aquellos seres oscuros. Después de meditar, le contestó a Espectro:

– De acuerdo, hay trato. Dame 24 horas para interrogar a esos tipos, luego te llamo si me das tu número.

– Nada de eso. Mejor te llamo yo, y que no me hagan esperar tanto como esta vez.

Nada más colgó Espectro, Strong se puso manos a la obra. Lo quería todo dispuesto para extraer la información a aquellos seres lo antes posible, y sin fallos. Obtener un nuevo dispositivo que poder analizar era como encajar una nueva pieza de un puzle, que una vez resuelto podría otorgarle un conocimiento que podría permitirle dar un paso más a TecnoCorp, situándola como la corporación tecnológica más avanzada del mundo.

***

Era una noche agitada en el lujoso restaurante Pierre Garnoire, repleto hasta los rincones de las más variadas celebridades, tanto del mundo de la prensa rosa como estrellas del cine y del deporte. Sin embargo, el camarero que acompañaba a los tres hombres les condujo hacia un lugar más reservado, situado en la terraza del restaurante. Desde allí podía contemplarse Wolsley Road, la calle más cara de Hollow City, situada en el centro del barrio de Atherthon, donde residían los altos cargos de la ciudad. Una vez acomodados en sus sillas, los tres hombres comenzaron a observar la zona, vigilando la presencia de guardias de seguridad, cámaras de vigilancia y posibles rutas de escape en caso de tener que huir rápidamente.

Tras unos minutos, el camarero volvió, esta vez acompañado por una mujer de bello rostro, de pelo corto color oscuro y ojos rasgados. Llevaba un vestido corto y ajustado de color rojo, que resaltaba tanto su delgada silueta como su buena forma física. Se trataba de Evelyn Chang, la subdirectora de TecnoCorp. Una vez que el camarero se fue, la señorita Chang sonrió y sacó de un bolso una pequeña caja metálica.

– Lo siento, señores, pero el señor Strong no ha podido venir, por motivos de fuerza mayor. Sin embargo he venido con la información que deseaban. Espero que ustedes hayan traído el objeto.

– Aquí está –dijo el hombre alto y moreno, que no era otro sino Espectro-. Puede examinarlo si quiere –Espectro sacó algo del bolsillo de su chaqueta y se lo tendió a Chang.

Evelyn Chang cogió suavemente el objeto, que parecía una especie de piña metálica. Después de sopesarla y darle varias vueltas, se lo devolvió. Luego abrió su caja y extrajo algo que parecía un GPS, conectándolo. Se podía ver un puntito luminoso en la pantalla, indicando una ubicación situada en los barrios bajos de Hollow City.

– Nuestro equipo de seguridad ha conseguido sacar información de los tipos a los que ustedes dispararon la otra noche. Me sorprende que los dejaran allí y no se llevaran a alguno para interrogarlos. Se nota que no son profesionales –se burló Chang.

– No sabemos nada de lo que dices, nena –irrumpió el joven de aspecto latino, Nicky Rose-. Ninguno de nosotros estuvo por allí aquella noche, te equivocas de personas.

– Claro, claro –asintió sonriendo Chang-. Está bien, acabemos de una vez. Aquí está la localización de un motel ruinoso de Sawmill Street, donde deben de estar la gente que buscan. Buena suerte.

Al decir esto, la señorita Chang empujó hacia delante con suavidad el GPS, a la vez que recogía el objeto con forma de piña metálica y se lo guardaba en el bolsillo. Los tres hombres se levantaron, pero antes de irse el tercero, que era Jack Stone, dijo:

– Tengan cuidado. Puede que estén jugando con fuerzas más poderosas de lo que puedan manejar.

Luego los tres hombres se fueron, dejando sola a Evelyn Chang, la cual no pudo dejar de pensar con el ceño fruncido que tal vez aquel hombre tuviese algo de razón en sus palabras.

***

El aire frío de la noche hizo remover por el suelo latas, botellas, cartones y otros restos de basura que invadían el callejón cercano al motel Star. Allí se encontraban Espectro, Jack Stone y Nick Rose, preparados para entrar en el motel y averiguar de una vez por todas el paradero tanto del profesor Edmund Graves como el de sus amigos Vic Page y John Reeves. Espectro se había vuelto a vestir con su traje negro de kevlar, y ahora examinaba su katana de acero. Nick Rose extrajo de su bolsa de armas su escopeta recortada y varios cartuchos de su munición especial. Acababa de administrarse una dosis del suero, por lo que ahora su fuerza, resistencia y reflejos eran superiores a su nivel normal. Por su parte, Jack Stone se había colocado su abrigo protector, su pañuelo y el sombrero de ala ancha, y ahora revisaba el cargador de su pistola especial.

Los tres aventureros se miraron entre sí, en silencio, pues ya no había nada más que hablar. Empuñando sus armas fueron directamente por la parte de atrás del motel, forzando la puerta de una patada. Tras recorrer un oscuro pasillo y subir unas estrechas y cortas escaleras, llegaron por detrás a la recepción del motel, donde un tipo gordo con una sucia camiseta bebía cerveza y miraba una pequeña televisión.

– Dime dónde puedo encontrar a los hombres de negro –dijo Espectro al tipo gordo, mientras sujetaba el filo de su katana contra su grasiento cuello.

– Es…están en el tercer piso, en…en el apartamento 3-b –dijo asustado el recepcionista.

Espectro dejó inconsciente al hombre con un simple pero potente golpe en la nuca, y los tres aventureros subieron escaleras arriba hasta encontrar el apartamento indicado. Nick Rose dio un fuerte puntapié a la puerta de madera, haciéndola saltar de sus goznes, y acto seguido atravesó el umbral, penetrando por un oscuro pasillo. A su espalda le seguían Espectro y Jack Stone, con sus armas preparadas. Por el pasillo apareció la silueta de un hombre armado, que les dio el alto al tiempo que les encañonaba con su arma, pero antes de que pudiese hacer nada más Rose ya estaba apretando el gatillo. El brutal impacto del arma del exterminador llevó el cuerpo destrozado hasta la puerta del otro extremo del corredor. Una puerta situada a la derecha del pasillo se abrió de repente, asomando el torso superior uno de los soldados oscuros. Espectro lanzó un shuriken, una estrella metálica con púas de origen oriental, que acabó hundiéndose en la frente de su víctima, cayendo al suelo completamente muerto. Entonces la puerta del final del corredor comenzó a abrirse, y Jack Stone empujó a Rose a un lado, a la vez que disparaba su pistola. Los terribles disparos de su arma atravesaron tanto la madera de la puerta como al hombre armado que estaba detrás, derribándolo.

Los tres compañeros llegaron hasta el final del pasillo, vislumbrando lo que había al otro lado. Se trataba de una gran habitación, con dos puertas, que hacía las veces de salón. Encima de la alfombra se hallaban en pie dos de aquellos seres demoniacos con sus bio-armas preparadas, mientras que un poco más atrás se hallaba un tercer hombre, grande y fuerte, con el rostro cubierto por unas venas oscuras y palpitantes. Se trataba del Agente X, el jefe de aquella escuadra de soldados oscuros.

– Disparadles, matadles a todos –gritó el Agente X a sus dos subalternos, al ver que por la entrada de la sala aparecían los tres aventureros.

Al instante los dos soldados oscuros comenzaron a acribillar la entrada del salón disparando sin cesar sus armas demoniacas, pero Rose y Stone ya estaban moviéndose hacia delante. Empuñando sus armas, tanto Rose como Stone buscaron cobertura, el primero detrás de un gran sillón de madera, y el segundo agachándose tras un sofá aterciopelado. Por su parte, Espectro atravesó
el espacio cubierto de una lluvia de balas como si nada fuese con él, acercándose velozmente hasta el Agente X.

En ese momento, el Agente X abrió la boca, y por ella manó un torrente de energía oscura que afectó la mayor parte del salón, quedando el área cubierta de una densa oscuridad sobrenatural. Así, tanto Espectro como el propio Agente X desaparecieron envueltos en aquella capa de negrura, mientras los demás ocupantes de la sala continuaban disparándose entre ellos.

Rose recibió un disparo de sus enemigos, pero apenas sintió el impacto debido al efecto del Suero que corría por sus venas. Respondió con un disparo que alcanzó el abdomen de su contrincante, el cual cayó desplomado al suelo. En ese momento Stone aprovechó que el otro soldado vacilaba un segundo, y disparó su pistola dos veces, impactando en el cuello y rostro de su adversario. Éste apuntó su arma hacia Stone, pero entonces su cuerpo tembló espasmódicamente, derrumbándose en el suelo como una piedra mientras los tentáculos de su arma retrocedían a su brazo y el arma-demonio se disolvía en una pequeño montón de cenizas.

Entonces tanto Rose como Stone escucharon un grito de agonía proveniente de la zona oscurecida, y mientras se decidían a intervenir pudieron observar como la oscuridad parecía disolverse, volviendo a quedar iluminado todo el salón. Fue entonces cuando vieron la figura del Agente X en el suelo, con su cuerpo demoniaco ensartado por la afilada katana de acero de Espectro. Sin embargo el vengador enmascarado no había salido indemne, pues una herida hecha por la garra de aquel engendro cubría de sangre su hombro izquierdo.

– Tranquilos, sobreviviré –dijo Espectro a sus compañeros-. Registremos la zona rápidamente, a ver que encontramos.

Rose y Stone hallaron detrás de las puertas del salón al profesor Graves, John Reeves y Vic Page, maniatados y ensangrentados, presentando un aspecto desfavorable. Estaban vivos, pero las secuelas de las terribles torturas a las que habían sido sometidos para hacerles hablar tardarían en curarse, sobretodo en el caso del viejo profesor Graves.

***

La estación de tren de Hollow City estaba atestada de gente, tanto de estudiantes que regresaban a sus hogares para pasar el fin de semana como trabajadores que volvían junto a sus familias tras terminar la semana laboral. Era un lugar de reencuentros y despedidas, ideal para aquel grupo de personas que esperaban la partida del tren de las 20:00 h, rumbo a la capital.

– ¿Estarás bien, John? –dijo el joven de piel morena y cabello casi rapado.

– Tranquilo Nick, ya soy mayor para cuidarme solo –respondió un hombre de barba canosa que se apoyaba en un viejo bastón-. Siempre quise tomarme unas vacaciones, y que mejor momento que ahora para hacerlo.

– ¿Y qué pasará ahora con tu tienda?

– Ya he hecho las gestiones oportunas, mañana pasará un camión de mudanzas y se llevará todas mis cosas del escondrijo –dijo Reeves, guiñando un ojo a Rose.

– Lamento que te vayas de Hollow City, sobre todo ahora que sabemos que hay una amenaza seria –dijo con tristeza Nick Rose.

– No te preocupes, muchacho, dejo la ciudad en buenas manos. Creo que tú y tus nuevos amigos lograreis combatir el mal que acecha la ciudad. Os deseo buena suerte.

El anticuario y el exterminador se dieron un pequeño abrazo de despedida, en señal de una reconciliación que había tardado en llegar, pero también como símbolo del legado que Reeves traspasaba a su alumno: la responsabilidad de ser el nuevo vigilante de lo sobrenatural en Hollow City.

Por su parte, el detective Jack Stone se despedía del periodista Vic Page, demasiado cansado para seguir en aquella ciudad tan corrupta.

– ¿Y qué harás ahora? –preguntó Stone a Page.

– Creo que volveré a escribir novelas policiacas, son mi mejor especialidad –dijo Page con una sonrisa.

– Creo que el Alcalde Mallory te va a echar de menos. Por cierto, aquí tienes el teléfono de la hija del profesor Graves, creo que está interesada en hablar con un periodista sobre todo este asunto. Se ha llevado a su padre a un hospital privado de la capital, lejos de Hollow City. Creo que le convendrá descansar.

– Seguro, creo que esto ha sido demasiado, incluso para mi. Cuídense amigos, y gracias por todo. Por cierto, esa pistola especial tuya, tienes que decirme algún día de dónde diablos la has conseguido.

– Claro, amigo, tendrás la exclusiva –dijo Stone, dándole al periodista un apretón de manos en despedida.

En esos momentos pasó el revisor, y tanto Reeves como Page subieron al tren. Tras cerrarse las puertas electrónicas del vagón, el tren partió alejándose de Hollow City y de la oscura malignidad que acechaba en lo más profundo de su corazón. Stone y Rose se despidieron silenciosamente y se alejaron cada uno por su lado, no sin antes pensar cuando sería la próxima vez que volverían a verse, y en qué circunstancias. Sólo el tiempo lo diría.

***

En la Iglesia de Saint Patrick el Padre García había terminado la última misa del día, y se preparaba para recoger y cerrar las puertas de la iglesia. Ya se habían marchado todos los feligreses, incluso los mendigos que noche tras noche se acercaban a pedir limosna a las puertas del templo.

Cuando el Padre García iba a apagar las luces, advirtió que una oscura figura se movía rápidamente cerca de un confesionario, donde un instante antes no había nadie, de eso estaba seguro. El Sacerdote se movió lentamente hacia allí, intentando no hacer ruido, pero cuando se acercó no vio nada fuera de lo corriente. Debía haber sido una mala pasada que le había jugado su mente cansada. Pero justo antes de irse se dio cuenta de que la cortina del confesionario se hallaba corrida, y él siempre la dejaba descorrida una vez que salía. Alguien la había tocado, y quien quiera que fuese tal vez aún estaba allí.

El Padre García levantó una mano temblorosa hacia la cortina, dudando entre mirar lo que había en el confesionario o salir de allí a toda prisa. Al final se encomendó a Dios y se decidió por lo primero, preparándose para lo que iba a encontrar…

Lo que encontró el padre García en el interior del confesionario no era ni más ni menos que un maletín de piel abierto, repleto de billetes de cien dólares. Sobre el maletín había una nota, que el padre García se apresuró a leer:

“Lo siento Padre, pero creo que tardaré en venir por aquí. Una terrible fuerza maligna está invadiendo la ciudad, y debo combatirla. Pero para ello necesito ser yo mismo, libre de dudas y temores, dispuesto a hacer todo lo que sea necesario para afrontar esta terrible guerra que se aproxima. No puedo permanecer impasible, he de tomar parte en esta lucha y defender a la ciudad y a sus habitantes de este mal invasor, aunque para ello deba sacrificar mi alma. Hay que combatir la fuerza con fuerza, el dolor con dolor, la sangre con sangre… Una vida por otra, es lo justo. He vuelto, y esta vez para quedarme. Perdóneme Padre, porque voy a pecar”.

El Padre García suspiró, al ver que la nota la firmaba Espectro.

***

En el subsuelo de las calles de Hollow City una nueva reunión del Consejo de los 12 se celebraba en el Laberinto, en la Sala de las Ánimas. Aunque faltaba su líder, el consejero número 1, el resto debatía acaloradamente, en un estado de nerviosismo tan alto que olvidaban hablar mediante la telepatía. El tema de la discusión era claro, se trataba de echar las culpas de los últimos fracasos a alguien, y ya tenían un favorito como chivo expiatorio. Pero nadie quería enfrentarse directamente a él.

De repente la puerta de la Sala se abrió, mostrando al consejero número 1 y líder del Consejo de los 12, que avanzó silenciosamente hasta el centro, posicionándose contra sus compañeros.

– ¿Quién ha osado convocar esta reunión, y por qué motivo? –dijo con su voz susurrante el líder.

– He sido yo –se adelantó desafiante el consejero número 2-. Ya es hora de que asumas tu fracaso por los últimos sucesos.

– ¡Ah, no esperaba menos de ti, número 2! –dijo con sarcasmo el líder-. Crees que estoy débil, y pretendes darme el último empujón para hacerme caer, ¿no es así, perro traicionero?

Los demás miembros del consejo se apartaron, dejando enfrentados a los dos primeros miembros del Consejo Oscuro. En sus ojos brillaba la llama de la rabia, apenas contenida.

– Eres viejo y estás cansado, eres demasiado débil para seguir con nosotros. Tu decisión de crear al Agente X ha traído otro nuevo fracaso a tu lista, y encima ha proporcionado más información de nosotros a nuestro principal contrincante, Jason Strong. TecnoCorp no solo posee ahora el Ojo de los Dioses, sino también los cuerpos y el equipo de varios de nuestros soldados oscuros, con los que puede experimentar. Imagínate que pueden conseguir si desvelan nuestros secretos.

– Das demasiada importancia a insignificantes detalles –se defendió el líder-. Strong posee la materia prima, pero no las herramientas. Tiene el Ojo y varios de nuestros dispositivos de Tecnología Oscura, pero no sabe cómo utilizarlos. Créeme, es como un niño de 5 años delante de un ordenador, no sabe lo que tiene delante.

– Fracasaste con el Alcalde Mallory y Strong. Fracasaste con la creación del Fantasma. Y ahora has fracasado de nuevo con el Ojo de los Dioses. Ya no habrá más fallos por tu parte. Hemos consultado al Amo y está de acuerdo con nuestra decisión.

Al decir esto, el consejero número 2 dio la espalda al líder, uniéndose al resto de sus compañeros, los cuales se volvieron también de espaldas, en un claro signo de desafío y rechazo al líder.

– ¿Os creéis superiores a mí? –dijo furioso el líder-. ¿Quién os trajo aquí, a este lugar, cuando no erais nadie en el Otro Lado? ¿Quién os dio el poder que ahora tenéis? ¡Hatajo de traidores, sufriréis mi ira y la del Poder Oscuro!

El líder invocó el poder de la Energía Oscura para atacar a sus compañeros, pero algo le detuvo. Era el sonido de un cántico, entonado por los Consejeros que se habían cogido todos por las manos, aún de espaldas al líder. La voz gutural de los consejeros fue aumentando en fuerza y volumen gradualmente, pronunciando palabras místicas en un idioma oscuro y sobrenatural.

– ¡No! –gritó el líder, dándose cuenta de lo que estaba ocurriendo-. ¡No podéis hacerme esto, a mí no!

A pesar de sus gritos, ninguno de los miembros del Consejo le hizo caso, todos continuaron concentrados en realizar el Canto Infernal, hasta que llegó a su clímax. Luego se soltaron de las manos y se volvieron para hacer frente al líder, el cual se hallaba arrodillado en el suelo, gimoteando. En ese momento varios soldados oscuros entraron en la Sala de las Ánimas, y se llevaron a rastras al líder, despojado para siempre de toda su Energía Oscura y de sus poderes. Una vez estuvieron solos de nuevo, el consejero número 2 dijo:

– Preparaos para el nuevo nombramiento. Necesitamos a un nuevo consejero. El Amo nos lo enviará pronto, así que preparad el Velo al Otro Lado.

– ¡Sí, Líder! –dijeron todos al unísono-. ¡Alabado sea el Conocimiento Oscuro!

Ahora el Consejo de los 12 tenía un nuevo Consejero número 1, un Líder aún más poderoso y maligno que el anterior, alguien cuya primera misión sería la de vengarse de TecnoCorp y de todos aquellos que habían hecho fracasar los planes del Amo. Porque a pesar de la batalla que Espectro, Rose y Stone habían ganado, la guerra secreta en Hollow City acababa de empezar.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.