Segunda Oportunidad

Publicado: 19 septiembre, 2010 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

En la Sala de las Ánimas reinaba un silencio sepulcral, sólo acompañado por una sobrenatural sensación de frío. El Consejo de los 12 esperaba en lo alto del palco circular, permaneciendo inmóviles todos sus miembros mientras contemplaban la forma oscura que se hallaba en el centro de la sala.

El Fantasma, herido y cansado, alzó su desfigurado rostro cubierto por la espantosa máscara, observando a sus señores mientras esperaba su decisión. Había acudido enseguida a informar al Consejo del fracaso de la noche anterior, sabiendo cual sería su castigo, sin esperar clemencia ni compasión alguna.

–         ¡Fantasma, nos has fallado! –dijo uno de los encapuchados, con su habitual voz siniestra.

–         Mírate, nuestro mejor Guerrero Oscuro derrotado por uno de esos miserables seres mortales. Eres una deshonra para los nuestros –dijo otro de los Consejeros con tono de enfado.

–         No mereces estar aquí con nosotros. No mereces compartir la gloria del Conocimiento Oscuro. Tanto entrenamiento, tanto Poder, tanto esfuerzo desperdiciado. Nos has defraudado, Fantasma –al pronunciar estas palabras, el Fantasma sintió como la fría mirada del tercer Consejero le traspasaba con gran fuerza.

El Fantasma bajó la cabeza, mirando al suelo. Sabía que sería inútil intentar defenderse, sólo demostraría un patetismo indigno de un ser como él. Además, ellos tenían razón. Su orgullo le había traicionado, se había confiado en exceso, bajando la guardia. El Fantasma observó su brazo derecho, mirando el negruzco muñón que era ahora lo que antes había sido su mano. Se juró en silencio que si tenía la menor oportunidad acabaría con aquellos dos hombres, tanto con el de la pistola como con el encapuchado. Los destrozaría con sus propias manos, despedazándolos miembro a miembro regocijándose al contemplar su dolor. Aunque lo más seguro es que le volviesen a enviar al Otro Lado, fuera del Laberinto y de esta miserable ciudad. Y lo que allí le esperaba era ser un don nadie, uno más en un mundo de monstruos agonizantes que suplicaban por poder cargar sus cuerpos con Energía Oscura. Sería peor que el infierno.

Los 12 miembros del Consejo murmuraban inteligiblemente entre ellos, debatiendo la decisión final, meditando sobre el plan que debían de llevar a cabo y sobre el destino del Fantasma. Tras unos pocos minutos, todos asintieron con la cabeza, volviéndose hacia el Fantasma: la decisión había sido tomada. El Fantasma cerró los ojos, preparándose para lo peor.

–         Fantasma, ha pesar de tu fracaso siempre nos has servido con lealtad, y hasta ahora nunca habías fallado. A pesar de que deberíamos de extraer toda la esencia oscura de tu interior y llevarte al Otro Lado, el Consejo ha decidido darte una última oportunidad. Deberás llevar a cabo la misión principal que se te encomendó, y si tienes éxito pasaremos por alto este “lamentable suceso” y seguirás como siempre aquí, a nuestro servicio.

El Fantasma sintió un gran alivio, no se lo podía creer. El Consejo no lamentaría su decisión, les serviría hasta el fin de su propia existencia. Esta vez no le cogerían desprevenido. Esta vez sabrían quien era de verdad el Fantasma.

–         Ya sabes lo que tienes que hacer, Fantasma. Jason Strong estará en TecnoCorp hasta muy tarde, haciendo de guía para el visitante más “ilustre” de la ciudad, el Alcalde Mallory. Acaba con los dos, y esta vez no falles. No consentiremos otro fracaso… -las últimas palabras las pronunció con un tono que dejaba muy claro lo que pasaría si el Fantasma no cumplía con su misión.

Los miembros del Consejo se levantaron al unísono, entrelazando sus manos y comenzando a entonar el cántico sobrenatural que daría fuerza al Fantasma. Mientras el Guerrero Oscuro comenzaba a sentir en su interior la embriagadora sensación de poder, juró por el Conocimiento Oscuro que esta vez no fracasaría.

Una vez que el Fantasma quedó lleno de la esencia sobrenatural, salió de la Sala de las Ánimas, adentrándose en la penumbra de los pasillos estrechos del Laberinto. ¡Que ignorantes eran los ciudadanos de Hollow City! Nadie sabía de la existencia de ese oscuro complejo construido en las profundidades del subsuelo de la ciudad. No conocían a los habitantes del Laberinto, seres que venían del Otro Lado a alimentar su necesidad de Energía Oscura. Y por supuesto, tampoco sabían de la existencia de las Criaturas.

El Fantasma llegó hasta el umbral de una puerta metálica, donde se hallaba un panel de seguridad, y posó en él la palma de su mano izquierda. El sistema de seguridad reconoció su identidad, emitiendo una luz parpadeante y un pequeño pitido. A continuación la puerta metálica se abrió, permitiendo el acceso del Fantasma al Laboratorio.

El Laboratorio era el lugar más iluminado que podía encontrarse dentro de las instalaciones del Laberinto, aunque tampoco era para tirar cohetes. Simplemente había la luz necesaria para poder manejar las delicadas maquinarias y los avanzados procesos tecnológicos que permitían manipular la Energía Oscura y el Darkanium. La cámara se hallaba llena de extraños aparatos, cables de energía que parecían tentáculos monstruosos, cápsulas de diferentes formas y tamaños con una especie de código numérico y paneles de control que un humano corriente hallaría imposible de manipular.

También habían varios científicos con batas negras, muchos de ellos con el rostro desfigurado o con alguna otra malformación, producto de la manipulación de la Energía Oscura y de las Criaturas. Para el Fantasma no eran más que simples herramientas vivientes que se arrastraban serviles ante el poder del Conocimiento Oscuro, aunque debía reconocer que sin ellos no habría forma de seguir viviendo en el Otro Lado.

El Fantasma se dirigió a uno de los científicos encapuchados, que al parecer le estaba esperando ya que le señaló una especie de camilla haciendo un ademán para que se acostase en ella. El Fantasma obedeció, y el científico conectó un extraño artilugio mecánico parecido a un tubo alargado con una masa viscosa negruzca en un extremo. Al acercarse al Fantasma, éste notó un fuerte hedor a putrefacción que provenía del científico, y vio unos ojos amarillos que afloraban de unas cuencas llenas de protuberancias abultadas y deformes. El científico monstruoso metió el muñón del brazo derecho del Fantasma en el tubo, y conectó mediante un cable de darkanium el extremo viscoso a una cápsula de cristal del tamaño de una persona que se hallaba al lado de la camilla. A continuación comenzó a manipular una serie de botones de un panel de control de la cápsula, y se pudo escuchar como una especie de rugido que provenía de su interior: había algo vivo dentro de aquella siniestra cápsula.

El Fantasma sintió un pinchazo en su muñón, y luego un fuerte dolor que recorrió su brazo. El dolor se hizo tan intenso que estuvo a punto de lanzar un grito, pero al final pudo contenerse. Luego el dolor se desvaneció poco a poco, al igual que los rugidos de la Criatura de la cápsula. Finalizado el proceso, el científico deforme desconectó el cable y retiró el tubo. El Fantasma contempló con una sonrisa como su muñón había sido sustituido por una mano escamosa de color oscuro, con unas afiladas uñas en las puntas de sus dedos. Abrió y cerró varias veces aquella garra demoníaca, comprobando satisfecho que todo estaba bien. Apartó de un manotazo al científico y se dirigió a la salida del Laboratorio, cruzándose con otros dos de aquellos seres deformes que se dirigían con un pequeño contenedor con ruedas hacia la cápsula que ahora contenía a una Criatura sin vida. Antes de salir de la sala, el Fantasma lanzó un último vistazo, contemplando la inmensidad del Laboratorio: habían decenas de cápsulas similares que abarrotaban todo el Laboratorio, llenas de Criaturas a las que les esperaba un destino similar.

 ***

Paul O’Sullivan abrió los ojos lentamente, intentando acomodarse a la luz. Enseguida se dio cuenta de que estaba en un hospital, ya que observó como al lado de la cama donde se encontraba acostado había un gotero conectado a su brazo. También notó que no estaba solo en aquella habitación de paredes blancas y olor a desinfectante.

–         Buenos días, señor O’Sullivan –dijo Jason Strong, el Director de TecnoCorp-. Pensábamos que tardaría algo más en recuperarse, es usted un hombre fuerte.

–         Yo creo que más bien es un hombre con mucha suerte –la voz era de Evelyn Chang, la Subdirectora de TecnoCorp y mano derecha de Strong. Y también la mujer Ninja que le había salvado la noche anterior de aquél espantoso ser.

O’Sullivan trató de incorporarse, haciéndolo sin esfuerzo y sorprendentemente sin dolor. Se palpó el pecho y la espalda, notando que ya no sentía el dolor del ataque del Fantasma. Aquello no era posible, a no ser que hubiese pasado un mes en aquella cama de hospital.

–         Tranquilo O’Sullivan, está usted perfectamente. Y además, se encuentra entre amigos. La señorita Chang me ha contado lo de la otra noche, parece que llegó en buen momento, ¿no cree? –dijo Strong con una sonrisa.

O’Sullivan contempló con desconfianza a los directivos de TecnoCorp. Tenía muchas preguntas que formular, y esperaba que alguien le diese las respuestas.

–         ¿Dónde diablos estoy? ¿Cuánto tiempo he estado en el hospital? –O’Sullivan trataba de recordar los últimos acontecimientos, pero sentía una gran confusión en su mente.

Entonces el expolicía observó como Strong y Chang se miraban en silencio, y luego le miraron a él. ¿Qué estaba pasando aquí?

–         O’Sullivan, está usted en un error. No está exactamente en un hospital. Está en nuestras instalaciones médicas, en TecnoCorp, en manos de nuestros expertos. Gracias a nuestra tecnología médica se ha recuperado de sus heridas en sólo un par de días. ¿Sorprendido, eh?

O’Sullivan seguía mirando desconfiadamente a Strong. ¿Por qué le habían llevado a TecnoCorp en lugar de a un hospital? ¿Acaso temían que revelase que habían cosas extrañas en Hollow City, como seres demoníacos, armas que se desintegraban en el aire y mujeres ninja que correteaban por las azoteas de la ciudad? Si decía todo aquello a alguien, lo más seguro es que le encerraran en el manicomio de Hollow City y echaran la llave al río.

–         ¿Por qué no nos cuenta que sabe de todo esto? Tal vez podamos ayudarnos mutuamente –Strong miró seriamente a O’Sullivan, intentando derribar el muro de desconfianza que se alzaba entre los dos.

O’Sullivan decidió hablar, contando lo que sabía, pero omitiendo sus fuentes de información. Contó su encuentro con el conserje de TecnoCorp, el hombre del coche que se llevó el maletín, las armas que se volatilizaban en el aire, los tatuajes extraños relacionados con los extinguidos Valakis, el encuentro con el ser del traje oscuro y el gato infernal, y cómo aquel ser había escapado dando un gran salto sobrehumano. Cuando finalizó su relato, se dio cuenta por la forma en que se miraban Strong y Chang que ya sabían algo del tema, no parecían demasiado sorprendidos.

–         Muy bien, yo he cumplido, ahora explíquenme que coño pasa y que es lo que ustedes saben, o cuando salga de aquí iré directamente a la sede del American Chronicles y haré público todo lo que se.

–         ¿Lo que sabe? –dijo Evelyn Chang con ironía-. ¿Y que sabe usted, poli fracasado? No tiene ni idea de nada, se ha visto envuelto en una situación que le viene grande, amigo. Debería darme las gracias, si no es por mí ahora estaría en el fondo de un hoyo en el cementerio.

–         Yo también le salvé su precioso culo, señora –le devolvió con sorna O’Sullivan-, acuérdese de que le quité el gato de encima. No le debo nada.

–         Está bien, está bien –intervino Strong-. Esto es lo que sabemos, O’Sullivan. Desde hace algún tiempo nuestra red de informadores nos habló de cosas raras que están pasando en esta ciudad, cosas… sobrenaturales. Se hablaba de gente que desaparecía en la oscuridad de la noche, individuos extraños que se transformaban en seres demoníacos, pero no sabíamos de nadie que hubiese tenido un encuentro directo con estos sucesos. Hasta la otra noche, cuando usted abatió a Carl Norton, un miembro de nuestro personal de limpieza. Al parecer era un espía que estaba suministrando algunos de los secretos de nuestra compañía a otros, aunque no sabemos a quien. Evelyn fue a investigar a su domicilio cuando se encontró con usted y el tipo disfrazado. Y eso es todo.

–         ¿Eso es todo? ¡Y un carajo! –explotó O’Sullivan-. Ustedes saben mucho más, pero quieren taparlo, como si fuesen los putos Hombres de Negro cazaovnis. Pero no se saldrán con la suya, los forenses de la poli descubrirán cosas interesantes de su espía.

–         ¿Se refiere a Norton? –dijo Evelyn Chang-. Ah, pero ¿no lo sabía? La policía ha entregado su cadáver a TecnoCorp para que utilice sus conocimientos avanzados y realice las investigaciones pertinentes –Evelyn le lanzó una sonrisa triunfal a O’Sullivan.

–         Esto es todo, amigo –Strong se preparó para marcharse de la habitación, acompañado de Chang-. Le recomiendo que guarde silencio, se vaya a casa y prosiga con su vida, como si nada de esto hubiese pasado. Es por su propia seguridad…

Ambos se marcharon, dejando a O’Sullivan sólo en la habitación, con sus pensamientos. No le había gustado el tono de mercenario que había utilizado Strong antes de irse con su fulana. Mierda, estaba metido en un buen lío. ¿Qué pasaría si aquel tipo de los rayos oscuros volvía a por él? ¿Debería buscarse un nuevo escondrijo donde ocultar su cabeza, ahora que había decidido dejar la bebida e intentar llevar una vida normal, con la esperanza de que algún día su mujer y su hija le volviesen a aceptar en sus vidas? Quizá debería volver a la tienda de aquel anticuario del bastón, Reeves. Al final no parecía que estuviese tan loco como parecía.

 ***

 En la entrada principal de las instalaciones de TecnoCorp reinaba una gran expectación. Periodistas con micrófonos, cámaras de televisión, fotógrafos, mirones… todos se agolpaban formando una muchedumbre que amenazaba convertirse en una avalancha sobre los guardias de seguridad de la empresa. La causa de toda aquella agitación era evidente en la obesa e inconfundible figura del Alcalde Mallory y su ayudante, Elliot Grant, los cuales habían acudido aquella tarde a la ansiada visita de protocolo que había sido anunciada en la prensa. Acudieron a recibirles Jason Strong y Evelyn Chang, sonrientes de cara a la galeria. Tras unas frases cordiales y un amistoso intercambio de apretones y saludos, todos posaron ante la prensa y los fotógrafos, respondiendo a sus preguntas previamente pactadas. Sin embargo, cuando los políticos y los directivos de TecnoCorp ya se retiraban para iniciar la visita sin la compañía de la prensa, uno de los periodistas se acercó al grupo lo máximo que pudo, hasta que los guardias de seguridad le cerraron el paso. Se trataba de un individuo alto y bien parecido, pelo castaño, de unos cuarenta años y rostro endurecido. Sus ojos negros lanzaron una mirada punzante al Alcalde Mallory a la vez que le preguntaba con voz alta:

–         Señor Alcalde, ¿es cierto lo que dicen los medios de comunicación acerca de los rumores de la corrupción de su administración? –al decir esto, todos los que estaban alrededor guardaron silencio para oír la respuesta a la pregunta del inquisitivo periodista.

–         El Alcalde Mallory ya ha respondido a sus preguntas, caballeros –se adelantó Elliot Grant, avispado como siempre-. Ahora hemos de iniciar la visita, gracias.

–         ¿No cree que los lectores deben saber la verdad? Si hay una ligera sospecha de corrupción en el Ayuntamiento, ¿no influirá en el famoso acuerdo de colaboración con TecnoCorp? –el periodista parecía no querer soltar a su presa, y el Alcalde Mallory ya le estaba fulminando con la mirada.

–         El Alcalde ya realizará una rueda de prensa ante esos falsos rumores de prensa amarilla –Elliot Grant le puso una mano en el brazo de Mallory para calmarlo y evitar el inminente desastre.

–         ¿Y que hay de lo del solar de Bussler Green, donde se construirá el aeropuerto? ¿Qué pasa con la gente pobre que habita ahora allí? –el periodista no se rendía de ninguna manera, y cada vez levantaba más la voz, llamando la atención de todos los presentes.

–         Todo eso son falsas acusaciones sin fundamento. Lo siento, señores, pero hemos de irnos –Grant se llevó del brazo a Mallory, casi arrastrándolo, al tiempo que hacía una señal hacia los guardaespaldas que había traído el Alcalde consigo.

Mientras el periodista aún lanzaba preguntas al aire, otros compañeros se envalentonaron y comenzaron a imitarle, llenando el aire con cuestiones acerca de la corrupción, la delincuencia y el supuesto amaño de las elecciones de Hollow City. Sin embargo los guardaespaldas se acercaron al periodista que había iniciado el interrogatorio, en actitud poco amistosa, y comenzó a armarse un pequeño jaleo. Empujones, insultos y forcejeos se sucedieron entre periodistas, guardaespaldas y guardias de seguridad del recinto, por lo que tuvieron que intervenir los policías que habían acompañado a la comitiva. Tras unos minutos de tensión, la sala de recepción poco a poco retornó a la calma, y el asunto quedó tan solo en pequeñas amenazas y denuncias. Cuando los guardaespaldas buscaron al mordaz periodista de pelo castaño, descubrieron que había desaparecido de la escena, escaqueándose con habilidad del lugar mientras se había formado la grotesca confrontación.

 Mientras la comitiva comenzaba la visita de TecnoCorp, un furioso Alcalde Mallory le dijo en voz baja a su asesor:

–         Elliot, hazme un favor. Averigua quien era ese hijoputa entrometido y que los muchachos le den una pequeña lección. Ya sabes, nada violento, pero que aprenda que nadie se mete con James Mallory sin acabar manchándose la camisa.

–         Yo ya se muy bien quien es, señor Alcalde –Elliot Grant suspiró antes de pronunciarlo, consciente de que Mallory pondría el grito en el cielo-. Es ese escritor de segunda fila que ahora se cree periodista por haber publicado cuatro tonterías en el American Chronicles. Es Vic Page.

Al oír el nombre, la cara que puso Mallory no tuvo desperdicio.

 ***

 El Fantasma observó a sus soldados oscuros, seres que una vez fueron normales pero ahora habían sido tocados por el Conocimiento Oscuro, gracias a los Científicos del Otro Lado. Los siniestros símbolos tatuados en sus cuerpos eran su nexo de unión con el Poder Oscuro, lo que les convertían en unos excelentes guerreros. Feroces, rápidos, fuertes, resistentes al dolor…eran los combatientes perfectos. Aunque claro, no tan buenos como él mismo. La diferencia con ellos era que él no necesitaba ningún tatuaje, había nacido con una porción de poder oscuro en su interior. Había sido una de aquellas Criaturas de las cápsulas y habría compartido su mismo destino, de no ser porque de vez en cuando a algunas de ellas las entrenaban, las aleccionaban en los secretos místicos del Conocimiento Oscuro, las libraban de su incomprensión iluminando sus mentes entumecidas. Y el Fantasma había sido un buen alumno, uno de los mejores. Su entrenamiento había quedado completo el día que se enfrentó a otra de esas Criaturas como él, que por error había escapado de una de esas cápsulas de retención. El había rastreado a la Criatura hasta un edificio ruinoso, de tantos y tantos que habían en el otro lado. La había seguido, observando y esperando, acechando en la fría y entumecedora oscuridad durante días, esperando su oportunidad. Hasta que la encontró. Enfrentándose cara a cara con la Criatura, armado sólo con su valor y su fuerza, el Fantasma había vencido, aunque pagando un caro precio por su victoria. Su rostro había sido parcialmente devorado por las llamas del poder de la Criatura, convirtiéndole en un ser tan horrible que incluso asustaba al resto de Criaturas. Pero su triunfo le había otorgado el derecho de servir al Poder Oscuro, y la Criatura que una vez fue él se transformó en la Abominación llamada… Fantasma. Tras un periodo sirviendo en las filas del Amo Oscuro, los Científicos hallaron la forma de abrir un portal del Otro Lado hacia varios lugares distintos, y uno de ellos era el subsuelo de Hollow City. Construido el Laberinto, el Consejo de los 12 fue enviado a supervisar el plan del Amo, y el Fantasma fue reclutado para irse con ellos. Desde entonces había servido con lealtad al Consejo, sin haberles fallado nunca, hasta ahora. El Consejo no daba nunca segundas oportunidades, y él debía aprovechar esta ocasión y no volver con las manos vacías, o de lo contrario ya sabía lo que le esperaba.

El Fantasma se volvió hacia su pequeña tropa, impartiendo las últimas instrucciones. Se dirigieron al final de un oscuro túnel, hasta llegar a unas escalerillas que ascendían a la superficie por un pasadizo ascendente. Al final les esperaba una trampilla metálica que conectaba directamente con los sótanos de las instalaciones de TecnoCorp. El Fantasma sonrió mientras flexionaba una vez más su reciente garra demoníaca, había llegado la hora. Matar o morir, no había más elección.

 ***

O’Sullivan se ajustó el traje, comprobando que también le habían entregado sus objetos personales. Al ver que no estaba su Beretta le preguntó al enfermero por su arma, y éste le contestó que debía recogerla en el punto de control, antes de salir de TecnoCorp. O’Sullivan siguió al enfermero a través de un largo pasillo de paredes blancas e inmaculadas, llenas de puertas que daban a diversas habitaciones. Al llegar a una especie de sala de espera llena de gente, O’Sullivan se sorprendió al ver a un afroamericano grande y fuerte que salía de otro pasillo y era recibido por una pequeña multitud de familiares. Lo reconoció enseguida, pues era el inconfundible Bubba Hots, la estrella del equipo de fútbol americano de la ciudad, los Hollows Riders. Hacía poco que había sufrido una grave lesión que debía haberle apartado varios meses de los terrenos de juego. Y sin embargo allí estaba, como si nada. Al parecer los tipos de TecnoCorp lo habían curado en unos pocos días, igual que al propio O’Sullivan. El expolicía pensó que aunque una tecnología como aquella podía hacer un gran bien, era también un instrumento de poder. Y O’Sullivan sabía muy bien que el poder lo corrompía todo, hasta las almas más puras e inocentes. Todo el mundo hablaba últimamente del Mal, del Diablo, de la delincuencia en general, había mucho miedo en el corazón de los ciudadanos de Hollow City. Pero en realidad había que temerse a uno mismo al mirarse en el espejo, pues el verdadero mal residía en el interior de las personas, y lo único que diferenciaba al hombre bueno del malvado era su capacidad de resistirse a las tentaciones de la vida. O’Sullivan creía que todo el mundo es corrupto por naturaleza, desde el niño que guarda un secreto a cambio de caramelos hasta el político que vendía su alma por un maletín repleto de dólares. Hasta ese Bubba Hots debía haberse vendido alguna vez a las casas de apuestas, seguro. Todo en Hollow City apestaba, y ese hedor se hacía más profundo en el interior de TecnoCorp, aunque no sabía porqué. O’Sullivan sonrió entristecido, tal vez se estaba haciendo mayor. O quizás se estaba volviendo demasiado pesimista. Tal vez lo único que pasaba era que necesitaba volver a abrazar a su mujer y a su hija. Sí, volvería casa, se ducharía y llamaría a Hellen.

Entonces algo se llevó los pensamientos de O’Sullivan, alertándolo. La sala de espera daba acceso a tres amplios pasillos, y uno de ellos se llenó pronto de guardias armados y vigilantes. Algún pez gordo se acercaba por la zona, y los guardias se apostaron en una de las puertas de la sala para impedir el acceso de todo el personal. O’Sullivan agudizó la vista, intentando ver más allá de los guardias, y vio pasar a Jason Strong y a Evelyn Chang, acompañados de… ¡Mallory!. Ese maldito y asqueroso alcalde corrupto, por su culpa la vida de O’Sullivan había sufrido un vuelco completo.

Ojalá el diablo te lleve pronto al infierno, gordo cabrón de mierda”, pensó O’Sullivan.

El expolicía no sabía lo cerca que estaba de cumplirse su predicción.

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comentarios
  1. eihir dice:

    Al final he decidido dividir en dos partes la última historia, con lo cual el desenlace definitivo será en la próxima. A ver si esta semana tengo más tiempo para escribir, últimamente no he podido. ¡Fantasma al poder!

  2. Ferran dice:

    Mira por dónde me ha recordado vágamente a la peli de “El último Boyscout” por la aparición de Bubba y el propio O’Sullivan. La cosa promete…

  3. galdrik dice:

    A mi tambien me ha recordado esa película. La narración me ha gustado mucho. Aunque eso no alivia mis trastornos de personalidad. Sinceramente no se con que personaje jugar. Esto no es una historia de superhéroes típica y simple. Mas bien parece una historia de misterio y terror sobrenatural. Lo mas apropiado parece pues, un personaje que se ajuste a esas características. No un básico y simplón bruto disfrazado. Ya veremos.

    • eihir dice:

      Lo importante es jugar con un personaje con el que te sientas a gusto y al mismo tiempo que forme parte de la ambientación. Siempre es interesante buscar una especie de “gancho melodramático” que conecte al personaje con el resto de personajes y con la partida (muerte de un familiar a manos de los Oscuros, ser resultado de un experimento siniestro de TecnoCorp, ser el hijo bastardo de Mallory que busca vengarse por despechar a su madre, etc…). 🙂

  4. eihir dice:

    Creo que os referis a la peli de Bruce Willis, pero no tiene nada que ver, si el prota negro se llamaba Bubba es pura casualidad. Este Bubba Hots en principio sólo es un secundario. Proximamente el desenlace.

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