El Final

Publicado: 30 septiembre, 2010 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

Cuando O’Sullivan vio de lejos a Mallory sintió hervir la sangre, y sin darse cuenta apretó los puños de furia, tanto que sus nudillos quedaron en blanco. Decidió encaminarse hacia el Alcalde y su séquito, dispuesto a escupirle lo que pensaba de él en su propia cara gordinflona. Sin embargo, de repente las luces se apagaron, quedando tanto la sala de espera como los pasillos completamente a oscuras. La gente comenzó a sentirse nerviosa e incómoda, y pronto el personal de TecnoCorp intentó tranquilizar a todo el mundo para que no cundiera el pánico.

O’Sullivan oyó decir a Jason Strong que pronto se conectarían las luces de emergencia, y que enseguida los técnicos repararían el pequeño fallo del sistema. Pero algo no iba bien, aquello no era nada normal en unas instalaciones tan avanzadas como las de TecnoCorp. El expolicía no sabía porqué, pero su olfato le estaba avisando de que habían problemas, y pocas veces le había fallado en el pasado. La oscuridad pronto quedó inundada de pequeñas luces provenientes de los teléfonos móviles de la gente, iluminando diferentes zonas de la sala de espera. O’Sullivan aprovechó la escasa luz para orientarse y salir hacia el pasillo, tropezando y empujando a varias formas oscuras en su intento de ir tras Mallory.

Al llegar al corredor contempló como los guardias de seguridad que acompañaban a Strong, Chang y Mallory habían encendido sus linternas, facilitando la visión. O’Sullivan se lanzó directamente a por Mallory cuando un ruido metálico a su espalda le hizo detenerse y volver la cabeza. Los guardias también debían haber escuchado el mismo ruido, porque apuntaron sus linternas hacia la zona, iluminando una espantosa escena: cuatro individuos armados y vestidos con un uniforme oscuro estaban saliendo por una trampilla que daba acceso al sistema de ventilación en el techo. O’Sullivan contempló con horror como los rostros de esos hombres presentaban el mismo aspecto feroz que tuvo el hombre del maletín cuando se enfrentó a él noches atrás, y también llevaban las mismas armas demoníacas con sus sanguinolentos  tentáculos que las unían a sus cuerpos. Al ver que aquellos seres demoníacos apuntaban sus armas hacia el grupo que estaba tras O’Sullivan, esté se dio cuenta de que estaba justo en medio de la línea de fuego, por lo que rápidamente se lanzó al suelo al tiempo que lanzaba un grito de advertencia.

Las diabólicas armas vomitaron una lluvia de proyectiles especiales con punta de darkanium, alcanzando de lleno a los guardias, los cuales cayeron abatidos al suelo con sus cuerpos perforados por los disparos. Rápidamente Jason Strong y Evelyn Chang tiraron de Mallory y de Elliot Grant, llevándolos hacia la puerta que conducía a las escaleras, puesto que con la electricidad cortada los ascensores no funcionarían. O’Sullivan, sólo y desarmado en mitad del pasillo, no se lo pensó dos veces y se levantó para correr tras ellos. Mientras se dirigía a la puerta a toda velocidad, con la única guía de las luces de las linternas en el suelo, oyó a su espalda como aquellos asesinos de negro disparaban otra vez, notando como los disparos agujereaban las paredes y el suelo muy cerca de él. Milagrosamente indemne, O’Sullivan llegó hasta la puerta justo cuando estaba cerrándose, escuchando los gritos de pánico de Mallory hacia Strong para que cerrase la puerta. Sin embargo el director de TecnoCorp mantuvo la puerta abierta los segundos necesarios para que O’Sullivan entrase, y luego la cerró. Entonces varios disparos agujerearon la puerta metálica, uno de los cuales alcanzó a Elliot Grant, el cual cayó desplomado al suelo, mientras las luces de emergencia de las escaleras iluminaban el charco de sangre que iba formándose a partir de la herida.

–         Lo siento, Elliot –dijo Mallory, mientras corría cobardemente escaleras abajo.

–         Evelyn, ve tras él –dijo Jason Strong, mientras arrancaba de cuajo una viga de la escalera y atrancaba la barra de seguridad de la puerta.

O’Sullivan contempló como la hermosa mujer oriental asentía la orden de su jefe y seguía a Mallory por las escaleras, y luego se dirigió al sorprendentemente fuerte director de TecnoCorp.

–         Eso no detendrá a esa gente, recuerde que yo ya me enfrenté a uno de ellos y tuve que sudar mucho.

–         Larguese de aquí, O’Sullivan, ya les contendré yo –dijo Strong.

–         Por muy fuerte que sea, de nada le servirá contra esos seres. Necesitamos armas potentes –O’Sullivan lanzó una mirada a Strong que daba a entender que no iba a huir.

–         Muy bien muchacho, si quieres jugar sígueme –Strong se dirigió hacia las escaleras, pero hacia arriba, seguido de O’Sullivan.

***

 Mallory corría torpemente escaleras abajo, sudando por todos los poros de su cuerpo no solo por cansancio, sino por miedo. Tras bajar unos cuantos pisos se dio cuenta de que ya le faltaba poco para llegar a la planta baja, donde por fin podría considerarse a salvo. Sin embargo, el Alcalde se detuvo repentinamente al percibir algo al final del tramo de escaleras. Era una figura alta que permanecía de pie e inmóvil en medio de la penumbra, vestida con un uniforme de color negro y ocultaba su rostro bajo una espantosa máscara.

–         Hola Mallory, ¿me recuerdas? –dijo la fantasmal figura con una extraña voz susurrante.

Mallory reconoció la voz, paralizándose de terror al recordar el encuentro nocturno que tuvo en su despacho la noche de su reelección como Alcalde. Lloriqueando como un cobarde, Mallory se arrodilló suplicante ante el Fantasma, implorando su piedad mediante infantiles balbuceos. Pero su rastrera actitud no hizo más que irritar al Fantasma, el cual emergió de la oscuridad dirigiéndose lentamente hacia él.

El Fantasma levantó fácilmente al Alcalde con su mano izquierda, separando su pesado cuerpo del suelo, al tiempo que lo contemplaba como un cazador observa a su presa acorralada, sintiendo la dulce sensación del triunfo. Usando su recién adquirida garra derecha, el Fantasma desgarró ligeramente su orondo estómago, atravesando traje, camisa y piel, causando apenas unos cortes superficiales pero suficientes para hacerle sangrar. Mallory gritó tanto por el dolor como por el miedo a la muerte inminente, al darse cuenta de que iba a sufrir el mismo destino que su antigua secretaria.

Los ojos del Fantasma brillaron de satisfacción al levantar su garra para infligir el golpe final al cobarde alcalde, pero una voz femenina le detuvo:

–         Quieto demonio, dejalo en el suelo y enfrentate a mi, si es que no tienes miedo de una mujer –dijo Evelyn Chang, con un tono de voz frío y desafiante.

El Fantasma contempló a la mujer oriental que se ergía ante él en actitud combativa, y notó una extraña sensación. Su sentido de la percepción, alterado por la esencia del Poder Oscuro, le advertía de que aquella no era la primera vez que se había enfrentado a esa mujer. La sensación de peligro le alertó, y supo instintivamente que era el Ninja disfrazado que le había herido la pasada noche. Ahora era la oportunidad de vengarse de tal afrenta, esta vez no le pillaría desprevenido, el resultado del combate sería otro.

El Fantasma lanzó al alcalde contra la pared del corredor con la fuerza suficiente para que quedase inconsciente, y luego se concentró en la mujer. Chang dio un gran salto para intentar realizar un ataque desde el aire al Fantasma, pero este lo esquivó con facilidad, al tiempo que contraatacaba con su garra demoniaca. Chang se llevó una mano al costado, observando la sangre que brotaba de entre sus dedos. Sintiendo una rabia intensa, atacó al Fantasma con una serie de golpes de artes marciales, una auténtica lluvia mortal que sin embargo su oponente paraba o esquivaba sin apenas esforzarse. Exhausta y herida, la mujer ninja bajó un segundo su guardia, lo que aprovechó el Fantasma para desgarrar su brazo izquierdo desde el hombro hasta la muñeca. Evelyn gritó de dolor, esta vez la herida era grave, y la pérdida de sangre pronto la dejaría demasiado débil para seguir ofreciendo resistencia al demonio.

–         ¿Te rindes, mujer? –susurró el Fantasma a través de su máscara.

–         Nunca –contestó siempre desafiante la aguerrida mujer.

El Fantasma lanzó una desagradable y espectral carcajada, y después atacó.

***

 O’Sullivan siguió a Strong hasta su despacho, una gran sala iluminada ahora con extrañas luces fluorescentes que provenían de una especie de globos que colgaban de las paredes. Mientras Strong se dirigía hacia un gran cuadro que mostraba una pintura de carácter oriental, el expolicia se fijó en un gran panel que se hallaba expuesto en mitad de la gran sala. El panel mostraba el emblema de TecnoCorp, y múltiples ramificaciones a nombres dentro de pequeños recuadros. O’Sullivan vio un recuadro que indicaba “AECorp-Richard Bachtown, NY” y una anotación que indicaba “Recursos Especiales” y la abreviatura “SOB.”. ¿Quizá Sobrenatural?.

Un sonido como de metal deslizándose alertó a O’Sullivan, que se sorprendió al ver como Strong había accionado un mecanismo oculto detrás del cuadro, cuyo objetivo era abrir una puerta secreta camuflada como una falsa pared. Al deslizarse la sección, había dejado al descubierto una pequeña cámara llena de armas y objetos extraños.

–         Strong, está usted lleno de sorpresas –dijo O’Sullivan, mirando con avidez los diferentes tipos de armas de la habitación secreta.

–         Amigo, ¿no cree que ya es hora de que esos tipos sepan de que están hechos los ciudadanos de Hollow City? –dijo Strong, lanzándole a O’Sullivan una escopeta de un modelo mucho más avanzado que el que usaba la policía.

O’Sullivan comprobó el arma, y luego la amartilló, a la vez que miraba fijamente a Strong.

–         Vayamos de una vez a devolver a esos demonios al infierno.

 ***

 Los Soldados Oscuros atravesaron la destrozada puerta que daba acceso a las escaleras, encontrándose con el cuerpo de Elliot Grant en el suelo. Uno de ellos sacó una especie de bola de espuma de color negro, y se la aplicó a su ojo derecho. La espuma se tornó gelatinosa, tomando un color semi-transparente al tiempo que permanecía fijada en el globo ocular. Mediante el bioparche, el soldado podía ver unas manchas de color rojizo allá donde hubiese un rastro térmico reciente, y las que ahora veía le indicaban que dos personas habían ido por las escaleras hacía arriba, y otras dos habían ido en sentido opuesto. Decidieron subir hacia arriba, donde se encontraron con otra patrulla de seres demoníacos. En total eran ocho seres feroces, soldados dispuestos a todo con tal de cumplir las órdenes del Fantasma.

Siguiendo el rastro térmico que habían dejado Strong y O’Sullivan, los soldados oscuros llegaron hasta el corredor que finalizaba en el despacho de Jason Strong, encontrando una pesada puerta cerrada que les impedía el acceso. El ser del bioparche sacó un nuevo objeto extraño, prueba del arsenal diabólico que diseñaban los deformes científicos del Laberinto. Se trataba de una especie de tubo de ensayo acristalado con un pequeño botón en un extremo, con una parte de su superficie adhesiva, lo que facilitó la tarea de colocarlo sobre la puerta del despacho. Entonces el soldado apretó el botón del frasco, y el líquido negruzco que contenía se inyectó en la puerta. El resultado fue algo espantoso, puesto que desde el punto donde se hallaba el frasco se extendió una especie de tejido vivo y pulsante, que poco a poco fue corroyendo la puerta. En cuestión de segundos ya no había ninguna puerta, sólo una masa de tejido putrefacto y maloliente, que a continuación se deshizo en pedazos dejando acceso libre a la estancia.

Los soldados entraron en la gran sala, dispersándose para cubrir mejor el área, pero allí parecía que no había nadie. El demonio del parche inspeccionó el lugar en un intento de hallar cualquier rastro térmico, y su extraño instrumento le sirvió para detectar un rastro que se dirigía hacia una sección de la pared norte de la estancia.

Entonces, súbitamente, la pared se deslizó dejando entrever a dos hombres armados que al instante comenzaron a disparar. El soldado del parche rodó instintivamente por el suelo, esquivando los mortales disparos de las escopetas, pero dos de sus compañeros cayeron fulminados por los impactos a tan corta distancia. Strong y O’Sullivan siguieron disparando, sabedores de que la ventaja otorgada por la sorpresa de su ataque no duraría más que un instante. O’Sullivan pudo comprobar que los proyectiles de aquellas armas de TecnoCorp eran mucho más eficaces contra esos seres que los que utilizaba su Beretta, sobretodo al ver la cabeza de uno de los soldados quedaba destrozada y convertida en un amasijo de tendones rasgados y sangre.

Pero aun quedaban varios soldados, y éstos comenzaron a contraatacar con sus bio-armas demoníacas. Los disparos comenzaron a inundar la zona donde se hallaban cobijados Strong y O’Sullivan, y el primero recibió un impacto en el hombro derecho, cayendo al suelo.

–         ¡Strong, levántese, maldita sea! –gritó O’Sullivan al ver caer al director de TecnoCorp.

Al verse solo en el combate, el expolicía retrocedió hacia el interior del cubículo secreto, intentando pensar en que hacer a continuación mientras recargaba su arma. El soldado del parche ordenó con señas a uno de los otros que se adelantase hacia el cuerpo de Strong. El subordinado lo obedeció, y al acercarse al cuerpo notó algo extraño: su hombro derecho no sangraba, es más parecía que el impacto había dejado algo al descubierto, algo…metálico. Entonces el soldado notó un impacto en el estómago, sin apenas sentir dolor gracias a la esencia oscura que recorría su interior, y al bajar la vista se encontró con el brazo de Strong insertado en su cuerpo. Strong retiró el brazo mientras contemplaba fijamente los ojos de su enemigo, y vio que éstos abandonaban su color negro y su expresión de ferocidad. El cuerpo sin vida del soldado cayó al suelo salpicando sangre por el enorme agujero que era ahora su cavidad abdominal.

El resto de los soldados comenzaron a disparar a Strong, pero éste dio muestras de su adiestramiento en el combate y se dirigió con velocidad sorprendente hacia la mesa de su despacho en busca de cobertura. El soldado del parche ordenó a los otros tres que aún quedaban en pie que disparasen hacia la cobertura de Strong, y así lo hicieron. Los proyectiles de darkanium comenzaron a perforar la mesa, astillando la madera y destrozándola poco a poco con cada disparo. Pero los soldados habían cometido un error, se habían olvidado de O’Sullivan gracias a la maniobra de Strong. El expolicía salió de su escondite y disparó contra uno de los soldados, cuyo cuerpo quedó desplomado sobre la mesa tras recorrer unos pocos metros por el impacto. Mientras los otros dos soldados giraban hacia O’Sullivan, éste disparó hacia uno de ellos, alcanzándolo de lleno en pleno rostro y esparciendo trozos de materia cerebral por toda la alfombra. Entonces, justo cuando el tercer soldado iba a disparar contra O’Sullivan, Strong levantó la pesada mesa gracias a la extraordinaria fuerza que le otorgaba su brazo cybernético, dejándola caer sobre la cabeza del sorprendido agente oscuro.

Pero aún no había acabado todo, siete de aquellos seres habían caído, pero faltaba el soldado del bioparche. Éste lanzó un objeto al suelo que parecía una granada con aspecto de piña metálica, y al chocar contra el suelo el objeto disparó una serie de agujas de darkanium finísimas en todas direcciones. Strong colocó su brazo derecho protegiendose lo máximo que pudo, pero aún así fue alcanzado por varios de los alfileres, sufriendo un dolor agudo con cada impacto. O’Sullivan pudo arrojarse al suelo cerca de la mesa destrozada, evitando la mayoría de las agujas dirigidas en su dirección. Sin embargo una le alcanzó en el pómulo derecho, perforándolo y haciéndole sangrar abundantemente por el rostro. O’Sullivan disparó su escopeta hacia el soldado, descargando su arma una y otra vez con rabia, sin darse cuenta de que estaba gritando sin parar. El soldado retrocedía con cada impacto, su cuerpo lleno de agujeros sangrantes, pero parecía imposible de abatir, puesto que O’Sullivan había agotado toda la munición y aquel demonio aún seguía en pie. El soldado rió con una carcajada gutural que no tenía nada de humana, y sacó otra granada similar a la anterior. Justo cuando su brazo derecho iniciaba el movimiento para lanzar la granada, algo pareció desequilibrar al soldado, el cual cayó de espaldas al suelo, con su ojos demoníacos desmesuradamente abiertos por la sorpresa. Entonces O’Sullivan vio como la granada caía sobre su propio lanzador, y volvió a tirarse al suelo. Esta vez el único afectado por el objeto fue el propio soldado, y lo último que éste vio a través del bioparche fue la punta de uno de aquellos trozos de metal dirigido con gran velocidad hacia su ojo.

O’Sullivan volvió la vista hacia Strong, contemplando con sorpresa como su brazo derecho asía con fuerza el extremo de la alfombra donde hacía escasos segundos se había apoyado el cuerpo del soldado. El expolicía se dirigió hacia Strong para ayudarle, pero éste le indicó con un gesto que no era preciso. Tenía agujas clavadas en casi todas las partes del cuerpo excepto en el rostro y en la parte derecha del torso, estaba herido pero no de gravedad, nada que no pudiera curarse con unos días en reposo en TecnoCorp.

O’Sullivan y Strong observaron los cuerpos de aquellos seres, y de pronto ambos se miraron con la misma idea en su mente: Mallory.

 ***

El Fantasma contempló con admiración como aquella mujer volvía a levantarse una y otra vez, mostrando un espíritu inquebrantable que le hacía superar la barrera del dolor y de la desesperación. Aunque sabía que no podía superarle en combate, la mujer no se rendía y seguía mostrando una firmeza más propia de los antiguos samurais japoneses que de una ejecutiva de empresa. A pesar de las graves heridas que el Fantasma le había inflingido con su garra mortal, Evelyn Chang aún seguía en pie, dispuesto a un nuevo asalto. El Fantasma se había divertido con el combate, pero ya era hora de acabar con aquella molestia. Debía eliminar a Mallory y después encontrar a Strong, si no lo habían hecho ya sus soldados. El demonio oscuro se encaró contra la subdirectora de TecnoCorp, esperando su último ataque. Éste no se hizo esperar, consistiendo en una patada giratoria directa a la cabeza del Fantasma, pero éste detuvo el golpe con su brazo izquierdo sin inmutarse, y con su garra derecha le propinó un ataque que lanzó a la mujer contra la pared, dejándola completamente inmóvil en el suelo, sangrando profundamente tanto por la herida de la cabeza como por su desgarrado pecho.

El Fantasma rió, orgulloso de su poder, y se giró para lanzar su próximo ataque mortal contra el alcalde Mallory. Sin embargo divisó la silueta de un hombre que se interponía entre él y el corrupto Alcalde; lo reconoció enseguida, se trataba de aquel desconocido que se hallaba la noche anterior en la casa de Carl Norton. Los espías infiltrados en TecnoCorp le habían informado de que era sólo un expoli fracasado, un borracho al que todo el mundo le había dado la espalda. Y sin embargo esta era la segunda vez que intentaba inmiscuirse en sus planes, y juró que sería la última.

 O’Sullivan, vestido con un peto ligero de kevlar que le protegía el torso y armado con una pistola de extraño diseño, advirtió como a su espalda Mallory había comenzado a recuperar la consciencia. Lo primero que hizo el alcalde de Hollow City fue abrazarse a las piernas del expolicía y suplicarle que le ayudase. ¡Ese cerdo apestoso, cobarde y llorica! Con que ganas le metería la pistola por su sucia boca para luego apretar el gatillo, acabando así con la corrupción de la ciudad. Pero eso no sería lo adecuado, no sería lo que hubiese hecho su padre, el honrado policía Frank O’Sullivan. El viejo Frank hubiese sido capaz de escoltar al mismísimo Diablo hasta una prisión celestial disparando contra el propio Jesucristo si éste se hubiese acercado para arrebatárselo. La Justicia era igual para todos, y aunque el sistema estaba corrupto le correspondía a los hombres decentes defender los valores y principios básicos, de otra forma sólo se añadía más corrupción a la ya existente.

Haciendo un gran esfuerzo, O’Sullivan se desembarazó mediante un puntapié del balbuceante Mallory, y se concentró en la oscura figura que tenía delante. A pesar del equipo tomado rápidamente del despacho de Jason Strong, no creía que tumbar a aquel demonio de brillantes ojos rojos iba a ser fácil. A pesar de que cualquiera podría haberse puesto el traje negro y la horrible máscara, la escamosa garra derecha le confirmó que se trataba de la misma criatura demoníaca a la que se enfrentó en la casa del hombre del maletín. Si, acabar con aquel monstruo iba a ser muy difícil.

O’Sullivan disparó la pistola que parecía sacada de un arsenal del futuro contra el Fantasma. Al no estar acostumbrado a ella falló el disparo, el cual pasó rozando el cuerpo de su objetivo. El Fantasma se movió rápidamente directo hacia él, atacándole con su garra e hiriéndolo en el costado izquierdo. O’Sullivan no pudo reprimir un grito de dolor, pero en lugar de soltar su arma volvió a disparar a bocajarro contra su enemigo. Pero el Poder Oscuro le otorgaba al Fantasma una fuerza sobrehumana además de una gran velocidad, y éste lanzó un manotazo a O’Sullivan que le hizo errar el disparo. El Fantasma golpeó a O’Sullivan con su puño izquierdo, lanzándolo lejos. Entonces abrió su boca, oscura como una caverna, e invocando su poder emitió una especie de niebla densa de color negro. La niebla salió en gran cantidad por la boca del monstruo, y rápidamente el pasillo quedó anegado de una densa oscuridad, impidiendo la visión a todo el mundo menos a su creador.

O’Sullivan, completamente a oscuras, intentó buscar a tientas su arma, que había caído no muy lejos por culpa del ataque del Fantasma. Sin embargo notó como un pesado pie le aplastaba los dedos de su mano izquierda; el Fantasma era tan sigiloso que ni siquiera lo había oído acercarse en la oscuridad. A continuación notó como las afiladas uñas de la garra del demonio rasgaban la carne de su brazo derecho, lo que nuevamente le hizo gritar de dolor. Con un último esfuerzo, O’Sullivan lanzó una serie de rabiosos golpes con su puño que sólo hallaron el vacío como respuesta. Luego un golpe en el estómago le dejó casi sin respiración, haciéndole doblarse por el dolor.

El Fantasma cogió a O’Sullivan del cuello, levantándolo del suelo con su garra. Entonces O’Sullivan pudo por fin ver algo en la oscuridad absoluta que lo envolvía: los dos puntos rojos que indicaban la mirada triunfal de su enemigo antes de lanzar su ataque final. Eso era todo lo que O’Sullivan necesitó. Reuniendo sus últimas fuerzas, el expolicía sacó rápidamente de su bolsillo la aguja de darkanium que apenas minutos antes había extraído de su propio rostro, hincándola con todas sus fuerzas en el luminoso ojo derecho del Fantasma. Éste empezó a lanzar rugidos de dolor, liberando de su presa a O’Sullivan y llevándose las manos a su ojo sangrante.

O’Sullivan sabía que apenas tenía tiempo, y se arrodilló en el suelo prosiguiendo su búsqueda del arma. Entonces sus manos tropezaron con el metal caliente, y pudo respirar con alivio al darse cuenta de que había tenido éxito. Entonces se arrodilló, en mitad de la siniestra niebla oscura, apuntando hacía donde escuchaba los gritos de dolor del Fantasma, y disparó. Primero un disparo, luego otro, y otro más, moviendo un poco el arma con cada tiro para asegurarse de que alguno alcanzase su objetivo. De repente dejó de escuchar los gritos, y sólo se escuchó un único sonido: el de un cuerpo pesado caer al suelo. Una de las balas especiales de TecnoCorp con punta explosiva había impactado de lleno en el cuerpo del Fantasma, atravesando su traje protector y destrozando su negro corazón en mil pedazos.

La misteriosa niebla densa remitió rápidamente, dejando ver a un malherido O’Sullivan que sujetaba una extraña pistola; un lloriqueante Mallory que sólo pedía auxilio; y un cuerpo oscuro parcialmente destrozado que exudaba sangre putrefacta por todos sus poros. Y entonces la energía volvió a fluir por los cables eléctricos de las instalaciones de TecnoCorp: todas las luces del edificio se encendieron, iluminando la oscuridad en cada uno de sus rincones.

***

Minutos más tarde, el Alcalde Mallory y Elliot Grant fueron evacuados del edificio al Hospital general de Hollow City, a petición expresa del primero. Aunque el asesor del Alcalde estaba en estado crítico, aún tenía posibilidades de salir con vida. En cuanto a Mallory, su daño era más bien psíquico, y debería estar alejado de todo unos cuantos días, pero nada más. En opinión de O’Sullivan, ese cerdo corrupto había vuelto a librarse de todo, y encima gracias a él. Pero esa no había sido la última vez que O’Sullivan iba a vérselas con Mallory, y antes de que los enfermeros se llevasen al político en la ambulancia el expolicía le había susurrado algo al oído:

–         Mallory, asqueroso hijo de puta, espero que pronto estés de vuelta, porque estaré esperándote. Algún día meterás la pata hasta el fondo, y yo estaré ahí para ayudarte a caer. Nos volveremos a ver, te lo juro.

En cuanto a Jason Strong y Evelyn Chang, a pesar de sus heridas podrían recuperarse y llevar una vida normal dentro de pocos días. Pasarían la noche en la zona médica de TecnoCorp, junto con el propio O’Sullivan, que al principio había sido reticente pero luego había accedido a ser tratado en las instalaciones de la macroempresa.

Por lo que respectaba a los cuerpos de los soldados oscuros y al del Fantasma, todos habían sido llevados rápidamente y con el máximo secretismo al área de investigación de TecnoCorp, donde serían analizados y estudiados por los mayores expertos en ciencia avanzada.

***

 El Fantasma abrió los ojos, notando el dolor en el globo ocular herido. Notó que estaba tumbado en una especie de camilla, cubierto por una sábana. ¡Idiotas humanos! Habían creído que sus patéticas “armas avanzadas” podían acabar así como así con una criatura de su poder. Invocando hasta el último vestigio de su Energía Oscura, el Fantasma se concentró en sanar su cuerpo, regenerando la mayor parte de su destrozado ser. En apenas un par de minutos se regeneró lo suficiente como para sentirse con fuerzas de huir de allí. Se incorporó de la camilla, lanzando despectivamente la sábana ensangrentada a un lado. Todo su ser bullía de furia, clamando venganza. Pronto la obtendría. Acabaría con todos esos patéticos seres: O’Sullivan, Mallory, Strong,… Los mataría a todos. Sin embargo pronto se dio cuenta de una cosa. Ahora estaba solo. Había fracasado por segunda vez, lo cual le impedía regresar al Laberinto y presentarse ante el Consejo de los 12. Y ello implicaba que no podría regenerar su Energía Oscura, su preciado poder, su anhelada y embriagadora esencia, tan necesaria. A partir de ese momento era un objetivo, no solo por sus fracasos sino por todo el conocimiento del secreto de los Oscuros en Hollow City. Se había convertido en un paria, perseguido por TecnoCorp, por los Oscuros, vagando por las alcantarillas de la ciudad de un lado a otro, arrastrándose en soledad por la silenciosa oscuridad de los túneles como lo que era en realidad: un monstruo, una Criatura. Un ente solitario al que sólo le quedaba una misteriosa caja de dimensiones reducidas en un bolsillo, como única compañía.

Sumido en sus tristes pensamientos, el Fantasma hizo honor a su nombre, fundiéndose en la oscuridad de la noche y huyendo hacia un siniestro futuro sin esperanza.

***

 En el Central Park de Hollow City una mujer rubia de ojos azules jugaba columpiando a su pequeña hija de sonrosadas mejillas, riéndose a pesar del viento frío de la tarde que empezaba a soplar con fuerza. Madre e hija no paraban de divertirse en las instalaciones del parque, sin darse cuenta de que un hombre les observaba discretamente semioculto entre los árboles. El hombre, alto y de porte atlético, con una gruesa nariz parecida a la de un boxeador, también sonreía desde su escondite. Tras unos minutos la mujer y la niña decidieron que ya era tarde, y salieron del parque por la puerta principal, hacia la zona de estacionamiento. El hombre las siguió con disimulo, cojeando ligeramente de una pierna al tiempo que metía su mano izquierda vendada en el bolsillo. Al ver que iban a entrar en un coche, intentó acelerar el ritmo para llegar hasta ellas antes de que se marchasen, pero entonces algo le hizo detenerse. Era un lujoso Lincoln de color negro con las ventanillas tintadas, con un logotipo de plata en la parte delantera. Las letras TC indicaban claramente quien podía hallarse en su interior.

“Así que al final han decidido ir por mi. Pues bien, esta vez estaré preparado”, pensó el hombre, a la vez que apretaba con su mano derecha su vieja Beretta en el interior de su abrigo. Cuando el automóvil llegó hasta su altura, una de las ventanillas bajó lo suficiente como para que O’Sullivan contemplase la belleza fría y sensual de Evelyn Chang, recuperada completamente de sus heridas.

–         ¿Cómo está, señor O’Sullivan? Me alegro de verle –dijo la mujer oriental.

–         ¿Qué pasa, quieren acabar con el trabajo o qué? Quieren terminar conmigo por todo lo que se, ¿verdad? –O’Sullivan apretó aun más la mano sobre la culata de la pistola, ganando tiempo para que Hellen y Edith se fuesen de allí.

–         ¡Vamos, O’Sullivan, no me haga reír! –la señorita Chang le entregó una cartera negra al sorprendido expolicía-. No he venido hasta aquí para matarle, sino para… contratarle.

Entonces, lentamente, O’Sullivan abrió la cartera, quedándose boquiabierto al ver su cara pegada sobre unas credenciales de TecnoCorp, donde podía leerse la frase “Agente de Seguridad, Nivel 3”.

–         Recuerdos del señor Strong. Mañana tiene una cita con él a las nueve de la mañana. Sea puntual, y póngase un traje. Ah, y otra cosa, O’Sullivan –Evelyn Chang hizo una pequeña pausa y después dijo sonriendo: -Bienvenido a TecnoCorp.

Luego la ventanilla volvió a subir, y el coche negro arrancó, dejando sólo a O’Sullivan en la acera, aún con su credencial de TecnoCorp en la mano. También pudo ver como el coche de su mujer se iba con ella y su hija dentro, directo a la seguridad de su hogar.

Hogar, seguridad,… ¿Era eso lo que podía ofrecerles O’Sullivan, ahora que ya no estaba en la policía? ¿Debía aceptar ese empleo, a pesar de su desconfianza hacia TecnoCorp? Intentó imaginar que hubiese hecho su padre, pero no halló la respuesta. Tal vez era hora de seguir hacía delante, probar algo nuevo, seguir luchando pero desde otro lado. Había visto demasiadas cosas extrañas en los últimos días, cosas extraordinarias y espeluznantes. Un velo había caído liberando sus ojos, haciéndole contemplar una realidad sobrenatural oculta para el resto de los mortales, pero que ahora era evidente para él. Había algo raro en Hollow City, un mal oculto en la oscuridad, que infectaba las calles más allá de su podrida naturaleza corrupta. Ya se lo había advertido aquella noche el anticuario, John Reeves. Sí, al parecer había gente que aún creía en la salvación de la ciudad, individuos que luchaban contra esa plaga de maldad que envenenaba el propio corazón de Hollow City. Gente como Reeves, como el periodista Vic Page, como el Vengador Enmascarado “Espectro”. Cada uno tenía sus propios métodos, y algunos no eran aprobados por O’Sullivan, pero era bien cierto que todos tenían el mismo objetivo: luchar contra el mal en una Guerra Secreta, una guerra que acababa de empezar. Ahora le tocaba a él decidir si quería participar o no en esa guerra.

O’Sullivan guardó la cartera negra en el bolsillo, se ajustó el cuello del abrigo ante las ráfagas del viento otoñal y comenzó a andar lentamente, casi sin darse cuenta de que el sol brillaba en lo alto, iluminando alentadoramente aquella tarde de otoño. Y es que hasta en Hollow City habían días en que la luz derrotaba a la oscuridad, aunque fuese sólo a veces.

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comentarios
  1. eihir dice:

    Bueno, al final he podido por fin acabar la historia. Aunque espero que esto solo sea el principio. Proximamente nuevos personajes, nuevas historias, más Hollow City. ¿Quienes son en realidad los Oscuros? ¿Que son las Criaturas? ¿Que ocurrirá con el “pobre” Fantasma y su misteriosa caja miniaturizada? ¿Accederá O’Sullivan a TecnoCorp? ¿Y que hay de Mallory, el corrupto alcalde?
    Como diría SuperRatón: ¡No se vayan todavía, aún hay más!

  2. Ferran dice:

    Muy interesante. Me han gustado las alusiones a AECorp (que por cierto sigue en espera de un PJ para empezar) y sobretodo las implicaciones que supondrá que el Fantasma sea un paria y necesite obtener por su cuenta energia oscura. 🙂

    • eihir dice:

      No pude evitar el guiño a AECorp, inspiración para TecnoCorp. Si al final me hago un personaje será el propio O’Sullivan, ese si que tendría ya un buen historial, ¿no?.

  3. Ferran dice:

    Menudo equipo, Jim Parson y O’Sullivan. A ver si os animáis y la empezamos algún día.

  4. galdrik dice:

    Meha gustado mucho. Bravo.

  5. necrus dice:

    Muy bueno si señor. Pero …….. ¡queremos mas!, ja ja.

  6. eihir dice:

    Pues si habrá más, aunque no se cuando. Posiblemente haga una pequeña historia de parentesis protagonizada por Kuestion, Espectro y Jhon Reeves. Si quereis incluso podría acabar con la trágica muerte de alguno (o todos) de ellos.

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