El Ataque del Fantasma

Publicado: 6 septiembre, 2010 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

La lluvia había aumentado su intensidad en aquellas altas horas de la noche. En los alrededores del 21 de Road Hill no se veía a ningún alma, todo el mundo se hallaba en su casa, creyéndose a salvo de las fuerzas que imperaban en el exterior. Otra noche húmeda y oscura en Hollow City, nada fuera de lo habitual excepto por una solitaria figura en lo alto de un viejo edificio de diez pisos. Un alma torturada que vigilaba oculta entre las sombras, refugiándose de la lluvia bajo el techo de la salida a la terraza. Cualquiera que se hubiese encontrado de repente con aquel ser se hubiera quedado paralizado al contemplar su aspecto. Un extraño traje de color negro, una máscara con rasgos demoníacos, unos ojos rojos que brillaban de pura maldad… Era el Fantasma.

Miserables humanos, os creéis a salvo escondidos en vuestras madrigueras. No tenéis ni idea de lo que os espera. No sabéis cual es la terrible verdad. Creéis que estáis solos, pero no es así. La Muerte ronda una vez más en Hollow City. El Fantasma está aquí”.

 El Fantasma sonrió, pensando en los últimos acontecimientos que habían ocurrido. El plan del Consejo de los 12 había sido presionar y controlar mediante el miedo a los principales altos cargos de la ciudad, pero sin revelar quienes eran en realidad. Por eso se había presentado en el despacho de Mallory la noche de las elecciones, intentando que pensase que trabajaba para algunos de sus “socios”. Y es que Mallory estaba podrido por todos los lados, pues mantenía contactos con la Mafia italiana, la Yakuza japonesa, las Tríadas chinas, la Bratva rusa y otros sectores de la alta delincuencia. Para controlar la ciudad, el sabio Consejo Oscuro necesitaba a Mallory. Para presionarle un poco, habían decidido mandar a un par de agentes oscuros a por Mallory, pero sin intención de matarle. Pero aquellos torpes se habían pasado, y casi habían liquidado al Alcalde con el Poder Oscuro. Aquellos idiotas ya habían sido “recompensados” por su incompetencia, y sus cuerpos habían dejado de servir al Conocimiento Oscuro.

 El Fantasma escuchó un ruido a través del fragor de la lluvia. Eran las ágiles pisadas de un gato negro, que se acercó a él para compartir su refugio contra el aguacero. El Fantasma extendió la palma abierta de su mano derecha hacia el gato, y una especie de materia densa de color negro se materializó desde su mano hasta el animal. El felino emitió un pequeño maullido de dolor al sentir como la Energía Oscura penetraba en él, transformándolo. Cuando la mutación terminó en unos pocos segundos, el gato negro salió corriendo, sin importarle ahora el tener que mojarse. El Fantasma sonrió otra vez, una sonrisa glaciar y maligna. Ahora había un nuevo siervo de la oscuridad.

 El Fantasma continuó con sus pensamientos, recordando su misión principal. El fiasco de la operación contra Mallory había propiciado todo lo contrario de lo deseado por el Consejo. El Alcalde había ido corriendo como un cervatillo asustado al encuentro de los brazos abiertos de Jason Strong, dando lugar a una alianza demasiado nefasta para los intereses de sus Señores. Debía eliminar al director de TecnoCorp. Desde que TecnoCorp había hecho presencia en la ciudad hacía meses, el Consejo había infiltrado a varios espías entre su personal. Uno de ellos, el llamado Carl Norton, les había proporcionado gran cantidad de material, información que aumentaría el poder de los Oscuros. Pero después de haber cumplido con su misión, había sido abatido por un policía. Aún no había averiguado quien había sido su asesino, pero en cuanto lo hiciese acabaría con él y con todas las personas con las que estuviese. Ahora sin embargo tenía que arreglar otro asunto. Aunque el cadáver del agente oscuro no desvelaría ninguna prueba de nada, en su vivienda aún existían ciertos elementos que podrían perjudicar la existencia secreta de los Oscuros en Hollow City. Eran cabos sueltos que había que solucionar. Y el Fantasma era un experto en ello.

 El Fantasma observó los alrededores desde lo alto del edificio, una vez más, y se dispuso a actuar. Pero de pronto notó como se acercaba un vehículo. Era un viejo Ford Falcon que apenas se tenía en pie, que avanzaba en la oscuridad de la noche hasta situarse justo al lado del 21 de Road Hill. El vehículo estacionó y se apagaron las luces, saliendo del interior un hombre con un abrigo gris, que corrió rápidamente hacia el edificio en un intento de resguardecerse de la lluvia torrencial. El Fantasma contempló como el hombre manipulaba la cerradura y abría la puerta del edificio, tras asegurarse de que no había nadie que le observase. Que casualidad que en aquella hora de la noche un desconocido entrase sin llave en el edificio donde había vivido Carl Norton.

Pero el Fantasma no creía en casualidades, aunque no le importó demasiado. Nadie era rival para él cuando se hallaba en plenitud de sus fuerzas. Notando como la Energía Oscura luchaba en su interior por salir libre, el Fantasma dio un salto sobrehumano desde su posición hacia lo alto del edificio donde había entrado el desconocido.

Aquel pobre desgraciado, fuese quien fuese, se encontraría directamente con la Muerte, y como todos los demás temblaría de puro miedo al contemplar la espantosa figura del Fantasma.

 ***

 O’Sullivan sacó su pequeña linterna de bolsillo, iluminando los buzones de los residentes en el edificio. Buscó el nombre de Carl Norton y memorizó el número del piso y la puerta de la vivienda. Se dirigió al ascensor, pero en última instancia prefirió las escaleras. Un poco de ejercicio no le vendría mal. Subió hasta el cuarto piso, salió al rellano y llegó hasta el domicilio de Norton. Pegando su oído derecho contra la puerta, no advirtió ningún sonido, por lo que se atrevió a llamar al timbre. Nadie le contestó.

Tras meditar que hacer a continuación, O’Sullivan decidió forzar la cerradura como había hecho con el portal del edificio escasos segundos antes. Mientras utilizaba su experiencia policial para ello, sonrió al pensar que opinaría sobre aquello el comisario Howard. Le daba igual, había llegado hasta allí y ahora no iba a echarse atrás, debía llegar al fondo de todo este asunto.

Sonó un pequeño “clic” indicando que la cerradura había sido forzada, y O’Sullivan entró sigilosamente en el apartamento. De momento no encendió ninguna luz, por si acaso hubiese alguien allí, algún familiar o compañero de piso. Con solo la luz de su linterna, se adentró en el interior de la vivienda. Nada, allí no había nadie.

O’Sullivan echó un vistazo rápido a todas las habitaciones, pero no encontró nada interesante. La verdad, no sabía que había esperado encontrar allí. ¿Acaso un letrero luminoso de neón con la palabra “Asesino” parpadeando cegadoramente una y otra vez?

Entró en el lavabo, y se lavó la cara. Estaba cansado, llevaba demasiado tiempo sin poder dormir de un tirón, y todo aquel asunto le estaba quitando fuerzas. “Quizá debería irme a casa y echarme un rato, tal vez…”. Algo interrumpió los pensamientos del expolicía. Al retirarse del lavabo había pisado una baldosa suelta. Se agachó y comprobó que la baldosa podía desencajarse fácilmente. Al quitarla con cuidado, O’Sullivan se llevó una sorpresa: las demás baldosas adyacentes también estaban sueltas. Tras unos segundos retirando baldosas, el policía dejó al descubierto un pequeño escondite, ocupado por una gran caja negra. Tras pensarlo unos segundos, decidió intentar abrir la caja para averiguar que era lo que contenía.

 Entonces, O’Sullivan escuchó un ruido procedente del salón, como el roce de una tela. Apagó la luz del baño y se dirigió con el mayor sigilo que pudo hacia donde procedía el ruido, avanzando muy despacio en la oscuridad. Permaneció inmóvil  en la puerta del salón, aguzando el oído, y creyó percibir el sonido de algo que rozaba la alfombra que cubría el suelo de la estancia. Sí, allí había alguien, estaba seguro. O’Sullivan desenfundó su Beretta, preparándose para la acción a la vez que accionaba el interruptor de la luz… pero lo que allí había no era una persona, era sólo un pobre gato empapado hasta la cabeza que se habría colado por alguna ventana buscando refugio de la tormenta.

O’Sullivan se relajó, riéndose de su nerviosismo, y tras comprobar que no había nadie más allí que el pobre animal, se encaminó nuevamente hacia el baño, en busca del contenido de aquella misteriosa caja.

 ***

 El Fantasma observaba al desconocido mientras le daba la espalda. No sabía como, pero aquel desgraciado había encontrado lo que él estaba buscando. Pobre tonto, estaba en el lugar equivocado en el momento más inoportuno. El momento de su muerte, pues ningún patético humano iba a desviarle de su objetivo. Oponerse al Poder Oscuro era una muerte segura, y más si su portador era el siniestro Fantasma.

El Fantasma cerró los ojos, concentrándose, invocando la Energía Oscura otorgada por sus Señores. Y entonces el Fantasma atacó.

 ***

O’Sullivan abandonaba el salón entrando por el pasillo, en dirección al baño, cuando notó algo a su espalda. Se volvió de espaldas y contempló que el gato lo seguía. Extrañamente, el gato observaba a O’Sullivan fijamente con sus ojos brillantes en la semioscuridad del pasillo. Había algo muy raro en aquel gato negro, pero no sabía muy bien el que. Entonces el animal comenzó a temblar, primero ligeramente, y luego con enormes convulsiones, como estuviese muy enfermo o algo parecido. En ese momento, el gato emitió un terrorífico e interminable maullido que heló la sangre de O’Sullivan, que contempló horrorizado como los ojos del felino se tornaban de un color oscuro y siniestro, como los de Carl Norton cuando comenzó a dispararle la otra noche.

El instinto de O’Sullivan se activó de repente, instándole a actuar. Apuntó su Beretta en dirección hacia el gato infernal, pero antes de que pudiese apretar el gatillo un haz de una extraña sustancia oscura salió por su boca, golpeándole con gran fuerza. El impacto de aquella materia oscura contra su pecho le hizo chocar violentamente contra la pared del pasillo, dejándolo semi-inconsciente en el frío suelo.

El gato negro dejó a O’Sullivan y se dirigió hacia el centro del salón, mirando hacia la ventana que daba al exterior, hacia la fría y lluviosa noche. Estaba esperando a que llegase su amo. Estaba esperando… al Fantasma.

***

El Fantasma se acercó a la ventana, satisfecho. Su poder de poseer pequeñas formas animales mediante la Energía Oscura tenía sus momentos de utilidad, como aquel. Ahora, nuevamente concentro una pequeña parte de dicha energía canalizándola desde su interior, permitiendo que saliera al exterior y envolviese su cuerpo, moldeándolo. El Fantasma sintió como su cuerpo se fusionaba con la Energía Oscura, volviéndose más ligero, menos denso. El Fantasma atravesó la ventana como si no existiese, haciendo honor a su sobrenombre. Una vez en el interior de la vivienda, disipó la energía oscura y volvió a asumir su forma corriente. Utilizar dicha capacidad sobrenatural consumía demasiada energía, y no podría obtener más hasta que volviese al Laberinto y entrase en contacto con el Consejo. Volvió su tenebrosa mirada hacia su pequeño siervo, ordenando mentalmente al gato negro que vigilase. Luego se dirigió al baño, hacia el objeto de su búsqueda, haciendo caso omiso del cuerpo tendido en el suelo de O’Sullivan. Allí estaba lo que buscaba, una gran caja fabricada con darkanium, una aleación metálico-plástica de color negro que sólo podía encontrarse en el Otro Lado.

El Fantasma observó que la caja era demasiado voluminosa y pesada para transportarla, así que una vez más invocó sus poderes. Concentró una pequeña porción de Energía Oscura alrededor de la caja, la cual comenzó a empequeñecer ante sus ojos, disminuyendo su tamaño hasta el de apenas unos pocos centímetros. El Fantasma sonrió, guardándose la pequeña caja negra en un bolsillo de su traje, elaborado también con una variación del darkanium. Misión cumplida, ahora el único cabo suelto era aquel entrometido tumbado en el suelo.

El Fantasma se dirigió al pasillo, donde O’Sullivan se encontraba inmóvil, con los ojos semiabiertos, el pecho y la espalda magullados por el ataque sobrenatural. Lo único que sentía era un gran dolor. El Fantasma lo cogió de una pierna sin miramientos, arrastrándolo hacia el centro del salón. O’Sullivan apenas podía ver una forma oscura de ojos rojos, pero podía sentir la maldad que irradiaba aquel extraño ser. Daba igual, estaba acabado, ya no podría saber nunca de que iba todo aquello. El Fantasma sacó una especie de pistola grande, muy rara, parecida a aquella que llevaba el hombre rubio del maletín. Entonces unos tentáculos de color rojo oscuro aparecieron del arma, enganchándose alrededor de la mano y de la muñeca del Fantasma, el cual apuntó la pistola directamente hacia la cabeza de O’Sullivan.

O’Sullivan cerró los ojos, pensando en su mujer y en su hija. “Adiós Hellen. Adiós, Edith.” Pero lo único que hizo fue escuchar el maullido del gato. El Fantasma se volvió hacia su siervo, que le estaba advirtiendo de algo. Entonces el Fantasma pudo vislumbrar que había alguien al otro lado de la ventana, fuera en la oscuridad.

Y entonces el infierno se desató.

***

El cristal de la ventana estalló, causando un gran estruendo mientras una lluvia de cristales fragmentados caía sobre todo el salón. O’Sullivan pudo ver la silueta de una figura menuda y delgada vestida de negro y encapuchada, que había atravesado la ventana aterrizando de pie sobre la alfombra del salón.

El Fantasma desvió su arma de la cabeza de O’Sullivan hacia el intruso, al que consideró sólo una ligera amenaza. Bastaría solo un disparo de su bio-arma y aquel ninja sacado de una mala película oriental acabaría destrozado. Apretó el gatillo, pero el ninja ya se había movido rápidamente hacia un lado, evitando fácilmente el disparo del Fantasma. Sin embargo el ninja no sólo se movió, sino que contraatacó pulsando un botón oculto en su muñeca, activando un dispositivo lanzador de dardos plateados. Los proyectiles impactaron en el cuerpo del Fantasma, pero rebotaron sin causarle ningún daño gracias a su traje protector de darkanium.  

El Fantasma volvió a disparar repetidamente su arma demoníaca, arrojando una lluvia de proyectiles sobre el intruso. El ninja rodó acrobáticamente sobre el suelo del salón, moviéndose en dirección al Fantasma. El Oscuro apuntó la pistola hacia la cabeza del ninja, ahora tan cerca que no podía fallar, y apretó el gatillo. Sin embargo, su objetivo se hizo a un lado al tiempo que se movía dibujando un círculo sobre sí mismo, a la vez que desenfundaba una afilada espada que llevaba en la espalda. La sincronización del ninja fue tal que demostraba su gran habilidad y experiencia en el combate. Pues a la vez que había evitado el ataque del Fantasma se había acercado a él a la distancia suficiente para atacarle con su katana de acero templado. La espada del ninja dibujó un arco en el aire, cortando la mano derecha del Fantasma, el cual gritó de dolor.

El Fantasma miró sorprendido como su miembro amputado caía al suelo agarrando aún el arma demoníaca, en mitad de un gran chorro de sangre negra como el carbón. ¿Cómo podía haber ocurrido algo así? ¿Cómo aquel tipo disfrazado había sido capaz de herirle tan gravemente?

El ninja se preparó para un nuevo ataque, pero entonces desde las sombras algo impactó en su cara. Era el gato diabólico, que atacaba con una furia infernal la cara de su víctima, mordiéndole y arañándole con todas sus fuerzas mientras el ninja intentaba sacárselo de encima.

El Fantasma, reprimiendo su dolor, activó sus poderes concentrándose en el muñón de su brazo derecho, el cual dejó de sangrar al instante. Luego volvió a invocar la Energía Oscura, tomando esta vez como objetivo al intruso encapuchado.

Entonces se oyó un disparo que resonó en la estancia, y la cabeza del gato negro quedó destrozada en una pequeña explosión de sangre y materia cerebral. El ninja, libre del ataque del animal, esquivó el ataque del Fantasma en el último momento, un rayo de pura Energía Oscura proyectada directamente desde sus malignos ojos.

El Fantasma observó la escena a su alrededor. Apoyado pesadamente contra la pared estaba O’Sullivan, con su humeante Beretta 92 en la mano tras liquidar al gato poseído. A unos pocos metros de él estaba el ninja con su espada, presto para continuar con la lucha. Herido, con una sola mano útil y con la Energía Oscura de su interior prácticamente agotada, el Fantasma lo vio claro. Había perdido.

–         Volveremos a vernos, aún no habéis visto lo último del Fantasma –dijo el ser tenebrosa con su voz susurrante, y a continuación salió del salón atravesando el cristal roto de la ventana con uno de sus potentes saltos sobrenaturales-.

 El ninja dejó que el Fantasma huyese, ya habría otra ocasión de enfrentarse a él en el futuro. Ahora habría que limpiar todo aquello. Observó el desastre que había en el salón; cristales rotos, paredes llenas de agujeros profundos, sangre tanto del Fantasma como del gato, y una mano cercenada que ya sólo sostenía una pequeña nube humeante tras entrar en acción el sistema corrosivo del arma.

El ninja se volvió hacia O’Sullivan, que le estaba apuntando directamente con su arma, intentando permanecer en pie a pesar del terrible dolor que estaba soportando.

–         Está bien, puto chiflado. Quítate ahora mismo ese disfraz del Guerrero Americano y suelta esa espada, no sea que te vayas a cortar. Y dime quien coño eres y que haces aquí, o te vuelo tu jodida cabeza ninja de un tiro –dijo O’Sullivan mostrándose lo más enfadado posible-.

–         Señor O’Sullivan, ¿qué modales son esos para quien le ha salvado la vida? Debería darme las gracias en lugar de encañonarme con su arma.

O’Sullivan quedó asombrado, pues la voz del ninja era la de… ¡una mujer!. Pero aún quedó más sorprendido cuando la mujer ninja se quitó la máscara, mostrando el sonriente rostro de Evelyn Chang, la subdirectora de TecnoCorp.

Ninja running up stairs, holding sword photo

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comentarios
  1. galdrik dice:

    Muy bueno. Si señor. Muy bieno.

  2. eihir dice:

    El Fantasma puede parecerse un poco a Espectro, tu personaje, pero en realidad no tiene nada que ver. Su historial y su origen son completamente diferentes. Parte del origen del Fantasma se revela en la siguiente historia.

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