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	<title>Hollow City</title>
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	<description>Un lugar donde lo sobrenatural acecha en cada esquina...</description>
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		<title>MISTERIO EN BUSSLER GREEN (Parte 2)</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jan 2012 10:16:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
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		<description><![CDATA[O’Sullivan se levanta el cuello del abrigo ante las constantes ráfagas de aire frío. La noche parece más oscura en esta apartada zona de Bussler Green. Los únicos sonidos que percibe son los quejidos de las ramas de los árboles, que crujen lastimeramente mientras el viento les arranca las pocas hojas secas que aún les [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=442&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">O’Sullivan se levanta el cuello del abrigo ante las constantes ráfagas de aire frío. La noche parece más oscura en esta apartada zona de Bussler Green. Los únicos sonidos que percibe son los quejidos de las ramas de los árboles, que crujen lastimeramente mientras el viento les arranca las pocas hojas secas que aún les quedan. En este triste lugar los pájaros no vuelan, los gatos no salen a cazar, ni siquiera las ratas se arrastran fuera de sus guaridas en busca de restos de basura con los que alimentarse. No hay nada, no se ve a nadie. Y eso es precisamente lo que le inquieta. Solo está la triste figura de O’Sullivan, de pie en este desolado lugar, sin saber siquiera que es lo que esperaba encontrar aquí.</p>
<p style="text-align:justify;">Tras pasar varios minutos examinando infructuosamente el lugar, O’Sullivan decide que ya es suficiente. Comienza a marcharse, gruñendo de enfado, pero algo le detiene. ¿Acaso no ha visto un extraño movimiento en unos arbustos cercanos? ¿Y ese pequeño destello azulado, una lucecita parpadeante que sobresale en la oscuridad? Haciendo como si se marchase del lugar, O’Sullivan camina hasta que un grupo de árboles se interpone entre él y los arbustos. Entonces da un rodeo a toda prisa, agazapado, buscando pillar por sorpresa a quien sea que esté allí escondido. Si alguien quiere jugársela, se va a arrepentir de pleno.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan llega por detrás de los matorrales, viendo la espalda de una figura menuda y vestida con ropa oscura, que cubre su cabeza con un gorro de lana negro. El origen del destello azul es la pantalla de un teléfono móvil que al parecer tampoco funciona bien. Sea quien sea, aquel individuo no se ha percatado de la maniobra de O’Sullivan, el cual saca su Beretta 92 y avanza lenta y sigilosamente. Con cuidado, apoya el cañón de su pistola sobre el gorro del espía, el cual da un respingo ante la sorpresa de ser cazado.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Tranquilo, tío, no te pongas nervioso –dice una voz juvenil.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Vuélvete muy despacio, y no hagas movimientos bruscos o tu cabeza parecerá una calabaza de Halloween –dice amenazadoramente O’Sullivan.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces el ex policía contempla asombrado que aquel tipo no es más que un chico de apenas 17 años, vestido con un chándal oscuro con la chaqueta semiabierta, que deja ver una camiseta publicitaria de los Red Demons, el grupo musical de moda en Hollow City. También ve que del cuello cuelgan unos prismáticos Bressler, capaces de captar imágenes a grandes distancias.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Qué estás haciendo aquí, chico? Deberías estar en tu casa a estas horas de la noche.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Eres uno de ellos, tío? ¿Vas a dispararme? –dice el joven, con actitud desafiante. No parece tener miedo, a pesar de las circunstancias.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Uno de quien? ¿A que te refieres? –pregunta O’Sullivan.</p>
<p style="text-align:justify;">El desconocido no deja de mirar la pistola, y O’Sullivan la guarda en su funda, presiente que el chico no es peligroso. Entonces se oyen unos ruidos lejanos, el rugido de unos motores, y en la distancia pueden verse un grupo de luces que se acercan a gran velocidad.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Rápido, agáchate o nos verán! –dice el joven, tirando del abrigo de O’Sullivan.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Se puede saber de que nos escondemos, chico?</p>
<p style="text-align:justify;">-        Quédate quieto y lo sabrás –contesta en tono misterioso el joven.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras O’Sullivan se agacha entre los arbustos junto al chico, observa como los ruidos se hacen más intensos y las luces aumentan de tamaño, hasta que al fin pueden verse los vehículos. Son cuatro grandes camiones de transporte, que al parecer han salido de la carretera principal para adentrarse entre los matorrales de Bussler Green. Nadie se atrevería a conducir uno de esos camiones en un territorio abrupto y en noche cerrada, a no ser que conozca la zona previamente. Algo no pinta bien en este asunto. O’Sullivan le quita de un manotazo los prismáticos al muchacho, intentando observar lo que pasa. A través de las lentes mira como varios hombres salen de los camiones y comienzan a hablar entre ellos. Vigilan que no haya nadie por allí cerca, y luego comienzan a fumar y a beber unas cervezas. Parece que estén esperando a alguien.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces de entre un grupo de árboles aparecen cuatro figuras altas, vestidas de negro, que sostienen mediante unas correas a un grupo de cuatro enormes perros. Al mantenerse alejado de las luces de los camiones, O’Sullivan no puede discernir los rasgos de los hombres ni de los animales que les acompañan. Pero si puede ver como los recién llegados hacen ademanes hacia los camioneros, que abren las compuertas traseras de los vehículos. Preparan unas caretillas de transporte, y comienzan a cargar sobre ellas una especie de cápsulas metálicas de color azabache, de unos dos metros de altura. Sea lo que fuere que transporten en ellas, parece que el conjunto es muy pesado.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Lo estás viendo, tío? –dice el chico, bajando la voz-. Desde hace algún tiempo, cada noche acuden varios camiones cargados con esas extrañas cápsulas metálicas.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Y donde se las llevan? –pregunta O’Sullivan.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Se internan detrás de aquel grupo de árboles…y después desaparecen, como si la tierra se los tragase.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Y tu como sabes tanto, chico? ¿Por qué no estás en casa estudiando?</p>
<p style="text-align:justify;">-        Oye, que ya no soy un crío, ¿sabes? –planta cara el jovenzuelo con descaro- Y por cierto, ¿tu quien eres? ¿Eres poli?</p>
<p style="text-align:justify;">-        Soy el “señor que lleva pistola”, así que cierra el pico, esto parece cosa seria. ¿Cómo te llamas?</p>
<p style="text-align:justify;">-        Billy Jones –contesta con desgana el chico.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Bien, chaval, ahora lo que vas a hacer es…</p>
<p style="text-align:justify;">Pero O’Sullivan se detiene, sorprendido. A través de los prismáticos acaba de ver algo que le hiela la sangre. Uno de aquellos hombres de negro es el tipo siniestro que vio en la manifestación, el que desintegró la valla metálica. Pero en realidad, lo que más le aterra no es haberlo reconocido, sino los animales que llevan atados en correas. Por fin se han acercado a la luz, permitiendo que O’Sullivan contemple una visión horriblemente atroz. No son perros, o por lo menos ahora no lo son. Son abominaciones.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Bien, Billy Jones, ahora quiero que lentamente vayas hacia donde están las casitas de madera. Y procura no hacer ningún ruido.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Y una mierda, tío –contesta enfadado Billy-. Yo estaba aquí antes que tú. Primero me das un susto de muerte con tu pistola, luego me quitas los prismáticos y ahora me das órdenes como si fueses mi padre. ¿Sabes lo que te digo? Voy a hacer unas fotos para los colegas de la Guarida, seguro que las pondrán en la sección de honor en el “Pastel”.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan se da la vuelta y ve como Billy Jones intenta sacar una foto con su teléfono móvil, que aún sigue funcionando alocadamente. Intenta lanzarle una advertencia al despreocupado chico, pero es demasiado tarde. Una de las abominaciones ya ha vuelto la cabeza, ha percibido el destello de luz en la oscuridad. O’Sullivan siente un escalofrío en la nuca, intuye lo que se avecina.</p>
<p style="text-align:justify;">-         ¡Chico, empieza a correr ya! –grita al muchacho-. Y no pares hasta que te lo diga.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras el joven comienza a moverse a regañadientes, O’Sullivan desenfunda su pistola. Los hombres de negro sueltan a las monstruosas bestias peludas que había creído perros, pero que en realidad son horrendos monstruos. Criaturas feroces con dientes afilados, hambrientas de carne y sangre. Sabuesos del infierno, que se lanzan a la carrera apoyándose en sus poderosas y nervudas patas.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan espera a que la primera de ellas se acerque, hasta que se encuentra a unos 50 metros de él. Apunta con cuidado, teniendo en cuenta el viento y la escasa luz existente. Luego aprieta suavemente el gatillo. Suena el disparo, y el proyectil se estrella en la cabeza de la criatura, que cae al suelo con un bramido de dolor. Una menos.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando la siguiente de las abominaciones se aproxima a unos 30 metros, vuelve a disparar. La bala de 9 mm impacta en los cuartos delanteros, provocando que la monstruosidad ruede por el terreno proyectando chorros intermitentes de sangre. Quedan dos.</p>
<p style="text-align:justify;">Apenas a 15 metros de O’Sullivan se encuentran dos demonios de cuatro patas, que muestran vorazmente sus enormes fauces. Aunque sabe que no le dará tiempo de acabar con los dos, al menos lo intentará. Otro estruendo reverbera en mitad de la noche, y las articulaciones de otra de las criaturas queda hecha pedazos. La bestia aúlla en una mezcla de dolor y furia, pero deja de ser una amenaza. Ahora solo queda una.</p>
<p style="text-align:justify;">El último de los horripilantes sabuesos se impulsa mediante sus poderosos cuartos traseros y salta hacia la garganta de O’Sullivan, intentando arrancársela de un potente mordisco. Sin embargo el ex policía se hace a un lado, aunque no puede evitar que la bestia lo arroje al suelo por el impulso. Hombre y criatura ruedan por la grava, cada uno intentando imponerse al otro en un duelo de fuerza y habilidad. Los afilados colmillos del can quedan a escasos centímetros del rostro de O’Sullivan, que se da cuenta mientras mira los ojos ambarinos de su enemigo que no puede con su fuerza salvaje. La bestia acerca su boca centímetro a centímetro, mientras O’Sullivan huele su fétido aliento y siente sobre su mejilla la chorreante saliva del monstruo. En el último instante, se oye una detonación, y un torrente de sangre oscura y maloliente baña por completo al hombre. O’Sullivan suspira, y se quita de encima con esfuerzo el pesado cuerpo de la última bestia. La bala le ha atravesado las costillas, alcanzando su negro corazón. Por los pelos.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin embargo, O’Sullivan no tiene tiempo para alegrarse, pues el hombre siniestro ha avanzado hacia él rápidamente. Parece cabreado, seguramente no le ha gustado que un patético y débil humano haya conseguido liquidar a sus mascotas demoniacas. Pero O’Sullivan también está harto y enfadado de tanta criatura sobrenatural, y descarga todas las balas que le quedaban en el cargador contra aquel tipo, mientras grita con furia palabras desagradables. Pero su furia se transforma en estupor, cuando los ojos del Oscuro se tornan de un familiar color negro, a la vez que extiende la palma de su mano hacia la lluvia de balas que le sobreviene. Uno tras otro, los proyectiles se desintegran en el aire antes de alcanzar a su objetivo, sin hacer el más mínimo daño. El Oscuro sonríe burlonamente, y avanza amenazadoramente hacia O’Sullivan. Pero entonces a lo lejos suenan unas sirenas, y comienzan a vislumbrarse unas luces rojas y azules. El Oscuro mira con desgana a O’Sullivan, y retrocede. Salvado por la campana.</p>
<div style="text-align:justify;">
<p>Mientras el ex policía se aleja hacia el este, intentado escurrirse entre las casitas de madera, no deja de mirar por encima de su hombro. Sabe que este no ha sido el último asalto. Algo le dice que volverá a vérselas con aquel tipo.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
</div>
<p style="text-align:justify;">Al día siguiente las nubes cubren por completo el cielo sobre Hollow City, evitando que el sol matinal ilumine plenamente la ciudad. El frío y el viento continúan azotando las calles, mientras la gente se viste con ropa de abrigo o bien se refugia rápidamente del intenso clima. Como el hombre bajito y con bigote que viste el uniforme azul de la Policía de Hollow City, que en ese momento sale del Bar de Joe con su desayuno en la mano. Una vez entra en el coche patrulla, bebe un sorbo de café del envase de plástico y le da un mordisco a un enorme donut azucarado. La mañana ha empezado bien, de momento sólo un par de multas de tráfico y un aviso en falso sobre una disputa doméstica. Nada que el bueno de Mike el Arrugas no pueda solventar.</p>
<p style="text-align:justify;">En ese momento alguien golpea ligeramente el cristal del coche, sobresaltándole, lo que le hace mancharse de café la camisa. Gruñendo de fastidio, Mike abre la portezuela, bajándose del automóvil dispuesto a encararse con quien le ha fastidiado el desayuno.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Paul O’Sullivan, tenías que ser tú –exclama con sorna el policía.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Hola, Mike, ¿cómo te va? –dice O’Sullivan, vestido con su viejo abrigo gris.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Mejor que a ti, según veo –contesta Mike, al ver los rasguños en el rostro de O’Sullivan. Son las secuelas de su encuentro de la noche anterior con los sabuesos infernales-. Reconozco que tienes narices de traer hasta aquí tu culo irlandés, sobretodo después de cagarla en Bussler Green.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Vaya, que pronto vuelan las noticias. Sigues siendo el primero en enterarte de todo, ¿eh, Mike?</p>
<p style="text-align:justify;">-        No me interesas, O’Sullivan, olvídame y vete a buscar un sucio tugurio donde emborracharte –dice despreciativamente el policía.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Así que no te intereso, ¿eh? –O’Sullivan saca algo de su bolsillo y se lo muestra a Mike-. ¿Y tampoco te interesa un poco de pasta?</p>
<p style="text-align:justify;">Mike el Arrugas contempla el fajo de billetes, y luego observa a su antiguo compañero de profesión. Aunque continúa guardándole rencor por una trifulca que mantuvieron el año pasado, Mike necesita la pasta. Por eso al final acepta el dinero de O’Sullivan, a pesar de que no le cae bien, sabiendo además que el sentimiento es mutuo.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan le cuenta a Mike el Arrugas que cree que hay algo raro detrás del asunto de la construcción del aeropuerto en Bussler Green, aunque omite cualquier detalle relacionado con los Oscuros. El policía responde que hay rumores sobre corrupción en la empresa responsable de las obras, la constructora OmniBrick, ya que debería haber iniciado hace mucho tiempo y siempre pone excusas para justificar los retrasos. Mike también le facilita la dirección de OmniBrick en Hollow City, la empresa posee sus oficinas en pleno centro del barrio de Atherthon. Al parecer, O’Sullivan tendrá que coger el metro para hacer una visita a los niños ricos de la ciudad.</p>
<div style="text-align:justify;">
<p style="text-align:center;"> ***</p>
</div>
<p style="text-align:justify;">Sentada frente a su mesa en la sala de recepción de OmniBrick, una secretaria mira fijamente la pantalla de su ordenador. Se ha conectado a Internet para estar al día de los últimos cotilleos de la sociedad. Por ello no se da cuenta hasta que llega junto a ella un hombre alto, con gruesa nariz de boxeador, vestido con un abrigo gris deslustrado. Lo mira de arriba abajo como si fuese un vagabundo.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Buenos días, señorita –dice el hombre, que parece no encontrarse demasiado a gusto en aquellas instalaciones de lujo–. Deseo ver al director de la empresa, si es posible.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Puede decirme su nombre, señor? –dice de forma desencantada la recepcionista, fastidiada por la interrupción de aquel tipo.</p>
<p style="text-align:justify;">-        O’Sullivan, Paul O’Sullivan.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Ummm… Lo siento, señor O’Sullivan –dice la mujer tras consultar el ordenador–. No aparece usted en la agenda del señor Powell. ¿Tenía usted cita hoy? –la mujer sonríe pues intuye que aquel hombre pretende colarse sin cita previa. Pues tendrá que ponerse a la cola, como todos.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Creo que no me ha entendido bien, señorita. Soy “el agente” Paul O’Sullivan –dice el hombre mientras muestra a la arisca oficinista unas credenciales de TecnoCorp-. Y no, no tengo cita con el señor Powell. De hecho, creo que tendrá que anular sus citas de hoy. ¿Me has entendido ahora, encanto?</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan sonríe para sus adentros, menos mal que se ha acordado de coger su identificación. Reconoce que a veces puede ser muy útil pertenecer a una megacorporación de prestigio como TecnoCorp, pues te permite abrir puertas que normalmente están cerradas. Apenas un par de minutos más tarde se encuentra sentado en un cómodo sillón, frente al señor Powell, el gerente de OmniBrick. Powell es un hombre de estatura media, corpulento y de cabeza gruesa, con la nariz y las mejillas enrojecidas. Su párpado izquierdo tiembla ligeramente debajo de una gruesa ceja, y en su mano derecha sostiene un pañuelo con el que se frota su sudorosa frente. O’Sullivan reconoce los síntomas: Powell es un alcohólico, y de los buenos.</p>
<p style="text-align:justify;">Comienza la conversación. Al principio Powell se muestra amable, cree que O’Sullivan ha sido enviado por TecnoCorp para presionarle sobre los retrasos de la construcción del aeropuerto. O’Sullivan le sigue la corriente un rato, hasta que se da cuenta de que lo único que está oyendo es una sarta de excusas y mentiras. Que si el Alcalde Mallory no paga, que si no le han concedido aún la totalidad de la licencia, que si la lluvia ha retrasado el inicio, ahora las manifestaciones… Entonces O’Sullivan decide presionar un poco a Powell, y le menciona el tema de los camiones en Bussler Green. Los ojos de Powell se abren con sorpresa, intenta negarlo todo, pero no miente fatal. Comienza a sudar de lleno, mientras se revuelve nerviosamente. Hasta el tono de su voz cambia, y O’Sullivan detecta en él la presa del miedo. El ex policía contrataca, le acusa de corrupción, y luego de participar en una conspiración con lo que sea que se oculta en Bussler Green. Entonces Powell se rinde, deja caer su fachada de rico hombre de negocios y saca de un cajón una botella de whisky. Se sirve una buena dosis y luego, como todos los culpables, acaba confesando. Cuando se enteró de la iniciativa de la construcción del aeropuerto de Hollow City, llegó a un trato con el Alcalde Mallory para que OmniBrick fuese la adjudicataria del proyecto, por delante de otras empresas mejores. Powell pensaba que aquella iba a ser la operación de su vida, pero se equivocó. Los problemas llegaron en la forma de unos tipos raros, que le pagaron una gran suma por demorar el inicio de las obras. Dijeron que ellos se encargarían de Mallory, de TecnoCorp y de la Comisión de Inspección de Obras, y que no habría problemas. Pero la presión era demasiado fuerte, sobretodo tras percatarse de extraños sucesos en la zona inhabitada de Bussler Green. Cuando Powell quiso deshacer el trato, llegaron las amenazas. Le enseñaron las cosas horribles que podían hacer, aquellos seres no eran humanos, eran…monstruos.</p>
<p style="text-align:justify;">Powell comienza a sollozar, tanto por el miedo como por los efectos del alcohol. O’Sullivan sabe que pronto no podrá ser capaz de decir nada coherente, por lo que intenta presionarle aún más. Pero todo lo que puede sacarle es una dirección en los muelles de Hollow City, donde se produjeron algunos encuentros entre Powell y los que le sobornaron. Los Oscuros.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan se marcha, pero antes de salir le recomienda a Powell que no intente calmar su conciencia ahogándola bajo litros de alcohol. No es la mejor solución, lo sabe por experiencia. Luego abandona las instalaciones de OmniBrick, mientras en su mente resuenan una y otra vez las palabras de Powell expresadas con puro terror: <em>“Esos tipos no son seres humanos. Son monstruos”.</em></p>
<div style="text-align:justify;">
<p style="text-align:center;"> ***</p>
</div>
<p style="text-align:justify;">El sargento Riggs mira a O’Sullivan como si estuviese loco de atar. Dentro de las instalaciones de TecnoCorp, en una habitación que bien podría servir de celda de castigo por su escasez de mobiliario y decoración, ambos hombres discuten. O’Sullivan ha decidido revelarle todo a la única persona en quien puede confiar, pero aún no sabe como Riggs ha digerido todo el asunto.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Me estás diciendo que unos tipos de ojos negros con poderes están trapicheando algo secreto en Bussler Green, y que por eso aún no se ha podido construir el aeropuerto? –interroga el veterano sargento al ex policía.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Eso es, sargento. Ya sé que parece una locura, pero hace tiempo ya me topé con ellos. Strong y Chang lo saben de sobra, aunque lo mantengan oculto. Por eso no me fio de ellos, sólo de usted.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Quieto ahí, O’Sullivan. Ellos son mis jefes, y de momento también los tuyos, así que ten más cuidado al soltar la lengua. Mira chico, yo ya sabía que existen esos tipos, esos…Oscuros, como tú los llamas. Estuvieron tras el atentado del año pasado en TecnoCorp, en el asunto del Ojo de los Dioses, y tal vez también en lo del monstruo que acabó con todo un pelotón de agentes nuestros en las alcantarillas de Hollow City.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Entonces, ¿va a ayudarme? –pregunta esperanzado O’Sullivan.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Lo siento chico, pero Strong esta fuera y Evelyn Chang no quiere ni verte después de lo de la manifestación del otro día. Lo mejor será que esperes un poco, hasta que la cosa se enfríe. Lo digo por tu bien, O’Sullivan.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan mueve la cabeza, abatido. No sabe que más hacer, ni a quien acudir. El sargento Riggs abre la puerta, dándole un último consejo antes de irse.</p>
<p style="text-align:justify;">-        O’Sullivan, vete a casa y descansa. Nadie en su sano juicio iría sólo tras unos tipos raros sin el equipo adecuado, sobretodo si no posee el permiso necesario para recogerlo.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan levanta la cabeza, extrañado por las palabras de Riggs, pero el sargento ya se ha marchado. Sin embargo ha dejado algo encima de la mesa. Se trata de un albarán de misión, firmado por el propio Riggs, que habilita a O’Sullivan a recoger el material necesario en la sección de armamento y equipo. En silencio, da las gracias porque en el mundo aún hay gente como el veterano sargento. Rápidamente cruza los innumerables pasillos de TecnoCorp, coge el ascensor y por fin entra en la sección que busca. Tras entregar el albarán al agente de guardia, O’Sullivan recoge un uniforme TC-1000, recordando que le protegió en los disturbios en Bussler Green. También observa la TL-50, pero viendo el resultado nefasto obtenido con la lanzadora prefiere otra arma. En su lugar coge un subfusil P-100 y algunos cargadores. Hay que estar preparado. Luego se fija en una pequeña pistola, y en el tipo de munición que dispara. Tal vez le sirva, así que también la guarda, por si acaso.</p>
<p style="text-align:justify;">Una vez equipado regresa por donde ha venido, pero en la puerta del ascensor se encuentra a alguien inesperado. Es el Servitec-100, el monstruito metálico no deja de emitir una serie de pitidos electrónicos mientras proyecta lucecitas de todos los colores que salen de su gran cabeza.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Agente O’Sullivan, no tiene permiso para estar aquí. Se le recuerda que debe permanecer alejado de las instalaciones de TecnoCorp hasta nuevo aviso. Debo proceder de inmediato a alertar a sus superio…</p>
<p style="text-align:justify;">Suena un estampido, y la voz electrónica del robot deja de escucharse. Alertado por el ruido, un agente de TecnoCorp acude, preguntando a O’Sullivan que ha ocurrido.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Tranquilo agente, se me ha disparado el arma sin querer –dice O’Sullivan, guardando el subfusil humeante con una sonrisa.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras O’Sullivan desaparece en el ascensor, el agente observa estupefacto como la cabeza destrozada del Servitec revela una serie de cables y chips, que chisporrotean emitiendo un intenso olor a quemado.</p>
<div style="text-align:justify;">
<p style="text-align:center;"> ***</p>
</div>
<p style="text-align:justify;">Desde una esquina alejada, envuelto en las sombras oscuras, Paul O’Sullivan vigila los almacenes en la zona de los muelles de Hollow City. Acechando en su escondite puede divisar el gran río Hutton y los barcos amarrados en el puerto, que se balancean suavemente sobre las aguas. Vestido con el uniforme especial de TecnoCorp, O’Sullivan emplea el visor especial que incorpora el casco para paliar los efectos de la oscuridad. Poco a poco empieza a comprender mejor como funcionan los dispositivos avanzados del traje, sintiéndose más cómodo y seguro bajo su protección.</p>
<p style="text-align:justify;">En ese momento algo llama su atención. Es un grupo de camiones que circulan lentamente hacia uno de los almacenes. Las puertas del edificio se abren, y un grupo de estibadores sale a su encuentro, haciendo señas a los vehículos para que entren en el interior del almacén. O’Sullivan se acerca al último de los camiones, aprovechando que se han detenido, y con mucho cuidado trepa por la parte de atrás hacia el techo. A continuación los camiones entran en el almacén, y las puertas se cierran. Ya no hay vuelta atrás. Desde su posición O’Sullivan observa como de los camiones bajan un grupo de cinco hombres ataviados con extraños uniformes negros. Siente una desazón en su estómago al percatarse de que uno de ellos es el hombre siniestro capaz de desintegrar el metal. Todos son Oscuros, y aquel tipo es el jefe.</p>
<p style="text-align:justify;">Los estibadores señalan un grupo de grandes cajas, y el líder de los Oscuros ordena que las abran. Utilizando grandes palancas, los estibadores obedecen, mostrando lo que hay en su interior: más de aquellas misteriosas cápsulas metálicas. Los estibadores comienzan a cargarlas en los camiones, pero a uno de ellos se le resbala torpemente una cápsula, cayendo al suelo con gran estruendo. El líder Oscuro grita algo, pero la advertencia llega tarde, pues la cápsula se abre y emerge un chorro de vapor a presión. Aunque el vapor impide la visión normal, el visor del casco permite a O’Sullivan vislumbrar una silueta difusa, una forma humanoide… ¿con alas y cola? Se produce una pequeña confusión, los Oscuros se abalanzan sobre la criatura de la cápsula, mientras los estibadores huyen despavoridos. Aquello es demasiado para ellos.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan aprovecha el momento y desde el techo del camión salta hacia arriba, cogiéndose de la parte inferior de una pasarela. A continuación trepa por ella, para agacharse en la parte superior. Ahora que está varios metros por encima del suelo, tiene una mejor visión de la situación. Los Oscuros golpean sin cesar a la criatura, volviéndola a encerrar dentro de la cápsula metálica. A continuación la cargan en el interior de uno de los camiones, y se preparan para partir. O’Sullivan camina por la pasarela, pero sin querer golpea con el codo uno de los barrotes de metal de la barandilla. Un simple ruido es suficiente para desatar el caos.</p>
<p style="text-align:justify;">Los Oscuros se dan cuenta enseguida de su presencia. Todos menos el jefe desenfundan sus armas demoniacas, y enseguida aparecen los tentáculos viscosos que las unen en simbiosis con sus portadores. Pero O’Sullivan está preparado, y comienza a disparar con su P-100. Una lluvia de ráfagas cae sobre los Oscuros, y aunque una persona normal y corriente caería muerta o herida de gravedad, ellos permanecen de pie, aguantando de forma sobrenatural los impactos. El líder simplemente extiende la palma de su mano, y las balas dirigidas hacia él se evaporan en el aire. Por su parte, aquellos seres disparan sobre O’Sullivan, que recibe un disparo en el costado izquierdo. A pesar de la protección del kevlar de su uniforme, siente un dolor inmenso en la zona alcanzada, a la vez que la fuerza del impacto lo lanza por encima de la pasarela. Para evitar la caída, O’Sullivan se coge desesperadamente de uno de los barrotes, soltando el subfusil y quedando su cuerpo balanceándose en el aire.</p>
<p style="text-align:justify;">El líder de los Oscuros ordena a los demás que se vayan con los camiones, quedándose sólo en el almacén. Sube por unas escalerillas metálicas hasta la pasarela, acercándose lentamente hacia el ex policía. O’Sullivan realiza un último esfuerzo y sube hasta la pasarela, pero está solo y desarmado. Sabe que esto se ha acabado para él. El hombre siniestro se burla, y para hacerle sufrir extiende sus manos sobre la pasarela, creando agujeros en el metal que O’Sullivan debe esquivar. Entonces se la juega, y decide desenfundar la pequeña pistola que cogió en TecnoCorp. El Oscuro se ríe, confiado, acercándose más y más hacia él. O’Sullivan dispara varias veces, y el Oscuro levanta su mano para desintegrar las balas. Pero algo ocurre, abre sus ojos negros asombrado al percibir los impactos en su cuerpo, que lo impulsan sobre la pasarela, haciéndole caer varios metros sobre unas cajas de madera.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan baja por las escaleras y se acerca al cuerpo del Oscuro, atravesado por varias astillas de madera y con el cuello roto por la caída. En unos segundos morirá, mientras sólo puede mirar con sorpresa al humano que lo ha derrotado, abriendo su boca al exhalar un gorgoteo sanguinolento. O’Sullivan le muestra una de las balas que le han impactado, y se la lanza a su rostro. Es una bala de goma. El Oscuro intenta decir algo, unas últimas palabras antes de comenzar su viaje al infierno:</p>
<p style="text-align:justify;">-        Esto no es el final, es sólo el principio. Pronto el Amo vendrá del Otro Lado, y el Conocimiento Oscuro se extenderá como un manto sobre tu asquerosa ciudad.</p>
<p style="text-align:justify;">Intenta reír, pero no puede, la negrura de sus ojos desaparece al igual que su expresión de ferocidad. Ha muerto.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan se sienta en el suelo, al lado del cadáver de su enemigo, mientras medita silenciosamente. ¿Qué es lo que transportan en aquellas cápsulas, que al parecer proceden de otros lugares y son llevadas a Bussler Green? ¿Quiénes son realmente estos seres, y que es lo que quieren? ¿Quién es el Amo? Un gran misterio se está desvelando poco a poco, y el asunto es demasiado grande para una sola persona. O’Sullivan va a necesitar ayuda para seguir investigando este caso, y para ello deberá reclutar a otros sujetos de la ciudad, que estén en primera línea de acción. Porque de una cosa está seguro: la Guerra Secreta ya ha empezado, y el campo de batalla donde va a librarse son las oscuras y frías calles de Hollow City.</p>
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		<title>MISTERIO EN BUSSLER GREEN (Parte 1)</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jan 2012 19:37:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[La estación de ferrocarril de Hollow City esta casi vacía esta mañana. Es normal, puesto que hace pocos días que el año nuevo ha comenzado su andadura. La gente está en sus casas, refugiándose del invierno y disfrutando de los pocos días de vacaciones que aún les quedan. Además, la crisis ha hecho que sean [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=430&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">La estación de ferrocarril de Hollow City esta casi vacía esta mañana. Es normal, puesto que hace pocos días que el año nuevo ha comenzado su andadura. La gente está en sus casas, refugiándose del invierno y disfrutando de los pocos días de vacaciones que aún les quedan. Además, la crisis ha hecho que sean pocos los que hayan decidido marchar de viaje a otros lugares más interesantes. Sin embargo, a pesar de todo ello, aún hay individuos que utilizan el tren como medio de transporte. Como ese hombre alto de cabellos castaños, con el rostro a medio afeitar, que viste un viejo abrigo gris. Arrastra sobre sus ruedas una desgastada maleta de viaje. El hombre se ha apeado del tren que provenía de Nueva York, aunque no del de la línea de alta velocidad, sino del de clase media. El más barato que había, aunque tardase mucho más en llegar.</p>
<p style="text-align:justify;">El hombre anda hacia la parte sur de la estación, donde se halla la salida. Nada más atravesar las puertas, saca un cigarrillo y se lo pone en sus labios, dispuesto a encenderlo. En realidad no hace mucho que se había fumado otro, puesto que en su largo viaje en el tren había tenido que calmar varias veces su apetito vicioso. Para eso estaba el baño, ¿no?. Además, no es el único que lo hace, otra mucha gente también infringe las normas. Aunque pensar en aquella excusa barata no calma su conciencia en absoluto.</p>
<p style="text-align:justify;">Tras exhalar el humo un par de veces, el hombre marcha hacia la parada de taxis que se encuentra apenas a unos metros de allí. Pero entonces advierte que alguien le está siguiendo, gracias a su instinto desarrollado tras años de servicio en la policía de Hollow City. Justo en ese momento un BMW de color negro estaciona delante de él, a la vez que dos hombres vestidos con trajes oscuros se acercan por detrás. El hombre mete su mano derecha debajo del abrigo, buscando la culata de su vieja Beretta 92, pero se detiene al ver las insignias que despliegan aquellos tipos ante sus narices. Las letras TC de color plateado, rodeadas de un círculo.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Bienvenido a casa, señor O’Sullivan. La señorita Chang le espera en las instalaciones de TecnoCorp –dice uno de aquellos gorilas trajeados con una falsa sonrisa.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan suspira, resignado. Por fin ha llegado el angustioso momento que tanto temía.</p>
<div style="text-align:justify;">
<p style="text-align:center;"> ***</p>
</div>
<p style="text-align:justify;"> En el amplio despacho del director de TecnoCorp, Jason Strong, cuelga un retrato de un tipo cuarentón, bien parecido, pelo engominado y que exhibe una amplia sonrisa. También hay una mesa de grandes dimensiones, de diseño extraño y futurista, que sustituye a la antigua que O’Sullivan recuerda. En una de las paredes amplias hay una gran pantalla con formas virtuales, donde puede seguirse las diversas actividades que se llevan en la corporación. Y por supuesto, está Evelyn Chang, la subdirectora de TecnoCorp, tan hermosa y enigmática como siempre. O’Sullivan sonríe al recordar los acontecimientos del año pasado, cuando en esta misma sala él y Jason Strong se enfrentaron contra unos misteriosos seres demoniacos que atacaron las instalaciones de TecnoCorp, buscando aniquilar tanto al director como al Alcalde Mallory.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Yo de usted no sonreiría, señor O’Sullivan –dice con dureza Evelyn Chang, mientras despide con un gesto a un pequeño robot metálico. Con apenas un metro de estatura, el Servitec-100 es un prototipo de robot diseñado para realizar tareas simples, dotado de voz electrónica y de unas ruedas chirriantes que le permiten desplazarse sobre el suelo.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Bonito champiñón metálico –dice O’Sullivan, observando como la gran cabeza del Servitec desaparece por la puerta, dejándole solo con la subdirectora. Para el expolicía aquello no es más que otra extravagancia de TecnoCorp.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Paul O’Sullivan. Agente de Policía de Hollow City durante más de 15 años. Despedido por su conducta agresiva y por sus problemas de alcoholismo. Separado de su mujer, Hellen, y padre de una niña, Edith, a las que apenas ve.</p>
<p style="text-align:justify;">-        No me echaron, me fui yo –puntualiza O’Sullivan-. Y ya no bebo.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Hablemos de lo de Nueva York –prosigue Chang, malhumorada-. El señor Strong le dio una oportunidad para probar su valía en una de nuestras empresas asociadas, AE Corp, al mando del Director Richard Bachtown. Su primera misión era muy sencilla, investigar los asuntos turbios de un mafioso italiano de poca monta, Martinelli. ¿Tiene algo que decir?</p>
<p style="text-align:justify;">-        Bueno… -O’Sullivan titubea un poco-. Digamos que la cosa se desmadró un poco.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Un poco, dice? –Chang eleva el tono, parece muy irritada-. El informe que tengo delante, firmado por su jefe de operaciones Christopher Jackson, indica que se saltó todas las normas. Mala conducta, insubordinación, diferencias con sus compañeros de equipo… ¡Y encima tortura a un posible testigo en el propio hospital! ¿Así es como agradece al señor Strong una segunda oportunidad en la vida? Es usted un fracaso, O’Sullivan. Nos ha decepcionado, esperábamos más de usted.</p>
<p style="text-align:justify;">El ex policía contempla a la oriental sin amilanarse. Luego se acomoda en su asiento, y entonces le replica, mirándola directamente a sus bellos ojos rasgados:</p>
<p style="text-align:justify;">-        Es cierto que tal vez me pasara un poco, pero ustedes ya lo sabían cuando me enviaron a Nueva York. Necesitaban a alguien como yo para que detuviese a un perro viejo como Martinelli, alguien que estuviese un poco por encima de las normas. Es cierto que tuve algunas diferencias con mis compañeros y con los jefazos, pero no fue solo culpa mía. Y si no tuviese esta forma de ser, no habría podido salvarle su precioso culito asiático cuando el Fantasma iba a liquidarla, señorita Chang.</p>
<p style="text-align:justify;">Evelyn Chang mira con desprecio a O’Sullivan, pues no le gusta reconocer que aquel hombre le salvó la vida en una ocasión. Luego intenta replicarle, pero la interrumpe una voz computerizada, a la vez que la gran pantalla muestra el plano de Hollow City, con una lucecita parpadeante en una de sus localizaciones.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Señorita Chang, tenemos un problema en Bussler Green. Los manifestantes han vuelto a la carga y tienen rodeados a los representantes del consistorio. La masa se ha vuelto incontrolable. ¿Qué hacemos?</p>
<p style="text-align:justify;">-        Bien, O’Sullivan, vayamos al grano. A pesar de mi consejo, el señor Strong aun está dispuesto a que continúe su relación con nosotros, quizá por cierto sentimiento de gratitud a raíz de lo que ocurrió aquel día –Chang le arrojó a O’Sullivan con desdén una cartera que contiene sus credenciales de TecnoCorp-. Vístase, en la planta del helipuerto le espera un helicóptero hacia Bussler Green.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan recoge la insignia de TecnoCorp, y sonríe maliciosamente a Chang.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Confiese, señorita Chang. ¿A que le encanta tenerme de vuelta?</p>
<p style="text-align:justify;">Si las miradas matasen, O’Sullivan se encontraría en ese mismo instante en las puertas del más profundo de los infiernos.</p>
<div style="text-align:justify;">
<p style="text-align:center;"> ***</p>
</div>
<p style="text-align:justify;"> A bordo del HT-1, un moderno helicóptero que no era más que una versión avanzada del SuperCobra militar, O’Sullivan no para de manosear su equipo. Vestido con el uniforme TC-1000 diseñado por TecnoCorp, el antiguo policía intenta averiguar por su cuenta la utilidad de sus múltiples compartimentos, bolsillos, y lucecitas inútiles. Mientras, sus nuevos compañeros de equipo le miran como si fuesen hinchas de un equipo de fútbol rival y estuviesen en la final del campeonato. Le evalúan, intentan saber si el nuevo es o no de fiar. El sargento Riggs, un veterano de la guerra del Golfo, no para de dar instrucciones al equipo. Demasiada fanfarria para unos simples disturbios, donde lo único que hay que hacer es acto de presencia y disuadir a la muchedumbre. Ni que estuviesen en la guerra de Vietnam.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Y si alguien dispara o hace algún movimiento sin que yo lo ordene, lo enviaré a casa con su mamaíta, ¿está claro, paletos? Y tu, O’Sullivan, ahora no estás en tu mierda de comisaría de barrio, estás en TecnoCorp, ¿de acuerdo? Nada de saltarte las normas, ahora juegas en mi equipo. Si te pasas de listo, ni Strong te salvará de que te patee tu jodido culo de irlandés.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan asiente, conteniendo una sonrisa. Riggs le recuerda a un sargento de la policía que tuvo en la academia. Todos gritan y blasfeman de la misma manera.</p>
<p style="text-align:justify;">Ya se divisa Bussler Green, la inmensa zona a las afueras de Hollow City. La mitad de las viejas casas de madera ya han sido derribadas por las máquinas, pero aún queda mucho trabajo por hacer. Desde que el Alcalde Mallory decretó que allí se iba a construir el aeropuerto, no ha habido más que problemas. Los habitantes se negaron a irse, y comenzaron las protestas, los desahucios en masa, los tumultos…</p>
<p style="text-align:justify;">De repente el helicóptero sufre una sacudida, se oye protestar al piloto a la vez que todos deben sujetarse para evitar balancearse. Riggs maldice al piloto, que replica al veterano sargento que no ha sido culpa suya, algo ha afectado a los controles del vehículo. Las luces de todo el helicóptero parpadean locamente como si estuviesen en una sala de fiestas, aunque a nadie le parece nada divertido. Riggs ordena al piloto que aterrice al extremo norte, más allá de donde están las maquinas de construcción. El helicóptero deja de oscilar, las luces ya no parpadean y el piloto recupera el control, logrando aterrizar sin problemas en la zona indicada.</p>
<p style="text-align:justify;">Siguiendo las directrices del sargento Riggs, el equipo de TecnoCorp se acerca hacia donde se encuentra la muchedumbre agitada. Los manifestantes cargan una y otra vez hacia la policía y la unidad terrestre de TecnoCorp que se encontraba de apoyo. Hay varios heridos por parte de ambos bandos, aunque ninguno parece grave. Mientras Riggs comenta el estado de la situación con los agentes ya presentes, O’Sullivan se fija en una figura, un hombre vestido con un abrigo negro y gafas de sol, que se mantiene alejado de la turba. Hay algo extraño en él, inmóvil mientras contempla la escena. No sabe por qué, pero le recuerda a alguien…</p>
<p style="text-align:justify;">De repente el sargento Riggs se dirige hacia él, ordenándole que se mueva a lo largo de la valla de protección hacia el coche oficial del ayuntamiento. Los mandamases de turno han sido rodeados por la turba, por lo que se han encerrado en el interior del vehículo, protegidos por unos pocos agentes de la policía. O’Sullivan sonríe, la verdad es que esos políticos son todos iguales, unos mentirosos de mierda que se merecen un buen susto. Sin embargo obedece, avanzando mientras empuña una Lanzadora TL-50, un arma especial antidisturbios.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando O’Sullivan llega hasta el vehículo, reconoce a uno de sus ocupantes. Es Elliot Grant, el asesor del Alcalde Mallory. El viejo seboso ha mandado a sus alimañas mientras mantiene su gordo culo a salvo. Típico de ese cabrón. Riggs ordena que estén atentos, que nadie dispare hasta que de la orden. En ese momento O’Sullivan ve al hombre del abrigo negro, esta vez mucho más cerca, justo al lado de la valla. El hombre siniestro alarga una mano enguantada hacia un extremo de la valla metálica, al mismo tiempo que mira a O’Sullivan a través de sus gafas oscuras. Aquel tipo le sonríe, como si lo reconociese de algo. Entonces la valla metálica comienza a desintegrarse, transformándose rápidamente en meros hilos de polvo que se esparcen con el viento.</p>
<p style="text-align:justify;"> Asombrado, O’Sullivan ve como la muchedumbre avanza implacable a través del enorme hueco donde antes estaba la valla, y se abalanza despiadadamente sobre el vehículo y sus protectores. Gritos, empujones, golpes, aullidos de dolor, huesos partidos… todo es un torbellino de confusión que se abate alocadamente sobre ellos. O’Sullivan dispara al azar, el aire comprimido de su arma lanza un proyectil de goma destinado a aturdir a un oponente al azar. Sin embargo, la mala suerte se ceba otra vez con él, puesto que el objetivo alcanzado es un muchacho. Malditos sean los manifestantes, por qué tienen que llevar a sus hijos a estos embrollos. El chico cae al suelo con la cabeza ensangrentada, lo que faltaba para enardecer aún más a los manifestantes. O’Sullivan ni siquiera se defiende ante la lluvia de golpes que le sobreviene a continuación. Lo último que ve antes de ser engullido por la chusma furiosa es al tipo siniestro de las gafas oscuras, que le mira mientras sonríe burlonamente.</p>
<div style="text-align:justify;">
<p style="text-align:center;"> ***</p>
</div>
<p style="text-align:justify;"> O’Sullivan abre los ojos lentamente, mientras poco a poco recupera la consciencia. No siente dolor, aunque si algo de náuseas. Una vez recuperado del mareo inicial, se da cuenta de que está tumbado sobre la cama de una habitación blanca. Una enfermera comprueba sus constantes, mientras le sonríe afablemente. En su blanco e impoluto uniforme no consta la insignia de TecnoCorp, sino el emblema sanitario del Hospital General de Hollow City. La enfermera le indica que va a buscar al doctor, dejándole sólo unos instantes, pero entonces se abre de nuevo la puerta. Es Evelyn Chang, que se dirige hacia O’Sullivan con cara de pocos amigos.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡O’Sullivan, la ha vuelto a fastidiar! ¿Sabe que dicen los periódicos esta mañana? “TecnoCorp casi mata a un niño”, “¿es esta la seguridad que ofrece tecnoCorp?”, “TecnoCorp la vuelve a liar”… ¡Nos ha llevado a la ruina, somos el hazmerreir de esta ciudad! Y todo por su incompetencia.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Oiga, que no fue culpa mía. Con tanta gente era difícil…</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Basta! No quiero más excusas, O’Sullivan. Hasta que Strong vuelva de sus negocios en Asia, no quiero verle el pelo por TecnoCorp, ¿de acuerdo?</p>
<p style="text-align:justify;">En ese momento entra un hombre con una bata blanca, pelo canoso y frente despejada. Cruza una mirada desafiante con Chang, y ésta le sonríe frívolamente, abandonando la habitación. El hombre se presenta como el doctor Morris, director del Hospital. Informa a O’Sullivan de que ha estado inconsciente casi un día, debido a las numerosas contusiones recibidas. Le golpearon con bates de beisbol, palancas de hierro, e incluso con botellas rotas, aunque la protección del traje TC-1000 le ha salvado de lesiones aún más graves. Aún debe estar algunas horas más en el hospital, pero antes de que acabe el día le darán el alta. O’Sullivan pregunta al doctor que ha sido del muchacho herido en la manifestación, y éste le responde que aún está en observación, pero que se recuperará. O’Sullivan respira aliviado.</p>
<p style="text-align:justify;">El ex policía pasa las horas que quedan pensando en soledad. Sabe que debería llamar a Hellen y Edith, pero después de ser la estrella en los medios no le parece muy buena idea. Tiene ganas de fumarse un cigarrillo, incluso de comer unos perritos calientes en lugar de la bazofia que sirven en el hospital. Hasta los programas que ponen en la tele son una basura. El tiempo pasa lentamente, demasiado despacio, en la soledad de la habitación. Solo recibe una única visita: la del Comisario Howard. Le da un interminable sermón sobre la conducta humana, la honradez, la vida… Le suelta que si su padre estuviese vivo, no se sentiría muy orgulloso de su hijo. O’Sullivan le mira como si le diese todo igual, hasta que el comisario lo da por perdido y se marcha, resignado.</p>
<p style="text-align:justify;">Finalmente le dan el alta, y se despide del doctor Morris. Luego toma un taxi que le lleva hasta un barrio de poca monta, donde se baja en el número 13 de Balmer Street. Es un bloque de viejos apartamentos, aunque al menos no tan ruinosos como los de Green Leaf o Sawmill Street. Cuando O’Sullivan entra en el portal del edificio, una vieja mujer de ojos saltones y pelo enmarañado baja las escaleras.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Señor O’Sullivan, ya era hora! ¿Sabe que aún me debe el alquiler del mes pasado? ¿Y que es eso de irse tanto tiempo sin saber si va a volver o no? Sepa que ya estaba pensando en alquilarle a otro su apartamento.</p>
<p style="text-align:justify;">-        No se preocupe, señora Polly, mañana mismo le pago el mes pasado, este y el próximo. Ahora es tarde y necesito descansar.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Ya, ya! Mañana, siempre mañana –continúa protestando la casera-. No se porque me tienen que tocar a mi los inquilinos de su clase.</p>
<p style="text-align:justify;">Al fin O’Sullivan entra en su apartamento, que está hecho un desastre, y se desploma en el sofá. Conecta la televisión para distraerse un rato. Están poniendo las noticias, hablan del suceso ocurrido ayer en Bussler Green. Ponen a caldo a TecnoCorp, y al agente que disparó al chico. Menos mal que el casco con visor del TC-1000 ocultaba sus rasgos, al parecer su identidad no ha sido hecha pública. Pero todo el mundo reclama su cabeza. El asesino de niños. Entonces aparece en la pantalla la imagen del muchacho, con la cabeza sangrante. O’Sullivan no puede más, se levanta y se dirige al mueble bar, pero se da cuenta de que ya no le queda ninguna bebida alcohólica. Las tiró todas para evitar recaer. Frustrado, coge un vaso de cristal y mueve el brazo hacia atrás para estrellarlo contra la televisión. Pero algo le detiene. En las imágenes le ha parecido ver, por un instante, al misterioso tipo de las gafas de sol y el abrigo negro. O’Sullivan se queda mirando fijamente las imágenes, pero ya han dado paso a otras noticias.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces su instinto de policía despierta un recuerdo en su mente. Ya sabe a quien le recuerda ese hombre siniestro. Se parece a uno de aquellos seres con los que luchó en TecnoCorp aquella fatídica noche. A uno de… los Oscuros.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan comprueba su Beretta 92, recoge su largo abrigo gris y se coloca un sombrero a juego, regalo de su padre. Ya no siente el ansia del alcohol. Ahora lo que se ha despertado en él es una peculiar sensación de curiosidad que debe satisfacer.</p>
<div style="text-align:justify;">
<p style="text-align:center;"> ***</p>
</div>
<p style="text-align:justify;"> Mientras el taxi le abandona en las inmediaciones de Bussler Green, O’Sullivan se recuerda que debe alquilarse un coche. Desde que Hellen se fue quedándose con el suyo, aún no ha podido hacerse con otro vehículo. Mira a su alrededor, no se ve a nadie, sólo le acompaña ahora el viento frío de la oscura noche. O’Sullivan escala un pequeño muro de piedra y se interna entre un grupo de arbustos y matorrales, avanzando hacia el lugar donde vio al hombre de negro tocar la valla metálica. A lo lejos hay acampado un grupo de manifestantes, vigilados atentamente por un par de coches patrulla de la policía. Con cuidado de no ser visto, O’Sullivan llega hasta el agujero de la valla. Si la memoria no le falla, aquel extraño individuo desintegró el metal con sólo tocarlo, provocando adrede que la masa se abalanzase sobre el coche de Elliot Grant. Por algún motivo oculto, deseaba que aquella manifestación acabase mal.</p>
<p style="text-align:justify;">O’Sullivan medita unos instantes, y entonces vuelve sobre sus pasos. Esta vez se interna hacia el norte de la zona, pasando por delante de las casitas de madera ruinosas. Camina hasta que nota una vibración en el bolsillo interior de su abrigo. Es su teléfono móvil, que de repente se ha vuelto loco, vibra y parpadea sin que nadie le esté llamando. Entonces mira el reloj de su muñeca, un Agor que le regaló el viejo Frank O’Sullivan poco antes de morir de un infarto, y contempla como las agujas se han parado. Entonces es cuando se da cuenta de que en ese mismo lugar el helicóptero de TecnoCorp perdió momentáneamente el control. Algo raro ocurre aquí.</p>
<p style="text-align:justify;">Un hombre siniestro capaz de desintegrar el metal. Una manifestación que parece beneficiar a alguien. Un lugar misterioso de donde emanan extrañas perturbaciones. ¿Qué es lo que está ocurriendo en realidad? ¿Cuál es el misterio que envuelve la zona de Bussler Green? O’Sullivan ha vuelto de Nueva York para enfrentarse de nuevo a la misteriosa amenaza de los Oscuros. ¿Quieres saber lo que ocurrirá a continuación en las frías y oscuras calles de Hollow City? Muy pronto lo sabrás…</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://eihir.files.wordpress.com/2012/01/antidisturbios.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-434" title="Antidisturbios" src="http://eihir.files.wordpress.com/2012/01/antidisturbios.jpg?w=141&#038;h=300" alt="" width="141" height="300" /></a></p>
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		<title>¡NUEVO AUDIORELATO!</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jan 2012 17:22:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Sobrenatural]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya está aquí el nuevo audiorelato de Hollow City: &#8220;Misterio en Bussler Green&#8221;, con el retorno de vuestro querido amigo Paul O&#8217;Sullivan. De momento solo está la primera parte, dentro de unos días estará el final. Pinchad en el enlace a continuación: http://www.ivoox.com/misterio-bussler-green-1-audios-mp3_rf_979755_1.html<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=421&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya está aquí el nuevo audiorelato de Hollow City: &#8220;Misterio en Bussler Green&#8221;, con el retorno de vuestro querido amigo Paul O&#8217;Sullivan. De momento solo está la primera parte, dentro de unos días estará el final. Pinchad en el enlace a continuación:</p>
<p><a href="http://www.ivoox.com/misterio-bussler-green-1-audios-mp3_rf_979755_1.html">http://www.ivoox.com/misterio-bussler-green-1-audios-mp3_rf_979755_1.html</a></p>
<p><a href="http://eihir.files.wordpress.com/2012/01/papirorustico.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-427" title="papirorustico" src="http://eihir.files.wordpress.com/2012/01/papirorustico.jpg?w=300&#038;h=255" alt="" width="300" height="255" /></a></p>
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		<title>BLACK DEVIL</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 17:59:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A continuación aparece el relato escrito correspondiente al audiorelato del mismo nombre. EL DEMONIO NEGRO (BLACK DEVIL)  Las voces murmuran una y otra vez dentro de mi cabeza. Hoy están más revueltas que nunca, alzan el tono hasta parecer los gritos de los condenados. Malditas sean estas voces infernales que no paran nunca de atormentarme. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=382&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">A continuación aparece el relato escrito correspondiente al audiorelato del mismo nombre.</p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>EL DEMONIO NEGRO (BLACK DEVIL)</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"> Las voces murmuran una y otra vez dentro de mi cabeza. Hoy están más revueltas que nunca, alzan el tono hasta parecer los gritos de los condenados. Malditas sean estas voces infernales que no paran nunca de atormentarme. Si creyese en Dios, pensaría que es un castigo suyo por todo el mal que he hecho. Pero hoy digo basta, y mientras oigo unos pasos al otro extremo de la puerta, llevo mis manos a ambos lados de la cabeza, intentando acallar los gritos.</p>
<p style="text-align:justify;"> La puerta de mi celda se abre, y veo a los celadores uniformados que van a acompañarme por última vez. Porque hoy soy un hombre libre, por fin salgo de aquí para no volver jamás. Salgo del cuchitril donde he pasado los últimos 5 años sin mirar atrás, sin despedirme, jurando que no volveré a pisar la cárcel nunca más.</p>
<p style="text-align:justify;"> Los guardias me acompañan por los largos pasillos, veo a los que han sido mis amigos y mis enemigos asomados por los barrotes. Algunos aplauden mientras gritan mi mote del trullo, otros me escupen, la mayoría me mira con ganas de verme marchar, pues saben que soy un tipo peligroso. Una vez que abandono el pabellón de las celdas, cruzo el solitario y frío patio donde tantas veces he propinado y recibido palizas, donde he trapicheado, donde he jugado al fútbol con los demás, donde aprendí a sobrevivir. Luego entro en el edificio administrativo, donde me conducen al despacho del Alcaide. Un tipo grueso y sudoroso, un viejo con la pinta de que va a palmarla de un momento a otro. Soporto su discurso incesante sobre mi futuro, palabras que recita de memoria a todos los reclusos que salen de este agujero. Las voces suenan fuertes, quieren que diga algo que no me gusta, como si quisieran que la fastidiase para que no me dejasen salir. Me impongo a su voluntad, pongo cara de chico bueno y juro al Alcaide que jamás volverá a verme por aquí.</p>
<p style="text-align:justify;"> Me dan mi ropa, algo de dinero y unas escasas pertenencias. También me devuelven mi documento de identidad, donde no pone mi apodo carcelario, sino mi auténtico nombre. Kevin Rose.</p>
<p style="text-align:justify;"> Las pesadas puertas de metal se abren, el mundo exterior me tiende un abrazo de bienvenida. Dudo un instante antes de dar el primer paso. Siento una opresión en mi pecho, es como si tuviese miedo de algo. Inhalo el aire puro y fresco de la libertad y camino hacia delante. Ya está, por fin puedo decirlo: soy libre. Las malditas voces chillan en mi mente otra vez, como murciélagos rabiosos asustados ante la luz del día, pero las acallo con un golpe de voluntad. Dejadme en paz, malditas, les grito. Y las voces callan al fin, resignadas.</p>
<p style="text-align:justify;"> Nadie me espera a la salida del presidio, pero eso es por mi culpa. Mis malos actos, los mismos que me condenaron, apartaron a toda le gente buena de mi lado. Tanto la familia como los amigos me abandonaron hace tiempo, ahora estoy solo. Así que lo primero que pienso es en ir a casa, al barrio donde me crié. Vuelvo a Geen Leaf, a Hollow City.</p>
<p style="text-align:justify;"> Cojo el destartalado autobús que me llevará a la ciudad, a esa oscura jungla donde nací. Me siento dificultosamente entre los asientos estrechos, pues es difícil acomodar mi pesado cuerpo. Un metro ochenta y cinco, 90 kilos. Soy un portorriqueño alto y musculoso, pelo afeitado casi al cero, ojos negros desafiantes y con una pequeña cicatriz debajo del oído derecho donde me cortaron con un pincho. Casi me ocurrió lo mismo que a mi viejo, que acabó sus días en la cárcel con el cuello rajado. Otra alma perdida que se fue al otro mundo sin que a nadie le importara un carajo.</p>
<p style="text-align:justify;">El autobús parte, llegaremos a Hollow City por la noche, así que me recuesto sobre la ventanilla e intento dormir. Espero no soñar con la cárcel, han sido momentos muy duros que deseo olvidar. Mientras cierro los ojos, pienso en mi antigua novia, Amanda, y donde se encontrará ahora.</p>
<p style="text-align:justify;"> Amanda, mi dulce chica de piel mulata, siempre con un pañuelo de color chillón en la cabeza, sobre su precioso pelo corto rizado. La conocí cuando los muchachos y yo fuimos al apestoso barrio de la Cloaca, donde viven los negros de Hollow City. Ella malvivía siendo la criada de una vieja loca, que se hacía llamar Mamá Nazinga. En aquel apestoso agujero todo el mundo le tenía miedo a aquella vieja, Amanda decía que era una antigua hechicera vudú, pero a mi eso me parecieron chorradas. Después de salir juntos durante algún tiempo, un día los muchachos y yo decidimos ir por la noche a aquella solitaria casa. Según lo que decía Amanda, la anciana vivía sola, así que aproveché una noche en que Amanda había ido a ver a un hermano suyo al hospital para movilizar a los muchachos. Cuando entramos y vimos tantos objetos raros, nos creímos los más afortunados del mundo. Algunas de aquellas reliquias debían de ser muy valiosas, y los extravagantes anticuarios blancos del centro nos pagarían buena pasta por ellos. Entonces yo cogí una figura hecha de arcilla oscura, un ídolo que representaba a alguna deidad perdida africana. En ese momento nos sorprendió la vieja, intentando arrebatarme el ídolo mientras farfullaba extrañas maldiciones. Decía que estaba maldito, y que yo también lo estaría. No le hice caso. La llamé vieja chiflada mientras la golpee en la cabeza con el ídolo, su sangre manchando tanto la estatuilla como mi rostro. Luego huimos de la casa y volvimos a Green Leaf. Al día siguiente comenzaron las voces. Me encontraron en un charco de sangre, arrodillado junto al cadáver de uno de los muchachos. Decían que lo había matado con mis propias manos, en un ataque de locura transitoria. Ya nunca más volví a ver a Amanda.</p>
<p style="text-align:justify;"> De repente abro los ojos, es de noche, el autobús ha llegado hasta la Sexta Avenida, que separa los barrios de Green Leaf y Sawmill Street. Al bajar del autobús lo primero que veo es al gordo del Alcalde Mallory en un cartel publicitario. Ese bribón aún manda en Hollow City. También observo por todas partes propaganda de TecnoCorp, esa empresa que se dedica a fabricar juguetes caros para los blancos ricos del barrio de Atherthon. Me dan asco, están en todas partes, hasta en las revistas que nos daban en la cárcel.</p>
<p style="text-align:justify;"> Me adentro en las calles, observando que todo ha cambiado. Me dirijo al sur, por la Calle 41, avanzando en el interior del barrio latino de Hollow City. Pero ya casi no lo reconozco. Donde estaba la tienda de Carlos, ahora hay un almacén de ropa. Y el bar de Reinaldo, donde los muchachos de la banda nos reuníamos para jugar al billar, se ha transformado en un restaurante italiano. En el taller de Tonino, donde mi padre nos enseñaba a arreglar motores a mi hermano Nick y a mí, cuelga un cartel desvencijado donde se lee “Se traspasa”. Si, todo ha cambiado, estas calles ya no se parecen a los recuerdos que yo tenía.</p>
<p style="text-align:justify;"> Triste y abatido, marcho en soledad hacia mi casa, esperando que al menos aún esté en pie y no se haya convertido en un bloque de apartamentos nuevos. Empieza a levantarse un aire frío, alzo la vista hacia el cielo y contemplo como la luna va cubriéndose rápidamente de nubes negras que amenazan lluvia. Aprieto el paso, y al doblar una esquina tropiezo sin querer con alguien. Un pandillero de unos treinta tacos, que se mueve tambaleante mientras se abraza tembloroso y farfulla una sarta de idioteces. Va vestido con una camiseta amarilla de tirantes que deja ver su cuerpo esquelético. También observo el tatuaje en uno de sus brazos con las letras L y R, el símbolo de los Latin Rebelds, la banda callejera latina de Hollow City. El mismo tatuaje que llevo yo también en el brazo. Entonces le miro a los ojos, enturbiados y enrojecidos por el “mono”, y le reconozco. Es Jacob, mi primo y mi mejor amigo. Aunque eso fue hasta que me delató y fui a la cárcel. De aquel joven atlético y bien parecido ya solo queda este despojo humano que hay frente a mí.</p>
<p style="text-align:justify;">Las voces vuelven a invadirme, me susurran cosas desagradables. Hablan de venganza, castigo y muerte. Una de mis manos se mueve involuntariamente hacia el cuello de Jacob, y mi mano se cierne en torno a su cuello, apretando fuertemente. Jacob abre los ojos de forma desorbitada, creo que ahora me ha reconocido. Intento luchar contra las voces, recupero el control momentáneamente y suelto a Jacob. Corro a toda prisa por las solitarias calles, mientras el cielo llora gruesas gotas de lluvia.</p>
<p style="text-align:justify;"> Llego hasta la vieja cancha de baloncesto del parque, donde el agua de la lluvia ya está formando grandes charcos que tardarán varios días en desaparecer. Aún hay cosas que no cambian por aquí, como ese grupo de jóvenes pandilleros que acosan a una joven estudiante morena. Sé que no debería meterme en líos, ahora que acabo de salir de la cárcel, pero no puedo evitarlo. No soy un héroe, pero en el barrio siempre hemos protegido a los nuestros. Además, esa chica se parece a Amanda.</p>
<p style="text-align:justify;">Me acerco al grupo, y cuando quedan claras todas las intenciones, comienza la pelea. Nada serio, son pocos para mí, sólo les doy una pequeña lección para que no se olviden. Pero uno de ellos saca un cuchillo, y otro una pistola. Idiotas, no podían dejarlo pasar, ahora si que se han metido en un lío. Las voces me gritan una sola palabra, repitiéndola sin cesar. Mata. Pero no me dejo dominar, me abalanzo sobre el chico de la pistola, le doy un puñetazo con la mano derecha que le parte la mandíbula, mientras la izquierda la uso para desviar su brazo armado. El chico dispara, pero a un blanco equivocado. A mi espalda cae desplomado el chico con el cuchillo. El resto de pandilleros huye, asustados como conejos. Le digo a la chica que se vaya corriendo a casa, mientras yo también hago lo mismo, en dirección contraria.</p>
<p style="text-align:justify;"> Sorteando las calles encharcadas al fin llego hasta el número 5 de la Calle 56. Aunque está muy cambiada, reconozco mi casa. Veo el portal donde Nick se rompió la nariz mientras jugábamos de niños. Veo la ventana de la habitación del primer piso, donde mi hermano y yo dormíamos apretujados en un par de camas destartaladas, mientras oíamos como madre gritaba a padre al volver tarde y borracho. La fachada está recién pintada, y la terraza tiene una barandilla nueva. Pienso con satisfacción que el bueno de Nick ha sabido ocuparse de madre en mi larga ausencia.</p>
<p style="text-align:justify;"> Entonces oigo unos gritos que provienen del interior de la casa, y un sonido de cristales rotos. Cojo carrera y me lanzo contra la puerta, usando mi cuerpo como un pesado ariete. La puerta cruje lastimeramente y me deja entrar en el interior, permitiéndome ver a cuatro hombres armados que amenazan a una mujer mayor. Madre. En ese momento las voces vuelven, esta vez con más fuerza. Ahora las dejo salir de su encierro, aunque sólo un poco.</p>
<p style="text-align:justify;">Los hombres no se lo piensan dos veces, me apuntan con unas pistolas muy raras a la vez que sus rostros se transforman en máscaras de ferocidad demoníacas, y sus ojos se tornan de un extraño color negro. Por debajo de las mangas de sus camisas salen unos tentáculos sinuosos que se unen a las armas que empuñan. A continuación abren fuego sobre mí. No se quienes son estos tipos, pero si creen que estoy indefenso se equivocan. No llevo armas, pero poseo otra cosa: las voces. Si quiero sobrevivir, solo tengo que dejarme guiar por ellas. Esquivo los proyectiles con una agilidad increíble, mientras cargo contra uno de esos seres. A mi espalda una de las paredes del salón queda hecha pedazos, llena de grandes agujeros que hubiesen perforado hasta un furgón blindado. Luego sólo hay una confusión de sonidos: disparos de gran potencia, objetos que se rompen en pedazos, gritos de dolor, carne desgarrada y huesos partidos. Un velo de color rojo cubre mis ojos, noto una sustancia viscosa que envuelve mi cara y mis manos. Luego solo hay silencio, hasta las voces cesan en su interminable murmullo. Vuelvo a ser yo otra vez.</p>
<p style="text-align:justify;"> Madre está de pie, cubierta de sangre y de restos orgánicos, pero no son suyos. Son de los seres demoniacos que yacen despedazados por todo el salón. La cabeza cercenada de uno de ellos me sonríe con la frialdad de la muerte desde un frutero de plástico ensangrentado. La expresión de ferocidad de sus rostros desaparece, al igual que el velo de oscuridad que cubría sus ojos. Contemplo con estupor como los tentáculos viscosos vuelven al interior de sus brazos, al mismo tiempo que sus extrañas armas se convierten en volutas de humo siseantes.</p>
<p style="text-align:justify;">Madre me mira con una expresión de terror en sus ojos. Yo también estoy cubierto de sangre. Intento abrazarla y consolarla, pero retrocede asustada. Farfulla una serie de palabras incoherentes, de las cuales sólo entiendo “monstruo”, “sangre” y “muerte”. Le pregunto quienes son estos tipos, al final me responde que habían venido a llevársela, para intentar hacer hablar a Nick. Al parecer, mi hermano está metido en líos, y voy a tener que ayudarlo. Como en los viejos tiempos.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces las voces me susurran débilmente, presiento como dentro de unos instantes vendrán los vecinos del barrio. Incluso oigo las lejanas sirenas de los malditos polis, a pesar de que aún están a kilómetros de distancias. Le digo adiós a Madre, jurándole que traeré a Nick vivo, cueste lo que cueste. Después me marcho, fundiéndome entre las sombras de Green Leaf.</p>
<p style="text-align:justify;"> Abro los ojos, noto que apenas llueve. El agua ha limpiado la sangre que me cubría, dejando sólo oscuras manchas en mi ropa. Al ver las ruinosas casitas reconozco donde estoy. Es la zona de Bussler Green, donde quieren construir el aeropuerto de Hollow City. Veo las grandes vallas metálicas, que separa la zona de la construcción de los manifestantes acampados. Pronto comenzarán las protestas, los insultos, y las cargas policiales con gas lacrimógeno. El Alcalde Mallory ha echado de sus hogares a los pobres habitantes de las casitas de madera, alegando que eran okupas ilegales, sólo para tener su jodido Aeropuerto. Llevan así un año, aún sabiendo que la batalla está perdida no se rinden.</p>
<p style="text-align:justify;"> No se como he llegado hasta aquí. Las voces deben haberme guiado, noto que cada vez se hacen más fuertes en mi interior. Toman posesión de mi mente, controlando también mi cuerpo. Sé que están ganando terreno, pero aún no han ganado del todo la lucha. Ahora debo concentrarme en encontrar a Nick, debe estar por aquí en alguna parte. Doy un potente salto sobrenatural, elevándome por encima de la valla metálica, y me dirijo hacia los habitáculos prefabricados que guardan las herramientas de los obreros. Moviéndome en silencio entre grúas, excavadoras y camionetas, logro esquivar a los pocos guardias que vigilan el lugar. Entonces veo una tapa de alcantarilla en el suelo, a escasos metros de mi. De alguna manera, presiento que mi hermano ha bajado por allí.</p>
<p style="text-align:justify;">Me acerco a la pieza metálica, imposible de forzar sin las herramientas adecuadas. No pierdo el tiempo, esta vez llamo yo a las voces, y están lo celebran alegremente susurrándome. Arranco la tapa como si fuese papel de aluminio, y bajo por un estrecho túnel oscuro. Sin embargo, las voces hacen que no me preocupe de la falta de luz, y sigo adelante sin ninguna dificultad. Entonces me doy cuenta de que no estoy en las alcantarillas de Hollow City, sino en una extraña red de túneles laberínticos. De no ser por las voces, me perdería en este extraño lugar.</p>
<p style="text-align:justify;">Al final de uno de los túneles encuentro una puerta metálica, con un extraño ojo metálico que parece vigilar la entrada. Noto un pequeño escozor en todo mi rostro, como si cientos de avispas clavaran en él sus aguijones. Algo ha cambiado en mi. Al acercarme a la puerta, siento como el ojo posa su vista en mí, analizándome. Luego la puerta metálica se abre con un chasquido, dejándome pasar a un lugar iluminado. Mientras atravieso el umbral, puedo vislumbrar instantáneamente sobre la superficie del metal un rostro que no es el mío, sino el de uno de los seres demoniacos que estaban en casa de Madre.</p>
<p style="text-align:justify;"> Ahora estoy en un túnel mucho más amplio e iluminado, poblado por extrañas máquinas que emiten centenares de luces de colores. Por todas partes se escuchan ruidos metálicos que proceden de las construcciones de diseño futurista que me rodean. Veo guardias con uniformes negros y armas extrañas, pero lo más extraño es el ser jorobado y deforme que se acerca a mi. Me mira con su único ojo y me indica que le siga. Camino en silencio, intentando disimular tanto mi nerviosismo como la fascinación que me produce este lugar.</p>
<p style="text-align:justify;">Llegamos hasta una puerta, el jorobado la abre y entramos en una amplia sala, llena de extraños aparatos. Hay dos soldados uniformados que golpean salvajemente a un hombre sujeto a una silla mediante unos grilletes metálicos. No necesito ver el rostro hinchado y sangrante del hombre para saber quien es. Es Nick, mi hermano.</p>
<p style="text-align:justify;">En la sala también hay una figura recubierta con una túnica oscura, con una capucha que oculta su rostro. Al percatarse de nuestra presencia, el encapuchado hace un gesto y los soldados dejan en paz por un momento a Nick. Luego el jorobado y él intercambian unas palabras, que no consigo comprender. Los soldados también me hablan, pero no entiendo su extraño idioma. En un instante se darán cuenta, y todo se habrá terminado para mi y mi hermano. Tengo que actuar ya.</p>
<p style="text-align:justify;">Llamo a las voces, liberándolas de su confinamiento. Les abro la puerta de mi ser de par en par, dejando que tomen el control. Ya no hay vuelta a atrás. Las voces gritan y se agitan en mi interior, un remolino infernal de presencias que gozan al corromper mi alma. Todo mi ser es arrancado y devorado en millones de fragmentos, pedazos que instantáneamente son sustituidos por una esencia sobrenatural.</p>
<p style="text-align:justify;"> Abro los ojos, pero ya no soy yo. Ahora soy un demonio. Todos lo han notado, sobretodo Nick. Pero es demasiado tarde. Mis garras atraviesan el abdomen de uno de los guardias, matándolo en el acto. Antes de que el otro guardia pueda actuar, me abalanzo sobre él enseñándole mis dientes afilados. Se oye un chasquido, y el soldado cae con la mitad de su garganta destrozada. El enano deforme intenta arrojarme un frasco lleno de una extraña sustancia, pero sólo se queda en un intento. Mi poderosa fuerza demoniaca le arranca de cuajo un brazo, y arrojo su cuerpo desfigurado contra la pared, aplastándose contra ella en un crujir de huesos.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras mi lengua lame la sangre salpicada de mis enemigos, me enfrento al hombre encapuchado. Me apunta con su dedo índice, mientras farfulla palabras ininteligibles con tono misterioso. Me siento golpeado por una ola de energía mística, y mi cuerpo se quema por dentro. Me tambaleo dolorosamente, mientras oigo la risa aguda y burlona del encapuchado. Intento acercarme a él para despedazarlo, pero vuelve a usar su magia negra para proyectar mi cuerpo hasta la pared del fondo. Caigo al suelo, justo a los pies de Nick. Le oigo pronunciar mi nombre, pero ahora no estoy, solo está el demonio oscuro. El mago negro vuelve a recitar su cántico arcano, pero esta vez soy más rápido. Evito su lluvia de rayos de energía rodando por el suelo, al mismo tiempo que cojo el frasco que había dejado caer el jorobado. Completo el movimiento lanzando con mortal precisión el frasco, directamente sobre el rostro oculto del hechicero. Ruido de cristales rotos, seguido de un aullido de angustioso sufrimiento. Luego, súbitamente, el grito se interrumpe, cuando de un solo puñetazo hundo los huesos de su nariz en el interior de su cráneo.</p>
<p style="text-align:justify;">Arranco las ligaduras metálicas que sujetan a Nick y lo cargo encima, como si fuese un saco. Luego salgo a toda velocidad, aunque a mi me da la impresión de que avanzo hacia la salida a cámara lenta. Oigo gritos de alarma, ruidos de disparos y muchos alaridos de dolor, mientras me abro paso como un toro furioso. Apenas me doy cuenta del rastro que voy dejando atrás, una serie de cuerpos pisoteados, aplastados y mutilados.</p>
<p style="text-align:justify;"> Por fin llegamos a la salida de los túneles, aunque esta es distinta a la entrada que utilicé antes. Estamos junto al desagüe de Bussler Green, justo en la orilla del rio Hutton. Desde aquí puede divisarse el extremo sur del puente Brooksburg, que marca la entrada a la ciudad de Hollow City. Estamos a salvo.</p>
<p style="text-align:justify;"> Noto que las voces se desvanecen, aunque se que volverán. Me noto muy débil y cansado, ahora siento el dolor de las heridas causadas por los soldados en la huida. Miro a Nick, aunque herido y magullado saldrá de ésta. Él también me mira. Ahora los dos sabemos que ya nunca podremos volver a estar juntos, como hermanos, como una familia. Las voces me han dicho a que se dedica. A cazar y exterminar seres sobrenaturales. Como yo.</p>
<p style="text-align:justify;"> Mientras me alejo sólo y en silencio, internándome en la espesura del bosque cercano, siento que tal vez este sea mi destino. Quizá deba expiar mis culpas pasadas, usando esta maldición para luchar contra el mal. Si puedo controlar las voces, si puedo usarlas como un arma, entonces que se preparen. Porque los delincuentes, los asesinos, los monstruos y todos aquellos que intenten amenazar la ciudad de Hollow City tendrán que enfrentarse al demonio tenebroso que habita dentro de mí. Porque ellos conocerán la furia… de Black Devil.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://www.moonslightmagic.com/images/black_devil_candle_8inch.jpg" alt="" width="139" height="249" /></p>
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		<title>AUDIORELATO HOLLOW CITY</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 23:51:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
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		<category><![CDATA[Sobrenatural]]></category>

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		<description><![CDATA[Por fin está terminado, ya teneis disponible para descargar en Ivoox el episodio piloto de Hollow City en audio. Pinchad aquí, y podreis oirlo en directo o bien descargarlo. http://www.ivoox.com/black-devil-audios-mp3_rf_938808_1.html<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=376&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por fin está terminado, ya teneis disponible para descargar en Ivoox el episodio piloto de Hollow City en audio. Pinchad aquí, y podreis oirlo en directo o bien descargarlo.</p>
<p><a href="http://www.ivoox.com/black-devil-audios-mp3_rf_938808_1.html">http://www.ivoox.com/black-devil-audios-mp3_rf_938808_1.html</a></p>
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		<title>¡AMERICAN CHRONICLES Nº10!</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Nov 2011 08:22:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ya está aquí el Nº10 del periódico local de Hollow City, aunque esta vez teneis que pinchar el enlace para descargarlo si quereis leer la nueva sección de relatos. Pinchar American Chronicles 10 para descargar el periódico. &#160;<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=365&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya está aquí el Nº10 del periódico local de Hollow City, aunque esta vez teneis que pinchar el enlace para descargarlo si quereis leer la nueva sección de relatos.</p>
<p><a href="http://eihir.files.wordpress.com/2011/11/ac-10.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-366" title="AC 10" src="http://eihir.files.wordpress.com/2011/11/ac-10.png?w=216&#038;h=300" alt="" width="216" height="300" /></a>Pinchar <a href="http://eihir.files.wordpress.com/2011/11/american-chronicles-10.doc">American Chronicles 10</a> para descargar el periódico.</p>
<p>&nbsp;</p>
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			<media:title type="html">AC 10</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>EL SOLDADO DE DIOS</title>
		<link>http://eihir.wordpress.com/2011/11/26/el-soldado-de-dios/</link>
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		<pubDate>Sat, 26 Nov 2011 10:16:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>
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		<description><![CDATA[“Carta dirigida a Su Santidad, Obispo de Roma, el 5 de Noviembre de 2011. Por la presente, me pongo en contacto con vos a causa de un extraño acontecimiento que ha tenido lugar en la diócesis de Hollow City, que es presidida por este humilde servidor. Un misterioso fenómeno ha acaecido sobre nuestra ciudad, alargando [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=359&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Carta dirigida a Su Santidad, Obispo de Roma, el 5 de Noviembre de 2011.</p>
<div>
<p style="text-align:justify;"><em>Por la presente, me pongo en contacto con vos a causa de un extraño acontecimiento que ha tenido lugar en la diócesis de Hollow City, que es presidida por este humilde servidor. Un misterioso fenómeno ha acaecido sobre nuestra ciudad, alargando la cadena de sucesos trágicos que lamentablemente no para de asolar la diócesis. El suceso al que me refiero afecta personalmente a un miembro de una familia cristiana de gran influencia, a la que me siento tan allegado como si fuese la mía propia. Tras seguir el debido protocolo que rige este tipo de casos, tras agotar todas las soluciones posibles he llegado a la conclusión de que no se le puede ofrecer más ayuda, excepto rezar a Nuestro Señor y esperar un triste final. Sin embargo, debido a mi especial posición, ha llegado a mis oídos ciertos rumores sobre la existencia de una posible remedio a este mal que ensombrece la vida de esta familia. Vos debéis saber a qué me refiero, a lo que no se puede nombrar dado que oficialmente no existe. No me atrevería siquiera a pediros este favor, de no ser porque es el último recurso, y solo os lo suplico apelando a la amistad que nos une y que se remonta a tantos años atrás. Por supuesto, ante vuestra presumible negativa, debo alertaros sobre el apellido de esta desdichada familia, y el vínculo de fraternidad que nos une a todos nosotros. Por ello os imploro que consideréis mi petición, y si así lo hicieses debéis saber que siempre podríais contar con amigos fieles y poderosos, tan necesarios en estos tristes tiempos donde parece que el mal y la corrupción campan a sus anchas.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Espero prontamente su respuesta, agradeciéndoos de antemano vuestro tiempo en este delicado asunto. Que la gracia de Dios esté siempre con vos. Se despide vuestro amigo y fiel servidor de vos y del Señor:</em></p>
<p><em> </em><em>Alexander de Clark, Obispo de la diócesis de Hollow City.”</em></p>
</div>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> <em>Hoy he tenido un sueño. Uno de esos que permanecen en la memoria aún después de despertar. Una mezcla de imágenes borrosas que se agolpan en mi mente, formas nebulosas que intentan decirme algo, indicarme el camino a seguir. Cuando despierto me siento extraño, un sudor frío baña mi frente mientras intento ordenar las imágenes fragmentadas del sueño, darles un sentido coherente. Una joven que grita asustada, un péndulo dorado que no para de moverse de lado a lado, rostros de personas muertas que se acercan a mí mientras susurran mi nombre en un lugar fantasmal… Siento frío, en el sueño hay muerte y dolor, alguien sufre terriblemente en algún lugar de la noche, alguien que necesita ayuda desesperadamente.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Me incorporo en la cama, un sencillo catre de madera con una colcha desvencijada, y me dirijo al baño. El agua fría moja mi cara, el sudor desaparece pero los recuerdos persisten. Mis ojos parpadean mientras me contemplo en el espejo roto sobre el lavabo. Poco a poco vuelvo a la normalidad, la palidez mengua y la respiración deja de ser agitada, siento como los latidos de mi corazón ya no son tan apresurados. Vuelvo a la habitación, donde aparte de la cama hay un destartalado escritorio, una anticuada silla de madera que cojea de una pata y un pequeño armario donde guardo mis escasas pertenencias. Alguien podría decir que parece una celda, y en cierto modo tendría razón. Una celda de clausura, un lugar donde encerrarme alejado del mundo, al margen de la oscuridad. Mientras contemplo el crucifijo colgado en la pared pienso en el sacrificio que hizo el Señor, y entonces sé que mis propios sufrimientos no son nada en comparación. Soy un pecador, aunque soy creyente, todos los días leo la biblia buscando el perdón y el consuelo, aunque no los encuentro. La paz no me está permitida, ese es mi castigo, esa es mi maldición.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Empiezo a rezar mis oraciones diarias, intentado fortalecer mi mente y apaciguar mi triste espíritu. Al terminar me siento tremendamente agotado, como si hubiese pasado horas machacándome en un gimnasio, pero solo a través de una intensa sesión de meditación y oraciones se consigue la limpieza espiritual. Es entonces cuando el sonido de unos golpes en la puerta de mi humilde morada rompe el monótono silencio. Al otro lado alguien pronuncia mi nombre en voz baja y temerosa, como el caballero desafiante que debe despertar al dragón dormido y no acaba de atreverse. Es la señal, ha llegado la hora. ¡Oh, Señor!, te imploro el perdón sabiendo lo que pasará a continuación. Una vez más debo servirte, tus hijos me reclaman para que abandone mi sagrada morada en pos de una nueva misión. Tu llamas y tu fiel siervo te obedece, Señor. </em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Lentamente me dirijo hacia el armario de madera, lo abro y cojo algunos enseres. La bolsa de cuero negro, el pequeño crucifijo, la desgastada biblia de bolsillo,… Luego abro el pequeño cofre negro con ribetes plateados, cubierto de polvo, y saco el Libro de las Plegarias. Con sumo cuidado acaricio su elaborada encuadernación, pasando los dedos suavemente por encima de las palabras marcadas en relieve sobre la tapa. Es un arma poderosa. Con precaución lo coloco en un doble fondo de la bolsa. Ya estoy preparado, tengo lo que necesito. Es el equipo estándar de un guerrero, de un soldado de Dios que combate en eterna cruzada contra las sombras del mal. Porque eso es lo que soy, un Cazador de Sombras. Un Shadow Hunter. </em></p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> <sup>-             </sup>Jaque –dijo Greg Templeton, moviendo su bellísima pieza de ajedrez, que simulaba una torre medieval hecha de marfil.</p>
<p><sup>-             </sup>Ummm… -musitó su contrincante, el doctor David Morris, mirando como las diversas piezas del pulido tablero de juego se hallaban distribuidas en su contra.</p>
<p><sup>-             </sup>Vamos, doctor, no me diga que ya se ha rendido tan fácilmente –dijo Templeton, el director de la prestigiosa sala de subastas Angelie’s, ubicada en el centro de Hollow City.</p>
<p style="text-align:justify;">El doctor Morris, director del Hospital Central de Hollow City, no respondió al comentario que le hacía su amigo. Aunque Morris parecía que observaba el tablero de cuadros blancos y negros, la expresión de su rostro mostraba que el buen doctor se hallaba ausente, sumido en pensamientos que a juzgar por las arrugas de su frente y su mirada perdida le preocupaban gravemente. Mientras Templeton le contemplaba, no pudo dejar de advertir que el doctor había envejecido mucho en los últimos días. Los síntomas eran evidentes, pues sus ojos estaban enrojecidos y con grandes ojeras, su cabello se había encanecido aún más de lo normal y su espíritu jovial y alegre se había transformado en un comportamiento introvertido y hosco. Y el cambio no se debía a los problemas con los miembros del Consejo directivo del hospital o con TecnoCorp, sino a algo mucho más grave.</p>
<p style="text-align:justify;">Casi sin darse cuenta, Templeton desvió su mirada un instante hacia el techo del amplio e iluminado salón de estar de la casa del doctor, pues más arriba se encontraba la causa de los problemas del doctor Morris. Al pensar en ello, el director de Angelie’s sintió una amarga tristeza que le llegó hasta lo más profundo de su corazón, pues grandes lazos de amistad le unían con el doctor Morris, a quien conocía desde hacía años. El apellido Templeton era de origen inglés, una familia aristocrática de gran influencia que había emigrado a Hollow City hacía años para aumentar su patrimonio. El joven Greg había sido un estudiante de Historia y Bellas Artes muy brillante, pero de alegre vida y algo desobediente. Tras un desdichado accidente de tráfico causado por la bebida, Templeton tuvo que pasar mucho tiempo en el Hospital Central, donde conoció al doctor Morris, que por entonces aún no era el director. A pesar de que Morris era casi veinte años más mayor que Greg, ambos conectaron en seguida, descubriendo que compartían gustos similares. En ambos hombres anidaba una gran pasión por los libros antiguos, los objetos de coleccionista y las culturas extintas, además de que tanto Morris como Templeton disfrutaban de los temas esotéricos, paranormales y extraños misterios. Greg frecuentaba mucho la casa del buen doctor, a pesar de las objeciones de su padre, quien no aprobaba aquella relación pensando que era una distracción para los deberes familiares de Templeton. Además, siguiendo los consejos del doctor, Greg se había animado a estudiar Psicología, y el día en que se licenció el único en acudir a la ceremonia fue Morris.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras recordaba aquellos años pasados, Greg Templeton se frotó distraídamente un grueso anillo plateado que portaba en su dedo anular derecho y que tenía grabado el símbolo de una rosa negra. Aquel anillo se lo había entregado Morris cuando, tras varios años siendo su mentor en el mundo del ocultismo, por fin le había confiado su secreto. El doctor pertenecía a una logia antigua y secreta, cuya red de poder se extendía en innumerables ámbitos, llegando incluso a tener relaciones con políticos de primer nivel, empresarios multimillonarios, nobles de diversos países e incluso con el Vaticano. Gracias a la influencia del doctor, quien lo había apadrinado, Templeton había podido ingresar en la Hermandad de la Santa Orden de la Rosa Negra, lo cual lo catapultó hacia lo más alto, a pesar de que ambos sólo pertenecían al Círculo Externo. La Hermandad tenía tres divisiones, los denominados Círculos de Poder: los iniciados pertenecían al Círculo Externo, los más avanzados llegaban al Círculo Medio, y sólo unos pocos elegidos llegaban a conocer los grandes secretos de la Hermandad al alcanzar el Círculo Interno. Aunque en Hollow City era conocido por ser el propietario de la prestigiosa sala de subastas Angelie’s, los negocios de Greg Templeton iban más allá. Sí, todo se lo debía a aquel hombre, al que quería más que a su propio padre, y por ello haría todo lo que pudiese por ayudarle, sobre todo en aquella situación tan amarga en la que ahora se encontraba.</p>
<p><sup>-             </sup>Señores, el té está listo –dijo la voz de Barry, el asistente personal del doctor Morris, el cual cuidaba de la casa desde que años atrás falleciese la esposa del doctor, víctima de una enfermedad incurable.</p>
<p><sup>-             </sup>Gracias, Barry –contestó Templeton, advirtiendo que Morris estaba tan absorto en sus pensamientos que ni siquiera se había percatado de la llegada de su fiel asistente-. ¿Cómo está Val?</p>
<p><sup>-             </sup>La señorita Valentine está… reposando, como siempre. No hay ninguna novedad –contestó Barry, que a pesar de sus modales estrictos no pudo ocultar que sentía cierta inquietud.</p>
<p style="text-align:justify;">Una vez que Barry sirvió con exquisita eficacia inglesa el té y se marchó del salón, Templeton intentó animar al doctor Morris con una charla intrascendente sobre los últimos acontecimientos de Hollow City, puesto que su táctica de distraerle mediante una partida de ajedrez no había dado sus frutos.</p>
<p><sup>-             </sup>Doctor Morris, ¿ha leído el American Chronicles de hoy? Viene un especial sobre Bubba Hots, la estrella de los Hollow Riders –dijo Templeton al doctor Morris, intentando hacerle entrar en el mundo de los vivos.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¿Cómo? ¡Ah, sí, Bubba Hots! –contestó Morris, abriendo los ojos-. Pobre chico, un joven de origen humilde, criado en la Cloaca, que llega hasta la cima gracias al fútbol. Luego un desgraciado le pega un tiro y acaba en mi hospital.</p>
<p><sup>-             </sup>Hasta que llegó TecnoCorp y se lo llevaron, ¿no es así?</p>
<p><sup>-             </sup>Cierto, Greg. La verdad es que debería haber muerto, pero su rápida recuperación atrajo a esos perros de TecnoCorp. Debería haberme negado, pero el Hospital está en sus manos, como muchas otras cosas de Hollow City.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>No se preocupe, doctor, si le consuela saberlo a mí también me la han jugado –Templeton comenzó a recordar  ciertos sucesos que habían ocurrido tiempo atrás-. Tuve en mi poder el Ojo de los Dioses, una pieza mucho más valiosa de lo que parecía, y la dejé escapar. Ahora está en manos de Jason Strong, seguro que aún se está riendo de mí.</p>
<p><sup>-             </sup>Tranquilo Greg, al menos pudiste darle a la Hermandad esa extraña esfera metálica. Eso te dio muchos puntos. Y además –dijo el doctor Morris, sonriendo por primera vez- ahora estamos advertidos sobre los Valaki y su magia.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Si, tiene razón, doctor, aunque no se me va de la cabeza la idea de que tuve la oportunidad de haber hecho algo más en todo ese asunto. Y encima parece que nada pueda salpicar a TecnoCorp. Jason Strong es un tipo demasiado listo.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Y desafía los intereses de la Hermandad, Greg, no te olvides de eso. Strong debe ser considerado un enemigo, uno muy peligroso. La Hermandad sospecha que TecnoCorp está detrás de algo muy importante, más aún que lo sucedido con Bubba Hots. Al igual que nosotros, se está acercando al secreto de los Valaki. Y la Hermandad no debe consentir que esos secretos tan terribles caigan en malas manos, como Strong. Por eso Greg, amigo mío –aquí el doctor Morris hizo una breve pausa, acercándose a su interlocutor- ahora todos los Hermanos debemos estar más unidos que nunca.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Greg Templeton se llevaba su taza de té a los labios sonrió para adentro, pues al hablar de secretos ocultos, de la Hermandad y de TecnoCorp había conseguido que el doctor Morris se olvidase momentáneamente de su problema, y por breves instantes volvía a ser su amigo de siempre. El buen doctor había servido fielmente a la Hermandad de la Santa Orden de la Rosa Negra, y ahora era el momento de que la Orden le devolviese algo de aquel servicio. Mientras Templeton giraba el anillo de la Rosa Negra dándole vueltas alrededor de su dedo, cavilaba sobre cómo y cuándo iba a llegar la ayuda deseada.</p>
<p style="text-align:justify;">En ese momento se oyó el timbre de la puerta de la gran mansión del doctor Morris, y tras unos segundos el fiel Barry apareció en la entrada del salón, anunciando la llegada del Padre García y un acompañante. El Padre García era el sacerdote encargado de la Iglesia de Saint Patrick, en el humilde barrio de Sawmill Street, y aunque no era miembro de la Hermandad era uno de los sacerdotes en los que más confiaba el obispo De Clark. Puesto que el obispo no debía inmiscuirse personalmente en determinados asuntos, había sido el Padre García quien se había encargado de recibir al visitante en la estación de tren de Hollow City y traerlo hasta la casa del doctor Morris.</p>
<p><sup>-             </sup>Por fin están aquí –dijo Templeton con un suspiro de alivio.</p>
<p><sup>-             </sup>Muy bien Barry, diles que pasen –dijo el doctor, y luego a continuación le habló a su amigo-. Veamos si pronto podemos poner fin a tanta penuria…</p>
<p style="text-align:justify;">Pero el doctor Morris no pudo continuar hablando, puesto que sus palabras quedaron atragantadas al ver a la persona que acompañaba al Padre García. Alto y delgado, embutido en un viejo abrigo gris, pálido y de cabello largo canoso, rostro enjuto y macilento, con una anticuada bolsa de tela negra como único equipaje. Mirada cansada y de ojos tristes, barba descuidada de varios días, y encima no llevaba ningún alzacuello. Desde luego, aquel hombre no era el sacerdote que esperaba que le enviasen.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Pero, ¿quién diablos es usted? –dijo sorprendido el doctor Morris, dirigiéndose al desconocido que acompañaba al Padre García.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Oiga, doctor, no blasfeme, y dígale a su criado que prepare algo para beber. Y que sea algo fuerte, la noche es larga y lo vamos a necesitar –dijo el desconocido con actitud descarada, quitándose el abrigo y lanzándolo descuidadamente hacia una silla lejana.</p>
<p style="text-align:justify;">Greg Templeton se quedó con la boca abierta, tan sorprendido como el doctor Morris por la presencia del insolente desconocido. Luego miró de forma interrogante al Padre García, como esperando que éste dijera que todo era una broma, y que el desconocido no era la ayuda que esperaban. Pero la mirada del sacerdote le confirmaba sus peores temores, lo que hizo que resoplase de disgusto. Desde luego, la noche sería muy larga.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p> <sup>-             </sup>¡Hey, Barry, esto está muy bueno! –dijo el acompañante del Padre García, al que había presentado como Isaac.</p>
<p><sup>-             </sup>Ejem… gracias, señor… -contestó el asistente en tono dubitativo.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Déjense de milongas, simplemente llámenme Isaac –el hombre de rostro enjuto no paraba de comer, como si no lo hubiese hecho en una semana-. Amigo Barry, ¿puede ponerme más vino de ese? Esto no se parece nada al garrafón que sirven en los bares, ¿eh?</p>
<p style="text-align:justify;">Sentados en la misma mesa que Isaac, el doctor Morris, Greg Templeton y el Padre García miraban con ojos desorbitados como aquel hombre comía y bebía sin parar, totalmente despreocupado y haciendo caso omiso de cualquier norma de civismo. Una vez terminada la cena, los cuatro hombres pasaron al pequeño salón para acomodarse mientras Barry preparaba té y café. Aunque todos se sentaron en los cómodos sillones aterciopelados, el extraño hombre llamado Isaac permaneció en pie observando y manoseando los libros que rebosaban en las varias estanterías que poblaban el salón.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Menuda biblioteca tiene montada aquí, amigo –dijo alegremente Isaac, deteniendo su dedo índice en un libro que le llamó la atención-. “Civilizaciones Antiguas: Mito o Realidad”. ¡Ah, el buen profesor Edmund Graves! Me pregunto que habrá sido de él.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Conoce al profesor Graves? –preguntó extrañado Greg Templeton.</p>
<p><sup>-             </sup>He oído hablar de él. Creo recordar que le pasó algo malo en su estancia aquí, en Hollow City –Isaac se volvió de repente y observó el rostro de sus acompañantes, como si estuviese lanzándoles una mirada acusatoria.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Creo que simplemente se encontró indispuesto y tuvo que marcharse. Ahora mismo creo que se encuentra en algún país perdido de Sudamérica, continuando con sus investigaciones –dijo Templeton, mirando fijamente a Isaac al darse cuenta de que en realidad aquel hombre era mucho más que el simple bufón que aparentaba ser.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Oiga, señor Isaac, o como quiera que se llame –intervino el doctor Morris, harto y enfadado-. Desde que ha entrado usted en mi casa no ha hecho más que comer, beber y fumar. Déjese de bromas y estupideces, aquí ocurre algo muy serio, y si no puede ayudarme es mejor que el Padre García le acompañe a un hotel y mañana por la mañana se marche de Hollow City.</p>
<p style="text-align:justify;"> Isaac contempló al doctor Morris, que comenzaba a manifestar grandes dosis de nerviosismo, y luego se acercó hacia un gran cuadro que colgaba de una de las paredes del salón. El cuadro era un retrato de familia, que mostraba al doctor Morris acompañado de una joven hermosa de largos cabellos negros. A pesar de la ausencia de la esposa y madre, el retrato captaba a padre e hija con unas sonrisas de felicidad. El autor de la obra había sabido captar una imagen de naturalidad, lejos del artificio propio de los retratos.</p>
<p><sup>-             </sup>Deduzco que esta bella señorita debe ser su hija. ¿Me equivoco, doctor? –preguntó Isaac.</p>
<p><sup>-             </sup>Así es. Ella es lo único que me queda tras la muerte de mi esposa, y no pienso perderla a ella también –dijo tristemente el doctor.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Muy bien, vayamos a verla –dijo Isaac de forma abrupta, y rápidamente se dirigió hacia la puerta del salón, dejando sorprendidos a los otros tres hombres.</p>
<p style="text-align:justify;">Todos salieron de la estancia, y el doctor Morris les guió escaleras arriba hasta el piso superior, donde llegaron hasta la puerta de la habitación de Valentine, la hija del doctor Morris. El doctor vaciló unos instantes antes de abrir la puerta, y a continuación hizo pasar a todos al interior del dormitorio. La habitación era amplia, con sus paredes blancas cubiertas de óleos representando paisajes naturales. En un lado estaba una gran cama, donde la suave luz de una lámpara iluminaba el cuerpo de Valentine, envuelta en perfumadas sábanas de seda y aparentando estar sumida en un sueño profundo. Isaac no pudo dejar de advertir que el rostro de aquella muchacha presentaba varias diferencias con el del retrato del salón, pues estaba más pálida y delgada, y sus labios blanquecinos no mostraban ese color rosa que debería ser habitual. Isaac también vio que sobre la mesilla de al lado de la cama había un rosario y dos velas blancas que rodeaban un portarretratos con la imagen de la Virgen María, un símbolo para luchar contra los malos espíritus.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces Isaac sacó un pequeño crucifijo de plata de su bolsillo, y acercándolo hacia el rostro de la muchacha pronunció unas extrañas palabras en latín, que sólo el Padre García comprendió:</p>
<p><sup>-             </sup><em>“</em><em>Deus bone, da mihi potestatem, ut malum quod tenet ex hac puella</em><em>”</em><em>…</em><em></em></p>
<p>A continuación posó suavemente su mano libre sobre la frente de la joven, y cerró los ojos en un gesto de profunda concentración.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¿Qué está haciendo? –dijo el doctor Morris, estupefacto-. Pero si usted no es sacerdote, y además lo único que puede ayudarla es un exorcista.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Me temo que se equivoca, doctor –dijo Isaac tras abrir los ojos y terminar su concentración-. Ni médicos ni sacerdotes pueden hacer nada por ella, pues ni está enferma ni está poseída por el demonio.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¿Pero que está diciendo? Acaba usted de llegar, y con solo examinar unos segundos a mi hija ya sabe lo que le pasa. ¡Qué disparate! Quiero que se vaya de aquí ahora mismo, deje en paz a mi hija –el doctor Morris comenzaba a encolerizarse por momentos.</p>
<p style="text-align:justify;">En ese instante el doctor comenzó a marearse, llevándose una mano a la cabeza. Templeton le ayudó a sostenerse, y llamó a Barry a gritos. Una vez que el asistente vino a la habitación, Templeton le dijo al doctor Morris:</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Amigo, creo que todo esto comienza a pasarle factura a su salud. Está débil y cansado, y enfurecerse solo conseguirá empeorar su estado. Es cierto que este hombre no es exactamente lo que esperábamos, pero hemos de pensar que si la Hermandad nos lo ha enviado será por algo. Creo que deberíamos dejarle aquí con el Padre García a ver si nos puede ayudar.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque el doctor Morris no estaba muy convencido, al final admitió que tal vez su amigo tenía razón. Si el tal Isaac había sido enviado por la Rosa Negra debía existir una buena razón para ello. Además, ni con todos sus contactos nadie había conseguido despertar a Valentine, pues según todos los médicos su estado era inexplicable. Una especie de sueño profundo en el que llevaba varias semanas, y del cual solo despertaba un par de veces cada día, lo suficiente como para poder tomar algo de alimento. Sólo abría levemente los ojos, le sonreía, pero no articulaba palabra. Después volvía otra vez a sumirse en aquel misterioso letargo, que la consumía día tras día, noche tras noche, sin saber la razón. Aunque aquel tipo no le cayera bien, si podía hacer algo por Valentine no sería él quien lo impidiese.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Oiga doctor, hágale caso a su amigo y descanse –dijo Isaac, dándole unos golpecitos leves al hombro del doctor Morris, tomándose unas confianzas que no eran correspondidas-. Barry, sírvele algo fuerte al buen doctor, es lo mejor para estos casos. A mí me funciona –dijo alegremente, guiñando un ojo al sorprendido asistente.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras el doctor Morris se retiraba de la habitación apoyándose en Barry y Templeton, el Padre García e Isaac quedaron a solas junto a la figura dormida de Valentine. El sacerdote no quitaba los ojos de encima a Isaac, pues no se fiaba del todo de aquel tipo extravagante. Aunque el Padre García ya había tenido contacto con otros hombres extraños, como el justiciero Espectro, la diferencia estaba en que no podía descifrar la personalidad y las motivaciones de aquel visitante. Y aquellas palabras misteriosas que había pronunciado en el antiguo latín (<em>Dios misericordioso, dame el poder de ver el mal que atenaza a esta joven</em>) no contribuían a aumentar su confianza en él.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Ahora, querido <em>pater</em>, necesito que se quede quieto y en silencio –dijo Isaac, acercándose a la joven Valentine-. Es por su propia seguridad.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Qué es lo que va hacer, si puede saberse? –preguntó desconfiadamente el sacerdote.</p>
<p style="text-align:justify;">Isaac no contestó, y acto seguido entornó los ojos de forma extraña, alzando su mano derecha con la palma extendida hasta casi tocar la cabeza de la muchacha dormida. A continuación comenzó a musitar unas palabras, también en latín, primero en voz baja, y posteriormente elevando poco a poco el tono. El Padre García sabía que estaba rezando, pero desde luego no se parecía en nada a las oraciones cristianas convencionales. ¿Qué cánticos misteriosos estaba entonando aquel hombre?</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup><em>Pater noster, dirige me per opaca viarum, adiuva me dimittere anima huius pueri capto. Sic luceat lux vestra, da mihi virtutem hostes tuos in pugnam…</em><em></em></p>
<p style="text-align:justify;">(“Padre nuestro, guíame a través de las sendas tenebrosas y ayúdame a liberar el alma prisionera de esta joven. Que tu luz ilumine el camino, dame fuerzas para luchar contra tus enemigos”).</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Isaac continuaba con su rezo, el Padre García creyó ver una especie de resplandor tenue alrededor de la hija del doctor Morris. Al principio era un simple brillo, pero luego fue aumentando de intensidad hasta convertirse en una aureola de color azulado, hasta que finalmente se transformó en un potente fulgor incesante que iluminó toda la habitación de una luz azul cristalina. Absorto ante tal prodigio, el sacerdote tan sólo podía permanecer inmóvil con los ojos abiertos como platos y contemplar aquella maravillosa luz sin poder ver nada más. Por su parte, Isaac permanecía concentrado y rezando, aunque ahora su frente comenzaba a empaparse de sudor, mientras su rostro se congestionaba del esfuerzo y la tensión, y su brazo derecho extendido temblaba a causa de la canalización de las poderosas fuerzas que manejaba.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup><em>Tua est potentia, </em><em>D</em><em>omine. Mea est fortitudo vestra. Scio te me et ne dimittas me. Per potentiam Dei, ut mali alica terminetur oratio, hanc divinam</em><em>..</em><em>.</em><em></em></p>
<p style="text-align:justify;">(“Tuyo es el poder, Señor. Tu fuerza es la mía. Sé que estás conmigo y que no me abandonas. Por el poder de Dios, que esta plegaria divina termine con el maligno encantamiento”).</p>
<p style="text-align:justify;">El Padre García advirtió como el cántico de Isaac cobró una fuerza tan impresionante que retumbó por todo el dormitorio. La mágica luz azul brilló tan intensamente como los relámpagos de la peor de las tempestades, haciendo que el sacerdote apartara levemente los ojos por la molestia. Una fugaz mirada hacia Valentine le hizo ver que la muchacha aún continuaba dormida, pero movía su pálido rostro de un lado a otro, como si poderosas fuerzas inexplicables tiraran de ella en su interior.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup><em>In nomine Patris, Iesu Filio et Spiritui Sancto, quod virtute caelestis gloriae iste spiritus excitare innocens. </em><em>¡</em><em>Ego præcipio vobis</em><em>!</em><em>.</em><em></em></p>
<p style="text-align:justify;">(“En el nombre de Dios padre todopoderoso, de Jesucristo su hijo, y del Espíritu Santo, que la fuerza de la gloria celestial despierte a este espíritu inocente. ¡Yo os lo ordeno!”).</p>
<p style="text-align:justify;">Las últimas palabras de Isaac fueron pronunciadas con tanta potencia que el Padre García creyó que salían de un megáfono a máximo volumen. Luego hubo una terrible explosión de luz cegadora, seguida del rugir de un trueno, y el sacerdote cayó de rodillas con los ojos cerrados y llevándose las manos a ambos lados de la cabeza para taparse los oídos, mientras suplicaba a Dios con todas sus fuerzas para que le protegiese del terrible infierno que se había desatado en aquella habitación.</p>
<p style="text-align:justify;">Tras unos instantes, sin saber cuanto tiempo había pasado, el Padre García notó como alguien le llamaba, a la vez que sentía unas manos sobre su cuerpo menudo que le zarandeaban. Cuando finalmente se atrevió a abrir los ojos y apartar sus manos temblorosas, el cura dejó de implorar nerviosamente a Dios y pudo contemplar como a su lado estaban Greg Templeton y Barry, que lo ayudaron a incorporarse. Una vez en pie, el Padre García observó como la joven Valentine continuaba durmiendo, ajena a todo lo que había ocurrido, aunque ahora ya no se debatía agitadamente como antes sino que continuaba sumida en el mismo letargo tranquilo de siempre.</p>
<p style="text-align:justify;">Al pie de la cama de la joven estaba el cuerpo tendido e inmóvil de Isaac, cuya mano izquierda se había abierto dejando caer sobre la alfombra su pequeño crucifijo plateado.</p>
<p><sup>-             </sup>¡Oh, dios mío! ¿Está… muerto? –preguntó el Padre García.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>No señor –contestó Barry, tras examinar a Isaac-. Parece que solo está terriblemente extenuado, como si hubiese realizado un esfuerzo sobrehumano.</p>
<p><sup>-             </sup>¡Por todos los santos, Padre! –exclamó Templeton, mirando al sacerdote-. ¿Puede saberse que demonios ha ocurrido aquí?</p>
<p style="text-align:justify;">Pero el Padre García no pudo contestar, pues en ese preciso instante un agotado Isaac abrió los ojos, sonriendo a todos los presentes.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Amigos, deberían verse las caras. Tranquilos, no pasa nada, está todo bajo control. Sólo ha sido el primer asalto, para medir fuerzas. Creo que necesito un poco de brandy del que guarda Barry en la bodega para reponerme. Me temo que tendrán que decirle al doctor Morris que esta noche me quedaré como invitado en su casa. ¿Por cierto, han oído hablar alguna vez de Oniria?</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Barry y Templeton se miraban entre ellos compartiendo el pensamiento de que Isaac no estaba en sus cabales, el Padre García observaba a aquel hombre con una mezcla de temor y admiración. El cura sentía miedo por lo que había presenciado, la intensa luz azul, las extrañas palabras en latín, la explosión… pero también se había percatado de que Isaac era mucho más de lo que aparentaba, y aunque no fuese un sacerdote tenía algo que ver con la Iglesia. Desde luego, Isaac iba a tener que dar muchas explicaciones sobre aquellas misteriosas manifestaciones, y sobre lo que estaba pasando en casa del doctor Morris.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> A la mañana siguiente, mientras Barry preparaba el desayuno, todos menos Isaac bajaron puntualmente de sus habitaciones al salón. Mientras le esperaban, el doctor Morris quiso saber que era lo que había ocurrido después de retirarse a dormir, pero tanto el Padre García como Greg Templeton le indicaron que era mejor esperar al protagonista de los sucesos. Puesto que tanto el doctor Morris como el Padre García no se habían hallado en plenas facultades, Greg Templeton había decidido ante el asombro de Barry que todos se quedasen a descansar en los aposentos de los invitados que la casa del doctor poseía.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Cómo se encuentra hoy, doctor Morris? –preguntó Templeton a su buen amigo.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Muy bien, gracias –contestó-. Después de dormir toda la noche hoy estoy mucho mejor. Entre el estado en que se encuentra mi hija y ese tal Isaac, que me pone de los nervios, sufrí lo que los médicos llamamos un pequeño “achuchón”, pero nada más.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Y usted, Padre García? –preguntó Greg al sacerdote.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Bien, hijo –contestó sin mucho convencimiento el cura, que había pasado toda la noche pensando en todo lo que había presenciado en aquella habitación.</p>
<p style="text-align:justify;">En ese momento entró en la sala Isaac, con su semblante pálido habitual y sin haberse afeitado, pero exhibiendo una sonrisa alegre como si la noche pasada no hubiese ocurrido nada excepcional.</p>
<p><sup>-             </sup>Buenos días amigos, ¿que tal? Espero que Barry haya preparado un buen desayuno, porque tengo un hambre de lobo.</p>
<p>Antes de que el doctor Morris dijese algo de lo que pudiese arrepentirse, Templeton decidió ir al grano:</p>
<p><sup>-             </sup>Isaac, creo que tiene usted muchas cosas que explicar, ¿no cree?</p>
<p><sup>-             </sup>Por supuesto, tienen toda la razón del mundo. Pero antes debo decirles una cosa, o mejor dicho dos; una buena y otra mala. La buena es que se lo que le pasa a la hija del doctor Morris.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Y cuál es la mala noticia? –inquirió algo sarcástico el desconfiado doctor.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Lo malo es que cuando les cuente todo lo que quieren saber, ya nada será nunca lo mismo para ustedes –aquí Isaac hizo una pequeña pausa, y después añadió en tono misterioso:- sufrirán una gran Revelación que cambiará sus vidas para siempre, pues sentirán como si hasta ahora hubiesen portado un velo sobre sus ojos impidiéndoles ver la auténtica realidad.</p>
<p style="text-align:justify;">Templeton, el Padre García y el doctor Morris cruzaron sus miradas, y aunque las palabras de Isaac podían intimidar a personas corrientes, no podían atemorizar a dos amantes del misterio y miembros de la Hermandad de la Rosa Negra, ni a un sacerdote cuya congregación estaba situada en uno de los peores barrios de Hollow City. Los tres incitaron a Isaac a proseguir, el cual sonrió abiertamente pues se alegraba mucho de su determinación.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Qué saben ustedes de Moisés? –preguntó de repente Isaac, siempre desconcertante.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¿Se refiere al Moisés de la Biblia? –contestó Templeton-. Pues que fue el hombre escogido por Dios para liberar al antiguo pueblo judío de sus opresores, llevándolos hacia un lugar seguro. Una vez en el monte Sinaí, Moisés recibió del propio Dios unas tablas que recogían los sagrados Diez Mandamientos, los pilares básicos de religiones como el Catolicismo o el Judaísmo.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Muy bien, amigo Greg –dijo satisfactoriamente Isaac-. Sin embargo, hay más, mucho más. En realidad, Dios dio a Moisés algo más que unos simples mandamientos. Dios otorgó al gran patriarca de los judíos el más exquisito regalo que podía ofrecer al hombre: su Poder. La Palabra de Dios es su poder, manifestado a través de las “<em>orationes</em>” (oraciones en latín), de las Plegarias.</p>
<p><sup>-             </sup>¡Por favor, Isaac! –intervino el Padre García, escandalizado ante lo que estaba escuchando-. ¿Es que nunca piensa lo que dice antes de hablar?</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Tranquilo <em>pater</em>, cálmese que no es para tanto, si sólo acabo de empezar. Como iba diciendo, Dios entregó a Moisés el secreto de canalizar su poder divino mediante las Plegarias, una serie de oraciones místicas en antiguo hebreo que el gran pastor judío ordenó encerrar dentro de un gran arca: el Arca de la Alianza. Recuerden que la Torá judía cuenta innumerables milagros realizados por Moisés, como hacer llover maná del cielo para alimentar a su pueblo hambriento, o  hacer que el agua surgiese bajo las rocas con solo golpearlas con su bastón para saciar su sed.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Si, claro. Y aparecieron los nazis y robaron el Arca, hemos visto todos la película, señor Isaac –dijo el doctor Morris con sorna, revolviéndose en su sillón.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Tras la muerte de Moisés, el Arca fue dando tumbos de aquí para allá en el transcurso de los años, hasta acabar en el fastuoso templo de Salomón, en Jerusalén. Cuando el gran rey de Babilonia, Nabucodonosor, atacó la ciudad sagrada buscando la fuente del poder celestial, el profeta Jeremías escondió el Arca, desapareciendo para siempre de la Historia del mundo.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Todo eso que está contando está muy bien, Isaac, pero no entiendo que tiene que ver con lo que le pasa a Valentine –intervino Templeton, queriendo ir al grano ante las divagaciones de Isaac.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Eso lo dejo para el final, amigo Greg. Pero para abreviar un poco, solo decir que en realidad el Arca, con el secreto de las Plegarias mágicas de Dios en su interior, fue llevada a escondidas a un lugar remoto de África, donde siglos más tarde sería encontrada por los romanos, concretamente por Cayo Octavio Turino, más conocido por Cayo Julio Cesar Augusto, el primer emperador del Imperio Romano. ¿Acaso creen de verdad que un joven general carente de experiencia podía él solo haber derrotado la alianza de Marco Antonio y Cleopatra? La terrible verdad es que Augusto encontró el Arca, se apoderó del secreto de las Plegarias, derrotó a sus enemigos y se marchó de África, volviendo victorioso a Roma, donde los sabios y sacerdotes tradujeron los místicos secretos al latín, la lengua de los romanos.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Qué sarta de sandeces! Lo que hay que oír –dijo Morris, suspirando-. Isaac, creo que debería plantearse seriamente recibir tratamiento, necesita usted ayuda especializada.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Claro, doctor –contestó sonriendo Isaac-. Como también la necesitaron en su día Nostradamus, Da Vinci o Galileo. Pero volviendo a lo que iba, el Imperio Romano guardó el secreto de las Plegarias divinas, formando un grupo de sabios encargados de custodiar el poder de Dios. Estos hombres eran los “<em>delectis</em>”, palabra que proviene del latín “<em>Electi Dei</em>”, los elegidos de Dios. Con el transcurso de los siglos el Imperio fue ganando poder, enfrentándose incluso contra el cristianismo en una gran lucha por los conocimientos de las Plegarias, puesto que miembros de distintas religiones habían aprendido en diversos lugares del mundo el místico secreto.</p>
<p><sup>-             </sup>¡Basta, Isaac! –exclamó de repente el Padre García, saltando de su asiento-. Se está pasando usted de la raya. No voy a seguir tolerando sus insinuaciones sacrílegas.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Lo siento por usted, <em>pater</em>, pero la Iglesia oculta muchos secretos –continuó Isaac, mirando al Padre García como a un niño pequeño-. Como las Cruzadas, por ejemplo. ¿Sabía usted, Padre García, que el Arca y sus secretos fueron llevados otra vez a Jerusalén cuando las hordas bárbaras de los hérulos invadieron Roma en  el año 476? Allí permanecieron escondidos los últimos <em>delectis</em>, protegiendo el gran secreto, hasta que en el año 1070 los turcos la invadieron. Fue entonces cuando los turcos se apoderaron del Arca, y cuando el Papa Gregorio VII se enteró, apadrinó la Primera Cruzada. Años de luchas cruentas y feroces batallas desembocaron en la conquista de la Ciudad Santa por los cristianos en el año 1099, donde Hugo de Payns encontró el Arca. Fue entonces cuando el noble caballero francés formó la famosa Orden de los Caballeros Templarios, los cuales juraron proteger el secreto del Arca. Sin embargo los cristianos perdieron Jerusalén en 1244, y tras retirarse los Templarios a occidente definitivamente, fue en Europa donde aumentó su poder.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Sí, todos conocemos la historia de los Templarios, y también su triste final –intervino Greg Templeton, el cual poco a poco había ido tomando interés por la narración de Isaac-. El viernes 13 de octubre de 1307 el rey Felipe IV de Francia, junto al Papa Clemente V, ordenó detener a Jacques de Molay y a todos sus Templarios, confiscando sus bienes y declarándolos traidores y herejes. Ese fue el fin de la Orden del Temple.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Muy bien, amigo Greg! Veo que a usted también le gusta el tema de las Hermandades Secretas –dijo Isaac, guiñándole un ojo en señal de complicidad, lo que incomodó a Templeton.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Y bien? –inquirió el doctor Morris-. ¿Qué pasó con el Arca?</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Ajá! –exclamó de repente Isaac-, así que usted también está intrigado, ¿no es así? Pues bien, amigos míos, el Arca, las Plegarias y los <em>delectis</em> pasaron a formar parte del tesoro de la Iglesia. Todo su rastro fue borrado del conocimiento externo, y sólo unos pocos elegidos conocen este secreto. Y muy pocos aún saben cómo utilizar las Plegarias. Actualmente existe una élite de <em>delectis</em> que sirven al Vaticano, siervos de Dios escogidos por reunir ciertas “aptitudes especiales”, que son reclutados para estudiar las sagradas escrituras divinas de entre los más destacados seminaristas. Soldados del Señor que utilizan la magia divina en su lucha contra el Mal, contra la Oscuridad que acecha al mundo desde tiempos remotos.</p>
<p><sup>-             </sup>Y usted es uno de esos <em>delectis</em>, ¿no es así, Isaac? –dijo el Padre García, lanzando una mirada inquisitiva a Isaac.</p>
<p style="text-align:justify;">Antes de que Isaac pudiera responder, un estruendo retumbó en la sala de estar, alarmando a todos los presentes. El culpable era Barry, el cual había dejado caer sin querer la bandeja que portaba las tazas de té y café, cubriendo la alfombra de terciopelo del salón de una lluvia de fragmentos de delicada porcelana. Mientras Barry se disculpaba torpemente ante tal descuido, el fiel mayordomo se agachó para recoger los destrozos, cortándose un dedo con el asa rota de la tetera.</p>
<p style="text-align:justify;">Al ver sangrar a Barry, Isaac acudió en su ayuda, sujetándole con suavidad la mano con el apéndice herido, y musitando a continuación unas palabras en un tono tan bajo que nadie más que él pudo escucharlas con claridad. Al instante apareció un suave destello alrededor de la herida, que sólo duró un instante. Luego simplemente el corte había desaparecido, como si nunca hubiese existido.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Isaac volvía a sentarse, contempló al resto de los presentes, los cuales se hallaban completamente estupefactos. Dedicándoles una sonrisa, Isaac continuó hablando:</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Como ya les dije antes, nunca más volverán a ser los mismos. Pero aún deben saber más cosas, deben entender lo que le está pasando a Valentine, y para ello debo hablarles de algo más difícil de entender que la historia de las Plegarias.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Amigo Isaac, creo que tiene usted toda nuestra atención –dijo Templeton, observando que tanto el doctor Morris como el Padre García asentían con la cabeza, aún sorprendidos por la mágica curación de la herida de Barry.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Pues vamos allá. Lo primero de todo es comprender que el mundo no está formado sólo por aquello que podemos ver y tocar. Existen diversos planos de la realidad más allá del mundo “real” que conocemos, una serie de realidades o Zonas, cada una de ellas con su propia Zona Contraria o Reflejo. La Tierra es nuestra Zona, donde vivimos, pero su Reflejo es el Inframundo. Existe el Paraíso y el Infierno, y otras Zonas más, pero la que ahora más nos interesa es la denominada Oniria.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¿No es la ciudad de los sueños que aparece en un poema antiguo? –dijo pensativamente Templeton-. Creo que el término onírico proviene del griego “<em>óneiros</em>”, que significa sueños.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Correcto, Greg! –exclamó con excitación Isaac-. Oniria es el Plano de los Sueños, el lugar donde viajamos cada vez que soñamos. Normalmente uno viaja allí, permanece un tiempo y luego regresa al mundo corriente, despertando a veces de un sueño plácido y a veces de una pesadilla. Pero me temo que esto no siempre se cumple, puesto que Oniria es un mundo misterioso donde no rigen las mismas leyes naturales que en el nuestro. Y aquí es donde radica el problema que afecta a su hija, doctor Morris.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Qué es lo que le ocurre a Valentine, Isaac? –preguntó esperanzado el doctor Morris-. Por favor, si lo sabe dígamelo.</p>
<p style="text-align:justify;">Aquí Isaac tuvo que hacer una pausa, y en su rostro siempre sonriente apareció una sombra de temor. Con un suspiro de gravedad, Isaac decidió revelarle la verdad al buen doctor:</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Doctor Morris, su hija ha quedado atrapada entre este mundo y Oniria. Creo que una criatura de dicho plano llamado Devorador de los Sueños ha establecido contacto con ella, y mucho me temo que no la dejará marchar hasta que… hasta que haya terminado de alimentarse de la esencia de Valentine. Cada vez que su hija sueña, el Devorador se alimenta de ella, y Valentine va consumiéndose más y más, hasta que llegue un momento en que una noche cerrará los ojos para sumirse en un profundo letargo.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Y luego? –preguntó tímidamente el Padre García, aunque en su interior ya conocía la respuesta.</p>
<p><sup>-             </sup>Luego ya nunca más despertará –añadió Isaac, mirando fijamente al doctor Morris.</p>
<p><sup>-             </sup>Pero debe haber algo que podamos hacer por esa desdichada criatura –imploró el Padre García.</p>
<p style="text-align:justify;">Isaac miró al resto de los presentes, pero esta vez no les dedicó ninguna de sus sonrisas. Exhalando profundamente un gran suspiro, les habló:</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Existe una posible solución, pero no les mentiré, es arriesgado y muy peligroso, y no siempre termina bien. Como es algo que no puedo hacer yo solo, les debo pedir su colaboración. La pregunta que debo hacerles es la siguiente: ¿están dispuestos a llegar hasta el final, a darlo todo por el bienestar de Valentine?</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Es mi hija, la persona a la que más quiero en el mundo, y daría mi vida por ella si fuese necesario, sin duda alguna –dijo con aplomo el doctor Morris.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Haré lo que sea por Valentine, lo que sea –dijo con convicción absoluta Greg Templeton, el cual había visto crecer a aquella muchacha a la que quería como a una hermana.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Que Dios nos proteja a todos. Estoy con ustedes, hasta el final –dijo el Padre García, con una fe y una seguridad plenas.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Bien dicho, amigos! –exclamó Isaac-. No esperaba menos de ustedes. Ahora que la verdad les ha sido revelada, ha llegado el momento de explicarles lo que vamos a hacer.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> Las escasas luces del atardecer se filtraban a través de las cortinas que cubrían la ventana de la habitación de Valentine. La tarde había transcurrido con calma y tranquilidad, y siguiendo las recomendaciones de Isaac todos habían salido de la casa del doctor Morris. El propio doctor había acudido al hospital, para ver como iban las cosas por allí. Greg Templeton se había entrevistado con su secretaria, Dora Higgins, la cual le había puesto al día con los asuntos de la sala de subastas Angelie’s. El Padre García se había dado una vuelta por el comedor social de Sawmill Street, observando con agrado como su pupilo Billy Jones se hacía cargo de todo con grandes dotes de inteligencia y pericia. Hasta el mismo Isaac se había marchado de la casa, sin decir a donde iba, volviendo horas más tarde con su buen humor de siempre intacto. Así, todos habían podido aliviar la tensión que hubieran tenido que soportar de haberse quedado en la casa sin poder hacer nada, viendo como las horas transcurrían lánguidamente en sus relojes, sintiendo como un peso abrumador caía sobre sus almas.</p>
<p style="text-align:justify;">Siguiendo las instrucciones dadas por Isaac, Barry había preparado la habitación para el ritual. Había despejado todo lo posible la estancia, arrastrando muebles, quitando estanterías y recogiendo alfombras. En el curso del traslado, un libro de bolsillo perteneciente a Valentine cayó al suelo. Al agacharse para recogerlo, Isaac vio que la portada representaba a un gran ogro delante de un castillo medieval envuelto en niebla. El título era “La Leyenda del Castillo de la Niebla”, escrito por un tal Frederick Broquett. Tras dárselo a Barry, Isaac observó satisfactoriamente que lo único que quedaba era la cama, con la joven Valentine tendida sobre ella. Barry también había apagado las luces, colocando una serie de velas encendidas colocadas en determinados puntos estratégicos de la habitación, puesto que según el <em>delecti</em> la luz de las velas era mejor que la artificial para el propósito que se iba a llevar a cabo. El fiel asistente había esparcido también un incienso aromático que embriagaba el ambiente con un suave olor a vainilla. Todo había sido dispuesto según lo acordado, todo estaba en su sitio y ya solo quedaba lo más difícil: comenzar.</p>
<p><sup>-             </sup>Muy bien, Barry, lo has hecho todo tal y como te dije –le felicitó Isaac-. Ahora creo que sería mejor que nos dejaras solos, y no abras la puerta hasta que te lo digamos.</p>
<p style="text-align:justify;">El mayordomo miró al doctor Morris, y éste hizo un gesto de aprobación, con lo que Barry hizo lo que se le había dicho. Tras su marcha, el resto tomaron posiciones según lo acordado. Isaac, que había traído consigo un libro grande y viejo de tapas oscuras, tomó asiento en una silla al lado de Valentine, mientras el doctor Morris sacaba un moderno tensiómetro electrónico y comprobaba la presión arterial del <em>delecti</em>. Tras comprobar que todo estaba bien, sacó de un pequeño estuche una jeringa y un frasco con un líquido transparente. Tras insertar la aguja en el frasco y llenar la jeringa con la sustancia, pinchó el brazo de Isaac para aplicarle la dosis adecuada de un sedante.</p>
<p><sup>-             </sup>Bien, esto ya está –dijo el doctor Morris, guardando la jeringa y el frasco-. Ahora es su turno, Isaac.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces Isaac abrió el Libro de las Plegarias, un volumen que había descrito a sus compañeros como un poderoso instrumento que contenía las Plegarias más poderosas, aquellas que eran más difíciles de realizar, escrito enteramente en latín. Tras buscar entre las páginas, al final se detuvo en un pasaje concreto que estaba buscando. Luego se reclinó sobre Valentine, y extendiendo una mano sobre ella mientras con la otra sujetaba el libro sagrado, Isaac comenzó a recitar las palabras mágicas.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup><em>¡</em><em>Spiritus e mundo videntur! ¡Passus es in illis spiritus Domini iudicio et doloribus dolor in terris! Rogamus vos et audite preces nostras pro nostris desideriis…</em></p>
<p style="text-align:justify;">(“¡Espíritus del mundo invisible! ¡Espíritu de cuantos habéis sufrido tribulaciones y pesares en vuestro paso por la tierra! Os rogamos que escuchéis nuestras peticiones e intercedáis por nuestros deseos”).</p>
<p style="text-align:justify;">Todos pudieron ver como alrededor de Valentine, que aquella noche estaba aún más pálida y delgada, tanto que casi parecía un cadáver, aparecía un halo de luz dorada.</p>
<p><sup>-             </sup><em>Nunc in mundo sunt somnia, da mihi gratiam tuam, ut te in me ad hanc pugnam domain…</em><em> </em><em></em></p>
<p style="text-align:justify;">(“Habitantes del mundo de los sueños, concededme vuestro favor, permitid que me adentre en vuestros dominios para luchar por esta mujer”).</p>
<p style="text-align:justify;">El halo de luz se ensanchó, envolviendo toda la cama y parte de Isaac, el cual comenzaba a sentir una especie de sopor embriagador que poco a poco se iba apoderando de él. Una corriente de aire surgida de la nada sopló sobre las velas, haciendo oscilar la luz de las pequeñas llamas, provocando un movimiento de sombras que acentuaba una sensación de sobrecogimiento y temor sobre los presentes.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup><em>In nomine Omnipotentis, et invocare spiritus, tunc in quo ego me defendere. Cogitationes meas ad bonum dirigens, opes eorum qui conantur avertere, ita separare bonum. Per Christum Dominum nostrum. Amen.</em><em></em></p>
<p style="text-align:justify;">(“En nombre de Dios Todopoderoso, invoco a los espíritus para que me protejan en este lance en el que me encuentro. Dirigid mi pensamiento hacia el bien, desviad la influencia de aquellos que intenten separarme del buen camino. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén”).</p>
<p style="text-align:justify;">La voz de Isaac fue tornándose débil, hasta finalizar la frase en un murmullo casi inaudible. Al terminar la Plegaria, cerró el libro sagrado y se lo tendió al Padre García para que lo guardara. Luego, contemplando la brillante luz mágica que había crecido hasta envolver por completo tanto a Valentine como a él mismo, se dirigió hacia Templeton.</p>
<p><sup>-             </sup>Ahora usted, Greg, dese prisa –apremió con una débil sonrisa Isaac.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces Greg Templeton se acercó a Isaac, con cuidado de no quedar envuelto el también en la luz, y le mostró un pequeño medallón dorado con la imagen grabada de Franz Anton Mesmer, el creador de la hipnosis. Mientras oscilaba el medallón de un lado a otro imitando el péndulo de un reloj, Templeton le pedía a Isaac que poco a poco fuera relajándose, que vaciara sus pensamientos de todo excepto de la visión del medallón. Las palabras de Templeton eran suaves y cálidas, y junto al efecto del fármaco administrado por el doctor Morris minutos antes, hicieron que Isaac fuera cerrando los ojos, como si sus párpados fuesen persianas de plomo.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Eso es, Isaac, relájese, déjese guiar por el sonido de mi voz. Continúe mirando el medallón, su brillo dorado, su redondez perfecta. Está usted a punto de entrar en un profundo trance, un sueño del que podrá despertar cuando yo lo estime conveniente. Ahora va a entrar en el mundo de los sueños, atravesará el muro que separa esta realidad de las otras, se convertirá en un viajero. Pero no estará solo, debe buscar a Valentine, concéntrese en ella. Respire profundamente, y ahora repita su nombre.</p>
<p><sup>-             </sup>Valentine…</p>
<p style="text-align:justify;">Acto seguido, Isaac cerró los ojos, dejando caer la barbilla, y justo en ese momento la mágica luz de la Plegaria se desvaneció lentamente hasta extinguirse. El doctor Morris se apresuró a comprobar las constantes vitales de Isaac, manteniendo la precaución de no realizar ningún movimiento brusco que pudiese despertarle.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Todo está bien, mantiene el pulso regular, su presión arterial es constante y respira débilmente pero sin dificultad –constató el doctor-. ¿Qué hacemos ahora?</p>
<p><sup>-             </sup>Rezar porque todo salga bien –contestó el Padre García, haciendo la señal de la cruz en dirección a Isaac y Valentine.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> Isaac abrió los ojos. Estaba en un lugar muy oscuro, apenas veía nada, sólo una luz suave que brillaba lejos. Tenía una gran sensación de irrealidad, puesto que sus sentidos le traían percepciones contradictorias. Su cuerpo sentía frío, flotaba en el ambiente un olor a humedad y podía escuchar que no estaba solo, como si allí donde veía la luz hubiese alguien más. Decidió seguir la luz, su única guía, caminando lo más rápido posible, primero despacio, luego más deprisa y finalmente corriendo todo lo más rápido que pudo. Enseguida se dio cuenta de que en aquel lugar las distancias eran relativas, pues en unos pocos segundos se encontraba en una habitación no muy grande, un dormitorio parecido al de la propia Valentine, aunque no era el mismo. Allí la oscuridad era invadida parcialmente por la luz de varias velas depositadas en vasos de plástico a la altura del suelo, que iluminaban a un grupo de cuatro chicas jóvenes vestidas con pijamas coloridos. Sentadas en el suelo, entre suaves almohadas blancas, unas fumaban sustancias prohibidas mientras otras bebían alcohol. Las cuatro chicas hablaban en susurros, como adolescentes que se cuentan secretos inconfesables, y aunque Isaac no podía ver el rostro de ninguna de ellas podía percibir que estaban ligeramente asustadas.</p>
<p><sup>-             </sup>Pregúntale algo –dijo una de las chicas.</p>
<p><sup>-             </sup>No, tú eres quien quería hacer esto, pregúntale tú –contestó otra.</p>
<p><sup>-             </sup>Sois unas niñatas, yo haré la pregunta –dijo otra de las chicas, más envalentonada-. ¿Quién eres?</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces Isaac pudo distinguir como las cuatro chicas sujetaban entre todas un pequeño vaso de cristal, colocando la punta de su dedo índice sobre la superficie. El vaso comenzó a deslizarse sobre un tablero de madera que contenía todas las letras del abecedario más los números del 0 al 10, adornado por símbolos esotéricos uno de los cuales sobresalía más que el resto: el rostro de un extraño demonio sonriente. Isaac no pudo ver cual era la respuesta a la pregunta formulada por la chica, pero lo que si advirtió fue como de repente todas se pusieron tensas, mirándose las unas a las otras.</p>
<p><sup>-             </sup>¿Estáis moviendo el vaso? Dijimos que nada de trampas.</p>
<p><sup>-             </sup>Yo no he sido. ¿Has sido tú?</p>
<p><sup>-             </sup>Tías, ¿por qué no lo dejamos? Me estoy asustando…</p>
<p style="text-align:justify;">Isaac quiso intervenir, quería advertir a las chicas que no había que jugar con aquellas cosas, que eran instrumentos del demonio y que podían desencadenar fuerzas que sus mentes adolescentes no podían comprender. Pero fue inútil. La realidad explotó, las imágenes pasaron a toda velocidad por delante de Isaac, como si estuviese viendo una película a cámara rápida, provocándole una sensación vertiginosa como cuando se está en una montaña rusa. Las chicas habían acribillado a preguntas al supuesto espíritu, habían pasado los minutos hasta que se habían cansado, pero luego el vaso se había movido solo por el tablero, sin ningún dedo que tirara de él. Las chicas se habían asustado muchísimo, y cuando le preguntaron al tablero que quería, el vaso se deslizó de un lado a otro sobre las letras grabadas, mostrando un nombre como respuesta: Valentine. Entonces una de las jóvenes se volvió hacia Isaac, mostrando un rostro descompuesto por el terror, abriendo la boca para emitir un grito desgarrador. Era Valentine.</p>
<p style="text-align:justify;">Isaac intentó con todas sus fuerzas lanzarse hacia la muchacha, pero antes de llegar a ella de la oscuridad salieron dos manos velludas y sarmentosas de color grisáceo y de un tamaño descomunal, que rodearon a la joven y tiraron de ella hacia atrás.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡No! –gritó Isaac, impotente, a la vez que las imágenes a su alrededor estallaban en pedazos, como grandes fragmentos de un espejo de cristal que flotaron a su alrededor.</p>
<p style="text-align:justify;">De repente todo se había desvanecido, Isaac se deslizaba en la nada absoluta. Nada que ver, nada que oír, nada que sentir. ¿Estaba muerto? ¿O acaso aquellas tinieblas infinitas eran el infierno? En aquella irrealidad de pesadilla cualquiera podría volverse loco, así que Isaac se concentró en el rostro de Valentine, intentando pensar sólo en ella.</p>
<p style="text-align:justify;">De repente, Isaac había dejado de flotar. Ahora se encontraba al borde de un precipicio, un profundo abismo insondable que parecía no tener fin. Una peste a muerte y corrupción emanaba del fondo, un olor tan nauseabundo que hizo revolver las tripas a Isaac. Y entonces lo vio. Un gran puente aparecía delante de él, una estructura pétrea de varios metros de ancho que se perdía a lo lejos en una extraña bruma blanquecina. El puente misterioso estaba adornado de calaveras en sus bordes, testigos silenciosos de los pocos viajeros que se atrevían a cruzarlo. Mientras dudaba si atreverse a cruzar o no, Isaac escuchó un grito de horror que provenía de la niebla, delante de él. Un grito de mujer. Valentine.</p>
<p style="text-align:justify;">Isaac corrió hacia delante, adentrándose en el siniestro puente de roca, ignorando los gritos que de repente emitieron todas las calaveras al unísono, un horrible lamento infernal fruto de las almas atormentadas que poblaban aquella dimensión tan delirante. Cuando llegó hasta la niebla, creyó ver la forma borrosa de una silueta de mujer que corría delante suyo, lo que hizo que Isaac acelerara aún más el paso. Entonces la bruma comenzó a desvanecerse, haciéndose menos densa poco a poco, permitiendo a Isaac divisar el extremo final donde terminaba el puente y lo que había más allá. Un enorme castillo de estructura medieval, pero no uno de aquellos que aparecían en los cuentos de hadas. Lo que se erigía ante él era un edificio oscuro y tenebroso, un castillo polvoriento y decadente de ventanas tapadas, altas torres que se elevaban hasta perderse en lo alto del cielo con almenas que asemejaban la desvencijada dentadura de una vieja bruja.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Isaac bajaba unos pequeños escalones de piedra que señalizaban el final del puente, las enormes puertas de madera que indicaban la entrada al castillo se abrieron con un sonoro estruendo. Una ráfaga de aire putrefacto salió a dar la bienvenida a Isaac, acompañado de una voz potente y monstruosa: la del Devorador de Sueños.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¿Quién eres tú, que osas invadir mi santuario? ¡Sal de aquí corriendo, mortal, o arrancaré tu espíritu de su envoltura carnal y lo devoraré sin piedad! –amenazó aquella voz tan poderosa como maligna.</p>
<p><sup>-             </sup>Deja en paz a la muchacha, criatura del mal, o sufrirás el castigo de Dios. No te tengo miedo –contestó Isaac con valentía.</p>
<p><sup>-             </sup>Así que no tienes miedo, ¿eh? No te preocupes, yo haré que conozcas el auténtico miedo. ¡Mira esto!</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces Isaac escuchó otra vez los gritos de terror de Valentine, y penetró sin dudarlo en el interior del castillo, oscuro como la boca de un lobo.</p>
<p><sup>-             </sup><em> </em><em>Angelus lux semitae meae, cum lux caelestis illuminat.</em><em></em></p>
<p style="text-align:justify;">Al pronunciar esta Plegaria, Isaac hizo aparecer un aura de luz blanquecina sobre su persona, iluminando la zona varios metros a su alrededor. Entonces pudo apreciar que se hallaba en una especie de patio, lleno de montones de tierra coronados cada uno de ellos con una cruz. Tumbas. Aquello era un maldito cementerio, que terminaba en unas escaleras amplias que subían hacia arriba. En lo alto de las escaleras se hallaba Valentine, su cuerpo inconsciente en brazos de un monstruo de pesadilla. Una figura humanoide de tres metros de alto, cubierta de un vello marrón oscuro, vestida únicamente con un taparrabos y una capa roja. Cabeza de carnero con ojos feroces, dientes largos y afilados, una larga y sinuosa cola que se extendía desde la base de su espalda. Era el Devorador de Sueños.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Insensato! –tronó el Devorador-. Te dije que conocerías el miedo. Aquí mando yo, tu Dios no tiene ningún poder en esta dimensión. Reza todo lo que quieras, porque está demasiado lejos para ayudarte. Aquí estás solo, así que como buen anfitrión que soy te daré algo de compañía.</p>
<p style="text-align:justify;">Lanzando una carcajada gutural, el Devorador señaló a Isaac con su dedo índice, y acto seguido el suelo del patio comenzó a temblar. Mientras Isaac se sujetaba con fuerza a una de las grandes cruces de piedra de las tumbas para no caer, de las entrañas de la tierra comenzaron a salir manos huesudas en forma de garra, que apartaban a manotazos la tierra húmeda intentando liberarse. Sin poder creerlo, Isaac estaba contemplando como decenas de horribles esqueletos se alzaban de sus tumbas, cubiertos de jirones de ropa malolientes y de tierra putrefacta. Los muertos se alzaban de sus tumbas, un ejército de cadáveres sedientos de sangre y muerte que se dirigían hacia Isaac, siguiendo las órdenes del señor de aquel castillo de pesadilla: el Devorador de Sueños. Pero lo más horrible de todo era que muchos de ellos eran conocidos de Isaac, fácilmente identificables para él por llevar ropas u objetos reconocibles, o simplemente porque pronunciaban su nombre con voces roncas y lúgubres. Amigos, familiares, compañeros en el seminario e incluso rivales y enemigos, todos juntos desfilando hacia él como fantasmas del pasado.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Atrás, demonios! –gritó Isaac, sacando su pequeño crucifijo de plata del bolsillo y extendiéndolo hacia los muertos, que seguían surgiendo de la tierra clavando sus miradas de cuencas vacías en él-. <em>Sed Gabriel Archangelus, ventus alis &#8230;</em><em></em></p>
<p style="text-align:justify;">Isaac dejó de recitar su Plegaria, notando como el pánico le dominaba, pues acababa de darse cuenta de que su conexión con el poder divino se había roto. ¡Había perdido su dominio sobre las Plegarias! Incapaz de defenderse, con su poder arrebatado y su fe quebrantada, Isaac pronto sintió como los fríos huesos desgarraban sus ropas, arañando su blanda carne y hundiendo sus dientes podridos en diversas partes de su cuerpo. Mientras Isaac caía ante el empuje de aquel ejército de la muerte, herido y golpeado hasta la saciedad, no pudo reprimir un grito de terror, a la vez que escuchaba las burlas del Devorador:</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Donde está tu Dios ahora! ¿Por qué no le rezas para que su poder fulmine a tus enemigos? Ahora te das cuenta de la horrible verdad; ¡en este mundo yo soy Dios!</p>
<p>Entonces Isaac dejó de gritar, y a su alrededor todo desapareció una vez más.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> <sup>-             </sup>¿Está muerto? –preguntó el Padre García al doctor Morris, mientras éste examinaba a Isaac, todavía sentado en la silla al lado de Valentine.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>No, pero su pulso se hace más débil, su respiración apenas se percibe. Y su corazón late demasiado lentamente. Esto no me gusta.</p>
<p style="text-align:justify;">Tras oír el comentario del doctor, Greg Templeton se acercó hasta colocar su rostro justo delante del de Isaac. Con cuidado utilizó el dedo índice y el pulgar para abrir uno de los párpados del <em>delecti</em>, mientras examinaba el estado de la pupila.</p>
<p><sup>-             </sup>Creo que quizás deberíamos despertarle –inquirió Templeton, sin saber que hacer.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Aunque dijo que esperáramos su señal, podría ser tarde –añadió el sacerdote, temeroso de lo que pudiese ocurrir si se equivocaban en la decisión tomada.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Yo digo que esperemos. No veo ninguna mejora en Valentine, es más desde hace un rato no ha parado de gimotear y revolverse en el lecho, como si estuviese en una terrible pesadilla. Isaac dijo que Valentine podría quedarse atrapada para siempre en Oniria o como se llame ese mundo místico, así que no pienso correr ningún riesgo innecesario que ponga en peligro a mi hija.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque tanto el Padre García como Templeton discrepaban del doctor Morris, era él quien más tenía que perder, así que acataron silenciosamente su decisión y decidieron esperar. A partir de ese instante los tres personajes no dejaron de vigilar a Isaac y a Valentine, intentando discernir cualquier señal que les llevase a actuar.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> Cuando Isaac volvió a recobrar la consciencia, esta vez no estaba a oscuras. Podía ver perfectamente todo lo que había a su alrededor, mientras un dolor inmenso recorría todo su cuerpo herido. Se encontraba atado de pies y manos mediante unas gruesas cadenas de hierro oxidado a una enorme cruz de madera, erigida ante una especie de altar de mármol negro. Desde allí, semidesnudo y goteando sangre por innumerables heridas, podía observar que se hallaba en una especie de sótano gigantesco, una fría y húmeda mazmorra de piedra de gigantescas dimensiones. Pero Isaac no estaba solo, pues sobre el altar negro se encontraba Valentine, amordazada mediante un trapo sucio sobre su boca e inmovilizada por unas gruesas cuerdas. La chica observaba a Isaac con una mezcla de horror y súplica, intentando pedirle ayuda con todas sus fuerzas. Al lado del altar, contemplando tanto a la chica como al <em>delecti</em>, se hallaba la colosal figura del Devorador de Sueños.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Ja, ja, ja! Mírate, no eres más que un patético juguete en mis manos. Ahora quiero que mires como consumo lentamente el alma de esta joven pura e inocente, mientras sus gritos de horror te enloquecen. Y cuando su esencia vital forme parte de mi ser para siempre, haré lo mismo contigo. Y ni tú ni tu Dios podréis hacer nada para impedirlo.</p>
<p style="text-align:justify;">Al decir esto, el Devorador mostró a Isaac un pequeño objeto brillante. Era su pequeño crucifijo. El monstruo lanzó una sonora carcajada cuando aplastó el pequeño objeto con sus poderosos dedos, y cuando abrió la palma lo único que había era una pequeña e insignificante bola de metal, la cual arrojó al suelo con desprecio.</p>
<p><sup>-             </sup>Esto es lo que me importa a mi tu Dios –dijo con crueldad.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces el Devorador colocó su mano grande y peluda sobre el cuerpo de Valentine, cubriéndola casi por completo, y acto seguido una chispa brillante salió del cuerpo de la joven, flotando unos centímetros en el aire hasta ser absorbida por la bestial palma. Después comenzaron a fluir varias chispas más, primero decenas, luego cientos, fundiéndose en el aire para converger en una espiral brillante que ascendía hasta el Devorador. Poco a poco la muchacha fue dejando de agitarse, hasta que su capacidad de resistencia fue vencida y sólo pudo abandonarse a la voluntad de aquel señor de las pesadillas. Su mirada de horror se transformó en una expresión de rendición, y luego exhaló un breve suspiro a la vez que cerraba los ojos.</p>
<p style="text-align:justify;">Isaac no pudo más, y sintiéndose arder por dentro de una rabia indescriptible, lanzó un grito de frustración mientras se debatía en la cruz. Pronunció el nombre de la muchacha, revolviéndose con furia, intentando forzar todos los músculos de su cuerpo para liberarse, pero aquellas cadenas metálicas eran demasiado para él. Se miró una de las muñecas atadas, de la cual manaba grandes gotas de sangre, y entonces vio el tatuaje. El símbolo de la Cruz de Tau, representado por la letra “T”, grabado a fuego en su piel el día en que pronunció el juramento de los <em>delecti</em>. Isaac recordó entonces lo que le explicaron acerca de su significado, pues los antiguos Templarios lo utilizaban como el distintivo de los “elegidos de Dios”. Y las palabras del juramento sagrado afloraron al exterior de sus pensamientos, fluyendo como un río hasta sus labios:</p>
<p><sup>-             </sup><em>Iurent omnes se agere prae dignitatem. Testor in omnibus suis promoveatur formis, pugnare malis.</em></p>
<p>(“Juro delante de todos actuar con dignidad. Juro combatir el mal en todas sus formas”).</p>
<p style="text-align:justify;">Isaac comenzó a notar como el dolor de su cuerpo remitía rápidamente, a la vez que su mente entumecida se despejaba a medida que recitaba aquella antigua promesa.</p>
<p><sup>-             </sup><em>Testor suscipite infirmos, et semper inermis. Iurare in verba verus Deus, et fratres mei.</em></p>
<p>(“Juro ayudar siempre al débil y al indefenso. Juro fidelidad al Dios verdadero y a mis hermanos”).</p>
<p style="text-align:justify;">El Devorador de Sueños se volvió hacia Isaac, y se rió de él, diciéndole que sus esfuerzos eran inútiles y que Dios tenía mejores cosas que hacer que escuchar sus patéticas súplicas.</p>
<p><sup>-             </sup><em>Iuro quoad fidem, verum et vivunt honeste quaerunt. </em><em>Suspendisse juratis servare secreto si opus sit vita mea.</em></p>
<p>(“Juro respetar la fe, buscar la verdad y vivir con honor. Juro guardar el gran secreto con mi vida si así fuese necesario”).</p>
<p style="text-align:justify;">Isaac no sólo recuperaba sus fuerzas, sino también su fe. Aquel día había hecho una promesa sagrada, un juramento que no podía romper. Lucharía contra aquel ser como lo había hecho siempre, con Dios a su lado.</p>
<p><sup>-             </sup><em>Testor, et Sanctam Arcam in Librum Precum. Deum testor, amen.</em></p>
<p>(“Juro sobre el Arca Sagrada y sobre el Libro de las Plegarias. Lo juro por Dios, amén”).</p>
<p style="text-align:justify;">Al pronunciar estas palabras con gran solemnidad, un revitalizado Isaac movió sus brazos hacia delante, rompiendo las cadenas de hierro que lo aprisionaban como si sólo fuesen meros juguetes de plástico. A continuación, mientras se sujetaba con los brazos a la cruz, hizo lo mismo con sus piernas, liberándose completamente y saltando al suelo, quedándose justo frente a un sorprendido Devorador. Fue entonces cuando Isaac dijo:</p>
<p><sup>-             </sup>Ahora.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p> <sup>-             </sup>Ahora –dijo Isaac en voz casi inaudible, en la habitación de Valentine.</p>
<p style="text-align:justify;">Al instante todos los presentes reaccionaron, pues estaban esperando la señal de Isaac con gran ansia. El primero en actuar fue el doctor Morris, quien se acercó con una inyección que tenía preparada, administrándole a Isaac una dosis de entropina, un fármaco capaz de reanimar a un sujeto inconsciente en segundos. Mientras la sustancia se liberaba en el interior del cuerpo del <em>delecti</em>, Greg Templeton se colocó en posición delante de Isaac y comenzó a hablarle suavemente:</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Ahora escuche el sonido de mi voz, concéntrese en mis palabras. Es hora de que vuelva aquí con nosotros. Contaré hasta tres, y luego usted despertará del trance. Uno…dos…</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Templeton intentaba sacar a Isaac del trance hipnótico al que le había sometido, el Padre García hizo lo único que podía en aquellas circunstancias. Haciendo la señal de la cruz, rezó como nunca antes lo había hecho, poniendo toda su fe en cada una de sus palabras.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;" align="center">El Devorador de Sueños se movió hacia Isaac, dejando de succionar la esencia vital del alma de Valentine. El monstruo estaba sorprendido de que aquel hombre se hubiese liberado, y encima osara enfrentarse a él. Aunque había preparado otros planes para acabar con él, el Devorador decidió que tendría que eliminarlo rápidamente y de una vez por todas.</p>
<p><sup>-             </sup>Despídete de tu Dios, humano, porque vas a morir ya.</p>
<p>El Devorador abrió su boca y exhaló un aliento de fuego infernal que se extendió unos metros hasta alcanzar a Isaac, envolviéndolo por completo en una gran bola de fuego.</p>
<p><sup>-             </sup><em>Quod hostes per ignem deum conversus est, et sanctifica animam eius corrumpat.</em><em></em></p>
<p>(“Que el fuego enemigo sea devuelto por Dios, y que purifique su alma corrupta”).</p>
<p style="text-align:justify;">Al decir estas palabras, el fuego se retiró de Isaac sin dejar ningún rastro de que le hubiese afectado, para a continuación tomar la forma de una inmensa y brillante cruz flamígera, tan grande o más que la voluminosa figura del Devorador.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡No! –gritó el maligno ser, alzando las manos para cubrirse el rostro y echándose hacia atrás con gestos de gran dolor-. ¡Apágalo, por favor, me quema! El dolor es insoportable.</p>
<p style="text-align:justify;">Aprovechando el momento de debilidad del Devorador, Isaac se movió con rapidez hacia el altar donde yacía Valentine, arrancando sus ligaduras y cogiéndola en brazos.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Te olvidaste de una cosa, Devorador. Puede que tú seas el amo de este lugar, pero Dios está en todas partes donde se halle uno de sus fieles creyentes. Mientras mantengamos nuestra fe, Dios estará siempre a nuestro lado. Tú solo vives en un mundo de sueños, formado por recuerdos etéreos de otros, aprovechándote de sus pensamientos más recónditos, sus secretos más ocultos, sus miedos más escondidos. Pero la fe es más fuerte que el miedo.</p>
<p style="text-align:justify;">Al decir esto, Isaac le dio la espalda al Devorador de Sueños, sabiendo que lo había derrotado, y tranquilamente se encaminó despacio hacia la salida de la gran mazmorra.</p>
<p><sup>-             </sup>Esto no quedará así, ¿me oyes? ¡Esto no ha terminado aún! –gritó el monstruo, retorciéndose por el dolor y el fracaso.</p>
<p>Pero nadie escuchaba ya al Devorador de Sueños, pues tanto Isaac como Valentine simplemente habían desaparecido.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p> <sup>-             </sup>¡Tres! –exclamó Templeton, haciendo chasquear los dedos ante Isaac.</p>
<p style="text-align:justify;">El <em>delecti</em> abrió los ojos de par en par, al mismo tiempo que su cuerpo se agitaba en la silla a causa de los fuertes temblores que lo sacudían. Su semblante parecía aún más pálido de lo habitual, y su boca se abrió para emitir una serie de jadeos como si en la habitación no hubiese aire que respirar.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Calma, Isaac, ha vuelto con nosotros, todo ha pasado –dijo el Padre García, sujetando al hombre para que no cayese de la silla.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces se oyó un grito de júbilo que hizo volver la cabeza tanto al sacerdote como a Templeton. Era el doctor Morris, el cual acariciaba con ternura a su joven hija. Valentine, con los ojos abiertos y sonriente, miraba a su padre.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¡Oh, papá! He tenido un sueño horrible. Un monstruo abominable me quería matar, había un castillo, muertos que caminaban, y un hombre que…</p>
<p style="text-align:justify;">La muchacha dejó de hablar, sorprendida al contemplar como al lado de su cama estaba sentado en una silla el mismo hombre al que había visto en su pesadilla. Isaac le dirigió una sonrisa de complicidad, a la vez que guiñaba un ojo.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Querida, en el futuro le aconsejo que deje de jugar a ciertos “juegos peligrosos” –dijo Isaac, refiriéndose al tablero de madera que había visto en el sueño-. Y en cuanto a sus gustos literarios, yo abandonaría temporalmente las narraciones fantástico-terroríficas de Broquett y me pasaría a la poesía romántica de Burns. Por cierto tengo hambre. Barry, ¿por qué no deja de escuchar detrás de la puerta y nos trae algo decente?</p>
<p>Al instante entró Barry en la habitación, con la cabeza mirando al suelo y el rostro colorado por la vergüenza.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Esto…¡ejem, ejem!&#8230;¿desean tomar algo, señores? –dijo el fiel mayordomo, intentando disimular su culpabilidad, ya que desde el primer momento había estado detrás de la puerta con la oreja pegada, intentando permanecer atento a todo lo que pasaba.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces el doctor Morris comenzó a reír, y luego el Padre García y Greg Templeton lo imitaron. Valentine e Isaac, aún agotados, ensancharon sus sonrisas, y de repente el sonido de las carcajadas fue en aumento, llenando la habitación de una alegría vital que había permanecido ausente demasiado tiempo. Una risa contagiosa de felicidad que aliviaba tensiones y desvanecía las sombras de lo sucedido. Mientras todos reían sin parar, Barry los miró como si estuviesen locos, y fingiendo estar compungido, se marchó hacia la cocina para preparar algo, aunque tras salir y cerrar la puerta él también sonrió.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> La mañana siguiente amaneció soleada, acompañada de una temperatura más digna de la primavera que del otoño. Era un día hermoso para pasear, y aunque el doctor Morris en principio se había negado, Valentine al final se había salido con la suya y había bajado a desayunar con el resto de invitados. Todo eran sonrisas, preguntas y comentarios jocosos, hasta que al final llegó el momento triste de las despedidas.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Bueno, el taxi ha llegado –dijo Isaac-. Debo irme ya, amigos. Ha sido todo un placer conocerles. Cuídese, Valentine. Doctor Morris, Greg, Padre García, que Dios les acompañe. Les prometo que estaremos en contacto. La verdad es que Hollow City no es una ciudad tan mala como dicen.</p>
<p style="text-align:justify;">Valentine le dio un beso muy fuerte en la mejilla, y abrazándose a él no pudo evitar que una lágrima de gratitud resbalase de sus bellos ojos. Luego Greg Templeton le tendió la mano, y cuando hizo lo mismo el doctor Morris éste dijo con cierta emoción:</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Isaac, siento lo que le dije el primer día, y también lamento haber dudado de usted –dijo en tono de disculpa-. Ahora usted es un amigo, y siempre será bienvenido a esta casa.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Gracias, doctor, no es necesario que se disculpe. Es cierto que soy algo…excéntrico, pero en su situación es normal que tuviese dudas y temores. Cuide bien de su hija.</p>
<p style="text-align:justify;">Envolviéndose en su abrigo gris, Isaac salió de la casa del doctor Morris acompañado de Barry y del Padre García, encaminándose al taxi aparcado justo delante de la entrada. Barry se ofreció a colocar la bolsa de Isaac en el maletero, y mirándole a los ojos le dijo:</p>
<p><sup>-             </sup>Espero que venga a vernos pronto, señor Isaac. Su vuelta siempre será grata.</p>
<p>Después el fiel criado sonrió, dándose la vuelta y dejando solos al Padre García y a Isaac.</p>
<p><sup>-             </sup><em>Pater</em>, cuídese –dijo Isaac-. Ahora están en sus manos.</p>
<p><sup>-             </sup>Todos estamos en las manos de Dios, Isaac. Pero necesito saber una cosa. No nos lo ha contado todo, ¿verdad? –interrogó el sacerdote al <em>delecti</em>.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>Hay todo un mundo sobrenatural ahí fuera, padre. Criaturas infernales, demonios de todo tipo, muertos que se levantan de sus tumbas para acecharnos en la oscuridad. Además de los delecti, existen otros muchos seres dedicados en cuerpo y alma a erradicar estas sombras de la oscuridad –entonces Isaac se aproximó al sacerdote y le susurró al oído-. Son los Shadow Hunters.</p>
<p><sup>-             </sup>Isaac, tenía usted razón en algo que dijo.</p>
<p><sup>-             </sup>¿En qué, Padre?</p>
<p><sup>-             </sup>En que a partir de ahora ya nunca seremos los mismos –el sacerdote dijo esto con una mezcla de incertidumbre y pesar.</p>
<p style="text-align:justify;"><sup>-             </sup>¿Sabe una cosa, Padre García? Es cierto que algunos podemos lanzar plegarias sagradas para invocar el poder de Dios. Pero hay muchos que también combaten el mal o sirven a Dios de otras formas. Policías, médicos, profesores, gente corriente que intentan hacer cosas buenas por el mundo. Sacerdotes de buen corazón que luchan cada día por ayudar al prójimo, al débil, al indefenso. Personas anónimas que realizan grandes sacrificios sin recibir nada a cambio. No se equivoque, amigo mío. En la gente como usted es donde reside el auténtico poder de Dios. Nunca pierda la fe ni la esperanza.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras el vehículo se alejaba hasta desaparecer de la vista, el Padre García sonrió. Miró al cielo y dio gracias al Señor por haber enviado a Isaac. Luego volvió hacia la casa del doctor Morris con un extraño presentimiento en su mente: estaba seguro de que muy pronto volvería a ver a Isaac.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p> “Carta dirigida a Su Santidad, Obispo de Roma, el 15 de Noviembre de 2011.</p>
<div>
<p style="text-align:justify;"> <em>Por la presente os comunico el feliz desenlace de los acontecimientos que han tenido en la diócesis que humildemente dirijo en nombre vuestro y del Señor. El mal que acechaba a la desdichada familia ha sido extirpado definitivamente, lo que no habría sido posible sin vuestra estimada ayuda y colaboración. Ni que decir tiene que vuestra intervención en todo este asunto será guardada en el más absoluto secretismo, así lo han jurado todos los implicados en el suceso. Además, los amigos a los que me encuentro vinculado quieren transmitirle sus más sinceros agradecimientos, ofreciéndose a devolveros el favor siempre que lo necesitéis. </em></p>
<p><em>Nada más que decir tengo, salvo reiteraros mi gratitud. Que la bendición de Dios Padre Todopoderoso esté siempre con vos. </em></p>
<p><em> </em><em>Alexander de Clark, Obispo de la diócesis de Hollow City.”</em></p>
</div>
<p><em> </em></p>
<p style="text-align:justify;">El Papa suspira de alivio y guarda la carta en lugar seguro. Luego llama a su fiel camarlengo, y le pide que le acompañe a cierto lugar. El camarlengo mira sus ojos, viejos y cansados, pero con una determinación tan fuerte como en el primer día que llegó a la Santa Casa. Ambos viajan acompañados de la guardia suiza, los eternos guardaespaldas del Papa, recorriendo diversos lugares del Vaticano, hasta llegar a un lugar restringido imposible de acceder sin hacer saltar algún mecanismo de seguridad. Sólo pueden entrar los que tengan un permiso pernal del propio sucesor de San Pedro. Una vez que penetran en el umbral, allí no hay cámaras de seguridad, pues nadie pude saber lo que allí se guarda en secreto. Es una pequeña sala, escasamente amueblada con unas pocas sillas, con las paredes adornadas de grandes cuadros, retratos de los Santos Padres anteriores. Al llegar ante uno de los retratos en concreto, el camarlengo acciona un mecanismo oculto bajo él, y cerca de uno de los pilares de la sala aparece una entrada secreta, que da acceso a una escalinata de piedra descendente. El Papa camina renqueante, está demasiado mayor para estas cosas, pero no se queja, nunca lo hace. Cuando llegan al final de la escalera, contemplan la inmensa sala, en cuyo centro hay una gran plataforma redonda, coronada por una especie de altar. Sobre dicho altar se yergue un objeto de increíble belleza e inigualable poder, hecho de madera negra con revestimientos dorados, con una guirnalda de oro en su parte superior. Un gran cofre de 1,50 metros de largo y 1 metro de ancho y lado. El Arca de la Alianza.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces tanto el Papa como el camarlengo se arrodillan delante del artefacto divino, y juntos comienzan a rezar el antiguo juramento:</p>
<p align="center"><em>Juro delante de todos actuar con dignidad.</em></p>
<p align="center"><em>Juro combatir el mal en todas sus formas.</em></p>
<p align="center"><em>Juro ayudar siempre al débil y al indefenso.</em></p>
<p align="center"><em>Juro fidelidad al Dios verdadero y a mis hermanos.</em></p>
<p align="center"><em>Juro respetar la fe, buscar la verdad y vivir con honor.</em></p>
<p align="center"><em>Juro guardar el gran secreto con mi vida si así fuese necesario.</em></p>
<p align="center"><em>Juro sobre el Arca Sagrada y sobre el Libro de las Plegarias.</em></p>
<p align="center"><em>Lo juro por Dios, amén.</em></p>
<p align="center">- FIN -</p>
<div>
<p> &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
</div>
<p style="text-align:justify;">Este relato está dedicado a Carlos Plaza y a su equipo de colaboradores, responsables de la creación del Juego de Rol “SHADOW HUNTERS”. De este fabuloso juego y de su fantástica ambientación sobrenatural han salido los conceptos de Shadow Hunter, el Velo, la Revelación, las Zonas (Planos de la realidad) y sus Reflejos, Oniria, y alguna cosa más que haya podido dejarme. Aunque el concepto de las Plegarias es originario de Hollow City, en Shadow Hunters existen personajes que utilizan la magia para combatir el mal, y la forma más parecida podrían ser los “Milagros” que pueden realizar los Ángeles (por su origen celestial-divino).</p>
<p> También debo destacar las siguientes matizaciones:</p>
<p style="text-align:justify;"> 1.- Según el universo del JdR Shadow Hunters, un personaje que sufre la Revelación no es un personaje “normal”, es algo así como un “elegido”. En este relato no queda claro que los tres personajes que acompañan a Isaac (es decir, el padre García, el doctor Morris y Greg Templeton) podrían ser considerados también como Shadow Hunters, debido a que se enfrentarán juntos en el futuro a nuevas amenazas terroríficas.</p>
<p style="text-align:justify;"> 2.- Debido a que aún no tengo en mi poder el suplemento de Shadow Hunters “Empieza la Caza”, donde aparecen los Templarios desde una perspectiva distinta a la aquí mencionada, existe una contradicción fruto del desconocimiento que podría confundir al lector.</p>
<p style="text-align:justify;"> 3.- Espero no haber dado una visión radical de los Shadow Hunters, ya que lo que quería dar a entender es que un variopinto grupo de personas, con diversas habilidades, pueden luchar juntos contra el mal. Así, en este relato aparece un lanzador de Plegarias, un sacerdote, un médico y un psicólogo, envueltos en una relación Logia-Vaticano.</p>
<p style="text-align:justify;">Recomiendo este pedazo de juego a todo el mundo por su ambientación muy lograda, que guarda semejanzas con Hollow City, por lo que cualquier lector de los relatos de mi humilde blog debería pasarse por el blog de Shadow Hunters y echarle un vistazo, incluso aunque no sea jugador de rol. Seguro que os gustará.</p>
<p>Desde estas páginas mando un saludo muy fuerte a Carlos y su equipo. ¡Seguid así, Shadow Hunters!</p>
<p>Eihir</p>
<p><a href="http://shadowhunters.es/inicio.html">http://shadowhunters.es/inicio.html</a> (Enlace al blog del juego de rol Shadow Hunters)</p>
<p style="text-align:justify;"> PD: Pido perdón por si las traducciones al latín no están bien hechas, porque debido a mis escasos conocimientos del idioma he tenido que utilizar un software de traducción, y ya se sabe que este tipo de programas no son muy fiables. En cuanto al juramento de los <em>delecti</em>, es una variación del juramento sagrado de los templarios, que el lector puede ver por sí mismo en cualquier página web de las innumerables que hay dedicadas al Temple. En cuanto a la explicación de las Plegarias, los acontecimientos y las fechas son correctos, aunque por supuesto la relación entre dichos acontecimientos históricos es totalmente ficticia.</p>
<p style="text-align:justify;">
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		<title>¡AMERICAN CHRONICLES NEWS!</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Aug 2011 15:27:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ya está aqui el nº 9 de vuestro periódico favorito. Como siempre, pinchad en la imagen para leer la portada. Proximamente nuevas aventuras en Hollow City.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=337&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya está aqui el nº 9 de vuestro periódico favorito. Como siempre, pinchad en la imagen para leer la portada. Proximamente nuevas aventuras en Hollow City.</p>
<p><a href="http://eihir.files.wordpress.com/2011/08/ac-9.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-338" title="AC 9" src="http://eihir.files.wordpress.com/2011/08/ac-9.png?w=200&#038;h=300" alt="" width="200" height="300" /></a></p>
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		<title>LA MUERTE DE UNA ESTRELLA (Parte 4 y final)</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Aug 2011 16:56:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
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		<description><![CDATA[El comedor social para indigentes del barrio de Sawmill Street se encontraba completamente abarrotado. El frío de la noche había atraído a todos los vagabundos y transeúntes de la zona, y a algún que otro individuo que se había colado por ahí para poder cenar gratis. Desde que el Padre García había inaugurado el comedor [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=327&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">El comedor social para indigentes del barrio de Sawmill Street se encontraba completamente abarrotado. El frío de la noche había atraído a todos los vagabundos y transeúntes de la zona, y a algún que otro individuo que se había colado por ahí para poder cenar gratis. Desde que el Padre García había inaugurado el comedor días atrás, aquella noche sin duda alguna demostraba que la información había corrido como la pólvora entre la sociedad indigente, demostrando la necesidad de aquella obra social.</p>
<p style="text-align:justify;">Tanto el Padre García como sus voluntarios iban locos cocinando, sirviendo, limpiando y organizando a los indigentes para que no se peleasen por los platos de comida. Aunque en el comedor no se servían bebidas alcohólicas, muchos de aquellos vagabundos o bien ya venían bebidos o bien escondían bebidas bajo sus raídas vestimentas. Y eso hacía que fuesen propensos a discusiones y peleas, cosa que el Padre García y sus voluntarios intentaban evitar a toda costa.</p>
<p style="text-align:justify;">Uno de aquellos voluntarios era un joven de unos 17 años, de cabello castaño y con un pequeño pendiente plateado en la oreja derecha, con un tatuaje en su brazo derecho que indicaba que había pertenecido a una de las múltiples bandas callejeras de Hollow City. El joven ex pandillero había tenido un encuentro con lo sobrenatural en un oscuro callejón meses atrás, y desde entonces había dejado aquella mala vida de bandas y delincuencia juvenil. Ahora ayudaba a su madre en todo lo que podía, nunca faltaba a sus clases del instituto e incluso había hecho nuevos amigos, aunque eso sí, un poco friquis. Además, había conocido al Padre García en una charla en el instituto, y había visitado la Iglesia de Saint Patrick en Sawmill Street. Le había gustado mucho aquel ambiente tranquilo y religioso, y desde entonces dedicaba parte de su tiempo libre a ayudar al Padre García. Cuando el sacerdote le dijo que iba a abrir un comedor social para los marginados del barrio, gracias a una gran donación recibida de un misterioso donante anónimo, el joven había decidido ofrecerse como voluntario. Y allí estaba en aquella noche, pensando en lo que dirían de él sus antiguos amigos pandilleros si lo viesen rodeado de aquellos mendigos repartiendo comida.</p>
<p style="text-align:justify;">El chico, obedeciendo las instrucciones del Padre García, se fue a limpiar un sucio rincón del amplio salón, observando con extrañeza que en una mesa sólo había un único comensal. El indigente era bajo y regordete, de rostro amplio cubierto de una barba raída de cabellos canosos. Su expresión era de un gran pesar, y no paraba de remover la sopa sin probar bocado, como si estuviese sumido profundamente en graves pensamientos.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Qué pasa, amigo, no le gusta la comida? –dijo el joven voluntario.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Qué? ¡Ah, no!, todo está bien, gracias –contestó el mendigo.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Seguro? Parece preocupado –insistió el chico.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Es que he perdido recientemente a un amigo, era casi como un hermano para mí. Y ahora ya no está –al mendigo se le pusieron los ojos llorosos al recordar a su amigo.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Tranquilo, hombre, ahora está entre amigos, coma algo y descanse. Desde luego aquí estará mucho mejor que afuera.</p>
<p style="text-align:justify;">-        No lo sabes tú bien, chico –contestó el mendigo.</p>
<p style="text-align:justify;">Acto seguido el mendigo cogió con gran fuerza el brazo del chico, arrastrándolo hacia sí tan cerca que el joven podía oler su pútrido aliento, además de observar de cerca una placa de identificación militar que el mendigo llevaba en su cuello. “Jeremies Kelly, Sargento, 13-02-1980”. El joven, sobresaltado, ni siquiera opuso resistencia, y el mendigo le habló con tono irritado.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Nadie tiene ni idea de lo que hay afuera, chico. La noche está llena de peligros, los demonios campan a sus anchas libremente y nadie les puede parar.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Demonios? –dijo el chico, y su mente empezó a rememorar aquella noche en la que una misteriosa mujer se transformó ante él en un horrible ser demoniaco, que le hubiese chupado toda su sangre de no ser por la aparición de un misterioso salvador armado con una potente escopeta recortada.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Sí, los demonios existen. Estaban en la guerra, y están aquí también. Uno de ellos mató a mi amigo Peter con solo mirarlo. ¡Mierda, acabarán con todos nosotros si no hacemos algo! ¿Tú me crees, verdad muchacho? –dijo casi implorante Jeremies, que pasaba de la ira a la tristeza en poco tiempo, indicando que no se encontraba en plenas facultades mentales.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Claro que sí, amigo. ¿Qué pasó con su amigo Peter?</p>
<p style="text-align:justify;">-        Estábamos en el puerto, descansando, cuando aquel demonio surgió de la oscuridad y se acercó a Peter. Entonces puso cara de pánico, y comenzó a tener convulsiones. En la guerra había visto cosas parecidas, causadas por las drogas o por las armas químicas. Pero nunca como aquello. En pocos segundos Peter estaba en el suelo, muerto, con una expresión de terror en su rostro que nunca podré olvidar. Yo pude huir de aquello corriendo a toda prisa, ya no podía hacer nada por él.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Y que pasó con el demonio? –pregunto el joven.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Ni idea. Pero algo que si sé es que debe estar oculto en algún sitio. Y el mejor sitio para esconderse son las alcantarillas. Créeme muchacho, lo sé por experiencia.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Muy bien, amigo. Ahora descanse y reponga fuerzas. Voy a continuar con lo mío.</p>
<p style="text-align:justify;">El joven dejó a Jeremies y se fue a buscar al Padre García, diciéndole que iba a tomarse un descanso de 10 minutos. Luego cogió su chaqueta y salió del comedor a la fría y oscura noche. Cuando se marchaba vio que un coche con la insignia de TecnoCorp paraba justo enfrente del comedor, pero no le dio importancia. El chico sabía lo que tenía que hacer. Si había un demonio suelto en Hollow City, debía contactar con aquel hombre que una vez le salvó. Alguien que se dedicaba a cazar y eliminar monstruos malignos, alguien que comprendía mejor aquella clase de asuntos que la policía o el FBI o TecnoCorp. Y para contactar con aquel hombre, que mejor que acudir a sus nuevos amigos, los friquis cazadores de misterios de La Guarida. El joven Billy Jones tembló ligeramente, y no solo de frío, al caminar por las solitarias calles de Hollow City pensando en que quizás hubiese sido mejor no haber cambiado de vida.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;">El monstruo que una vez había sido Bubba Hots caminaba entre las sombras de la Cloaca, el barrio negro marginal de Hollow City. Sólo y herido, el monstruo necesitaba un lugar donde refugiarse, por lo que decidió entrar en el sistema de alcantarillado de Hollow City. Allí, entre ratas y suciedad, inmerso en una oscuridad absoluta y maloliente, el monstruo podría descansar en paz y recuperarse de sus heridas. Todo el mundo le había traicionado, su familia, su compañero de equipo, todos. Y su amigo Ray King había muerto por su culpa. Su última esperanza, la vieja hechicera Mamá Nazinga, también había resultado un fracaso. Debía asumirlo de una vez, Bubba Hots, la estrella de los Hollow Riders, había muerto. Ahora sólo quedaba…eso, la cosa horrible, el demonio oscuro. El monstruo.</p>
<p style="text-align:justify;">El monstruo se detuvo sobre una tapa de alcantarilla, y con su enorme fuerza la arrancó del suelo con facilidad. Luego se quedó mirando el oscuro boquete, pues entrar allí era darle la espalda al mundo conocido y adentrarse para siempre en las sombras. Tras un momento de duda, el monstruo decidió marchar hacia delante, a las profundidades de las alcantarillas, siendo engullido por la madre oscuridad que le acogía como su nuevo hijo.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> En la sala de comunicaciones de la torre de TecnoCorp reinaba una actividad frenética, casi caótica. Técnicos de comunicación, operadores de datos, expertos analistas y agentes de operaciones especiales coordinaban toda la información disponible en un intento de localizar de una vez por todas a Bubba Hots, o mejor dicho, al “monstruo”, como susurraban por lo bajo. Toda la operación era supervisada por el director, Jason Strong, que gracias a su influencia había podido obtener imágenes por satélite del objetivo. Precisamente, en el centro de la sala, en la gran mesa que conformaba la estación de mando, se encontraba Strong observando las imágenes de Bubba Hots caminando herido por los suburbios de la Cloaca. La información que habían obtenido los agentes de TecnoCorp de un mendigo había sido de gran ayuda para la operación. Y lo primero que le vino a la mente fue el pensamiento de que aquello ya no se parecía en nada al capitán del equipo de fútbol americano. La transformación provocada por el experimento del doctor Wan le había alterado su cuerpo, asemejándose más a un demonio sacado del universo de Dante.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Señor, lo tenemos! –dijo uno de los jóvenes analistas de TecnoCorp-. El satélite ha localizado al objetivo en una calle de la Cloaca, apenas hace unos minutos. Tenemos las coordenadas de su posición.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Muy bien, chicos. Contactad con el equipo Delta de Evelyn Chang y dadle las coordenadas. Tienen luz verde para todo. Y cuando digo para todo, quiero decir que cacen de una vez a ese hijoputa, que usen todo el equipo militar que necesiten y no reparen en nada, ni siquiera en posibles daños colaterales. Lo prefiero muerto a que ande por ahí sin control. ¿Entendido?</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Sí, señor Strong! –contestó el joven agente, y enseguida fue a toda prisa a cumplir las órdenes del director.</p>
<p style="text-align:justify;">Strong volvió a contemplar las imágenes del monstruo. Todo se había ido al garete, pero aún podía salvarse la situación. La única duda que le asaltaba era si aquella criatura sobrenatural sería capaz de resistir a sus hombres, ahora mejor preparados que antes y en guardia. En los terrenos de juego Bubba Hots había resultado imbatible, ahora Strong esperaba que en situación de combate resultase diferente. No quería ni imaginar en las posibles consecuencias del fracaso de toda aquella operación, tanto para TecnoCorp como para él.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> En las cercanías de una vieja cancha pública de baloncesto un joven vestido con un mono gris se bajaba de una vieja furgoneta. El joven, moreno y con el pelo casi rapado, observó el lugar. Normalmente, en aquellas horas de la madrugada, la vieja cancha era un lugar de reunión para camellos, prostitutas y delincuentes de la Cloaca, pero ahora no había nadie allí. Reinaba un silencio sepulcral en la solitaria zona, y además podía olerse en el ambiente algo raro…el olor a miedo y muerte. El joven examinó concienzudamente el lugar, hasta que halló unas gotas de un líquido negruzco en la base de una farola. Un poco más allá encontró otro rastro, unas marcas en la pared de un callejón hechas por algo afilado…como una garra. Luego un pequeño trozo de tela húmeda, justo antes de una tapa de alcantarilla rota. Allí acababa el rastro, como siempre, en la oscuridad. El joven volvió a su furgoneta, cogió unas cuantas cosas de su vieja bolsa de deportes y se preparó para adentrarse tras su objetivo. El chaval que había acudido a la Guarida, Billy Jones, no se había equivocado. Había un monstruo suelto en la zona, y Marianne enseguida había contactado con él. Era cierto que aquellos chicos estaban un poco “tarados”, pero la verdad es que su canal de información y comunicación era excelente. Y allí estaba él ahora, dispuesto a cazar a un nuevo ser sobrenatural, preparado para otro duelo contra el mal oscuro que acechaba en Hollow City. El joven sacó una jeringuilla y un frasco con un líquido de color azulado que contenía “el Suero”, un complejo coctel de compuestos químicos que expandían sus capacidades físicas y mejoraban sus sentidos. Tras inyectarse la sustancia, el joven supo que estaba totalmente preparado para la cacería. Antes de internarse en las alcantarillas echó un último vistazo a su furgoneta. En uno de sus laterales podía leerse <em>“Nick Rose, exterminador de plagas”.</em></p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> -        ¡Equipo Delta, adelante! –dijo Evelyn Chang a través de su intercomunicador al resto de agentes de su equipo-. Ya sabéis lo que tenéis que hacer, si veis al objetivo disparad a matar.</p>
<p style="text-align:justify;">El resto de agentes de TecnoCorp contestaron afirmativamente, mientras el equipo se adentraba en la red de túneles del subsuelo de la Cloaca. Todos los agentes vestían el moderno uniforme TC-1000, que constaba de visor infrarrojo, microcomputadora, sistema de comunicación, kevlar protector altamente resistente y otros componentes modernos. Habían sustituido los largos y pesados fusiles de asalto por los subfusiles P-100, más pequeños y manejables, cargados con munición especial perforante. Además, el equipo contaba con el innovador sistema de guía MPS, elaborado por TecnoCorp y aún en fase experimental, que consistía en una representación virtual del entorno alrededor del sujeto basada en los datos que recogía una microcámara. Los datos eran analizados en la microcomputadora del agente y el resultado era una imagen 3D en una pequeña pantalla situada en su brazo izquierdo. El MPS resultaba muy útil en lugares poco conocidos y con grandes posibilidades de desorientación, como en aquellas oscuras alcantarillas.</p>
<p style="text-align:justify;">Tras varios minutos recorriendo aquel oscuro lugar, Evelyn Chang y sus hombres llegaron al final de un túnel ciego, que terminaba en una pared que según el mapa no debería hallarse ahí. Al examinar la pared, Chang descubrió que su antigüedad era inferior al resto del sistema de alcantarillado: una pared reciente, aunque imposible saber cuánto.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Volvemos, jefa? –inquirió uno de los agentes.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Ni lo sueñes. Colocad un explosivo y derribad ese pequeño muro.</p>
<p style="text-align:justify;">El agente colocó una pequeña cantidad de C-4, y a continuación lo hizo detonar. El muro se hizo pedazos con un sonoro estruendo, y tras apartar los escombros el equipo se encontró con un túnel que bajaba hacia las profundidades. El aire parecía más pestilente aún que antes, y el ambiente era más frío y oscuro. Pero era la única forma de seguir adelante, así que Evelyn Chang ordenó que siguieran avanzando. Debían llevar a cabo su misión hasta el final, y tras la decepción sufrida en casa de Bubba Hots, Chang no iba a fracasar una segunda vez. Ahora cazaría a aquel horrible ser, costase lo que costase.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> El monstruo caminaba a través de los túneles mientras las ratas se apartaban a su paso. No sabía cuanto tiempo llevaba allí, pero su instinto le aconsejaba continuar pues cuanto más avanzase más seguro estaría. Ya no se encontraba tan cansado como antes, y tras alimentarse de un buen puñado de asquerosas ratas de alcantarilla había recuperado sus fuerzas. Además, la herida de su hombro ya casi estaba totalmente sanada, evidenciando la gran capacidad regenerativa de su nueva estructura genética. El monstruo actuaba ahora guiado más por su instinto que por su inteligencia, como un animal, y los recuerdos de su vida pasada, su familia y sus amigos poco a poco iban desapareciendo de su mente, como hojas secas llevadas por un viento otoñal.</p>
<p style="text-align:justify;">De repente, el monstruo se detuvo. Sus sentidos desarrollados percibieron algo en el ambiente. Usando su visión nocturna, el monstruo observó que algo había cambiado en la estructura de los túneles, pero no sabía muy bien el que. Los cambios en su cuerpo y en su mente ya no le permitían saber que no se encontraba en la red ordinaria de alcantarillas de la ciudad. Ahora se encontraba en un nivel inferior del subsuelo de Hollow City, donde nadie había pasado por allí desde hacía siglos. Pero el instinto del monstruo si le alertó sobre algo. No había ratas. De hecho, no había ningún ruido, sólo silencio. Y entonces el monstruo supo que allí, en la oscuridad más absoluta, donde ni hombres ni animales se atrevían a entrar, no estaba solo. Alguien más estaba allí cerca, oculto, y no era humano.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> Los miembros del equipo Delta de TecnoCorp no podían creer lo que veían. Ante ellos se hallaba una enorme caverna, húmeda y oscura, repleta de cavidades que podían ser una red de túneles naturales. Por las paredes de roca caliza se filtraba parte del agua del río Hutton, formándose pequeños arroyos en varios rincones de la cueva. Aquello era un tesoro para los espeólogos y científicos, pues seguramente era territorio inexplorado.</p>
<p style="text-align:justify;">Evelyn Chang dio órdenes a su equipo para que comenzaran a descender por la roca, pues era el único camino a seguir. A pesar de no ir equipados apropiadamente para la situación, pues aquel hallazgo había sido totalmente inesperado, el equipo Delta comenzó a trepar con cuidado de no resbalar por la húmeda roca.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Sin novedad, todo bien –dijo el primer agente que llegó al suelo rocoso.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin embargo, súbitamente algo apareció en la pantalla de su MPS. Algo rápido y veloz. Entonces se oyó un grito de dolor proveniente del agente, y cuando sus compañeros llegaron abajo y enfocaron sus linternas solo hallaron su arma y un gran charco de sangre. Los agentes llamaron a gritos a su compañero, pero no obtuvieron respuesta alguna.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Desplegaos, encontrad a Smithy! –ordenó Evelyn Chang.</p>
<p style="text-align:justify;">De repente una sombra surgió de la oscuridad, acompañada de un extraño murmullo, avanzando hacia uno de los agentes. Éste no se lo pensó dos veces y abrió fuego con su P-100, hasta vaciar el cargador.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Williams, deja de disparar –dijo Chang, y luego ordenó al resto que iluminasen la zona con sus linternas.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces todos vieron el cuerpo acribillado de Smithy, que sangraba por innumerables orificios. El agente muerto también presentaba una desagradable herida en el cuello, como si unas garras afiladas le hubiesen intentado decapitar. Evelyn Chang sabía que el objetivo de su búsqueda estaba allí, y debía evitar que el pánico se extendiese entre sus hombres, pero no pudo llegar a dar ninguna orden. Una extraña fuerza surgida de la oscuridad le golpeó con violencia en el pecho, lanzándola hacia atrás contra la pared de roca. Mientras Chang se sumía en la inconsciencia, aún pudo ver como sus hombres comenzaban a disparar en todas direcciones, aterrados ante un enemigo del cual desconocían todo su potencial.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> El cazador de monstruos Nick Rose se detuvo un instante, agudizando el oído. Parecía que los túneles le traían un sonido…como disparos. Si, al volverlo a escuchar otra vez ya no tuvo la menor duda, eran disparos. Rose comenzó a correr lo más rápidamente posible, guiándose en la oscuridad con su linterna, aplastando las sucias ratas bajo el peso de sus botas. Entonces Rose oyó un chapoteo en el agua, delante de él. No se trataba de ninguna rata, era alguien que también corría delante suyo, no muy lejos. Pero lo que llamó la atención de Rose fue que el desconocido había activado su sentido especial, su “don” de percibir lo sobrenatural. Su presa estaba allí, cerca, y no escaparía de él. Rose apretó el paso, consciente de que cada segundo apremiaba, dando las gracias por haberse inyectado el Suero que le permitiría perseguir a su objetivo. Luego pensó contra que clase de monstruo iba a enfrentarse, aunque daba igual, pues según lo que decía su antiguo mentor John Reeves, “<em>al final toda criatura sobrenatural es como cualquier otro ser, si existe significa que también puede morir</em>”.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> Evelyn Chang abrió los ojos, completamente dolorida a causa del ataque. Todo a su alrededor resplandecía con una suave luz de color azulada, que provenía de una serie de pequeños tubos esparcidos por el suelo de la caverna. Sus hombres habían tenido el temple suficiente para arrojar los tubos que formaban parte de su equipo, para intentar visualizar mejor al objetivo. Sin embargo, a juzgar por lo que Evelyn estaba contemplando, no había servido para nada. Los cuerpos de todo el equipo Delta de TecnoCorp yacían sin vida, destrozados y bañados en sangre, como si fuesen corderos en un matadero. Y su asesino estaba allí, de pie, contemplando con satisfacción la matanza, y luego se giró mara mirar directamente a la subdirectora de TecnoCorp. Y entonces Evelyn Chang supo que se había equivocado.</p>
<p style="text-align:justify;">La figura oscura, alta y delgada, de piel blanquecina y ojos rojos demoníacos, no era desde luego el Bubba Hots transformado que perseguía. Aquel era otro ser infernal, uno al que ya se había enfrentado anteriormente. Era la criatura a la que muchos llamaban…el Fantasma. Y éste la había reconocido.</p>
<p style="text-align:justify;">Chang recordó en aquel instante su anterior duelo, cuando el Fantasma había atentado contra TecnoCorp en un intento de acabar con Jason Strong y el Alcalde Mallory. Sólo la intervención del ex policía Paul O’Sullivan la había salvado de una muerte segura. Aunque el Fantasma parecía que había muerto, su cuerpo había desaparecido misteriosamente del depósito. Luego los trabajadores del servicio de limpieza municipal, los viajeros del metro y hasta los repelentes vagabundos de Hollow City habían asegurado que un ser fantasmal vagaba por los subterráneos de la ciudad. La última noticia sobre el Fantasma había sido su combate contra el justiciero Espectro en el Museo de Arte de Hollow City, donde una misteriosa explosión había arrasado la zona. Pero una vez más parecía que aquel ser oscuro se negaba a morir.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras el Fantasma avanzaba hacia Chang, la mujer apeló a toda su fuerza de voluntad, invocando su poderosa energía Chi para ignorar el dolor y ponerse en pie.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿A qué esperas, monstruo? –dijo Chang, dispuesta para el combate aunque sabía que no tenía opciones.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Esta vez nadie te ayudará, zorra –contestó el Fantasma, con su característica voz cavernosa.</p>
<p style="text-align:justify;">El Fantasma perdió unos segundos enseñando sus garras afiladas, cubiertas con la sangre fresca de los agentes de TecnoCorp, en un intento de atemorizar a la mujer. Y acto seguido atacó. Chang rodó por el suelo cavernoso, esquivando el ataque y poniéndose en pie con gran agilidad, revolviéndose contra el fantasma con una <em>mawashi geri </em>(patada con giro), alcanzándolo en todo el rostro. El Fantasma retrocedió con el impacto, y Chang notó que no parecía tan poderoso como en su último encuentro. De echo, parecía más pálido y delgado, y tal vez el combate contra el equipo Delta lo había debilitado. Si así era, entonces Chang tenía alguna esperanza de vencer.</p>
<p style="text-align:justify;">El Fantasma se abalanzó contra la mujer, pero Chang lo volvió a esquivar, aunque esta vez sus garras afiladas rozaron su cuello, realizándole un ligero corte sangrante en su cuello. Chang usó una serie de golpes rápidos de Dakentai Jutsu, movimientos especiales de Ninjitsu destinados a dañar a un enemigo cercano sin posibilidad de esquivar los golpes. El Fantasma fue retrocediendo ante aquella lluvia de golpes precisos, que no lo dejaban actuar, hasta que su cuerpo chocó contra la superficie rocosa de la cueva.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Muere, monstruo! –gritó la mujer ninja, dispuesta a realizar un golpe final de ninjitsu, canalizando su chi en su puño.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin embargo, el Fantasma actuó con rapidez, atrapando con ambos brazos la muñeca derecha de Chang, bloqueando el golpe. Luego arrojó a la mujer lejos, hacia un conjunto de puntiagudas estalactitas de la caverna, con la intención de dejar a su enemiga ensartada en sus puntas. Pero su contrincante era una ninja experta, y balanceando su cuerpo evitó la mayoría de las piedras afiladas, aunque una de ellas consiguió herirla en la pierna. A pesar de ello, Chang quedó en pie, y mirando furiosamente hacia su enemigo lanzó una serie de shurikens de punta afilada que llevaba escondidos en su cinturón. Pero ninguno alcanzó su objetivo, ya que el Fantasma usó el poder de la poca energía oscura que le quedaba para volverse inmaterial, por lo que los proyectiles le atravesaron y se incrustaron en la roca.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Mujer, eres buena, pero no tanto como yo –dijo el Fantasma-. Tú solo eres una miserable humana, mientras que yo soy una criatura del Otro Lado. Tú has sido adiestrada para luchar, pero yo he nacido para matar. Tu Chi no es rival para el Poder Oscuro que corre por mis venas.</p>
<p style="text-align:justify;">Al decir esto, los ojos del Fantasma se volvieron negros como la noche, y de ellos surgió un poderoso haz de Energía Oscura. Chang intentó evitar el impacto, pero parte de la energía la hirió en el costado derecho, dejándola sin aliento y gravemente herida. Ahora ni su energía Chi podía salvarla, estaba acabada. El Fantasma caminó lentamente hasta ella, dispuesto a terminar con un combate que ya había durado demasiado. Pero entonces algo alertó su sentido, una presencia…sobrenatural. El Fantasma se volvió y miró hacia arriba, hacia una de las entradas a los túneles superiores de la cueva. Allí podía contemplar una figura tan horrible como él, aunque más grande y fuerte. Podía percibir que aquel ser estaba conectado a la Energía Oscura de alguna manera, como él mismo.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Quién eres? –preguntó el Fantasma a aquel desconocido.</p>
<p style="text-align:justify;">El monstruo, cubierto de una repulsiva piel escamosa, no contestó, observando al Fantasma y a la mujer tendida en el suelo, rodeados por los cadáveres de los agentes de TecnoCorp. Luego dio un potente salto, aterrizando de pie en el suelo de la cueva sin sufrir daño alguno por la caída. Ahora se encontraba a escasos metros del Fantasma, intentando adivinar si aquel demonio era amigo o enemigo.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> Nick Rose apagó la linterna y avanzó por el estrecho túnel, por el que se veía al fondo una débil luz azulada. Cuando llegó al final, vio que terminaba en una enorme cueva, donde dos terribles figuras demoniacas permanecían en pie, como dos animales a punto de saltar uno contra el otro. Lo que le faltaba, esperaba cazar a un solo ser sobrenatural y resultaba que había dos. Sería más difícil de lo esperado. Solo la mera visión de aquellos seres disparaba el sentido de lo sobrenatural del cazador de monstruos, y tuvo que refrenarse para no disparar sobre ellos en aquel mismo instante. Rose no quería sucumbir a la ira, no cometería los mismos errores que su maestro John Reeves. Primero examinaría la zona y esperaría su oportunidad, para después acabar con aquellos monstruos. Rose examinó su arma, comprobando que estaba cargada con la munición especial que utilizaba contra los seres sobrenaturales, y luego se santiguó.</p>
<p style="text-align:justify;">Desde el borde del túnel, que se encontraba en la parte superior de la caverna, Rose observó que el suelo de la cueva se hallaba cubierto de agentes con el uniforme de TecnoCorp, y ninguno de ellos parecía con vida. Pero entonces un gemido atrajo tanto su atención como la de los monstruos, pues uno de los agentes aún no estaba muerto. Cual fue su sorpresa cuando la luz de uno de aquellos tubos azules iluminó el rostro del agente, revelando que se trataba de Evelyn Chang, la mano derecha de Jason Strong. Rose recordó que ya la había tratado anteriormente, en el caso del Ojo de los Dioses Valaki, y el resultado había sido que tanto él como sus compañeros habían terminado con la sensación de que aquella mujer se la había jugado. Rose, Espectro y Jack Stone habían encontrado a los desaparecidos profesor Graves, John Reeves y Vic Page, pero el Ojo de los Dioses permanecía en poder de TecnoCorp, y esos tipos no eran de fiar. Pero a pesar de todo Chang no era su enemiga (o por lo menos no lo era de momento), y se encontraba en una situación desagradable.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Qué te pasa, no me entiendes, criatura? –dijo el Fantasma al otro monstruo.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Mujerrr, malaaa –dijo ferozmente el monstruo, mientras miraba a Evelyn Chang.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque el monstruo era más animal que persona, aún retenía parte de los recuerdos de Bubba Hots, y su mente aún rememoraba que aquella mujer era su enemiga.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Ja, ja! –rio el Fantasma-. Chica, parece que no eres muy popular por aquí. Creo que dejaré que este ser acabe contigo en lugar de ensuciarme yo las manos.</p>
<p style="text-align:justify;">Chang no respondió, herida y aturdida en el suelo, incapaz de hacer otra cosa que gemir de dolor y balbucear incoherencias. El monstruo escamoso se acercó a ella, la cogió por el cuello con su brazo izquierdo levantándola con facilidad, y con su garra derecha le hizo un corte profundo en el vientre, manchando su uniforme de sangre.</p>
<p style="text-align:justify;">A Rose se le hizo un nudo en la garganta, pues sabía que debía de hacer algo ya, no había tiempo para planes. Desenfundando su escopeta recortada y pegando su espalda contra la pared resbaladiza de la cueva, se deslizó hacia abajo rápidamente, amortiguando la caída rodando por el suelo en el momento del impacto. Tanto el Fantasma como el monstruo advirtieron al instante la presencia del cazador.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Encárgate de la mujer, yo mataré a este intruso –dijo el Fantasma al monstruo.</p>
<p style="text-align:justify;">El Fantasma se dirigió hacia Rose, pero enseguida se dio cuenta de su error, pues cuando el cazador había terminado de rodar por el suelo había quedado hincado de rodillas…con su arma apuntando justo adelante. Rose apretó el gatillo, y un potente estruendo resonó en la caverna. El Fantasma no pudo evitar el ataque, y el impacto le alcanzó en el centro del pecho, abriéndole un gran agujero sanguinolento. Su cuerpo cayó sobre uno de los pequeños arroyos de agua que había en la cueva, tintando el agua con su negra sangre.</p>
<p style="text-align:justify;">El monstruo de las escamas dejó en el suelo a Evelyn Chang, concentrando toda su atención en Nick Rose. Agarró con sus poderosos brazos una pesada roca y la lanzó con todas sus fuerzas contra el joven cazador, con la esperanza de aplastarlo. Pero Rose poseía unos reflejos potenciados gracias al Suero, y rodando por el suelo esquivó por los pelos la enorme piedra. Luego disparó desde el suelo contra su adversario, pero el monstruo ya se había abalanzado contra él y le sujetó el brazo, por lo que el arma desvió el disparo sin alcanzar a su objetivo. Ambos contendientes rodaron por el suelo, enfrentando la fuerza del Suero de uno contra el vigor de la mutación del otro. Durante el forcejeo Rose perdió el arma, por lo que aún se resistió con más fuerza. Al final el monstruo apresó a Rose, sujetando su cuello para asfixiarlo. Rose comenzó a enrojecer por la falta de oxígeno, intentando liberarse de la presa inútilmente. El monstruo lo tenía bien cogido y era imposible escapar, había perdido.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero entonces, cuando Rose comenzaba a perder la consciencia por la asfixia, advirtió algo en el hombro del monstruo. Era una pequeña herida, como un leve corte, pero que aún no había cicatrizado del todo. Y entonces recordó las palabras de John Reeves, el hombre que le había enseñado todo: a luchar, a sobrevivir, a no rendirse. “<em>Si un monstruo sangra, puede ser herido. Si puede ser herido, puede morir. Y si puede morir, para eso estamos nosotros, para mandarle de vuelta al puto infierno de una patada al culo</em>”. Entonces Rose estiró su brazo derecho, cogiendo con gran esfuerzo su cuchillo de acero bañado en plata, y lo clavó con toda la fuerza que pudo en la herida del monstruo.</p>
<p style="text-align:justify;">El rugido de dolor que emitió la criatura fue ensordecedor, escuchándose por toda la caverna y transmitiéndose mucho más allá por todos los túneles. Rose aprovechó la situación para al fin poder liberarse de la presa de su enemigo, jadeando mientras intentaba recuperar el aliento. El monstruo se arrancó del hombro el cuchillo de plata, arrojándolo lejos, y luego miró a Rose con sus ojos encendidos de pura furia demoniaca. Entonces Rose sintió como un dolor golpeaba su pecho, y cayó al suelo de rodillas. El monstruo usaba su ataque de miedo contra él, provocándole una especie de infarto cardiaco. Mientras el monstruo se quedaba allí de pie, mirando fijamente a Rose, éste comenzó a convulsionarse, notando como su corazón le enviaba olas de dolor que recogía su cerebro. Pero entonces Rose comenzó a utilizar la técnica oriental del <em>kokyu</em>, caracterizada por limpiar el espíritu de las tensiones y emociones perjudiciales mediante la respiración. Era una técnica secreta de limpieza espiritual que aprendían los cazadores de monstruos para eliminar el miedo antes de combatir contra determinados seres demoníacos que podían volver loco a cualquier hombre que contemplase su rostro.</p>
<p style="text-align:justify;">El monstruo quedó sorprendido al ver que Rose se ponía en pie, inmune a su ataque, gracias a la técnica que le había enseñado Reeves hacía años. En ese momento, antes de que el monstruo pudiese reaccionar, Rose sacó de su bolsillo un objeto que previamente había traído de su bolsa de armas. Era una especie de piña metálica, de color oscuro, un objeto obtenido en su lucha contra los seres oscuros. Rose lanzó el siniestro objeto a los pies del monstruo, y luego se lanzó al suelo detrás de una serie de grandes estalagmitas para protegerse.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Uhhhh? –dijo el monstruo, observando con extrañeza el objeto.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces la piña metálica se abrió, soltando una lluvia de pequeños y mortíferos dardos fabricados de darkanium, el metal de los soldados oscuros contra los que Rose y sus compañeros habían luchado. La letal lluvia cubrió un ángulo de 360 grados, impactando en todas direcciones. Cuando Rose asomó la cabeza tras su cobertura de piedra, vio que el monstruo yacía inerte en el suelo, su piel escamosa agujereada por más de una docena de aquellos dardos fatales.</p>
<p style="text-align:justify;">El cazador de monstruos fue a buscar su cuchillo y su recortada, y tras recargar la escopeta se encaró contra el monstruo, apuntando su arma a la cabeza. Entonces algo le detuvo, una especie de tatuaje que asomaba en su antebrazo, apenas visible pues se confundía con la oscura piel escamosa. Rose encendió su linterna y observó los símbolos, asombrado. Una estrella, las letras HR, y el número 7. Era imposible, pero no había confusión alguna. Rose lo había visto por la televisión, enseñado con orgullo por un hombre que había conseguido la gloria hacía poco.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Si, es él –dijo Evelyn Chang a su espalda, inmóvil pero consciente.</p>
<p style="text-align:justify;">-        No puede ser, no me lo creo –dijo Rose-. ¿Este monstruo horrible es Bubba Hots? ¡Por eso lo perseguíais, queríais lavar vuestros trapos sucios! Vosotros sois los que lo habéis hecho así, ¿verdad?</p>
<p style="text-align:justify;">-        Si, y ahora tu nos has hecho un favor, limpiando la mierda –dijo despectivamente Chang al cazador.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Debería dejarte aquí con estos dos monstruos, tu y tu jefe no sois mejores que ellos.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Vamos, dispárale de una vez y vayámonos de aquí –apremió Chang a Rose.</p>
<p style="text-align:justify;">Rose volvió a apuntar al monstruo, pero tras dudar unos segundos decidió enfundar su arma. Aquel ser no era una criatura sobrenatural venida del inframundo, solo era un ser humano como él mismo, un hombre transformado horriblemente a causa de la maldad de otros hombres. Su maestro John Reeves no dudaría en disparar a aquel ser, independientemente de su origen. Pero él no era John Reeves, sino Nick Rose. Sin embargo, a pesar de sus escrúpulos, sabía que debía hacer algo. Entonces Rose se fijó en los cadáveres de los agentes de TecnoCorp, y comenzó a registrarlos. Al encontrar lo que buscaba se sintió satisfecho; eran las cargas de explosivo plástico que llevaban. Aunque Rose no era militar, ya antes había tenido que manejar explosivos, puesto que eran muy útiles para preparar trampas contra los seres de las tinieblas. Tras colocarlos por toda la cueva en determinadas localizaciones estratégicas, Rose se dirigió hacia donde estaba Evelyn Chang.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Vamos, bruja, te llevaré a la superficie –dijo Rose, y levantando a la mujer herida comenzó a trepar hacia uno de los túneles que salían de la cueva.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando el cazador y la ninja llegaron a la entrada del túnel, un extraño ruido les alertó. Ambos pudieron contemplar como bajo ellos el Fantasma se había puesto en pie, con el agujero en su pecho cerrándose gracias a sus últimas reservas de Energía Oscura.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Cuando estés en el infierno, dale recuerdos a todos los que envié antes que a ti –dijo Rose, y acto seguido disparó con su escopeta hacia una de las cargas explosivas.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Rose y Chang escapaban por el túnel, fueron acompañados por el sonido de las detonaciones de las cargas explosivas, que causaron el derrumbe de la cueva. Lo último que vio el Fantasma fue como un gran peñasco de roca caliza se desplomaba del techo sobre él, mientras una lluvia de fuego y piedra caía a su alrededor por todas partes. Avanzando hacia la salida, Nick Rose pensó que aquel había sido un triste final para una leyenda del deporte como Bubba Hots, transformado en un ser bestial para acabar enterrado en una tumba de escombros en las profundidades de Hollow City. Sólo esperaba no terminar sus días como él, o como cualquiera de los monstruos a los que había abatido, sólo y repudiado por todos. Sólo el destino lo sabía.</p>
<p> <img class="aligncenter" src="http://www.dalequedale.com/media/blogs/Pensamientos/cueva2.jpg" alt="" width="314" height="254" /></p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
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		<title>LA MUERTE DE UNA ESTRELLA (Parte 3)</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jul 2011 17:03:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eihir</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Sobrenatural]]></category>

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		<description><![CDATA[Amparándose en las sombras de la oscuridad, Bubba Hots observaba escondido la entrada del King Boxing Club, el gimnasio más popular de la Cloaca. Allí se habían entrenado en el inicio de su carrera varios de los boxeadores negros más famosos de Hollow City, incluso alguno de ellos había llegado a disputar el Campeonato del [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=eihir.wordpress.com&amp;blog=15425049&amp;post=314&amp;subd=eihir&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">Amparándose en las sombras de la oscuridad, Bubba Hots observaba escondido la entrada del King Boxing Club, el gimnasio más popular de la Cloaca. Allí se habían entrenado en el inicio de su carrera varios de los boxeadores negros más famosos de Hollow City, incluso alguno de ellos había llegado a disputar el Campeonato del Mundo. Cuando Bubba Hots era un joven negro que se saltaba todas las clases de secundaria, venía al King Box (como era conocido popularmente) para entrenar en su deporte favorito. Pero el dueño, Raymond King, un célebre ex boxeador del pueblo, le había recomendado el fútbol americano, y gracias a su consejo Bubba había podido ser la gran estrella de los Hollow Riders. Pero eso era ya agua pasada. Ahora Bubba no era más que un monstruo deforme, una sombra mutante que debía arrastrarse entre los callejones de aquellas calles que le habían visto nacer, ocultándose avergonzado bajo los ropajes que había podido robar en casa de Wilkins.</p>
<p style="text-align:justify;">Para Bubba todo había pasado muy deprisa. Primero el tiroteo frente a su casa, luego el episodio del helicóptero de TecnoCorp, y más tarde el escarceo en su casa del barrio de Atherthon. Ahora Bubba sabía que algo le pasaba, algo en su interior le cambiaba, alterándolo cada vez que se enfadaba. Una mutación constante que no parecía regresiva. Tras las decepciones sufridas con su familia y con Wilkins, esperaba encontrar algo de paz y consejo en el que fuera su mentor, Ray King. Por ello estaba en aquel callejón, esperando a que saliese del gimnasio, aunque no sabía muy bien cómo iba a abordarlo sin asustarle.</p>
<p style="text-align:justify;">En ese instante, los agudos sentidos de Bubba Hots le alertaron de un movimiento sobre él, por lo que pudo apartarse a tiempo de una sombra que a punto estuvo de rozarle. Al volverse para enfrentarse a la sombra, observó con asombro la figura alta y vestida de negro que se alzaba ante él.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Quién eres? –inquirió con su voz cavernosa y desfigurada Bubba Hots.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Soy quien ha pasado toda la noche patrullando este sucio barrio, esperando encontrarte –la voz susurraba en un tono amenazador-. Soy Espectro, y vengo a por ti, asesino.</p>
<p style="text-align:justify;">Al decir esto, Espectro se abalanzó sobre el mutante, intentando reducirlo con su gran fuerza. Sin embargo Bubba Hots resultó más fuerte de lo esperado, ya que bloqueó su ataque y al mismo tiempo le propinó un poderoso golpe que llevó al justiciero a chocar contra la pared del callejón.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Vete de aquí, si sigues provocando mi ira sentirás las consecuencias –amenazó Bubba Hots a Espectro.</p>
<p style="text-align:justify;">El justiciero se levantó y desenvainó lentamente su katana como respuesta, preparado para enfrentarse a su rival. Ambos contendientes se miraron fijamente a los ojos, notando una sensación familiar cada uno en el otro. Luego Bubba Hots extendió sus garras afiladas contra Espectro, al tiempo que éste blandió su espada como respuesta. Los ataques se sucedieron sin descanso, uno tras otro, realizados con tal rapidez que para el ojo humano resultaba muy difícil seguir el combate. Destellos de acero brillaron en la noche, acompañados del sonido de la carne desgarrándose y de huesos rompiéndose. Sangre y dolor, gritos de rabia, ataques que cortaban el aire… El callejón oscuro de la Cloaca se convertía en un momento en la arena de combate de aquellos dos guerreros: uno era un monstruo mutante, el otro un humano alterado por la energía oscura de una antigua reliquia valaki.</p>
<p style="text-align:justify;">Tras varios minutos de interminable lucha, ambos contendientes se separaron un momento. Espectro llevaba la peor parte, su cuerpo presentaba múltiples heridas causadas por las garras del monstruo, tan afiladas que podían cortar el kevlar de su traje como si fuese mantequilla. Además Bubba Hots tenía una fuerza aún superior a la suya, por lo que había podido arrebatar la katana a Espectro, y ahora la esgrimía contra su propio dueño. Aunque Bubba Hots no había salido indemne, pues presentaba algunas heridas en el torso y en el brazo izquierdo, aunque de menos importancia ya que prácticamente la totalidad de su cuerpo se hallaba cubierta de una piel verde escamosa que lo protegía.</p>
<p style="text-align:justify;">Inmersos en la furia del combate, ninguno de ellos se había percatado de que habían salido del callejón, y ahora se encontraban justo delante de la entrada del King Box. Precisamente era Espectro quien se apoyaba cansadamente contra la puerta de acceso al gimnasio, intentando pensar una estrategia mientras recuperaba el aliento. Sabía que su pequeño arsenal de dardos y shurikens que siempre llevaba consigo era inútil, puesto que ya había visto que su contendiente tenía la piel más dura que la de un rinoceronte. Usar sus conocimientos de artes marciales tampoco era factible, puesto que el monstruo mutante era demasiado fuerte para ello. Así que sólo le quedaba una salida.</p>
<p style="text-align:justify;">Concentrando su poder tan intensamente como pudo, la energía oscura condensada en el fragmento de roca de su pecho se liberó, fluyendo a través de su mano derecha en forma de un haz de oscuridad. La energía así proyectada golpeó directamente a Bubba Hots, derribándolo por el poderoso impacto. Sin embargo, ante el asombro de Espectro, el mutante se levantó, con el rostro horriblemente desencajado por la furia. Parecía como si hubiese podido absorber con facilidad el ataque.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces Espectro contempló como Bubba Hots sufría una horrorosa transformación, su cuerpo se hinchaba y su rostro se deformaba aún más, rasgando sus ropas y haciéndole proferir un rugido de dolor. Cuando el cambio pareció que había terminado, ya no quedaba nada de humano en Bubba Hots. El monstruo emitió un grito infernal y se abalanzó con la katana de acero de Espectro hacia el justiciero, en un movimiento rápido y bestial. Espectro sólo tuvo tiempo de usar su poder oscuro para alterar la densidad de su cuerpo durante un segundo, volviéndose inmaterial lo suficiente como para evitar el fatal ataque. El mutante no había esperado aquello, así que se había lanzado hacia delante con toda su fuerza, por lo que el golpe de la espada rompió en pedazos la puerta del gimnasio… y lo que había tras ella. Pues el ruido del combate había hecho salir a Ray King para ver que pasaba, y ahora el ex boxeador presentaba una herida que casi le había partido en dos.</p>
<p style="text-align:justify;">Al ver lo que había hecho, el monstruo cogió en brazos el cuerpo agonizante del que había sido su amigo y mentor, casi como un padre para él. Con la sangre saliendo por la terrible herida, Ray King intentó decir algo a Bubba Hots, casi parecía que le había reconocido a pesar de su mutación. Luego sus ojos se cerraron y exhaló su último suspiro, entre gorgoteos sanguinolentos. Ray King había muerto.</p>
<p style="text-align:justify;">Bubba Hots dejó el cadáver de su amigo y salió a la calle, mirando furiosamente hacia Espectro. King había muerto por culpa de aquel fantoche disfrazado, y ahora lo pagaría, lo despedazaría en tantas partes que nunca podrían reconocer sus restos. Con los ojos encendidos de furia, Bubba Hots alzó su brazo derecho con la palma de su mano extendida hacia Espectro, y al instante el justiciero sintió una leve sensación de mareo, por lo que tuvo que apoyarse contra la pared de la calle para no caer al suelo. Bubba Hots sintió que algo no iba bien, puesto que tanto el mendigo del puerto como uno de los agentes de TecnoCorp habían caído presa de su poder especial, y sin embargo aquel tipo con capa y máscara se resistía.</p>
<p style="text-align:justify;">Justo entonces un sonido alertó al monstruo, un ruido que provenía del cielo y que enseguida reconoció. Era el helicóptero de TecnoCorp, que se acercaba velozmente como un gran cuervo negro amenazador. Olvidando su furia vengativa, Bubba Hots se alejó corriendo del lugar, buscando refugio en las solitarias callejuelas de la Cloaca.</p>
<p style="text-align:justify;">Por su parte, un Espectro herido y agotado recogió su katana, hundida en el cuerpo de Ray King. Tampoco él iba a quedarse a charlar con los agentes de TecnoCorp, pues aún recordaba el trato sufrido en sus instalaciones. Algo le había inquietado tras su combate con el mutante, y era el convencimiento de que aquel horrible ser poseía también el Poder Oscuro. En ese instante algunos de los integrantes del gimnasio le vieron retirar su arma del cadáver de King, por lo que creyeron que era él quien lo había matado.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Asesino! –comenzó a decir uno.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Mirad, lo ha matado ese blanco disfrazado –dijo otro.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras la masa comenzaba a proferirle gritos, amenazas e insultos, Espectro se marchó de allí a toda prisa, maldiciendo su mala suerte. Ahora estaría más buscado que antes, y le sería difícil que alguien de la Cloaca le ayudase. Pero no importaba, porque aunque nadie le apoyase, aunque nadie creyese en él, Espectro seguiría luchando contra el crimen que imperaba en la ciudad. Aunque estuviese sólo, mientras le quedasen fuerzas, el seguiría vigilando las calles de Hollow City.</p>
<p style="text-align:center;">  ***</p>
<p style="text-align:justify;"> En su despacho de TecnoCorp se encontraba Jason Strong, el director de la poderosa corporación, leyendo el American Chronicles. No le preocupaba demasiado la noticia de la muerte del dueño de un pequeño gimnasio de la Cloaca, puesto que en aquellos barrios marginales los atracos y los asesinatos se producían casi a diario. Lo que si le preocupaba era que había transcurrido un día más sin poder atrapar a Bubba Hots, y si no lo cazaban pronto al final podría descubrirse la implicación de TecnoCorp en toda aquella riada de sucesos extraños y muertes misteriosas. A ello había que añadir el hecho de que según el doctor Wan, Bubba Hots se había convertido en una especie de mutante cuyo ADN cambiaba a una velocidad vertiginosa cada vez que se enfurecía. Y para poner la situación aún más difícil, aquella monstruosidad parecía tener algún tipo de poderes especiales. Bubba Hots era ahora un ser muy fuerte, ágil y resistente, más allá del nivel humano, y además parecía ser capaz de provocar una especie de ataque de pánico tan poderoso que podía matar de un ataque al corazón a una persona. Al menos eso decían los informes de los científicos de TecnoCorp que habían analizado los cadáveres del mendigo encontrado en el puerto y del agente abatido en casa de Bubba Hots.</p>
<p style="text-align:justify;">En ese momento se abrió la puerta del despacho y entró la menuda figura del doctor Wan, siempre con su rostro impasible desprovisto de emoción alguna.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Y bien, doctor Wan, que ha averiguado? –preguntó Strong.</p>
<p style="text-align:justify;">-        He vuelto a realizar los análisis y se confirman los resultados –contestó el científico-. El tratamiento experimental que le dimos a Bubba Hots, combinado con la extracción del ADN de los sujetos Alfa, han propiciado que el ADN de Bubba Hots evolucione constantemente, especialmente bajo condiciones emocionales muy fuertes.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Evolucionando? ¿Y hacia qué?</p>
<p style="text-align:justify;">-        No es posible saberlo –el doctor Wan se encogió de hombros-. Pero debe estar relacionado con los sujetos Alfa.</p>
<p style="text-align:justify;">Jason Strong se llevó las manos a la cabeza, intentando reflexionar. Los sujetos Alfa eran los especímenes guardados en el laboratorio, los cuerpos de los soldados con uniformes negros que atacaron TecnoCorp meses atrás, y los que se encontraron en un motel de mala muerte en los suburbios, presuntamente abatidos por Espectro y sus amigos. El doctor Wan había descubierto que aquellos seres demoníacos tenían un ADN alterado, presuntamente a través de aquellos tatuajes místicos que lucían en sus cuerpos. Tras realizar numerosas pruebas, había llegado a la conclusión de que si aquel ADN mutado era la clave de los poderes de aquellos seres, si se introducía en un ser humano normal el resultado podía ser la creación de un ser mejorado. Y en aquellos momentos ya tenían a Bubba Hots en un programa experimental de curación acelerada, por lo que representaba el sujeto ideal para el experimento. Pero todo había resultado en una auténtica catástrofe, el experimento se había hecho demasiado deprisa, sin haber tenido en cuenta multitud de variables y factores, como el hecho de que ambos experimentos en un mismo sujeto era una bomba explosiva. Y aquella bomba les había explotado en sus mismas narices. Había un monstruo suelto en la ciudad, un ser que cada vez era más y más poderoso, furioso y vengativo, casi imposible de detener. Y lo peor de todo era que nadie sabía donde estaba ahora.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;"> Bubba Hots abrió los ojos, despertándose en un lugar oscuro y maloliente. Notó que se encontraba apretado en un lugar estrecho, lleno de objetos de toda clase, y entonces recordó donde estaba. Abrió la portezuela del contenedor de basura donde había estado todo el día durmiendo, oculto ante el resto del mundo. Aún se encontraba en la Cloaca, quizá el mejor lugar para un monstruo como él. Bubba Hots saltó del contenedor a la calle, pisando los múltiples charcos que la lluvia diurna había dejado. Entonces el ex deportista se quedó helado, pues acababa de ver su forma reflejada en el agua pestilente del callejón. Ya no quedaba rastro alguno de humanidad en aquella bestia que le devolvía la mirada. Sólo era un ser horripilante, deforme y cubierto de escamas, con garras afiladas en lugar de manos. Sus ojos se habían vuelto como los de un reptil, estrechos y rojizos, que le permitían ver en la oscuridad. También se notó más alto y corpulento que antes, y con todos sus sentidos más desarrollados, como si tuviese más de animal que de hombre. O quizás era mejor decir que ahora era un demonio, más que otra cosa.</p>
<p style="text-align:justify;">En ese instante se percató de que una rata salía de una rejilla de alcantarilla cercana, y antes de darse cuenta Bubba Hots se abalanzó sobre el asqueroso animal. En un rápido movimiento cogió a la rata con una mano, y se quedó observándola. Advirtió entonces que su estómago rugía por culpa del hambre, y sin pensárselo dos veces Bubba Hots se puso la apestosa rata de alcantarilla en la boca, comiéndosela viva. Entonces volvió a mirar su reflejo en el agua, y al darse cuenta de lo que estaba haciendo lanzó un grito de rabia, un grito cavernoso e inhumano. En unos pocos días un deportista de élite, famoso y rico, se había convertido en un deshecho, maldito por todos. Si, esa pesadilla en la que se encontraba era como una maldición. “¿<em>Maldición</em>?”.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces Bubba Hots recordó que cuando era niño había un lugar que era evitado por todos, incluso por los delincuentes de más baja estofa de la Cloaca. Un lugar que apestaba a brujería y magia negra, un lugar maldito al que nadie iba a no ser que necesitara un favor de su dueña. La gente solía decir que en aquel lugar los heridos eran sanados, las enfermedades eran curadas, y hasta los muertos resucitaban. Pero también se decía que allí habían fantasmas, espectros y otros seres de las tinieblas, y que podías llevarte un mal de ojo u alguna otra maldición. Si, sin lugar a dudas aquella era la única solución posible que veía Bubba Hots para eliminar su actual condición. ¿Qué podía perder, estar más maldito aún?</p>
<p style="text-align:justify;">Totalmente decidido, Bubba Hots se levantó el cuello de su abrigo para intentar camuflarse lo mejor que podía, y se encaminó por entre las oscuras calles para adentrarse en lo más profundo de la Cloaca, hacia la casa de Mamá Nazinga.</p>
<p style="text-align:center;"> ***</p>
<p style="text-align:justify;">La casa de Mama Nazinga era un viejo caserón destartalado de tres plantas, que parecía tener al menos cien años de antigüedad. Ubicada en pleno centro de un laberinto de calles estrechas y malolientes, aquella casa daba miedo sólo de verla, pues en verdad parecía haber sido construida para rodar en ella cualquier clase de película de terror.</p>
<p style="text-align:justify;">Justo delante de la puerta paró un BMW de color azul oscuro, y del vehículo bajaron tres personas. Dos de ellas eran claramente marido y mujer, un matrimonio cuarentón ambos afroamericanos, que miraban la vieja casa con ojos asustados. Por sus ropas elegantes y sus relojes y joyas caras, podía adivinarse que el matrimonio era de clase alta, demasiado para la baja estofa que poblaba la Cloaca. El tercer pasajero del vehículo era un hombre blanco, alto  y vestido con un abrigo largo y negro. Su mirada de ojos oscuros no delataba miedo alguno, sino una inteligencia y percepción sin igual. Evidentemente, se trataba de alguien acostumbrado a tratar con aquel tipo de asuntos extraños, la única persona que había accedido a ayudar a aquel matrimonio en su problema. Se trataba de Jack Stone, investigador privado especializado en asuntos paranormales.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Estáis seguro de continuar, Tayler? –preguntó Stone a su amigo Tayler Blackman, abogado de un prestigioso bufete de Hollow City.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Si, Jack –contestó Tayler tras mirar a su mujer, Janice, dueña de una tienda de ropa deportiva situada en pleno centro del lujoso barrio de Atherthon.</p>
<p style="text-align:justify;">-        De acuerdo, vamos allá –dijo el detective soltando un largo suspiro.</p>
<p style="text-align:justify;">Jack Stone se dirigió a la entrada del viejo caserón, guardada por una oxidada verja de hierro que parecía pertenecer al siglo pasado. No había ningún timbre ni botón donde pulsar, por lo que Stone procedió a utilizar una aldaba herrumbrosa que había en la puerta. Mientras llamaba, el detective observó que la aldaba tenía la forma de una calavera con sombrero de copa, representando al <em>loa</em> del vudú denominado “Barón Samedi”, un espíritu de esa religión oscura ligado a la resurrección de los muertos.  </p>
<p style="text-align:justify;">Después de llamar, se escucharon unos movimientos tras la puerta, y a continuación se entreabrió un poco, asomándose un negro enorme con la cabeza rapada y un collar en su grueso cuello lleno de extraños abalorios de santería.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Uh? –dijo el gigantón, que con los ojos casi cerrados y la boca abierta parecía recién salido de una sesión de lobotomia.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Venimos a ver a tu ama, la venerable Mamá Nazinga –contestó Stone-. Soy Jack Stone, y vengo con el señor y la señora Blackman.</p>
<p style="text-align:justify;">El gigantón de cabeza rapada movió la cabeza lentamente, y con una expresión de estupidez observó a los tres visitantes, sin ni siquiera apreciar la sensual belleza de Janice. Stone creyó que aquel hombre no estaba bien mentalmente, debía de tratarse de algún pariente de Mamá Nazinga al que tenían de criado y guardaespaldas, aunque más bien parecía un zombi salido de “<em>La Noche de los Muertos Vivientes</em>”. El detective no sabía muy bien si aquel tipo daría problemas, pero entonces se oyó una suave voz femenina que provenía del interior de la casa:</p>
<p style="text-align:justify;">-        Chuck, déjales pasar. Mamá Nazinga les espera –dijo la voz, y a continuación el hombretón llamado Chuck les dejó pasar, siempre con aquella extraña mirada fija en sus ojos.</p>
<p style="text-align:justify;">Una vez en el interior de la casa, los visitantes se encontraron con que no mejoraba el aspecto exterior, confirmándose que aquella vivienda seguía en pie por algún milagro divino. Polvo, telarañas y suciedad cubrían suelo y paredes, sin que pudiesen disimular las grietas y boquetes abiertos causados por el paso del tiempo. El aire olía a incienso, y la escasa luz que iluminaba aquella oscura caverna provenía de unos candelabros de cobre que sujetaban unas pequeñas velas. En un rincón oscuro se oyó el crujido de una cerilla al ser frotada, y entonces se encendió otro candelabro, sujetado por una bella mujer de piel mulata. La mujer portaba un sencillo vestido de tela oscura y un pañuelo que le recogía el pelo, y sus brazos estaban cubiertos de pulseras y abalorios relacionados con la magia africana. La mujer no dijo nada, simplemente les hizo un gesto a los visitantes para que la siguieran a lo largo de un pasillo frío y húmedo, que terminaba en unas escaleras de piedra que subían al piso de arriba. Los escalones eran tan resbaladizos que Janice estuvo a punto de caerse dos veces, y sólo la rapidez de su marido la salvó de hacerse daño. Una vez en el piso superior, la extraña mujer les condujo hasta llegar a una puerta de madera, donde se habían tallado extrañas marcas. Jack Stone dedujo que eran símbolos de magia vudú, tal vez algún tipo de hechizo protector contra los malos espíritus. La mujer llamó a la puerta, y después la abrió, entrando en un pequeño salón y cerrando la puerta tras pasar los invitados. El salón estaba a oscuras, iluminado solamente por la luz de las velas que había traído la mujer del pañuelo, la cual se acercó lentamente hacia una figura menuda sentada en una vieja mecedora de madera.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Gracias, querida Amanda –dijo una voz débil y anciana.</p>
<p style="text-align:justify;">La mujer llamada Amanda procedió a encender una serie de velas negras y unas pequeñas lámparas de incienso, con lo que pronto el ambiente de la habitación comenzó a ser ligeramente asfixiante. Jack Stone comenzó a observar el salón, que parecía una especie de capilla erigida en honor de todos los espíritus de la religión africana. Estatuillas de piedra que representaban a espíritus y santos poco conocidos se amontonaban en multitud de estanterías, acompañadas de otras reliquias extrañas y frascos llenos de componentes de magia vudú. En un rincón de la habitación había una gran planta, que Stone reconoció como ajenjo, la cual solía ser utilizada como revitalizador por los participantes en sesiones mágicas. Para fortalecer la sensación tétrica que desprendía aquel lugar, en el centro del salón había una mesa circular rodeada por varias sillas, y en la cual se hallaba una tablilla de madera cuadrada repleta de símbolos mágicos rituales.</p>
<p style="text-align:justify;">Amanda se acercó a la figura de la mecedora y procedió a ayudarla a levantarse, acompañándola hasta una de las sillas junto a la mesa. Tras asegurarse de que todo estaba bien, Amanda abandonó la habitación, dejando solos a los tres visitantes junto a la mujer llamada Mamá Nazinga.</p>
<p style="text-align:justify;">Mamá Nazinga era una anciana mujer con tantas arrugas en su rostro que era imposible discernir su verdadera edad, incluso para la mente deductiva de Jack Stone. Sus ojos eran grandes y negros, y reflejaban una gran sabiduría, aunque también se podía advertir que su luz se estaba apagando. Cubierta por un tradicional <em>tarbuk</em> (túnica amplia repleta de bordados de color), la anciana hechicera llevaba encima un colgante de tallas de marfil con un medallón plateado con runas mágicas.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Buenas noches, amigos. Sientense conmigo, por favor –dijo Mamá Nazinga a sus visitantes con una amplia sonrisa.</p>
<p style="text-align:justify;">Se advertía un fuerte acento africano en su habla, a pesar de los años transcurridos en Hollow City. Stone dedujo que aquella mujer no habría salido mucho de casa, ensimismada en su mundo de sueños y magia. Claro que el detective no creía mucho en aquellas cosas, de hecho por eso estaba allí aquella noche. Hacía unos pocos días que Tayler Blackman, un antiguo amigo y ahora prestigioso abogado, había acudido para pedirle un favor. Su esposa, Janice, había perdido a su madre hacía poco, víctima de un infarto repentino, y no había podido despedirse de ella. Janice había acudido a varios médiums y videntes, gente estrafalaria que le aseguraba poder ponerla en contacto con su madre a cambio de una “gratificación”. Después de haberse gastado un montón de dinero sin haber obtenido nada a cambio, los Blackman habían conseguido contactar con Mamá Nazinga, pero Tayler había querido que Jack Stone estuviese presente para verificar que no se trataba de una nueva estafa. Y al final allí estaba, en aquella noche oscura, en la casa más antigua de la Cloaca, mirando cara a cara a aquella supuesta hechicera que decía poseer grandes conocimientos mágicos.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Ustedes dos deben ser los <em>deelnemers</em>, quiero decir los participantes, ¿verdad? –dijo la anciana, dirigiéndose al matrimonio Blackman-. Y usted debe ser el <em>ongelowige</em>, el que no cree, ¿no es así? –la mujer clavó su mirada sobre Jack Stone.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Sólo soy un amigo, vengo a observar –contestó Stone, devolviendo la mirada a la médium.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Han traído el…”donativo”? –inquirió Mamá Nazinga a los Blackman, vacilando un poco como si se avergonzara de realizar la pregunta.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Janice sacaba de su bolso un cheque dotado de una generosa cantidad, Stone escondió su sonrisa. Como cualquier otro médium estafador, aquella mujer también pensaba en el dinero.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Ah, excelente! –dijo con una sonrisa la médium, guardando el cheque en una cajita de madera-. Ahora, por favor, cójanse a mí de las manos, tracemos juntos un espacio de serenidad, esto favorecerá el contacto.</p>
<p style="text-align:justify;">Una vez que Tayler, Janice y Mamá Nazinga se cogieron de las manos, la hechicera inició la sesión mediante un cántico ritual pronunciado en un antiguo dialecto africano, al tiempo que cerraba los ojos y se concentraba. Stone comenzó a fijarse en cualquier alteración que tuviese lugar en la habitación, puesto que pronto aparecerían los típicos trucos de aquella gente tramposa: cables ocultos que movían objetos, ventanas que se abrían de repente gracias a resortes escondidos, luces que se encendían o se apagaban con ayuda de sistemas a distancia, e incluso imágenes de los familiares fallecidos creadas a partir de elaboradas proyecciones holográficas. Jack Stone había visto de todo, y nadie había conseguido engañarle… hasta ahora.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Veo…veo una mujer –dijo la anciana, dejando de canturrear-. Una mujer que en vida tuvo un espíritu muy fuerte, con una gran personalidad. Noto un gran parecido con usted, Janice. Es su madre, y quiere hablarle, decirle el último adiós.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Oh, mamá! –dijo Janice, comenzando a sollozar-. Te echo mucho de menos.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Su madre dice que la quiere mucho, le desea suerte con su… ¿embarazo? ¡Enorabuena, Janice, estad usted embarazada, y va a ser un niño! –dijo la médium siempre con una sonrisa afable.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque Tayler estaba completamente sorprendido, pues las palabras de Mamá Nazinga le habían dejado estupefacto, Jack Stone ni se inmutó. Sabía como trabajaban los videntes, siendo capaces de registrar hasta los cubos de basura en busca de cualquier pista que les aportase cualquier información acerca de sus clientes. Posiblemente la anciana sabría que Janice había estado enferma últimamente, acudiendo al médico con más frecuencia de lo normal. Por ello habría deducido lo del embarazo, y todo lo demás era información pública que sabía cualquier persona.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Su madre se acerca, está muy contenta. Quiere decirle algo, aquí viene…</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces, de repente, la expresión de la hechicera cambió, reflejando un ligero temor. Stone se imaginó que ahora diría que perdía el contacto, para así poder pedir más dinero. Menuda sinvergüenza.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que ve? –preguntó Tayler.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Veo una sombra que se acerca. Ha ahuyentado a la madre de Janice. Es una presencia…perturbadora –tanto la voz como el rostro de Mamá Nazinga revelaban un extraño desasosiego. ¿Tal vez miedo?</p>
<p style="text-align:justify;">-        Dígale que se vaya, yo quiero hablar con mi madre –dijo con enfado Janice.</p>
<p style="text-align:justify;">-        No puedo, cada vez está más cerca. Es algo siniestro, sobrenatural. Es como un pájaro…no, es ¡el cuervo! –dijo casi gritando la vieja hechicera.</p>
<p style="text-align:justify;">Stone comenzó a preocuparse. O aquella mujer anciana era muy buena actriz, o de verdad estaba asustada. Según lo que el detective sabía de mitología, el cuervo era un ave que representaba la corrupción, la muerte y las almas perdidas. Tal vez todo formaba parte de la representación, y aquello ya estaba preparado de antemano. Otal vez era verdad lo que se decía de la vieja, que era capaz de ver lo que ocurría en otros planos de existencia paralelos.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡No, demonio, aléjate de mí! –gritó la anciana, presa de puro pánico-. ¡Basta, márchate, por favor!</p>
<p style="text-align:justify;">Justo en ese momento, una de las ventanas cerradas que daban al exterior pareció explotar con un enorme estruendo, y una lluvia de fragmentos de cristal mezclados con trozos de ladrillo y restos de persiana inundó el salón. Antes de que la mayoría de las velas se apagasen, Jack Stone aún tuvo tiempo de ver como una especie de gran sombra había entrado en la estancia, y parecía dirigirse velozmente hacia Mamá Nazinga.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Tayler, Janice, marchaos de aquí ya! –dijo el detective, arrojando una de las velas encendidas hacia donde estaba la puerta de la sala.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras el matrimonio Blackman huía de la escena a toda prisa sin mirar atrás, Stone observó como la figura se encaraba con Mamá Nazinga, y con una voz que nada tenía de humana le increpó lo siguiente:</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Ayúdame, hechicera! Necesito de tu magia para que me liberes de esta maldición que me corroe.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Apártate de mí, horrible monstruo! –contestó Mamá Nazinga, mientras asía con fuerza su medallón plateado con runas y lo mostraba a la cara del monstruo.</p>
<p style="text-align:justify;">Jack Stone no esperó a ver si aquel objeto era un potente talismán o tan solo una vulgar baratija, y decidió entrar en acción. Se arrojó directamente sobre la oscura figura con la intención de derribarla, pero se encontró con que era demasiado grande y pesada. Además, al entrar en contacto con el intruso, se dio cuenta de que no era un hombre… era un horrible monstruo. Grande, fuerte, recubierta de escamas, con garras afiladas y ojos rojos, aquella criatura espantosa desprendía un olor nauseabundo, como a putrefacción. En respuesta al ataque de Stone, la criatura simplemente dio un manotazo, lanzando al detective contra una de las estanterías tan fácilmente como alguien se espanta a una mosca.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras Stone intentaba recuperarse del aturdimiento del golpe, en ese momento entraron en la sala Amanda y Chuck. El gigantón se lanzó hacia el monstruo, dándole un puñetazo con toda su fuerza, pero su contrincante esquivó el ataque sin ningún problema. A continuación la criatura apresó a Chuck como si no fuese más que un niño, y demostrando su fuerza lanzó al gigante negro a través de la ventana rota, perdiéndose en la oscuridad.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Monstruo asesino, pagarás por lo que acabas de hacer! –dijo Amanda, que sacando de entre sus ropas un cuchillo ritual se abalanzó sin pensárselo sobre la criatura.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque fue un gesto valiente, el monstruo solo tuvo que coger la muñeca del brazo armado de la joven mujer para detener el ataque. Luego, con su mano libre abofeteó a Amanda con tal fuerza que ésta cayó inconsciente al otro lado de la habitación. Justo en ese momento un cántico antiguo, cargado de una extraña armonía e intensidad, sonó en la estancia, acaparando la atención del horrible intruso. Se trataba de Mamá Nazinga, quien se había alzado de la silla demostrando que era más que una anciana desvalida. Moviendo la cabeza y gesticulando con las manos, la hechicera parecía estar sumida en un trance mágico mientras canturreaba con extrañas palabras. Luego llevó la punta de su dedo índice al medallón, que pareció brillar momentáneamente con el contacto, y después extendió el mismo dedo apuntando hacia la criatura. El monstruo emitió un rugido de dolor y se tambaleó hacia atrás, tapándose su rostro demoniaco con ambas manos. Mamá Nazinga caminó hacia la criatura muy lentamente, sin dejar de apuntarla con su dedo, a la vez que el monstruo retrocedía con gestos de dolor hacia la ventana rota. Justo cuando el monstruo estaba a punto de caer, la anciana hechicera pareció sufrir un ligero mareo, fruto del esfuerzo y de su avanzada edad. Aquel momento de debilidad pareció romper levemente la concentración de Mamá Nazinga, y el monstruo lo aprovechó. Lanzando su garra derecha a velocidad increíble, trazó un arco desgarrador que rompió el collar que sujetaba el medallón al cuello de la anciana. El amuleto viajó por los aires yendo a parar a un oscuro rincón de la habitación, cerca de donde estaba Jack Stone. El detective escuchó el sonido del medallón al rebotar en el suelo, y rápidamente dedujo su ubicación aproximada, lanzándose a recuperarlo en la oscuridad.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Vieja bruja, había venido a buscar tu ayuda, pero veo que no eres más que una inútil anciana, débil y moribunda –dijo el monstruo con su cavernosa voz, cerrando su enorme garra derecha sobre el frágil cuello de Mamá Nazinga.</p>
<p style="text-align:justify;">-        ¡Suéltala, demonio! –dijo Jack Stone, surgiendo de repente de la oscuridad y cargando contra el monstruo.</p>
<p style="text-align:justify;">La criatura no se esperaba el ataque del detective, el cual clavó con todas sus fuerzas el medallón mágico de la hechicera en su hombro izquierdo, atravesando fácilmente la piel escamosa y dura que lo recubría gracias a la magia. El monstruo emitió un horrible rugido de dolor, mucho más intenso esta vez, y soltando a Mamá Nazinga huyó de la habitación saltando por la ventana. Jack Stone se arrodilló junto a la mujer, cerciorándose de que no estaba gravemente herida, y después se atrevió a mirar por la destrozada ventana. No pudo evitar un pequeño escalofrío al observar que no había ningún rastro de aquel horrible ser infernal.</p>
<p style="text-align:justify;">-        Lo ha hecho usted muy bien para ser un <em>ongelowige, </em>señor Stone –dijo Mamá Nazinga, felicitando al detective.</p>
<p style="text-align:justify;">Stone no contestó, pero no pudo reprimir una leve sonrisa al pensar que ahora si era un creyente, pues desde luego aquella mujer había demostrado ser algo más que una charlatana de feria de tres al cuarto. Luego el detective se preguntó que le iban a decir a la policía, pues cualquier cosa sería mejor que contarles la verdad de lo sucedido. Pues un horrible demonio oscuro rondaba las calles de Hollow City, y como cualquier criatura herida su furia habría aumentado aún más, volviéndolo un ser tan peligroso que podría ser imparable.</p>
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