El Fantasma

Publicado: 1 septiembre, 2010 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

La sala de reuniones del Ayuntamiento de Hollow City se encontraba iluminada a horas que no eran normales. Cuando todo el mundo ya se había refugiado en la seguridad de sus casas, cuatro personas se hallaban conversando en aquella sala. Alrededor de una gran mesa de oficina se encontraban reunidos el Alcalde Mallory, con su habitual cara de pocos amigos; Elliot Grant, su asesor personal y hombre de confianza, que no paraba de ajustarse sus pequeñas gafas en señal de nerviosismo; Jason Strong, director de TecnoCorp, un hombre cercano a la cincuentena pero que aparentaba diez años menos, alto y de porte atlético; y por último la secretaria de Strong, Evelyn Chang, una mestiza de origen chino, menuda y delgada, cuyo rostro era una mezcla inusual de belleza y frialdad.

–         A ver si me he enterado bien –Mallory se dirigía a Strong, fulminándole con su mirada- usted lo que quiere es poder entrar en nuestras oficinas, en nuestras casas y en nuestras instituciones, poner las narices en todo lo que hacemos y encima quiere que le paguemos. ¿Quiere de paso que nos bajemos los pantalones también? ¡Strong, usted no está bien de la cabeza! ¿Qué pretende, que los mismos ciudadanos de Hollow City que me acaban de elegir me quemen vivo en la plaza?

–         Cálmese, Mallory –Strong hablaba al Alcalde de la forma más suave posible, como un padre que intenta explicarle las cosas a un hijo pequeño-. Creo que no me acaba de entender. Lo que le ofrezco es seguridad, avances tecnológicos y científicos que beneficiarán a todos los sectores de la ciudad. Educación, Sanidad, Urbanismo,… hasta la misma Policía de Hollow City se vería beneficiada de la tecnología de TecnoCorp. Nosotros estamos dispuestos a compartir nuestros avances científicos con todo el mundo, pero necesitamos el apoyo de las instituciones. Sólo le estoy pidiendo colaboración.

–         ¿Colaboración? ¡De qué coño me habla, Strong! Esta ciudad no le necesita ni a usted ni a su maldita TecnoCorp. Por mí ya puede coger su oferta y metérsela por donde le quepa. ¿Cree que puede venir aquí, a mi ciudad, y creerse el dueño del mundo, ofreciendo sus migajas a cambio de nada?

 Al ver que la conversación no llegaba a ningún sitio, Strong suspiró. Miró de reojo a Evelyn, que le devolvió la mirada como diciendo que la batalla estaba perdida. Pero Strong era un duro negociador, y siempre conseguía lo que quería. Por ello los accionistas de TecnoCorp lo habían elegido como director general de la empresa. Había llegado muy lejos desde que empezó siendo uno de los primeros agentes especiales de la TenoCorp, cuando aún no era más que una pequeña empresa especializada en “arreglar problemas”. Strong había sido una especie de mercenario, incluso había estado en Irak dirigiendo ciertas operaciones “delicadas” que no podía ejecutar el propio Ejército. Prueba de ello eran algunas secuelas que guardaba en su cuerpo, graves heridas de combate que habrían acabado con cualquiera. Pero la ciencia de TecnoCorp lo había curado, le había proporcionado una manera de seguir adelante. Y también un objetivo. Y ningún alcalde gordo y patán como aquél iba a separarle de sus metas y objetivos.

Strong, como gran estratega militar, nunca atacaba un objetivo sin haberlo estudiado detenidamente. Y aquel político corrupto no era ninguna excepción. Strong había leído el grueso expediente de Mallory que le habían proporcionado sus agentes de campo de TecnoCorp. Conocía bien los gustos, preferencias y vicios de Mallory, sus virtudes y defectos, sus méritos y sus trapos sucios. Y dicha información le indicaba de qué pie cojeaba el Alcalde.

–         Evelyn, por favor, ¿podrías dejarnos solos un momento? –Strong le dirigió una mirada profunda a Mallory, y luego miró a Elliot Grant-.

–         Elliot, muchacho, ¿por qué no acompañas a la hermosa señorita Chang y le enseñas como cagan las palomas en el ático? Quizá así aprendan algo útil… -Mallory le dirigió una sonrisa que no tenía nada de amable a la secretaria de Strong-.

 Elliot se levantó de mala gana, acompañando obedientemente a Evelyn Chang fuera de la sala de reuniones. Una vez quedaron solos, Mallory encendió un puro sin tener el detalle de ofrecerle otro a Strong. Después de exhalar el humo de forma poco educada hacia donde estaba el director de TecnoCorp, Mallory exclamó:

–         Bueno, amigo, no crea que va a poder convencerme. Déjeme que le explique algo, y así ahorraremos tiempo y todos podremos irnos a casa a jugar con nuestras “amiguitas”. Por cierto, no está mal la suya, ¿eh? ¿Qué tal es en la cama? Ya sabe lo que dicen de estas fulanas orientales…

 Mallory no pudo seguir parloteando. De repente Strong se había levantado de su asiento, abalanzándose sobre el alcalde sin previo aviso. Su mano derecha lo cogió por el cuello, levantándolo del suelo, evidenciando una fuerza casi sobrehumana. Strong acercó su rostro al de Mallory, su rostro transformado en una máscara de pétrea frialdad.

–         Amigo mío, ahora es usted quien va a callar y a escuchar, por una vez en su vida –Strong hablaba con un tono de voz tan suave como amenazador-. TecnoCorp es algo muy importante, mucho más que esta cloaca apestosa que llama “su ciudad”. Estamos en las ciudades más importantes del país, y pronto llegaremos a todas partes. Estaremos en todo el mundo. Nuestra tecnología será una presencia constante en el día a día del ciudadano americano, porque nos necesitan. Ordenadores potentes en los colegios, maquinas de tecnología punta en las fábricas, agentes de seguridad mejor preparados que la propia policía, vehículos más rápidos y más ecológicos, sistemas avanzados de diseño y construcción, etc. Hasta su asqueroso culo gordo se sentará a hacer sus necesidades  en una taza construida por TecnoCorp, capaz de decirle si está incubando alguna enfermedad gastrointerina. ¡Abra los ojos de una vez, Mallory! Su ciudad está sumida hasta el cuello en la droga, la corrupción, la delincuencia. La delincuencia abarrota la ciudad mientras la policía y los políticos cierran los ojos sin hacer nada. Si hasta los propios ciudadanos de Hollow City se ponen máscaras y se lanzan armados a la oscuridad de sus calles para limpiarlas. Vengadores enmascarados, justicieros, vigilantes. La ciudad es un campo de batalla. Si hasta usted ya ha sufrido dos ataques en apenas unos pocos días. Reconózcalo, no pueden hacer nada con los pocos medios de los que disponen.

 Strong hizo una pausa, asegurándose de que tenía toda la atención de Mallory. Al ver la mirada de sorpresa del alcalde, Strong lo depositó sobre su asiento sin aparente esfuerzo. Luego le arrancó el puro de la boca y lo aplastó con su mano derecha. Luego continuó con su discurso:

–         Nuestro avance es imparable. Cada vez más nuestro selecto club se va ampliando con nuevos socios, gente inteligente, poderosa y con recursos que comparten nuestra visión de un mundo mejor. La gente que no está con nosotros, está contra nosotros. Ahora la pregunta es, ¿de que parte estará esta ciudad, Mallory? ¿Hollow City será siempre un pozo de basura infecta, donde los delincuentes son los verdaderos amos, o será un ejemplo de ciudad próspera y avanzada, un modelo de virtud tecnológica y con visión de futuro?

 Mallory resopló, sin dejar de mirar a Strong. Pensaba en todo lo que aquel fulano le estaba diciendo, y sabía que no le estaba diciendo toda la verdad, ocultaba algo. Pero si conseguía llevar la negociación a su terreno tal vez pudiera sacar tajada de toda aquella charlatanería sobre ciencia y futuro.

–         Strong, creo que le he entendido mal –la expresión de Mallory era ahora mucho más afable que su cólera habitual-. Créame, si yo comparto su visión. Soy un hombre que mira al futuro, y por supuesto que creo en la tecnología. Pero en los tiempos que corren, sería muy complicado llevar a cabo su proyecto de crear un servicio público de TecnoCorp, sobretodo ahora que hasta se está contemplando privatizar hasta el metro de Hollow City. Los inversores de la ciudad, los grandes bancos, no estarían dispuestos a financiarles sin tener alguna prueba de éxito, una especie de garantía.

Strong se apartó del alcalde, sonriendo. Se quitó la chaqueta de su traje, y se arremangó la camisa blanca que llevaba debajo.

–         ¿Quiere una prueba, Mallory? ¿Qué le parece esto?

Al pronunciar esas palabras, Strong alzó su brazo derecho, el cual empezó a cambiar ligeramente. Con un pequeño chisporreteo, el tejido dermobiológico fabricado por TecnoCorp se retiró de su brazo, dejando al descubierto un miembro mecánico hecho de una extraña aleación metálica azulada. Desde la punta de los dedos hasta el codo derecho, el brazo que exhibía Strong ante la mirada atónita de Mallory era una extremidad robótica, como si ambos estuviesen en mitad de una película de ciencia ficción. Entonces Mallory contempló asombrado como Strong partía de un solo golpe la gran mesa de caoba de la sala de reuniones, utilizando aquel brazo biónico igual que una apisonadora.

–         ¿Qué me dice ahora, señor Alcalde? –dijo Strong de forma inquisitiva.

Mallory se ajustó el nudo de su corbata, contempló la mesa destrozada y decidió encender otro puro. Tras exhalar el humo un par de veces pensativamente, Mallory respondió al director de TecnoCorp.

–         Amigo, creo que tenemos un trato.

 ***

  La Sala de las Ánimas estaba completamente a oscuras, puesto que allí ninguna luz estaba permitida. El Consejo de los 12 estaba formado por seres que no necesitaban luz, podían ver en la oscuridad perfectamente. El Fantasma lo sabía, llevaba tiempo sirviéndolos, primero al Otro Lado y luego aquí, en este lugar secreto de Hollow City. Había recibido la Llamada, y como siempre había acudido rápidamente, hacerles esperar podía suponer la muerte, hasta para un ser como él. Una vez en el centro de la Sala, el Fantasma esperó a que el Consejo hablara.

–         ¿Has leído el periódico de hoy, o has visto u oído las noticias? –la voz susurrante que resonaba en la sala sonaba a pura maldad contenida, una voz que helaba la sangre de cualquiera-. ¿Has visto lo que ha hecho ese gusano repugnante?

–         Si, mi Señor. Me he enterado. Al parecer la ciudad se ha rendido a ese tal Jason Strong. Al parecer el Alcalde Mallory no aprecia mucho su vida –el Fantasma sonrió en su interior al recordar como había disfrutado asustando al Alcalde acabando con su joven secretaria-.

–         Nada debe entorpecer nuestros planes. Nadie debe saber quienes somos, de donde venimos ni que es lo que hacemos aquí. Todo debe recaer en el más estricto secreto. Y TecnoCorp posee la tecnología necesaria para ser un peligroso enemigo. Por supuesto no poseen nuestro Conocimiento Oscuro, pero aún así podrían averiguar algo. Si su influencia se extiende por todos los ámbitos, acabarán entrando en conflicto con nosotros. Y eso no es algo que guste al Consejo.

El Fantasma esperó pacientemente a que su Señor continuara. Sin embargo el que habló fue otro de los miembros del Consejo, aunque su voz era tan tenebrosa como la anterior.

–         Fantasma, el Consejo quiere que sepas que eres nuestro guerrero oscuro más valioso. Nunca nos has defraudado, eres el más fuerte y cruel de nuestros agentes, y también el más poderoso. Eres nuestra mano ejecutora, la oscura muerte andante, el que hace realidad nuestros pensamientos.

–         Sólo vivo para serviros, sabio Consejo. Vine del otro Lado con vosotros a este lugar para continuar luchando por el Conocimiento Oscuro.

 Entonces el Fantasma notó como los miembros del Consejo de los 12 se levantaron de sus asientos al mismo tiempo, cogiéndose de la mano y entonando al unísono un cántico de oscuridad  y muerte. El Fantasma notó como en su interior se encendía un fuego, que se iba extendiendo palmo a palmo por todo su ser, aumentando su fuerza, su energía, reforzando sus sentidos y su consciencia.

–         ¡Alabado sea el Conocimiento Oscuro! –gritaron todos los miembros del Consejo, como si estuviesen en un éxtasis frenético.

–         ¡Alabado sea! –contestó el Fantasma, sintiendo como su cuerpo se había llenado con la Energía Oscura-. Decidme cual es mi misión, y la llevaré a cabo con éxito.

Entonces el cántico infernal llegó a su fin, y otro de los miembros del Consejo habló:

–         El Consejo ha meditado, y hemos decidido que para acabar con un ejército, hay que acabar con su líder. Elimina a Jason Strong y acabarás con TecnoCorp.

–         Asi se hará, mi Señor –el Fantasma se dio la vuelta, dispuesto a comenzar con su misión.

–         Y otra cosa, Fantasma –habló otra voz del Consejo-. Uno de nuestros Soldados Oscuros fue eliminado hace poco en los suburbios de la ciudad. Asegúrate de que no queden cabos sueltos…

El Fantasma salió de la Sala de las Ánimas, sintiendo las oleadas de Energía Oscura que recorría su cuerpo. Disfrutaba con aquella sensación, era mucho mejor que cualquier droga. Se dirigió hacia una de las múltiples salidas del Laberinto, que le llevarían directamente a la superficie, a los lúgubres suburbios de la ciudad.

Esa noche la Muerte recorrería nuevamente las calles de Hollow City.

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comentarios
  1. galdrik dice:

    Se nota que le estás cogiendo el gusto a escribir.
    Por cierto he modificado un poco el historial de mi Pj. Creo que ta a sorprender un poco.

    • eihir dice:

      La verdad es que me está gustando, es diferente plasmar tus propias ideas que ver las de los demás en una película o en una novela. Sin embargo mi objetivo inicial era escribir historias cortas autoconclusivas, como un cómic, y he acabado por meterme en una miniserie. Espero que disfruteis leyendo tanto como yo escribiendo. El siguiente episodio está a punto de salir…

  2. Ferran dice:

    La verdad es que está interesante y va presentando a los personajes importantes de Hollow City y sus trasfondos. ¡Adelante!

    • eihir dice:

      Pues nada, aquí teneis una ración más de Hollow City: Los Valakis. Poco a poco los destinos de los diferentes personajes de Hollow City se irán entrelazando, hasta llegar a un fatídico desenlace…

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