El Pueblo de los Malditos

Hola amigos, aquí os dejo algo para que os entretengáis en estas calurosas tardes veraniegas. En esta ocasión se trata de un nuevo artículo dedicado a un clásico del pulp, Los Cuclillos de Midwich, más conocido por el título de sus adaptaciones cinematográficas, El Pueblo de los Malditos. Os dejo con el enlace al artículo, publicado en nuestra web amiga Relatos Pulp.

http://www.relatospulp.com/peliculas/analisis/490-los-cuclillos-de-midwich.html

Castillo Maldito

(Relato corto escrito originalmente para el Nº1 de la revista Fantastique)

Un ambiente lóbrego reinaba bajo las antorchas de la Posada del Oso Rojo, el lugar más frecuentado cuando la noche extendía su oscuro manto sobre la pequeña ciudad de Borán. Antaño un lugar ruidoso centro de toda clase de diversiones nocturnas, la taberna presentaba un aspecto triste y silencioso, más propio de un solemne funeral que de un antro de ocio. No se escuchaban las risas de las mujeres ávidas de monedas, ni los cánticos de los sudorosos borrachos cuando sus mentes se embotaban de vino y cerveza, ni el golpeteo de manos firmes sobre las mesas de madera de los jugadores de dados. El silencio mortal que envolvía el salón era tal que un oyente que agudizara sus sentidos podía percibir no solo el crujir de los leños en la chimenea, o el crepitar de las llamas de las antorchas, sino también el ruido acompasado de la respiración de los pocos clientes que apenas llenaban un tercio del espacio del Oso Rojo.

Las puertas de la posada se abrieron de par en par dejando entrar un torrente de frío invernal acompañado de unos pocos copos de nieve blanca. Los parroquianos se limitaron a volver la cabeza con ligera curiosidad para ver quien había interrumpido sus pensamientos, encontrándose con las bellas facciones femeninas de una hermosa elfa. Sus ojos color esmeralda resaltaban sobre un fino y juvenil rostro, del que despuntaban un par de orejas pequeñas y alargadas que rozaban los suaves rizos dorados que se escapaban por una capucha de cuero.

La elfa se acercó al calor del fuego de la posada con ademán firme y se desprendió del abrigo de piel animal cubierto de nieve, revelando tanto su melena hermosa y resplandeciente como las dos espadas cortas que pendían de un cinto de cuero. Tras indicar que se ocuparan de su caballo (llamado Nieve a causa de su blanco pelaje), pidió comida y vino a una de las doncellas de la taberna. Observando la inquietud que se reflejaba en los hoscos rostros de los parroquianos, preguntó la causa a la sirvienta cuando ésta le trajo la comida.

–Es a causa del castillo del Conde Valdrin, el señor que gobierna estas tierras. Todos aseguran que el edificio está maldito, y por su culpa un gran mal aflige al noble conde. Hay rumores de ruidos extraños que perturban la noche, y de criaturas de pesadilla que viven en los más oscuros rincones de la fortaleza esperando ser liberadas. ¡Oh, mi señora, no se os ocurra ir allí nunca, pues nadie que haya puesto los pies en su interior ha sido visto nunca más, ya fuese con vida…o muerto!

La sirvienta no dijo nada más, pero su relato dio que pensar a la elfa que ya no pudo terminar su comida en paz. Imágenes de monstruos atroces custodiando grandes tesoros abarrotaron su mente, enardeciendo su espíritu aventurero. No en vano era conocida entre su pueblo como Arlanha la de las Dos Espadas, mercenaria y aventurera cuyas armas siempre estaban a disposición de cualquiera con el suficiente dinero para alquilarlas.

La bella elfa no se lo pensó dos veces y, tras descansar toda la noche soñando con batallas victoriosas y fabulosos tesoros, partió al amanecer cabalgando su blanco corcel hacia el supuesto castillo maldito en busca de fama y fortuna. La ruta era fácil de seguir, pues tan solo tenía que marchar hacia la imponente figura del castillo cuya sombra se extendía amenazante sobre la ciudad de Borán y sus alrededores. Además un extraño humo negro, imposible de perder de vista, se extendía desde las chimeneas de las torres de la fortaleza, provocando la imaginación de Arlanha sobre escenas de horribles sacrificios llevados a cabo sobre altares manchados con la sangre de doncellas ofrendadas a terribles demonios.

El primer obstáculo con el que tuvo que enfrentarse la aventurera fue el del tupido bosque que rodeaba a modo de infranqueable protección todo el castillo. Una irreal inquietud flotaba sobre el verde mar de árboles, de cuyas brillantes hojas resbalaban a modo de lágrimas los restos de la nieve derretida por el sol matinal. No se oía ninguno de los cantos que los pájaros prodigaban al amanecer, pues los sentidos agudos de la elfa tan solo captaban el susurro de las ramas agitadas por la brisa. La barrera natural impedía el paso a caballo, por lo que decidió dejar a Nieve y atravesar la vegetación a pie.

Al poco de internarse en la espesura notó que ésta se tornaba más densa aún, pues hasta su cuerpo ágil y menudo tuvo problemas para esquivar la estrecha red que formaban  las grandes ramas de los árboles. Sus pisadas fueron apagadas por una cortina de hierba esmeralda que crecía de forma salvaje y que retrasaba su marcha al enredarse con sus botas. Era un paisaje tan sobrenatural y fantástico como inquietante y desolador.

De repente algo se movió de forma rápida hacia su cabeza, intentando golpearla. Arlanha esquivó el ataque gracias a sus dotes de percepción y a su agilidad sobrehumana, propias de su condición élfica. Desenfundó sus espadas cortas y se encaró hacia la amenaza, sorprendiéndose al ver que allí no había ningún enemigo. Sin embargo una vez más volvió a ser atacada por detrás, esta vez con éxito, y la mujer cayó de bruces sobre la hierba. Intentó levantarse pero algo rodeó sus brazos y piernas, inmovilizándola. Y entonces la bella elfa tuvo conciencia de qué era lo que en realidad estaba pasando. ¡La naturaleza la estaba atacando!

Desde la espesura que la envolvía completamente se arrastraban como serpientes largas y secas ramas cuyas afiladas puntas se dirigían con horror hacia sus ojos. Del suelo brotaron húmedas briznas de hierbas que rápidamente crecieron enroscándose alrededor de sus tobillos y muñecas, con la malsana intención de sujetarla. Incluso las flores del siniestro jardín abrieron sus blancos y enormes pétalos para arrojar una lluvia de polen amarillento que golpeó sus ojos y penetró por su boca y nariz, cegándola y asfixiándola.

Pero Arlanha no era una simple doncella en apuros, como muchas de sus congéneres. No necesitaba de ningún galante caballero que viniera a rescatarla, pues ella misma era una guerrera. A pesar del dolor y de la adversidad que aquel bosque de horrores ejercía sobre ella, la elfa encontró el coraje necesario para levantarse y continuar luchando.

La guerrera elfa consiguió zafarse con habilidad de una de las plantas, logrando empuñar una de sus espadas cortas con la que cercenó sin piedad los tallos y raíces que la atacaban. Luego liberó el resto de sus miembros con lo que pudo ponerse en pie una vez más, con las dos espadas desenfundadas y prestas para el siguiente asalto. Con un grito salvaje agitó sus brazos con una furia destructora inigualable, segando la vegetación a su alrededor como una jardinera enloquecida. Cuando terminó solo se escuchaba el sonido jadeante de su respiración, si bien el esfuerzo que la había dejado exhausta no había sido ejercido en vano. Plantas arrancadas, ramas cercenadas de sus troncos, flores separadas de sus tallos y hierba pisoteada era el resultado de su ataque, además de un líquido verde y maloliente que manchaba tanto sus ropas como los temibles aceros que sujetaban sus manos. Era la sangre del bosque maldito, ahora mortalmente herido y cuyo grito agonizante acompañó al rugir del viento helado.

Ante la victoriosa elfa se abrió de forma misteriosa un pasaje entre la vegetación, consiguiendo atravesar el bosque y llegando ante las puertas del castillo. La oscura mole se erigía inexpugnable ante ella, desafiándola a desvelar los oscuros secretos que encerraba en su interior. Arlanha evitó la entrada principal y se dirigió hacia una de las fachadas laterales, donde su vista de halcón divisó una ventana entreabierta en lo alto del castillo. Instantes después, tras haber escalado la pared no sin grandes dificultades, deslizó su ágil cuerpo por la ventana. ¡Al fin estaba en el castillo!

La elfa se dedicó a recorrer los solitarios pasillos y a registrar las polvorientas habitaciones, sin encontrar rastro alguno ni de personas ni de tesoros. Parte de la estructura se había derrumbado, por lo que más de una vez tuvo que sortear montones de escombros que se acumulaban en multitud de rincones. No tardó en encontrar una escalera de piedra negra, larga y estrecha, que conducía hacia el sótano del castillo. Su instinto de ladrona le dijo a la elfa que si había un gran tesoro sería allí donde lo encontraría.

Arlanha encendió una antorcha y comenzó a bajar los resbaladizos peldaños de la sinuosa escalera, dispuesta a enfrentarse a cualquier peligro que pudiese surgir de las sombras inquietantes en las que se adentraba. Pronto llegó ante una descomunal puerta en cuya superficie proliferaban una serie de extraños grabados, símbolos inquietantes que reflejaban una especie de historia de horror y muerte sobre los antiguos propietarios del castillo. Extrañamente no había ninguna cerradura en la puerta, pero aun así no pudo abrirla. El ansia de riquezas pudo más que cualquier otra preocupación, y la mujer no pudo evitar echar una mirada a través del agujero que había en el lugar donde debía haber estado la cerradura. Ahogó una exclamación de asombro al ver lo que contenía la sala del tesoro, pues el oro y las joyas se amontonaban resplandecientes por todos los rincones, formando montañas inabarcables de riquezas que dañaban la vista. El mayor de todos los tesoros estaba a su alcance, allí al otro lado de la puerta, y pronto sería suyo.

Entonces sus sentidos le indicaron que no estaba sola. Al volverse se encontró con una figura alta y enlutada, que poco a poco salió de las sombras para acercarse a ella. Vestía una cota de mallas negra, una gran capa roja y un casco que le cubría toda la cabeza, y entre sus dos manos sujetaba una gran espada de reluciente metal.

–Soy el guardián del castillo. Si quieres que la puerta de la sala del tesoro se abra, tendrás que acabar conmigo –dijo la poderosa voz bajo el yelmo.

–Entonces, que así sea –respondió Arlanha, desenfundando sus dos espadas.

Los aceros de ambos contendientes entrechocaron haciendo saltar chispas, iniciándose un terrible duelo. Por un lado el poderoso guardián, con su gran fuerza y su terrible mandoble, protegido por una férrea armadura. Por el otro lado la valiente elfa, ágil y veloz manejando sus espadas, moviéndose sin cesar para esquivar los golpes de su adversario. Bajo la débil luz de las antorchas los aceros de los dos guerreros brillaban siniestramente, ávidos de la sangre del contrario, como terribles demonios vivientes que anhelaban reclamar el alma del derrotado. Aunque la pelea estaba equilibrada al principio, la elfa no tardó mucho en darse cuenta de que su oponente no se cansaba, justo al contrario que ella. Debía de hacer algo antes de que la fatiga menguase sus reflejos y la llevaran a cometer algún error fatal.

Arlanha esperó a que el guardián cometiese un error para aprovechar algún punto débil, hasta que al fin encontró su oportunidad. Simulando que resbalaba se quedó inmóvil y medio agazapada, y cuando su rival levantó sus brazos presto a descargar su ataque final sobre ella, la elfa saltó hacia adelante rápida como una cobra hundiendo una de sus espadas bajo la axila del guerrero. El acero atravesó con facilidad el único lugar que la cota de mallas no protegía, y la sangre manó a borbotones de la herida.

Cuando el guardián cayó al suelo con estrépito, Arlanha se acercó a él y le arrebató el yelmo, dejando a la vista un rostro espantoso y demoníaco que le provocó arcadas. El guardián era un monstruo horrendo y repugnante, y no se arrepintió de haberlo herido mortalmente. Sin embargo, cuando empuñó sus armas para propiciarle el golpe final que terminaría con la vida de aquel inmundo ser, una fuerza mística se lo impidió.

–¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué no puedo matarte?

–Es a causa de la maldición. ¿No ves el símbolo de mi blasón? Yo soy el Conde Valdrin. La gente siempre ha creído que yo estaba maldito, pero eso no es así. La maldición es para aquella mujer que me derrotara en un duelo justo, pues si bien es cierto que será la dueña del castillo y de su tesoro, también lo será de mi corazón. Y puesto que eres una elfa, nuestra dicha juntos será duradera. Muy duradera.

Y tras estas palabras resonó el grito espeluznante y angustioso de Arlanha, la guerrera elfa de las dos espadas, a la que ya nunca más se la volvió a ver. Pues dice la leyenda que algunos elfos pueden vivir cientos e incluso miles de años…

FIN

 

 

 

 

 

Red Sonja vs Sonya la Roja

Publicado: 18 julio, 2016 en Artículos, Sin categoría

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(Artículo escrito originalmente para la Revista Fantastique Nº1)

Muchos lectores conocerán la figura de Red Sonja, gracias a los cómics del tándem Roy Thomas (guion) y Barry Windsor-Smith (dibujo). Una belleza pelirroja ataviada con un minúsculo bikini de hierro que hizo las delicias de los seguidores de esta amazona a partir de 1973, fecha en la que apareció por primera vez en el número 23 de la colección Conan el Bárbaro. Pero muy pocos conocen cual es el verdadero origen de esta moza guerrera capaz de rivalizar en la lucha con el poderoso cimmerio.

Red Sonya, Sonya la Roja, o Sonya de Rogatino, surgió bajo la pluma del maestro Robert E. Howard en el relato titulado La Sombra del Buitre. Y aquí comienza una de las principales diferencias entre Sonja y Sonya, pues la original está ambientada en un contexto histórico real (por eso está catalogado dentro de la ficción histórica y no dentro de la fantasía épica o espada y brujería), nada menos que en el sitio de Viena ocurrido en el siglo XVI. En este relato (publicado como no podía ser de otra forma en una revista pulp, concretamente en el número de enero de 1934 de The Magic Carpet), Howard narra las aventuras de un caballero germano de la Orden de San Juan (Gottfried von Kalmbach) y de Sonya la Roja (que no aparece hasta la mitad del relato), en el marco del apogeo de la invasión otomana de Europa por parte de las fuerzas turcas de Solimán el Magnífico. Al contrario de lo que ocurre con el más célebre personaje howardiano, Conan el Bárbaro, aquí no aparecen elementos sobrenaturales por ningún lado (no asoman la cabeza ni grotescos monstruos ni malvados hechiceros), y el autor cuenta los sucesos de batallas reales como el sitio de Rodas (1522) o la batalla de Mohacs (1526).

Aunque el protagonismo principal se lo lleva el caballero teutón (conocido también por el apelativo de Gombuk) y su relación personal con Solimán, nuestra querida Sonya destaca también como una mortífera espadachina, implacable y letal, arisca como una gata salvaje y tan blasfema como rebelde. Aunque no es el personaje medio desnudo de los cómics que le dieron su posterior fama, en el relato se la presenta como una mujer atractiva y llena de coraje. La mejor forma de describir a esta emblemática heroína es citar las palabras del propio autor:

«Era alta, magnífica, y, aunque delgada, demostraba una gran fortaleza. Bajo el casco de acero sobresalían unos cabellos rebeldes que caían sobre sus amplios hombros, como una cascada de oro rojizo reluciendo al sol. Las botas altas de cuero cordobés alcanzaban hasta la mitad de su muslo, sobre unos pantalones holgados; introducida en ellos, lucía una fina coraza anillada de fabricación turca.  Ceñía su delgado talle con un cinturón ancho de seda verde en el que llevaba cruzadas dos pistolas, una daga y, colgando, un largo sable de Hungría.  Una capa escarlata caía indolente desde sus hombros.»

La sensación del contexto realista que impregna todo el relato se acrecienta con la relación de parentesco entre Sonya y Roxelana, una de las pocas licencias que se permite Howard en la narración. Roxelana fue realmente la esposa de Solimán, una de las mujeres con más influencia en la época del Imperio Otomano (una belleza pelirroja raptada por los tártaros y vendida para ser esclava, escalando posiciones hasta ser la favorita del sultán). La rivalidad entre ambas hermanas es sinónimo de las diferencias entre una mujer sometida (Roxelana) y otra que antes de ello preferiría morir (Sonya).

Desde aquí animo al lector amante de las aventuras a leer este soberbio relato donde su autor propone un conflicto entre dos fuerzas desproporcionadas (la eterna historia de David contra Goliath) cuyo desenlace causó el fin de la expansión del imperio turco en la Europa central. El combate final contiene toda la esencia épica de Howard, reforzada con un desenlace sorprendente que no desvelaré para no estropear la lectura de todo aquel que se acerque por primera vez a la absolutamente recomendable La Sombra del Buitre.

Red Sonja es pues el reflejo de esa otra Sonya (que por cierto solo apareció en La Sombra del Buitre y en ningún otro relato de Howard), superándola en celebridad gracias a sus múltiples apariciones en la saga de Conan y a sus menguados atavíos que apenas podían contener sus rotundas formas femeninas. Esta diablesa con espada tiene su origen en una humilde familia granjera que es atacada por un grupo de mercenarios, los cuales violan a la muchacha y matan a todos los demás. Un misterioso ser angelical le otorga el poder del acero tocándola con la punta de su espada mágica, con la condición de que nunca podrá someterse a hombre alguno si previamente éste no la ha vencido en combate justo. Y aquí es cuando nace la leyenda.

Creada al principio como una mera contrapartida femenina de Conan, simplemente una hermosa guinda con la que deleitar a los masculinos fans del bárbaro cimmerio, poco a poco fue tomándole el pulso hasta conseguir su propia serie, lo cual fue un hito en su época pues era la primera mujer que protagonizaba su propia publicación y conseguía alcanzar el éxito. A los lectores les gustaba esa aventurera de cabellos cobrizos y carácter indómito, una mujer independiente en un mundo de hombres y capaz de dejar plantado a Conan al que incluso engatusaba con sus suaves encantos.

Aunque como se ha dicho anteriormente su creador fue Roy Thomas, es bajo la dirección de Frank Thorne cuando Sonja adquiere realmente la condición de guerrera salvaje provista de un espíritu casi divino que la aleja de la simple ladrona que era en sus inicios comiqueros. Las aventuras de Red Sonja transcurrían en ambientes lóbregos y escenarios de ensueño, muy similares a los paisajes artúricos de los Caballeros de la Mesa Redonda del Reino de Camelot. La magia combinada con el erotismo supuso una mezcla explosiva que atrajo a los fans de la Era Hyboria conformando un personaje deseado y peligroso a la vez, una luchadora tan atractiva como mortal capaz de engatusar a su enemigo mientras empuña una gran espada. El color de su pelo es el símbolo del espíritu de esta mujer que levanta pasiones por donde pisa: sangre y fuego a la vez.

A lo largo de los años este personaje tuvo sus altibajos dentro del mundo del cómic, pero fue tras el estreno de la película en 1985 cuando recuperó parte del éxito perdido. Red Sonja (titulada también El Guerrero Rojo en España y otros países) fue dirigida por Richard Fleischer en 1985 como uno de los múltiples films que surgieron bajo la sombra de la exitosa Conan el Bárbaro (John Milius, 1982). Protagonizada por Brigitte Nielsen como la heroína principal, y por Arnold Schwarzenegger como Kalidor (un pseudoclon de su propio personaje de Conan), la película cuenta la historia de venganza de Red Sonja contra la malvada Reina Gedren, interpretada por la misma actriz que dio vida a Valeria en la película de Conan. Como veis, todo queda en familia. El film es bastante mediocre, y en muchos países se estrenó como si el protagonista auténtico fuese el actor austríaco confiando en un mayor éxito de taquilla. El resultado tanto de crítica como de taquilla fue un absoluto desastre, causado por la espantosa combinación entre humor (véase las escenas protagonizadas por el niño chino y su cómico asistente) y película de espada y brujería. Una auténtica película de serie B de la que reniega hoy día todo aquel que en ella participó, pero que tiene cierto encanto como película de culto representante de una época cinéfila del pasado.

Ladrona, guerrera, pero ante todo mujer, Sonja representa a la perfección el símbolo de la liberación femenina, con ese voto de castidad que la reprime a la vez que le da su fuerza y su poder (y que por ello la hace aún más deseable). En su momento supuso el arquetipo de una nueva clase de heroínas de mundos de fantasía, poseedoras de una belleza despampanante y con los mismos arrestos que cualquier guerrero masculino, siempre vestidas con armaduras de tamaño minúsculo que apenas dejaban nada a la imaginación. Tanto en cómics como en cine, fueron muchos los personajes femeninos que basaron su imagen en las provocativas ilustraciones de Red Sonja (como la Tygra de la película de animación Fuego y Hielo), aunque muy pocos de ellos pudieron retener su carisma propio. Quizá la excepción que confirma la regla sea el personaje de la serie de televisión Xena, la Princesa Guerrera, emitida desde 1995 hasta 2001 y nacida como spin-off de otra serie de culto como fue Hércules. A pesar de que la trama está ambientada en la Grecia clásica, los paralelismos con Red Sonja son demasiado sospechosos como para obviarse, si bien es cierto que el éxito de la serie se basó tanto en su protagonista principal (espléndida Lucy Lawless) como en el hecho de saber guiarse por un espíritu propio.

Y ya que hablamos de Red Sonja y de personajes femeninos relacionados con la fantasía, no estaría de más recomendar el cómic Espadas del Dolor (Dynamite, 2015), donde las historias de autores como Mairghread Scott, Gail Simone y otros son magníficamente plasmadas por los ilustradores como Mirka Andolfo o Sergio Davila. El cómic contiene varias historias que se entrecruzan entre sí formando un interesante crossover, protagonizado enteramente por mujeres de armas tomar como Sonja, Dejah Thoris, Vampirella, Lady Rawhide, Jennifer Blood, Masquerade, Jungle Girl, Kato, Miss Fury, Jane Porter, Irene Adler, Pantha y alguna que otra más. El hilo conductor lo forman las Espadas del Dolor que dan nombre al cómic, valiosas reliquias destinadas a salvar las diferentes realidades presentadas.

Ahora ya solo queda al lector tomar la decisión final sobre la elección de la fémina preferida. Elegir entre la realista y mordaz Sonya de Rogatino creada por Howard, por un lado, y la pícara y sensual Red Sonja ideada por Thomas para los cómics, por otro, no es fácil. Por ello lo mejor es mi recomendación final: leer a ambos, tanto al maestro de los relatos pulp clásicos como a uno de los genios del mundo de los cómics. Y la película de 1985, pues revisadla una tarde lluviosa que no tengáis nada mejor que hacer.

 

Enlaces de interés:

https://es.wikipedia.org/wiki/Red_Sonja

https://es.wikipedia.org/wiki/La_sombra_del_buitre

https://es.wikipedia.org/wiki/Red_Sonja_(película)

 

Edgar Allan Poe

Publicado: 15 abril, 2016 en Artículos, Sin categoría, Sobrenatural

POE

En esta ocasión os dejo con el maestro de la literatura de terror gótico, un artículo que trata tres de las obras de este ilustre escritor: Los Crímenes de la Calle Morgue, El Gato Negro, y El Cuervo, y por supuesto también sus adaptaciones al cine. Como siempre, podéis leerlo en la web amiga Relatos Pulp. ¡Que lo disfrutéis!

http://www.relatospulp.com/peliculas/analisis/482-edgar-allan-poe-cine-y-literatura.html

Museos de Cera

Publicado: 24 marzo, 2016 en Sin categoría

Museos de Cera

Para aquellos que os gusten las películas relacionadas con los museos de cera, aquí os dejo un artículo con un buen puñado de ellas, como siempre en la web de referencia pulp RelatosPulp. Disfrutad con el horror!!

http://www.relatospulp.com/peliculas/analisis/479-museos-de-cera-un-clasico-en-el-cine-de-terror.html