El Atentado

Publicado: 27 agosto, 2010 en Historias, Relatos, Sin categoría, Sobrenatural

El Alcalde Mallory miró hacia todos los lados antes de entrar en la limusina que le estaba esperando. Desde la noche de las elecciones siempre llevaba consigo cuatro guardaespaldas armados y bien entrenados, lo mejor en seguridad que uno podía encontrar en Hollow City. La seguridad era ahora la mayor preocupación del Alcalde, el cual aún tenía pesadillas de lo ocurrido unos pocos días atrás.

Se sentó en la parte de atrás, al lado de su secretario y hombre de confianza, Elliott Grant. Elliott era un hombre enjuto, con gafas de cristal grueso y cara de burócrata, pero de gran inteligencia y pocos escrúpulos. Tras la muerte de Rosmary, había escalado un peldaño más en su carrera, y ahora era la nueva mano derecha de Mallory.

La limusina se puso en marcha, rumbo al ayuntamiento de Hollow City. Mallory pidió a Elliott que le recordara los asuntos que tocaban hoy.

–         Bueno, creo que sería hora de reunirse con Jason Strong, el director de TecnoCorp. Llevan días detrás de usted, y les he tenido que dar largas demasiadas veces.

–         Y seguirás dándole largas, Elliott. Esos payasos de TecnoCorp me importan un bledo. Que se vayan al diablo, ellos y sus juguetes de basura –dijo Mallory, comenzando a encolerizarse.

–         Pero señor alcalde, he investigado al consejo de administración de esa empresa. Son personas muy importantes y con grandes influencias. Quizá deberíamos… -Elliott calló de repente, al ver la mirada de ceño fruncido que le dirigía Mallory.

–         ¡Bah! Te preocupas demasiado. Ahora soy Alcalde durante cuatro años más, de momento no necesito hablar con un atajo de vejestorios que lo único que quieren es hacerse fotos conmigo y sacar publicidad gratuita. Últimamente no oigo más que TecnoCorp por aquí, TecnoCorp por allá, TecnoCorp esto, TecnoCorp aquello. ¡Joder, si hasta salieron anoche en el programa de Sally Keatch en el American Channel! Solo falta que se anuncien en los periódicos, como una puñetera cadena de comida basura.

Al oír el último comentario de Mallory, su hombre de confianza carraspeó, al tiempo que se rascaba la parte trasera de su cabeza. El Alcalde lo miró, interrogante.

–         ¿Qué pasa, Elliott? Vamos, escúpelo de una vez.

–         Verá, señor Alcalde… -dijo Elliott titubeante, al tiempo que sacaba de su maletín el Hollow Chronicles, el periódico preferido del Alcalde-. Ya lo han hecho.

Mallory abrió los ojos con sorpresa, incapaz de contener su asombro. Le arrebató a su secretario el periódico y lo ojeó rápidamente, pasando con avidez las páginas. Se detuvo en una de ellas, donde destacaba el logotipo de TecnoCorp. Era una entrevista a Jason Strong, su director, donde afirmaba que “la Corporación de Ciencia, Seguridad y Sistemas Tecnológicos Avanzados (TecnoCorp) es una empresa privada fundada para ayudar a solventar los problemas del nuevo milenio, fomentar la investigación y el desarrollo de la tecnología tanto en el ámbito público como en el privado, e impulsar el avance económico y social del país. Para ello contamos con la mejor tecnología, las mejores instalaciones, y lo que es más importante, el mejor y más cualificado equipo humano del que una empresa puede disponer. Por ello TecnoCorp posee instalaciones en la mayor parte de ciudades del país, y pronto queremos dar el salto internacional al resto de continente. Queremos darnos a conocer a todos: políticos, organizaciones, empresas, a la gente de a pie. Pero para proseguir con nuestra labor pedimos ayuda de las instituciones públicas. A cambio de su colaboración con nosotros les ofrecemos conocimiento. Ayúdennos a coexistir, juntos podemos llegar a hacer grandes cosas. Ayúdennos a salvar al mundo”.

La entrevista estaba firmada por un tal Vic Page, un periodista que había alcanzado sus 15 minutos de gloria al obtener la primicia acerca de una oscura trama de asesinatos de sacerdotes, motoristas sectarios y terribles experimentos de los nazis. El Obispo Ludovic había sido implicado en aquel turbio asunto, y el Vaticano había decidido “jubilarlo” debido a su avanzada edad, tapando así el asunto.

–         ¡Mierda, estoy harto de estos payasos! –Mallory abrió la ventanilla de la limusina y lanzó el periódico con un gesto iracundo-. ¡Que se vayan todos al infierno!.

Elliott, asustado ante el nuevo arrebato de su jefe, le alcanzó uno de sus puros preferidos, sacó de su bolsillo un encendedor y le prendió fuego, con pulso tembloroso. El Alcalde aspiró el dulce aroma del habano, comenzó a relajarse y miró el paisaje de la ventanilla. Ya faltaba poco para llegar al centro de la ciudad, donde estaba el Ayuntamiento. Entonces notó que el coche reducía su velocidad, un poco antes de llegar a un cruce entre dos avenidas.

–         Acelera, Gregor, que no tenemos todo el día –gruño el Alcalde, con el puro entre los dientes, dirigiendo su enfado ahora contra el chofer.

–         Lo siento señor, pero hay un vehículo parado en…

Gregor no pudo acabar la frase, pues una atronadora explosión hizo arrancar el vehículo del suelo, haciendo que girase sobre sí mismo varias veces mientras dejaba una estela de fuego y humo a su paso.

Tras pasar un momento, Mallory abrió los ojos, aturdido y dolorido. Estaba boca a bajo en el interior de la limusina, y notó como el cuerpo de Elliott se movía torpemente encima suyo. El blindaje especial del vehículo los había salvado a ambos. Mallory comenzó a gritar pidiendo auxilio, al tiempo que intentaba salir del vehículo por la ventana rota, algo imposible debido a su voluminosa figura.

Entonces el Alcalde vio desde su posición como dos hombres bajaban de una furgoneta negra y se dirigían a la destrozada limusina. A pesar del humo y de la confusión, Mallory atisbó a vislumbrar que los dos hombres iban ataviados con una especie de uniforme extraño, y en sus manos llevaban unas armas parecidas a fusiles de asaltos, aunque había algo siniestro en ellas.

De repente se escuchó el sonido de un chirriar de frenos, y los dos hombres uniformados volvieron deprisa a su furgoneta, saliendo rápidamente de la escena. Mallory suspiró de alivio, y dirigiéndose a su secretario, que aún estaba semiinconsciente encima de él, le dijo:

–         Elliott, muchacho, nunca jamás me había alegrado tanto de hacerle caso a alguien. Menos mal que se te ocurrió lo del coche escolta camuflado que nos sigue a todas partes –Mallory ya podía ver a los guardaespaldas que se acercaban para socorrerle.

Unos minutos después, coches de policía y una ambulancia estaban en la escena. Mientras Mallory y su asistente eran atendidos médicamente, algunos hombres sacaban el cuerpo sin vida de Gregor de los restos humeantes de la limusina. Aquellas armas tenían algo raro, algo casi… A Mallory no le salía la palabra adecuada. Tampoco es que pudiera haberlas visto con detalle. Mierda, al final tendría que hacer algo. Ya estaba harto de que se metieran con él. Primero lo del fantasma asesino de las elecciones, y ahora esto. Era la gota que colmaba el vaso. Ahora sabrían todos quien era el Alcalde Mallory. Alguien iba a pagar por esto, eso lo juraba.

– Elliott, hazme un favor. Cuando estos memos dejen de ponerte tiritas en el culo, hazte con ese tal Jason Strong. Dile que quiero una reunión. Y la quiero para ayer.

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comentarios
  1. Ferran dice:

    Pensaba que nunca aparecería alguien le hiciera la puñeta a Mallory 🙂 y ahora queda por ver qué quiere Strong de un pobre alcalde.

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