ESPIRITUS EN LA NOCHE

Publicado: 15 marzo, 2011 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

Era pasada la medianoche cuando la luna iluminaba el cielo nocturno que cubría la ciudad. Su luz se filtraba tímidamente a través de las ventanas de cristal del Museo de Arte de Hollow City, escenario de un duelo entre dos figuras espectrales. En el centro de una de las salas de reliquias del museo se hallaba un hombre vestido de negro, con una gran capa oscura y una capucha que cubría enteramente su rostro. Con ambas manos sujetaba una katana japonesa que podía ser la envidia de cualquier antiguo samurái, y por la forma en que el encapuchado manejaba el arma podía adivinarse que no era un simple aprendiz. Este hombre era el vigilante de Hollow City conocido como Espectro.

A escasa distancia del justiciero se hallaba un ser alto y delgado, de huesos blancos y piel rugosa, vestido con una túnica harapienta y cuyos demoníacos ojos rojos brillaban con ferocidad mientras contemplaba a su adversario. Esta era la misteriosa criatura sobrenatural conocida como Fantasma.

El Fantasma decidió llevar la iniciativa, lanzando un rápido ataque con su garra demoníaca sobre Espectro, el cual lo esquivó con dificultad al verse sorprendido por la velocidad inhumana de la criatura. El Fantasma volvió a atacar una y otra vez, haciendo retroceder a Espectro mientras intentaba evitar los golpes de aquella garra mortal. Entonces el vigilante lanzó un golpe con su katana de acero al cuerpo del Fantasma, pero sólo encontró el aire. El demonio podía hacerse intangible con solo pensarlo, por lo que el ataque de Espectro simplemente atravesó su cuerpo fantasmal limpiamente, sin causarle ningún daño. Espectro volvió a utilizar su katana varias veces, pero sólo obtuvo similares resultados.

El Fantasma fue acorralando poco a poco a su enemigo, hasta que la espalda de Espectro tocó la pared. Ya no había sitio para maniobrar, lo que aprovechó la criatura para lanzar un ataque sobre el brazo derecho del justiciero. Las afiladas garras del Fantasma hirieron gravemente el miembro, desgarrándolo hasta sangrar profundamente. Espectro profirió un grito de dolor, al tiempo que soltaba su espada por la fuerza del golpe. Herido y desarmado, apenas era rival para aquella criatura infernal.

Sin embargo, si algo le había enseñado su maestro Koshiro Katshume era a no rendirse nunca, y Espectro decidió realizar una última maniobra desesperada. Aunque el Fantasma podía hacerse intangible, debía volverse sólido para golpearle, por lo que el encapuchado esperó el momento justo en que el Fantasma lanzaba su mortífera garra contra él para desenvainar su daga oculta detrás de la capa. Espectro utilizó toda su energía interior al tiempo que empleaba toda su habilidad marcial en aquel movimiento, la técnica oriental conocida como “Sou Ryu Sen” (desenvainar y atacar a la vez). El resultado fue que espectro extrajo su daga de la funda en el momento preciso, a la vez que cortaba con ella el pecho de la criatura, hiriéndola seriamente.   

El Fantasma chilló de dolor, profiriendo un grito terrorífico que helaría la sangre de cualquiera, al tiempo que se tambaleaba de dolor hacia atrás. De su pecho manaba sangre espesa de un extraño color negro, que además apestaba nauseabundamente. Espectro aprovechó los escasos segundos de que disponía para concentrar sus últimas reservas de energía Ki en curarse; para ello realizó unos extraños y rápidos movimientos con los dedos de su mano izquierda, presionando rápidamente sobre varios puntos de su brazo herido (otra técnica que le había enseñado su mentor, denominada “Shiatsu”). Aunque esto no restableció por completo el brazo dañado, al menos permitió a Espectro poder moverlo con cierta normalidad. El Justiciero recogió su katana del suelo, y se dirigió decididamente hacia el Fantasma, dispuesto a rematarlo. Sin embargo, contempló con estupor como el ser demoniaco se erguía otra vez ante él, desafiante y enfurecido. A través de los restos de su túnica raída se podía observar como la gran herida del pecho cicatrizaba instantáneamente hasta casi desaparecer, a la vez que el Fantasma soltaba una horrible carcajada de burla.

Espectro, lejos de desmoralizarse, atacó con todo su ser al Fantasma, en una sucesión de rápidos golpes con su katana. Aunque al principio el Fantasma evitó los ataques mediante el uso de su facultad de desmaterializarse, Espectro observó con satisfacción como uno de sus mandobles alcanzó de pleno a la criatura, provocándole una herida en el hombro derecho. Espectro también advirtió como esta vez la nueva herida no dejaba de manar la sangre negruzca, sin que cicatrizase milagrosamente.

El Fantasma gruñó de dolor, dándose cuenta de que había perdido casi toda su reserva de Energía Oscura. Al ver que su enemigo se abalanzaba sobre él blandiendo su espada, el Fantasma utilizó su último recurso; invocando lo que quedaba de su Poder Oscuro, lanzó un rayo de energía por sus ojos diabólicos, el cual impactó en Espectro, lanzándolo por los aires hasta que su cuerpo chocó contra una de las vitrinas de cristal que custodiaban los objetos de arte del museo.

Al ver que el cuerpo del encapuchado yacía inerte en el suelo sobre los restos de cristales rotos, el Fantasma se volvió hacia el objeto que le había traído al museo. De un golpe rompió el cristal protector que lo envolvía, tras lo cual asió ávidamente la vasija ornamental de origen valaki. Pocos sabían que la mayoría de los objetos sagrados de los Valaki contenían restos de energía oscura, energía de la cual el Fantasma podía alimentarse. Sosteniendo en alto con ambas manos el objeto sagrado, el Fantasma se concentró en absorber la energía que quedaba en él, comenzando a sentir el suave cosquilleo que denotaba el fluir de la Esencia Oscura por el interior de su ser.

De repente, el Fantasma notó que algo se movía detrás suyo, y al volverse a mirar contempló con sorpresa como Espectro se abalanzaba una vez más sobre él, enarbolando su katana. Los reflejos del demonio no fueron suficientes para esquivar el ataque ni desmaterializarse, y la espada japonesa trazó un arco de arriba a bajo que rompió la vasija ritual en mil pedazos, a la vez que rasgaba la piel del rostro, cuello y pecho de la criatura.

–        ¡Nooo! – gritó el Fantasma, mientras que una extraño remolino de sombras proveniente de la Energía Oscura de los restos de la vasija inundaba el centro de la sala.

El remolino comenzó a girar sobre sí mismo repetidamente, a gran velocidad, transformándose en un torbellino que arrastraba hacia su interior todo lo que había a su alrededor. Vitrinas, sillas, mesas, cortinas, pancartas, letreros… todo fue engullido en un santiamén por el hambriento remolino oscuro. Tanto el Fantasma como Espectro intentaron escapar, pero no lo consiguieron, siendo también transportados por la fuerza centrífuga del torbellino, dando vueltas en el aire sin parar, hasta que ambos chocaron entre sí en el centro de la masa giratoria de Energía Oscura. En ese momento, una explosión increíble tuvo lugar en la sala, provocando una onda de choque tan grande que no pudo ser contenida por la sala, expandiéndose por todas partes del museo e incluso más allá. Todo el edificio quedó arrasado, como si hubiese explotado una bomba de un megatón, y a continuación reinó un silencio sepulcral mientras los rayos de luz lunar iluminaban los restos ruinosos del Museo de Arte de Hollow City.

 ***

  El Comisario Howard se alisó nerviosamente el poco cabello canoso que aún le quedaba en su vieja calva, mientras intentaba dar crédito de todo lo que estaba viendo. Parecía un atentado terrorista, o tal vez algún chiflado que había fabricado una bomba casera bajándose las instrucciones de internet. Sea como fuese, el resultado era un auténtico desastre. Tanto el Museo de Arte de Hollow City como sus alrededores habían quedado arrasados, reducido todo a una gran masa de escombros. Alguien se le había cagado encima, y ahora le tocaba a él limpiar la mierda. “Putos chiflados, por qué no habéis ido a jugar a las bombitas a New York”, pensó el comisario.

Howard no recordaba ningún marrón así desde los incidentes del atentado contra Mallory y más tarde los sucesos de las instalaciones de TecnoCorp. Pensaba que su mala racha se había terminado, pero no era así. El comisario contempló con gran pesar la marea humana de policías, bomberos, enfermeros y voluntarios que iban correteando de un lugar a otro sin descanso. La magnitud de la tragedia era tal que pasarían días antes de saber con certeza la cuantía de las pérdidas, tanto humanas como materiales.

Entonces Howard escuchó una risa estridente, alguien que intentaba hacerse el gracioso contando un chiste racista acerca de un negro aplastado por un gran escombro. El comisario se enfureció más aún cuando vió que el chiste lo estaba contando un policía, de rostro enjuto y rugoso, poblado con un grueso bigote. Era Mike el Arrugas, un poli de baja estofa de Sawmill Street.

–        ¡Mike! –gritó con gran enfado el comisario-. Mueve tu jodido culo y haz algo útil, ve a cortar el tráfico y que nadie pase por esta calle. Como vea aunque solo sea un puto boy scout repartiendo octavillas en bici te mando a patrullar a Green Leaf una semana. ¿Me has oído?

–        Si, señor comisario –cuando Howard se dio la vuelta, Mike le hizo un corte de mangas-. “Vayase a la mierda, señor comisario”, rió para sí el poli más corrupto de la ciudad.

El comisario Howard alzó la vista hacia arriba, contemplando como un par de helicópteros de TecnoCorp se alejaban de la zona. La verdad es que habían sido muy rápidos en actuar, y pronto habían desplegado toda su eficacia alrededor de la zona catastrófica. Un equipo de científicos había analizado la zona por si habían signos de radiación, y tras dar negativo se habían apresurado a utilizar un scanner de ondas que les permitía detectar los cuerpos enterrados bajo los escombros. Sí, TecnoCorp había demostrado una vez más su rapidez y eficacia. Habían sido los primeros en llegar, y también los primeros en irse, una vez que la policía había ocupado la zona.

Valientes comeculos”, pensó el comisario, al cual no le caía nada bien Jason Strong y su TecnoCorp de las narices. En ese momento sonó su teléfono móvil, y al ver el número reflejado en la pantalla sintió un gran desazón en su estómago, a la vez que tragaba saliva. Lo que le faltaba, era el número personal del Alcalde Mallory.

 ***

 El joven Billy Jones paseaba solo por los suburbios de Green Leaf, un nido de ratas de cloaca en aquellas altas horas de la noche. Chinos, negros y latinos se organizaban en diversas bandas callejeras, dispuestos a cometer toda clase de delitos amparados en la oscuridad de la noche. Dado que la policía tenía miedo o estaba comprada por las bandas, sólo los justicieros de Hollow City eran la única defensa contra el mal. Además, desde el fin de la Banda del Lobo, una pandilla de motoristas callejeros satánicos que se reunían en un antro llamado “La Caverna”, ahora el resto de bandas se hallaban en pie de guerra dispuestos a repartirse su territorio.

Aunque la madre de Billy insistía en que el joven debía estudiar mucho para ser un hombre de provecho, el chico se había saltado todas las clases del instituto para ir a fumar “maría” y codearse con sus colegas, una panda de marginados sin futuro como él.

Billy miró su reloj y se dio cuenta de que era demasiado tarde, incluso para él. Esta vez su madre se pondría furiosa, y comenzaría a sermonearle sobre sus posibilidades de futuro. El chico comenzó a caminar más deprisa, adentrándose en las serpenteantes y siniestras callejuelas del barrio, hasta que escuchó un sonido que le hizo pararse y mirar a su alrededor. Billy sonrió al darse cuenta de que el ruido procedía de un joven corpulento que vestía un mono gris sucio de grasa. El joven, de cabello corto y tez oscura, estaba manipulando una furgoneta de aspecto desvencijado, lo que no sorprendió al joven Billy ya que el robo de vehículos era el delito más común de los suburbios de Green Leaf.

Billy se alejó del lugar, acelerando el paso, ensimismado en sus pensamientos de adolescente. Pero de pronto algo alertó al chico, y Billy se sorprendió al observar como una sombra se movía fugazmente por el mal iluminado callejón a su izquierda. Billy comenzó a ponerse nervioso, y decidió dar un rodeo para evitar el callejón. Pero tras un minuto, otra vez notó que algo se movía rápida y sigilosamente por detrás suyo, esta vez mucho más cerca.

Billy comenzó a correr sin miramientos, presa del pánico, tambaleándose al tropezar con las bolsas de basura del callejón. Cuando al final ya no pudo correr más, se detuvo extenuado, con el corazón a punto de explotar. Y entonces la vio.

Jadeando sin aliento y con las manos apoyadas en las rodillas para no caerse de puro cansancio, Billy Jones contempló atónito la mujer más bella del mundo. Se trataba de una chica de unos 25 años, rubia y de ojos azules, de piel blanca y suave y labios carnosos y seductores. Desde luego, en el instituto no habían chicas así de explosivas.

–        ¿Tienes fuego, cariño? –dijo con una sonrisa lasciva la chica, mientras se llevaba un cigarrillo a sus labios sensuales.

–        Claro, tía, creo que lo tenía por aquí.. –Billy se había puesto nervioso, turbado por la belleza de aquella chica tan atractiva, y comenzó a buscar apresuradamente su encendedor en todos sus bolsillos-. ¡Ah, aquí lo tengo!.

Billy se acercó con el encendedor en la mano, adoptando una actitud de tipo duro que en realidad aún le otorgaba una mayor apariencia de pandillero fracasado. Al accionar el mechero, la llama iluminó débilmente el rostro de la mujer, y Billy Jones se quedó paralizado de terror al ver una repentina transformación: los ojos azules se convirtieron en dos carbones encendidos que brillaban con puro odio, las mejillas de tez blanca se llenaron de horribles surcos hinchados, y las delicadas orejas adoptaron una forma puntiaguda muy parecida a la de los murciélagos.

La criatura monstruosa en la que se había transformado la chica golpeó a un sorprendido Billy, lanzándolo violentamente contra la pared, dejando al chico completamente aturdido de dolor. La bestia dio un salto sorprendente y se situó justo encima del chico, inmovilizándole contra el suelo con una fuerza sorprendente e inhumana. La mujer-demonio abrió la boca, enseñando unos colmillos largos y puntiagudos de los cuales resbalaba ansiosamente una gran cantidad de saliva.

Justo en ese momento se oyó un estruendo, un sonido similar a un trueno, y de repente la cabeza del monstruo desapareció. Billy notó que algo húmedo y viscoso bañaba completamente su rostro, y al apartarse aquello de su cara observó atónito que era una mezcla de sangre, trozos de hueso y materia cerebral.

–        Tranqui, chaval, el peligro ha pasado. Ya puedes volver a casa corriendo, pero no digas nada de esto a nadie. Y cuando digo a nadie, quiero decir ni a tu madre, ni a tu novia, ni a tus colegas del barrio, ni siquiera a tu puto perro. ¿Me has entendido, chico? –dijo una voz a espaldas de Billy.

Entonces Billy Jones contempló atónito como en una esquina se encontraba el joven del mono sucio de grasa que unos minutos antes había visto en el callejón. Aunque no pudo ver su rostro, oculto entre las sombras, Billy si vio la gran arma humeante que sujetaba en su mano derecha, una especie de escopeta recortada de estilo casero. Sin esperar a que su salvador le repitiese la pregunta, Billy Jones se levantó del suelo y corrió como nunca, hasta llegar a su casa. Las pesadillas le acosarían durante semanas, pero al menos estaría a salvo, y a partir de ahora pasaría más tiempo en casa estudiando y ayudando a su madre, en lugar de vagabundear por las calles como un delincuente.

El joven del mono gris guardó su arma, sacó un bidón lleno de un líquido oscuro y roció el cadáver de la mujer demoníaca, con la cabeza reventada por el disparo de la potente arma. Luego encendió una cerilla y prendió fuego a los restos, quedándose a observar hasta el final. Una vez estuvo seguro de que la criatura no se levantaría nunca más, el hombre volvió a su desvencijada furgoneta, la cual tenía rotulado en los laterales un cartel que rezaba: “Nicky Rose, Exterminador de Plagas”.

El teléfono móvil de Nicky Rose comenzó a sonar, y el joven pulsó el botón para aceptar la llamada.

–        ¿Diga?

–        ¡Nicky, soy Marianne! –dijo una voz femenina-. Algo gordo está pasando, tienes que venir a la Guarida. Los chicos y yo estamos flipados, el Museo de Arte ha explotado como unos putos fuegos artificiales chinos, ¡que flipe!.

–        Escucha, nena, ya sabes que no me gusta esa parte de la ciudad, con todos esos yuppies trajeados con el culo estirado. Ya tengo bastante con “lo mío”. Si quieres ayuda, llama al chalado de Reeves, estará encantado de contarle a alguien sus gilipolleces.

–        Pero Nicky, ¿es que no lo sabes? –la chica vaciló un poco antes de continuar-. John Reeves ha desaparecido, y han quemado su tienda. La policía dice que ha sido un robo, o bien que el viejo ha perdido la chaveta del todo y ha decidido incendiarlo todo.

Nicky Rose frunció el ceño, disgustado. No se llevaba muy bien con su antiguo maestro y mentor, y era verdad que Reeves estaba un poco transtornado, pero lo que nunca haría sería quemar su tienda de antigüedades, llena de libros raros y todo tipo de reliquias y objetos extraños.

–        Está bien, nena, estaré allí dentro de media hora.

El joven cazador de monstruos arrancó su furgoneta, que en realidad era mucho más de lo que aparentaba, igual que su dueño. Echó un vistazo a la parte de atrás, asegurándose de que en el compartimento secreto se hallaba su bolsa llena de armas, y luego se palpó el bolsillo secreto del interior de su mono. Allí se encontraba una serie de pequeños tubos de cristal que contenían “el Suero”, la sustancia que le otorgaba una gran fuerza y resistencia, muy útil para combatir a las criaturas malignas que se arrastraban por la noche en Hollow City.

 ***

 El millonario Eduard Kraine abrió los ojos muy despacio, intentando concentrarse. Le dolía mucho la cabeza y el pecho, y los ojos le escocían como si los estuviesen rociando con espray. Aturdido, miró a su alrededor y vio que todo estaba muy oscuro, apenas podían distinguirse una serie de luces pequeñas a su alrededor. También advirtió que no podía moverse, como si estuviese inmovilizado por algo.

Eduard intentó llamar a alguien, pero apenas pudo separar los labios y mucho menos articular sonido alguno. Intentó concentrar su energía Ki, pero sus esfuerzos resultaron también inútiles, era como si hubiese perdido su capacidad de concentración.

¿Qué era lo último que recordaba? Ah, si, su lucha contra aquel fantasmagórico ser sobrenatural en el Museo de Arte, y luego aquella terrible explosión. Y después, la nada. ¿Dónde estaba ahora, tal vez en un hospital? ¿O tal vez lo había rescatado el Padre García, el sacerdote de la Iglesia de Saint Patrick?

De repente, todas las dudas de Eduard Kraine quedaron despejadas al abrirse una puerta y encenderse una gran luz. Kraine se encontró mirando a un gran techo cubierto de luces brillantes, como las de un gran laboratorio, y se dio cuenta de que estaba inmovilizado en una especie de camilla. Luego escuchó las voces de un hombre y una mujer que se acercaban a él: Kraine las conocía muy bien, puesto que había mantenido varias reuniones de negocios con aquellas personas.

–        Bien, señor Kraine, no se preocupe. Está usted en muy buenas manos, a partir de ahora nosotros le cuidaremos. Al fin y al cabo usted es de la familia, ¿no?. Menos mal que la señorita Chang andaba por allí cerca, menudo zafarrancho se montó anoche en el Museo. Es usted un niño malo, señor Kraine, ¿o puedo llamarle Eduard?

El rostro de vendedor de anuncios de Jason Strong apareció frente a la dura mirada de Kraine. El director de la mega corporación se acercó al millonario y , manteniendo su sonrisa impoluta de blanca dentadura, le susurró suave pero amenazadoramente al oído:

–        Bienvenido a TecnoCorp.

Anuncios
comentarios
  1. eihir dice:

    ¡Vuelve Hollow City! Aquí teneis la continuación de la historia, y a partir de ahí será el inicio de la partida. De momento tenemos a Nicky Rose, ahora solo falta ver que decide al final Necrus sobre su personaje (volverá Espectro transformado en un horrible demonio fusionado con el Fantasma, o será Eduard Kraine un esclavo de la tecnología de TecnoCorp?).
    Respecto a Al-Khadulhu, espero con ansia la decisión final, aunque a mi particularmente me gusta el personaje Santuario-Constantine-Stigmata que comentó.
    Espero ansiosamente vuestros comentarios, nos vemos en Hollow City.

  2. Cachis la mar, el Fantasma suelto con el Espectro caído y Reeves desaparecido… seguro que se monta una buena bulla. Espero que estos tipejos estirados del centro estén preparados porque algo gordo está a punto de suceder.